6-OPI2
SIN AMBAGES
La canción que no convence
Por Úrsula Angulo
Es contradictorio, y quizá coinciden conmigo, que los candidatos a alcalde hagan tanta bulla en su tarea de convencer a los votantes cuando supuestamente buscan lo mejor para el distrito (cualquiera que este sea). «Trabajaré por la tranquilidad y el ornato del distrito, pero eso cuando sea elegido alcalde; mientras tanto, súbanle el volumen», eso parecen decir. Y pasan por las calles con sus canciones que dicen: «La, la, la, vota por mí, la, la, la». Sin intentos de persuasión a través de explicaciones de cómo harían tal o cual obra; eso no. Porque quizá han aparecido en algún programa local en el que han mencionado todo lo que harían, pero diría que pocos lo han visto; entonces, cuando tienen la oportunidad de alcanzar a más votantes, escogen la bulla.
Tú, candidato a la alcaldía de mi distrito, que pasas con tu camioncito grande y antipático, lleno de luces y canciones que repiten tu nombre demasiadas veces, tú, dime, ¿voto por ti porque desde tu propaganda rodante lanzas cajas de fósforos con tu rostro con sonrisa de «mira qué honesto que soy»?
¿Será que la bulla funciona? No, no lo creo. Pero si no se les ocurre otra estrategia, les queda la bulla. Y la usan, pareciera, con desesperación.
Por otro lado, además de los candidatos con amor por los altos decibeles, están los candidatos que han optado por otra estrategia —o por una segunda estrategia—: anunciar su honestidad. Esta mañana, al salir de mi casa, encontré en la vereda —como una y otra vez todos hemos encontrado— el volante de un candidato que enumeraba algunas razones por las que debiéramos votar por él, pero dos especialmente llamaron mi atención: no tiene sentencias y no tiene juicios con sentencia pendiente. También llamaron mi atención un par de errores ortográficos, pero volviendo a las campañas electorales, es curioso cómo no se sobreentiende la honestidad, sino que tiene que ser especificada, y da la impresión de que precisar que no hay sentencias ya da visos de honestidad.
Pareciera también que enfatizar la honestidad podría atraer más votos que el hacer una lista entusiasta de obras que van a gustar. Y sí, tiene sentido, porque estamos acostumbrados a no ver obras, a ver obras que se deshacen poco después de las fotos de la inauguración, a jacuzzis en las alcaldías, a escenas vergonzosas.
Nada de esto es nuevo, ya lo sabemos, sin embargo, ¿qué alternativa nos queda? Como no podemos ver el futuro, nos queda recordar lo que ya vimos. Si de una u otra manera las «gracias» de algunos fueron patentes, bien podemos ir reduciendo las opciones. Y, como dije en un anterior artículo, así como estamos, no está de más llevar, por si acaso, lapicero con ruda.
Ahora, ganen o pierdan, ¿limpiarán las calles de sus carteles temprano por la mañana al día siguiente de las elecciones? Ja.
