<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Fátima Carrasco &#8211; Diario El Pueblo</title>
	<atom:link href="https://diarioelpueblo.com.pe/category/columnistas/fatima-carrasco/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://diarioelpueblo.com.pe</link>
	<description>Verdad Justicia y Libertad</description>
	<lastBuildDate>Wed, 06 May 2026 10:28:19 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.7.1</generator>

<image>
	<url>https://diarioelpueblo.com.pe/wp-content/uploads/2023/01/logo_sello-100x100.jpg</url>
	<title>Fátima Carrasco &#8211; Diario El Pueblo</title>
	<link>https://diarioelpueblo.com.pe</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Si esto es un hombre</title>
		<link>https://diarioelpueblo.com.pe/2026/05/06/si-esto-es-un-hombre/</link>
					<comments>https://diarioelpueblo.com.pe/2026/05/06/si-esto-es-un-hombre/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 06 May 2026 05:09:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Fátima Carrasco]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://diarioelpueblo.com.pe/?p=127522</guid>

					<description><![CDATA[Por: Fátima Carrasco Primo Levi creó una de las grandes obras literarias del siglo pasado,]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por: Fátima Carrasco</h4>



<p>Primo Levi creó una de las grandes obras literarias del siglo pasado, basada en sus durísimas experiencias cuando fue el preso 174517 —“mi nombre de cuando no tenía nombre”— en Auschwitz. El rasgo principal de “Si esto es un hombre” es que Levi escribió sobre el horror como si el horror no existiera, creando una estética sobria sobre las atrocidades vividas, logrando la unidad de actitud ética y estilo literario.</p>



<p>Químico de vocación y profesión, el suave, escéptico y acicalado Levi no temió nunca que las generaciones futuras no compartieran su sufrimiento, sino que no reconocieran la verdad. Nacido en Turín, de origen judío, fue uno de los partisanos detenidos en el valle de Aosta en febrero de 1944 y encerrado en un vagón de mercancías con 600 personas más. 525 de ellas, no aptas para trabajar acabaron en la cámara de gas a su llegada al campo de concentración. Un año después, el comandante soviético que liberó el campo le encargó un informe al respecto, que Levi escribió con Leonardo Debenedetti, médico turinés deportado a Auschwitz en el mismo convoy, también otro de los escasos sobrevivientes. Juntos coincidieron en Katowice, tras ser liberados y regresaron a Turín después de otra serie de interminables padecimientos, que Levi narra en “La Tregua”.</p>



<p>Así nació Informe sobre Auschwitz, el germen de “Si esto es un hombre”. “Yo volví del Lager con una carga narrativa incluso patológica” -escribió Levi, que asumió la obligación moral de dar testimonio en nombre de los silenciados con precisión, firmeza y esencialidad en la forma, a tal punto que rechazó la primera traducción castellana de su obra, por ser poco correcta, lo que retrasó su difusión. “Corresponde al escritor hacerse entender por parte de quien desea comprenderlo: es su oficio, escribir es un servicio público… me causaría incomodidad o dolor que el lector no comprendiera línea por línea lo que he escrito. O, mejor, lo que he escrito… puesto que todos nosotros, los vivos, no estamos solos, no debemos escribir como si lo estuviésemos. Tenemos una responsabilidad, mientras vivamos: debemos responder por cuanto escribimos, palabra por palabra, y hacer que cada palabra dé en el blanco…hablarle al prójimo en una lengua que no puede entender…es…un antiguo artificio represivo…Es una forma sutil de imponer el propio rango”.</p>



<p>Con excepción de Italo Calvino, su gran amigo, no frecuentó ni fue bien recibido en los círculos literarios, de modo que estuvo en el limbo durante décadas… El abstruso Georges Perec, cuyos padres murieron en un campo nazi, escribió al respecto: “la experiencia de un deportado es incapaz por sí sola de engendrar una obra de arte”. Su malestar con la identidad literaria se evidencia al publicar un volumen de relatos en 1966 con el seudónimo de Damiano Malabaila. En él figuran Plomo y Mercurio, luego incluidos en “El Sistema Periódico”, microhistorias o la historia de un oficio y sus fracturas, triunfos y miserias -Leevi dixit-. “En todo el mundo los seis años de destrucción y guerra habían provocado una regresión en muchas costumbres cívicas, así como atenuado muchos reflejos, entre ellos y en primer lugar, el reflejo de la decencia”. Dedica “Vanadio” a narrar su rencuentro, en 1967, con el químico Muller, uno de sus carceleros. O “Hierro”, a un amigo partisano asesinado por un mercenario adolescente.</p>



