Centralismo: En Arequipa se paga 22% más por el gas natural que en Lima

Por Jorge Turpo R.


SEGÚN ESTUDIO DEL IPE

En Arequipa, los hogares pagan 22% más por el gas natural que los usuarios de Lima y Callao. La diferencia resulta paradójica en un país donde las principales reservas de este recurso se encuentran en el sur. Mientras en la capital el gas llega a través de una amplia red de ductos y concentra el 94% de la demanda nacional, en regiones como Arequipa debe ser transportado en camiones cisterna, un sistema que encarece el servicio y mantiene a miles de familias al margen de su masificación.

Las reservas más importantes de gas se encuentran en el sur del país, especialmente en Cusco, pero su mayor aprovechamiento sigue concentrado en Lima y Callao. Mientras la capital cuenta con una amplia red de distribución y millones de potenciales usuarios, regiones como Arequipa todavía esperan una verdadera masificación del recurso.

La situación es una nueva muestra del centralismo en la distribución de los beneficios de los recursos naturales. Aunque el gas proviene del sur, son las empresas, industrias y hogares de Lima los que acceden a un servicio más extendido y, sobre todo, más barato.

El Instituto Peruano de Economía (IPE) presentó el estudio “Medidas para impulsar la competitividad a partir del uso eficiente de la matriz energética”, elaborado por encargo de la Sociedad Peruana de Hidrocarburos (SPH).

El documento advierte que el desarrollo del gas natural en el Perú sigue profundamente concentrado en la capital.

Lima y Callao representan actualmente el 94% de la demanda nacional de gas natural. Esta concentración permite que los costos de la infraestructura puedan distribuirse entre un mayor número de consumidores y grandes usuarios, como las empresas generadoras de electricidad.

En las regiones ocurre exactamente lo contrario. La menor demanda, las ciudades dispersas y la ausencia de una red de ductos hacen que llevar el gas sea mucho más caro.

El Perú cuenta apenas con 1 558 kilómetros de ductos para el transporte de gas natural. En comparación, Colombia tiene una red cinco veces mayor y Argentina una diez veces más extensa. La infraestructura peruana conecta directamente solo a Lima, Callao e Ica.

Para abastecer las concesiones del norte y del sur, el gas debe ser trasladado mediante camiones cisterna. El sistema obliga a licuar el recurso, transportarlo por carretera y luego regasificarlo antes de distribuirlo a los usuarios. Cada uno de esos procesos incrementa el costo final.

En el sur, esta situación se traduce en una de las principales paradojas del modelo energético peruano: el gas que sale de esta parte del país termina siendo más caro para sus propios habitantes.

En Arequipa, por ejemplo, existen apenas unas 9 mil conexiones domiciliarias. El gas natural llega mediante camiones cisterna, y no a través de un gasoducto.

La expansión del servicio, además, se encuentra prácticamente paralizada.

El gas llega al sur no mediante ductos, sino a través de camiones cisterna, que no pueden transitar por la carretera cuando se producen deslizamientos.

La empresa colombiana que tenía a su cargo la ampliación de las conexiones se retiró y la operación quedó en manos de Petroperú. Sin embargo, hasta el momento no existen señales claras de un plan acelerado para impulsar la masificación del gas natural en la región.

Las diferencias se reflejan directamente en los recibos. Según el estudio del IPE, a fines de 2025 los comercios y pequeñas industrias ubicados en la concesión Sur pagaban hasta 2.6 veces más por el gas natural que sus similares de Lima y Callao.

En el caso de los hogares de la concesión Sur, el costo era 22% mayor que en la capital.

La consecuencia es que mientras el gas natural se vuelve una alternativa competitiva para hogares y empresas de Lima, en las regiones su mayor precio termina desincentivando nuevas conexiones.

Las cifras muestran la enorme brecha. En 2025, el 57% de los hogares urbanos con acceso a electricidad en Lima y Callao tenía conexión a gas natural. En Ica, el porcentaje llegaba al 44%. En las regiones del norte era apenas 16%, mientras que en el sur solo alcanzaba el 2%.

Es decir, prácticamente todo el sur del Perú continúa dependiendo de otras fuentes de energía, a pesar de encontrarse cerca de los principales yacimientos gasíferos del país.

Frente a esta situación, el IPE plantea una agenda para evitar que la masificación del gas siga siendo un privilegio concentrado en Lima.

Una de las principales propuestas es establecer una igualación tarifaria temporal para impulsar la expansión del servicio en las regiones. También se propone reducir las barreras burocráticas para ampliar las redes de distribución.

El estudio plantea, además, reactivar la exploración de hidrocarburos mediante mejores condiciones contractuales, fiscales y sociales, así como modernizar el marco regulatorio y fortalecer a Perúpetro y al Ministerio de Energía y Minas.

Finalmente, el fortalecimiento del sistema eléctrico aparece como otra prioridad. Entre las propuestas está acelerar la disponibilidad de gas para el Nodo Energético del Sur, promover inversiones en almacenamiento y reforzar la transmisión eléctrica.

El gas natural podría convertirse en una herramienta para reducir costos de energía, impulsar industrias y generar desarrollo en las regiones. Pero hoy la realidad muestra lo contrario porque el recurso nace en el sur, viaja hacia Lima y allí se consume en mejores condiciones.

Dejanos un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked with *.