¿CENICIENTA POR SIEMPRE?

Mi vida es maravillosa, disfruto cada actividad que llevo a cabo. He aprendido que se puede tomar un poco de todo aquello que ha sido creado con el único fin de construir algo diferente.

He desterrado de mi vida “el concepto de maldad”. En verdad la esencia de todo aquello que ha sido creado es la bondad. No debiera quejarme de nada, pero muchas veces lo hago y al darme cuenta de mi conducta incongruente despierto y agradezco la nueva oportunidad que tengo.

He entendido que para actuar en un mar de libertad debo de tener una barca en donde la confianza y la obediencia a mi ser interno lleno de amor sea mi timón. He aprendido a orar con devoción y a contemplar cada acto de la gente con la motivación de aquel aprende algo nuevo cada día.

Por eso te contemplo Mendigo de Amor y agradezco a la vida la oportunidad de conocer tu historia, aquellos sentimientos que embargaron tus sentimientos y aquellas estrategias que has podido desarrollar gracias a las cuales hoy vuelas en libertad.

Me parece maravilloso el libro de vida que llevas en tu interior y me deslumbra aquella fuerza que proyecta tu ser. Contemplo el sol y a la vez siento que te contemplo.

Mi lenguaje se entrelaza con el tuyo y fluye como agua en un río. Disfruto de este momento y me parece que el tiempo fuese eterno.

Creo que ya te has dado cuenta también de mi historia y de todos aquellos regalos de aprendizaje que me brindo mi familia. Estoy agradecida con las experiencias que me tocaron vivir y les deseo el bien a todas aquellas personas que mis ojos pudieron contemplar.

No tengo miedo. El mundo es una fuente de alegría en donde la bonanza emocional es un bien inacabable. ¿Entiendes lo que digo?

En verdad la mayoría de gente vive confundida, basa su existencia en el principio de la necesidad y la preocupación.

Me agradaría protegerte y darte seguridad. Me alegraría que me protejas y que me des seguridad. Damos lo que tenemos, recibimos lo que creemos que no tenemos y luego redescubrimos nuestro mundo y comprendemos que tenemos todo.

Me he embarcado en una misión importante: No reclamar derecho alguno. He descubierto que el ansia del reclamo perturba mi ser y el hecho de sentirme postergado y/o marginado hiere mi paz. Quizás sea cierta aquella frase que una vez descubre escrita a mano en una dura roca del destino: “los derechos son los reclamos infundados de aquellos que sobreviven con el único fin de seguir sobreviviendo”.

No le debo nada a la vida y ella tampoco me debe nada, no hay nada que reclamar. La injusticia nace en nuestra mente y no en la acción de las personas que nos rodean y que nos juzgan. Si considero que todo está en equilibrio sabré caminar en paz.

He comprendido que, si tengo algo, podré un día perderlo. Si no tengo nada nunca perderé algo. Aquel que renuncia lo tiene todo a aquel que busca poseer algo para luego volverse un dueño eterno de dicho bien en verdad no tiene ningún bien, solo tiene un miedo que va desarrollándose en su interior: el miedo a perder lo obtenido.

He renunciado a tu amistad amigo mío y me alegra que ahora me acompañaste a contemplar este bello ocaso.

Me alegra sentir tu presencia, tu atención a mi discurso y el gozo de tus palabras.

Me agrada servir al mundo como un modo de agradecer todo el bien que he recibido. El disgusto solo está reservado para situaciones “especiales” en donde la indignación sea importante. El disgusto es bueno, la rabia por lo vivido es nociva. Expresar nuestros puntos de vista son opciones a tomar en cuenta ya que no siempre será bueno proyectar en otros nuestra forma de pensar.

La fantasía daña, los sueños curan heridas.

Siembro semillas de paz para cosechar su fruto o con el fin de que otros puedan comer los frutos de aquel árbol de paz que un día crecerá. Si muchos antes no hubieran dado al mundo árboles de aprendizaje hoy seguiría siendo aquella Cenicienta que se lamentaba de todo y que vivía en el lodo de la inseguridad.

Felizmente he despertado temprano a la vida y puedo gozar de esta existencia y de tu compañía.

El miedo es la antítesis del amor. La sabiduría es todo lo contrario al saber. La vanidad envenena la vida y la humildad crea esperanza. Tú eres amor, saber y humildad.

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Toda mi vida esperé este momento, todo mi cuerpo ha deseado hoy expresarse a plenitud. De seguro que siempre seré en vuestro recuerdo Cenicienta, pero hoy deseo de corazón que recuerden a una mujer distinta a aquella que contemplaron en los viejos cuentos de hadas. He aprendido a lo largo de los años tantas cosas que sería ingrato no compartirlas con ustedes. Algunas de ellas se proyectaron en el diálogo constante con mi voz interior, otras en cambio quedaron guardadas en este viejo baúl que ahora abro con el único fin de regarles un poco de la vida que descubrí.

Aprendí contemplando al Cristo de la cruz que no podía interiorizar nunca la agresión de los demás. Aprendí que cada ser humano tiene un valor inestimable y que la tolerancia es la virtud de los fuertes y la agresión el arma de los débiles.

Aprendí a amar cada centímetro cuadrado de mi cuerpo y cada extensión imposible de medir de mi mente. Dejé de preocuparme por cada error que cometía y empecé a alegrarme por cada acierto que cumplía en base a la ley del aprendizaje continuo.

No soy juez de nadie y menos soy juez y verdugo de mi existencia. Sé que cada palabra que pronunció marca mi vida y por eso ahora soy más cuidadosa con todo aquello que expresó en el mundo real. Aprendí a cuidar también mis pensamientos y a elaborar ideas constructivas llenas de amor en mi mundo irreal.                                                  

Descubrí el amor al dejar de tener derechos en el mundo real y al abandonar mi vida en el mundo irreal. Aprendí a aceptar la luz del sol y la oscuridad de la noche con muestras de una misma moneda, la moneda de la verdad.

Ahora soy transparente conmigo misma y evito lanzar cualquier primera piedra de agresión. No existe razón valedera para desarrollar actos de violencia y sentimientos de ingratitud.

He revisado mi historia, con aquella compasión que solo puede experimentar una madre por su hija y he comprendido mi imperfección, me he alegrado por ella y he asumido un compromiso por mi vida y he unido a mi existencia el valor de la libertad, libertad para no tener miedo, libertad para creer en todo lo que es bueno.

He dejado de morir y he abrazado a la vida con una alegría que no demostraba desde aquellos tiempos en que era niña. Alimento mi ser con palabras de esperanzas y notas preciosas bordadas en bondad.

He dejado la lujuria ahogarse en el lago de la soledad nociva y me he abrigado con el calor de la dulzura y con la nostalgia blanca de la compasión.

Me siento especial por todo aquello que soy, por las curvas de mi cuerpo, por mi nariz respingada y mis ojos achinados, por mi piel canela y por mi cabello que vuela hacia la eternidad.

El amor de mi vida he sido siempre yo.

La luz de la vida no solo es luz, es oscuridad, es ausencia y fundamentalmente es un encuentro maravilloso con aquella niña que pensé que se había perdido y que hoy he encontrado en este bello camino y ahora sé que siempre se llamará Cenicienta.

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