<p>Levi, que había sobrellevado su cruda experiencia con “el interés antropológico de vivir de una manera completamente distinta y el interés, que nunca flaqueó, por el ánimo humano”, fue una figura pública conocida y popular en su país, ejerciendo como testigo -no como víctima-desde 1984 hasta 1987. El 11 de abril de ése año fue hallado muerto. Para la mayoría, fue un suicidio más o menos anunciado en “Los hundidos y los salvados” o en tantas de sus entrevistas: “Me siento más cerca de los muertos que de los vivos y avergonzado de ser hombre, por ser los hombres quienes habían edificado un lugar como Auschwitz”. Otros, como la bióloga Rita Levi-Montalcini o William Styron, opinaron que fue un accidente. Styron, aquejado de depresión como Levi, atribuyó su muerte a un error en la medicación.</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://diarioelpueblo.com.pe/2026/05/06/si-esto-es-un-hombre/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">219036</post-id>	</item>
		<item>
		<title>Un llanero solitario</title>
		<link>https://diarioelpueblo.com.pe/2026/04/08/un-llanero-solitario/</link>
					<comments>https://diarioelpueblo.com.pe/2026/04/08/un-llanero-solitario/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Apr 2026 05:08:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Fátima Carrasco]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://diarioelpueblo.com.pe/?p=118888</guid>

					<description><![CDATA[Por Fátima Carrasco Romain Gary (alias de Roman Kacew, nacido en Rusia en 1914) publicó]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Fátima Carrasco</h4>



<p>Romain Gary (alias de Roman Kacew, nacido en Rusia en 1914) publicó sus obras con distintos seudónimos: con el de Emile Ajar, en 1975, ganó su segundo premio Goncourt por la novela “La vida ante sí”. Gary es el único autor que ganó tal premio dos veces. La primera, en 1956, fue por su novela “Las raíces del cielo”, un libro “raro, simbólico, denso”, según André Malraux.</p>



<p>Gary había emigrado a Francia a los catorce años y fue la antítesis del letraherido atribulado: era ingenioso, sociable, aficionado al póker y cuando ganó su primer Goncourt, vivía en La Paz, donde ocupaba el cargo de encargado de negocios en la embajada francesa. Once años antes había iniciado su labor diplomática en el Ministerio de Asuntos Exteriores, desempeñándose como portavoz francés en la ONU entre 1952 y 1956.</p>



<p>Como Graham Greene, el contexto sociopolítico de su época aparece de forma destacada en sus obras, aunque él se sentía identificado con Kipling y Conrad, más bien.</p>



<p>Sus obras, éxito de ventas, catalogadas como best sellers, fueron siempre denostadas por críticos e intelectuales. Entre muchas y variadas razones, esta reiterativa infravaloración se debía a que “Las raíces del cielo” se editó apresuradamente, sin corregirla.</p>



<p>Esta novela, precursora por tratar sobre ecología -neologismo poco difundido por aquel entonces- recoge historias cruzadas alrededor del solitario, incomprendido y heroico Morel, sobreviviente de los campos de concentración, gracias a la imagen simbólica de un elefante (su truco personal para ejercitar la imaginación y no perder la cordura durante su cruento cautiverio).</p>



<p>Morel, nihilista y misántropo, inicia una campaña contra el exterminio de los elefantes en el África Ecuatorial Francesa en los años 50, con previsibles resultados: será apoyado, utilizado y/o traicionado.</p>



<p>Completamente rodeado, envuelto en el conflicto ya histórico del Chad preindependizado, Morel deambula por el territorio con un pliego de firmas y un viejo maletín repleto de peticiones y manifiestos pro-defensa de la naturaleza de ésta guisa: “El hombre ha llegado a un punto en que necesita realmente de toda la amistad que pueda encontrar y en su soledad necesita a todos los elefantes, a todos los perros, a todas las aves”.</p>



