DOS PREGUNTAS SOBRE FICCIÓN
Por: Willard Díaz
Hace poco hallé en mi Face un mensaje de un lector, el psicólogo Carlos Vásquez-Solís, que me llevó a repensar lo que publiqué en esta página semanas antes. Me ha parecido oportuno responderle en público. Copio entonces su intervención.
Permítame el atrevimiento de escribirle por este medio. Sucede que acabo de leer su artículo sobre «¿Qué es la ficción literaria?» publicado en el diario El Pueblo y ha despertado en mí las siguientes interrogantes:
1. Teniendo en cuenta que en el Perú se lee medio libro al año: ¿Cuán relevante es leer ficción literaria para alcanzar el conocimiento comunitario?
WD.- La cifra de medio libro al año es un poco engañosa. Nivela situaciones incompatibles. Si hacemos la encuesta en los colegios privados de la ciudad, que llevan un Plan lector riquísimo y finamente aplicado, nos daría entre diez y veinte libros al año por estudiante. En cambio, si investigamos en un colegio rural probablemente es menos de un libro al año.
Otra evidencia es que en todo el mundo el promedio de lectura ha disminuido en las últimas décadas. La tendencia es mundial, salvo excepciones honrosas.
¿A qué se debe esta degradación hacia la irrelevancia? La pregunta debería ser tema de investigaciones serias, y solo hay estadísticas. Por mi experiencia (y nada más) podría decir que cada vez tenemos menos tiempo para leer. No sé cómo, cuando era joven tenía muchas horas libres para leer. Hoy el horario de trabajo ha aumentado, las condiciones laborales han empeorado; para ganarse la vida hay que trabajar 10 o 12 horas al día; hay que llevarse trabajo a la casa, hay que ser “competitivo”.
Otra razón podría ser el cambio en el medio. Los jóvenes no leen ficción, pero consumen mucho audiovisual. Mis estudiantes de literatura conocen a pocos de los clásicos, pero son sabios en materia de ánimes y cine fantástico. La ficción para ellos se ha trasladado a la pantalla.
El estatuto actual de la ficción es otro problema. La diferencia entre realidad y ficción se ha vuelto difusa, las redes sociales han trabajado insistentemente para convertir toda información en un simulacro, de modo que ya no sabemos a qué atenernos a ciencia cierta. Todo se ha vuelto una pelea, un espectáculo. La necesidad de narraciones que cubría la literatura la satisface ahora la información como mercancía, el show mediático. La ficción comercial lo ha triturado casi todo y lo ha reducido a meras sensaciones instantáneas.
Finalmente diría que en mi opinión el modelo socioeconómico en que estamos viviendo es el que está detrás. El capitalismo ultra liberal peruano elitista educa a sus cuadros con mucha lectura, mucho conocimiento actualizado, mejores bibliotecas, mejores profesores; e impide que quienes están elegidos para ser sus servidores tengan las mismas oportunidades.
La política de los muñidores, los operadores menesterosos de las transnacionales, ha logrado convencer a la mayoría de la imposibilidad eterna de un cambio y de la conveniencia de aspirar a la riqueza por el medio que fuera.
Ahí es donde ha naufragado la idea de una cultura general, de una educación humanista, de la necesidad de mejorar el mundo con la imaginación y el cambio.
2. Tomando como referencia los resultados e indicadores de la prueba PISA, orientada e influenciada por el positivismo científico y obsesionada por la lectura de paper, ¿cuál sería la relación e importancia del ensayo con la imitación seria planteada por Schaeffer?
WD.- Debemos considerar que hay varios tipos de ficción: una mentira, una fake new, un chiste, una novela son todas ficticias. Lo que hace Schaeffer es distinguirlas en términos pragmáticos. La mentira pretende engañarnos para que el mentiroso se beneficie en algo; las noticias falsas, las declaraciones falsas, las promesas falsas también son formas de la ficción, pero son manipuladoras. La ficción literaria, en cambio, no pretende ganar nada para el enunciador si este es un creador. Los artistas quieren librarse de algo personal, de un desacuerdo, una miseria ocurrida, soltar una pesadilla, poner en letras algo que les disgusta íntimamente. Los escritores y escritoras que ponen el ojo en la industria cultural del momento o quieren el reconocimiento de la pequeña burguesía no necesitan ser imaginativos, creadores, solo repetir los temas, géneros, modelos que aseguren las ventas. Ellos hacen ficción seria, con un fin venal, o narcisista. Nos engañan a propósito.
La prueba PISA, en efecto, prueba algo que quiere probar: que no sabemos comunicarnos en los términos pragmáticos de una educación tecnocrática. El modelo del artículo científico según normas ISO o APA se ha vuelto el fin supremo de nuestra educación universitaria. Somos ascendidos, premiados, remunerados según un patrón internacional de eficiencia laboral, o profesional, o industrial. Las Humanidades, las artes, la filosofía, la literatura no pueden por su naturaleza entrar en ese modelo, su rol social es la crítica humanista, no el emprendedurismo. No producimos patentes sino ideas para una humanidad mejor. O, al menos, crítica a las desigualdades actuales.
De allí el valor de la ficción literaria: imagina otro mundo, otra realidad, otro gobierno; menos narcisistas, menos consumistas, menos trepadores; sin coimeros y sin corruptos. Un mundo con igualdad de oportunidades, con libertad para el individuo, y con solidaridad para los que requieren ayuda. Eso es todo.
