El mejor homenaje a nuestros adultos mayores empieza con protegerlos

Arequipa supera el promedio nacional, un reto que exige mejores servicios e integración social

Por: Daniela Nickole Santander

Nuestros abuelos, bisabuelos o padres han estado presentes en cada etapa de nuestras vidas, enseñándonos a caminar y hablar, sosteniendo nuestros primeros pasos y brindándonos una guía incondicional a lo largo de los años, ahora nos toca apoyarlos en las dificultad que presentan a su edad. Cada 26 de agosto se conmemora en todo el territorio nacional el Día de la Persona Adulta Mayor, una fecha dedicada a visibilizar y honrar ese inmenso legado de amor, esfuerzo y conocimiento que han construido para nuestra sociedad. Esta fecha representa una oportunidad idónea para despertar la sensibilidad ciudadana y promover una cultura de respeto intergeneracional, dejando atrás cualquier visión reduccionista que confine a la tercera edad a un rol pasivo. Celebrar esta jornada significa reflexionar sobre las deudas sociales pendientes en materia de protección, salud y bienestar emocional, recordando que una sociedad se mide por la forma en que cuida y protege a sus ciudadanos en cada etapa de su existencia.

El panorama demográfico en el Perú atraviesa una transformación profunda e irreversible que redefine las prioridades de la gestión pública a nivel nacional. De acuerdo con los recientes datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la población de 60 años a más alcanzó los 5,055,316 habitantes, lo que representa el 14.8% del total nacional, evidenciando un crecimiento acelerado en comparación con mediciones anteriores. Este fenómeno de envejecimiento poblacional plantea desafíos urgentes en los sistemas previsionales, la cobertura de salud especializada y la implementación de redes de apoyo comunitario, puesto que las familias y el Estado deben adaptarse con rapidez a una estructura demográfica donde las personas mayores ganan cada vez mayor peso relativo.

En el contexto específico de Arequipa, la realidad del envejecimiento presenta características particulares que superan el promedio nacional y exigen respuestas descentralizadas eficaces. Las estadísticas oficiales de la región revelan que el grupo etario de 60 años y más alcanzó el 15.9% de la población total arequipeña, reflejando una mayor esperanza de vida y una disminución progresiva en las tasas de natalidad local. En las provincias y distritos arequipeños, los centros integrales de atención al adulto mayor y los programas municipales desempeñan un papel crucial para contrarrestar la soledad y fomentar la integración social, aunque aún persisten barreras significativas de acceso a servicios geriátricos oportunos en las zonas más alejadas.

A pesar de los avances normativos y la existencia de leyes de protección, miles de adultos mayores en el país y en la región enfrentan situaciones de vulnerabilidad económica, abandono familiar y dificultades para acceder a pensiones dignas que cubran sus necesidades básicas de alimentación y medicamentos. Los especialistas en geriatría recalcan que el bienestar de las personas mayores no depende únicamente de la asistencia médica asistencial, a lo que se suma la creación de entornos urbanos accesibles, actividades recreativas estimulantes y oportunidades para continuar generando ingresos o compartiendo sus saberes acumulados con las nuevas generaciones. Garantizar que esta etapa de la vida transcurra con autonomía y seguridad es una responsabilidad ineludible que recae tanto en las instituciones del Estado como en la conciencia de cada hogar.

Frente a esta coyuntura demográfica y social, el Día de la Persona Adulta Mayor debe constituirse en un llamado a la acción colectiva para transformar las políticas públicas y la actitud cotidiana hacia la tercera edad. Como ciudadanos podemos aportar desde el cuidado responsable de nuestros abuelos y vecinos, exigiendo a los gobiernos locales espacios públicos seguros y promoviendo el reconocimiento social a su trayectoria de vida. Entender que el envejecimiento es un proceso natural que nos alcanzará a todos, y que la experiencia acumulada de los adultos mayores es el recurso más valioso para guiar el porvenir, constituye la herramienta más poderosa para construir un país más justo y humano.

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