<p>Gary cuestiona el progreso: “Nadie ha conseguido jamás resolver la contradicción que existe en querer defender un ideal humano en compañía de los hombres”.</p>



<p>Morel sin embargo no es el único freak de la novela le acompañan en cierto modo -más bien le observan con deferencia y simpatía, un grupo de outsiders: Babcock, oficial inglés, Forsythe, oficial del ejército norteamericano sancionado por criticar la guerra, Peer Quist, naturalista danés o el padre Tessin, inspirado en dos de sus grandes amigos: Teilhard de Chardin, paleontólogo jesuita y André Malraux.</p>



<p>Completan el cuadro el líder Waitiari, cooperador en la campaña por-elefantes para de paso, propagar el ideal anticolonialista, el malvado Orsini dÁquaviva -personificación de lo que el autor denominaba “la inhumanidad del ser humano”- y personajes como míster Ornardo, una especie de Ophra Winfrey, con cincuenta millones de fans. Además, claro está de un personaje femenino arquetípico.</p>



<p>“Los hombres necesitan amistad”, declara un personaje de la novela, en cuya trama aparecen toda clase de conflictos: tramas y maquinaciones políticas, tráfico ilegal de armas y especies, etc., de modo que podría haber sido escrita ayer mismo, sin ir más lejos.</p>



<p>Gary dejó su trabajo diplomático en 1961. Dirigió dos películas y escribió, aparte de sus premiadas novelas, títulos como “La promesa del alba”, editada en 1960 o “La angustia del Rey Salomón”, publicada de forma póstuma en 1983. El exitoso, talentoso y rutilante -por osar un vocablo propio de su época- Gary se suicidó en 1980. De su denostada labor literaria había dicho: “Los verdaderos escritores malditos son aquellos a quienes nunca se cita, en ninguna ocasión”. Y acerca del género antropoide, opinaba que: “Necesitamos todos los perros, todos los gatos, todos los canarios y todos los animalitos que podamos encontrar”.</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://diarioelpueblo.com.pe/2026/04/08/un-llanero-solitario/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">214756</post-id>	</item>
		<item>
		<title>Falla en el sistema</title>
		<link>https://diarioelpueblo.com.pe/2026/02/11/falla-en-el-sistema/</link>
					<comments>https://diarioelpueblo.com.pe/2026/02/11/falla-en-el-sistema/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Feb 2026 05:08:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Fátima Carrasco]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://diarioelpueblo.com.pe/?p=101728</guid>

					<description><![CDATA[Por Fátima Carrasco Evguenia Ginzburg, autora de “El vértigo”, fue un caso sui generis en]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Fátima Carrasco</h4>



<p>Evguenia Ginzburg, autora de “El vértigo”, fue un caso sui generis en la literatura testimonial por su condición de fidelísima guardia roja, según auto denominación.</p>



<p>Al inicio del Gran terror, en febrero de 1937, fue detenida, como millones de miembros del PC soviético. Muchos, que fomentaron éstas purgas en el movimiento bolchevique, acabaron siendo víctimas. Una versión actualizada de Cronos devorando a sus hijos. Evguenia tenía entonces 32 años, era profesora de Historia y Literatura de la Universidad de Kazán y como miembro destacado de la nueva clase dirigente, había mostrado cierta tibieza ante detenciones de sus colegas inocentes, hasta que fue acusada falsamente por la paranoide maquinaria stalinista de crear un grupo protrotskista con sus compañeros redactores del diario Tartaria Roja.</p>



<p>Sus diez años de condena se convirtieron en dieciocho, dos de ellos encerrada en una estrecha celda. Para no enloquecer, recitaba de memoria versos de Pushkin, su poeta favorito, además de componer versos que memorizaba, sin papel y lápiz. Según propias palabras, la literatura le salvó la vida, como a otras reclusas que desfilan por las páginas de “El vértigo”, víctimas de interrogadores adictos a la cocaína y de toda clase de iniquidades.</p>



<p>Basándose en recuerdos -pues nunca pudo tomar apuntes, pero el día de su detención en la cárcel del Lago Negro de Kazán, se propuso dejar testimonio- comenzó a escribir en 1959, tras una primera y breve excarcelación. Para entonces habían muerto su hijo mayor, su esposo -dirigente del Partido en Tartaria, también represaliado- y su padre, quienes nunca lograron visitarla. Ginzburg permaneció en Siberia, donde formó un precario hogar con su hijo Vania, Tonia, una huérfana a quien adoptó, la gata Agafia y su esposo Anton Walter, homeópata, recluido en el lager siberiano por su condición de alemán.</p>



<p>Fue detenida por segunda vez acusada de tener documentos reaccionarios: 14 hojas de una adaptación dialogada de “El gato con botas” para una representación de marionetas en el parvulario para huérfanos hijos de presas donde, motu proprio, decidió trabajar. Al cabo de poco tiempo, sería excarcelada: “No hay nada más horrible que la injusticia cuando se convierte en cotidiana, cuando entra en la vida de cada día y se repite con prosaica rutina durante decenas de años”.</p>



<p>En 1962 tenía mecanografiadas 400 páginas de su manuscrito, muchas, escondidas a medida que las escribía en las distintas habitaciones donde vivió, hasta conseguir un estudio en un edificio cooperativo. Para entonces, había quemado el manuscrito, autocensurándose. Lo reescribió con la esperanza de que Novy Mir, revista que había publicado “Iván Denisovitch”, de A. Solzhenytsin, lo editara. Pero el libro y su autora no fueron bien acogidos ni por defensores ni por detractores del sistema. La razón la había reflejado la propia Ginzburg en el capítulo Mea culpa: “los nuevos bárbaros se dividían en activos y pasivos, es decir, en verdugos y víctimas, pero esta división no suponía que las víctimas tuviesen unas cualidades morales superiores: sus almas, como las de los verdugos, estaban corrompidas por la esclavitud”.</p>



<p>A fines de 1966 estaba claro que no sería editado.</p>



<p>En 1967, la primera parte se editó en Milán y después en Nueva York, Estocolmo, Múnich, París y Londres, sin mayor conocimiento de la autora. En la URSS circuló como samizdat (edición mecanografiada que eludía la censura, circulando de forma subterránea).</p>



<p>«El vértigo» tenía vida propia y clandestina: la autora, que para entonces vivía en Moscú, recibía cartas de lectores de Odessa o Leningrad, y un profesor universitario de ésta ciudad, experto en publicaciones clandestinas, aseguró que “El vértigo” superaba todos los records de copia clandestina de los siglos XIX y XX. Como había escrito Ginzburg: “Yo había comprendido hacía tiempo que, en nuestro mundo, el vínculo habitual que une causas y efectos estaba roto. Como aún no había leído a Kafka ni a Orwell, no lograba imaginar la lógica de aquella falta de lógica”.</p>



<p>El cielo de Siberia, la segunda parte, la escribió sin autocensurarse. Es un testimonio único de hechos históricos y de las víctimas de estos, un prolijo análisis de la conducta humana en las peores condiciones. Una sola de sus frases resume toda su época: “cuan sectarias y relativas son todas las ideologías y en cambio, qué absolutos son los tremendos tormentos que los hombres se infligen recíprocamente”.</p>



<p>Ginzburg murió en 1977, sin ver publicada la obra en su país</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://diarioelpueblo.com.pe/2026/02/11/falla-en-el-sistema/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">207089</post-id>	</item>
		<item>
		<title>El efecto nocebo</title>
		<link>https://diarioelpueblo.com.pe/2026/01/07/el-efecto-nocebo/</link>
					<comments>https://diarioelpueblo.com.pe/2026/01/07/el-efecto-nocebo/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Jan 2026 05:11:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Fátima Carrasco]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://diarioelpueblo.com.pe/?p=92924</guid>

					<description><![CDATA[Por Fátima Carrasco En su breve y atribulada existencia, Akutagawa Ryunosuke escribió ciento treinta relatos,]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Fátima Carrasco</h4>



<p>En su breve y atribulada existencia, Akutagawa Ryunosuke escribió ciento treinta relatos, casi todos durante su década más productiva. “La vida es una olimpiada patrocinada por un grupo de locos” opinaba el autor de “Rashomon”. Su nacimiento en Tokyo, en 1892, estuvo marcado por funestos augurios: su madre tenía 33 años y su padre 42, pésima combinación numérica según una absurda creencia. Para conjurar éste hecho, los padres, de origen burgués, escenificaron el abandono del niño, que fue adoptado por un amigo del padre. Así, en calidad de falso huérfano, volvió con sus padres poco después. Pero su madre enfermó de esquizofrenia -moriría diez años después- de modo que la orfandad se materializó en parte y el niño fue adoptado por su tío y por la hermana soltera de éste, con quien el futuro escritor tendría una continua, estrecha y ambivalente relación. Su poco edificante tía le inculcó el temor a heredar la locura materna. Akutagawa fue un niño enfermizo, aquejado de convulsiones.</p>



<p>Estudió en la Universidad Imperial de Tokyo -allíl fue admirador de Oscar Wilde, Theophile Gautier y August Strindberg- y fue profesor de inglés en la Escuela Naval de Yokosuka. Su vocación literaria fue bien aceptada por sus tíos, grandes aficionados a la literatura. A su muy conocido “Rashomon”, escrito en 1915 y basado en un clásico del siglo XI, lo calificaba como “alegre” (?!). Un año después escribió “La nariz”, cuya lectura entusiasmó al ya consagrado Natsume Soseki, quien escribió una carta felicitando al joven, desconocido y esquivo autor. Ryunosuke, que admiraba a Soseki, se sumó a su grupo de amigos y tertulianos, aunque para variar, la fatalidad haría acto de presencia: Soseki moriría poco después, lo que supondría otro traspiés emocional para Ryunosuke, quien en su obra se refería a él como »el maestro».</p>



<p>En 1918 se casó con Fumi Tsukamoto y un año después firmó un contrato exclusivo con un diario, el Osaka Mainichi, al tiempo que publicaba cuentos como “Las mandarinas”, su primera narración objetiva y personal.</p>



<p>Durante su largo viaje a China como corresponsal, en 1921, manifestó síntomas de deterioro en su salud mental. Su segunda fase productiva se inicia en el año 1922, en que publica cinco volúmenes de cuentos -por falta de uno- “Cristo en Nankín”, “La historia de San Cristóbal”, “La lujuria”, “El Baile”, “El otoño”. Poco después se convertirían en clásicos, siendo reditados y traducidos más pronto y en más ocasiones que los entonces célebres Ogai Mori o Natsume Soseki. Para Ryunosuke la finalidad suprema del arte era la perfección en la forma.</p>



<p>De su tercer período creativo, iniciado en 1923, forman parte “Vida de un idiota”, con extractos de la agenda de Yasukichi, su alter ego, recreando su etapa de profesor de inglés”, de corte autobiográfico, sobre sus trastornos mentales, igual que “Engranajes” o “Kappa”, una historia antimilitarista y antinacionalista. “Registro de defunciones”, también autobiográfico, alude a la muerte de su madre, de su hermana mayor, al poco de nacer y de su madre, quien siempre intentó recuperarlo y a quien el autor veía con simpatía. Por entonces, estaba aquejado de pleuresía, además de esquizofrenia, manía persecutoria, híper sensiblidad ética, timidez y atildamiento patológicos. En 1926 fue ingresado en un hospital. Casado y con una hija, vivía recluido a oscuras. Padecía fotofobia, de modo que sólo salía de noche y consumía opio y morfina.</p>



<p>Poco después, se suicidó su cuñado, lo que significaba que según era usual, debía asumir las deudas que dejaba -que no eran pocas- además de hacerse cargo de su hermana Hisa. Él. por su parte, casi como consecuencia lógica, había deliberado largo tiempo sobre la forma más adecuada de abandonar éste valle de lágrimas y pasar a la tierra del silencio de la forma digamos menos incómoda y onerosa posible. Descartó ahorcarse por repugnancia estética, pese a reconocer que era el método idóneo. Por la misma causa desechó la posibilidad de saltar de un edificio o ser atropellado por un tren.</p>



<p>El 16 de abril escribió dos testamentos: uno dirigido a su buen amigo, el editor Kikuchi Kan y otro la pintora Oami Ryuchi: “Comprendo que soy el hijo de una mujer demente y en éste momento no puedo evitar sentir repugnancia hacia todo el mundo, especialmente hacia mí mismo”. El 24 de julio de 1927 puso fin a lo que denominaba »angustia confusa» con una sobredosis de veronal. Su suicidio causó un gran impacto social, ya que pese a sí mismo, era un autor popular. Ocho años después su amigo Kan instauró el más famoso premio literario japonés, el Premio Nacional Akutagawa Ryunosuke para escritores menores de 35 años.</p>



<blockquote class="wp-block-quote has-text-align-center is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>»La genética, el medio ambiente y la suerte, he ahí lo que gobierna nuestras vidas», había sentenciado Ryunosuke.</p>
</blockquote>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://diarioelpueblo.com.pe/2026/01/07/el-efecto-nocebo/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">202443</post-id>	</item>
		<item>
		<title>Vidas extrañas</title>
		<link>https://diarioelpueblo.com.pe/2025/10/22/vidas-extranas/</link>
					<comments>https://diarioelpueblo.com.pe/2025/10/22/vidas-extranas/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redaccion Diario El Pueblo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Oct 2025 05:08:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Fátima Carrasco]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://diarioelpueblo.com.pe/?p=70811</guid>

					<description><![CDATA[Por Fátima Carrasco Isabelle Eberhardt nació en Ginebra en 1877, aunque por libre elección su]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Fátima Carrasco</h4>



<p>Isabelle Eberhardt nació en Ginebra en 1877, aunque por libre elección su trayectoria vital y literaria discurrió en otras latitudes.</p>



<p>Fue hija de Nathalie E. de Moerder, casada con un general ruso a quien abandonó por el preceptor de sus hijos, un ex sacerdote ortodoxo reconvertido en ácrata. Otra teoría atribuye a Rimbaud, nada menos, la paternidad de Isabelle, quien, en todo caso, compartió con él cierto parecido físico y querencia por el norte de África, los bajos fondos en general y la vida disoluta en particular.</p>



<p>Isabelle estuvo muy unida a su hermano Agustín, quien se fue como legionario a esa zona. Isabelle y su madre se instalaron en 1897 en Bona, donde adoptaron la religión musulmana -aunque a todos los efectos, jamás la practicaron-. Tras la muerte de su madre y de su dilecto hermano, la futura escritora hizo su primera incursión en el Sáhara. Un año después se iría a vivir con Slimene Ehni, un nativo suboficial del cuerpo de espahís. Como todo en Isabelle, no fue una unión convencional: ella siempre ostentó el poder y los pantalones, literalmente, ya que vestida de hombre podía moverse cómodamente en los círculos locales. Tras ser agredida y expulsada, viajó a Marsella, donde se casó en 1901 con Slimene. Así, con nacionalidad francesa, pudo volver a Argelia, donde publicó sus crónicas y relatos con seudónimos diversos: Nadia, Nicolás Podolinski, Mariam o Mahmud Saadi.</p>



<p>En setiembre de 1903 fue enviada como reportera a la zona del conflicto entre su arenoso país de residencia y el vecino. Podría decirse que su salud no era precisamente buena. Tenía paludismo, malaria, sífilis y de remate, como su esposo, tuberculosis. Aunque no fue semejante cuadro clínico el que acabó con ella: en una modesta vivienda donde se reponía, murió el 21 de octubre de 1904 junto a la treintena de víctimas, como ella, del huayco tras el desbordamiento del río Sefra.</p>



<p>En tan breve y atrabiliaria existencia tuvo tiempo de escribir una decena de libros: relatos, crónicas, novelas. Pero nada se sabría de ellos si no fuese por sus amigos y benefactores. El manuscrito inconcluso de “Vagabundo” fue rescatado del barro por el general Lyautey, protector y fan suyo. Lo publicó Víctor Barricaud, amigo y editor del semanario local literario y político en el que ella colaboraba. Una ironía, teniendo en cuenta que Isabelle consideraba al futuro salvador de su opus como “Un diletante del pensamiento y sobre todo, de las sensaciones, un nihilista moral”. Barricaud fue no sólo su patrocinador, sino su principal defensor cuando fue expulsada. Se le critica que como editor se extralimitase en corregir y/o aumentar los textos de la difunta.</p>



<p>En 1923 el escritor René Louis Doyon accedió a otros manuscritos salvados del huayco y publicó “Mes journaliers, diarios y Contes et paysages”, censurado por los nazis hasta 1944.</p>



<p>Isabelle, que había debutado en la Nouvelle Revue Moderne, confesaba: “&#8230;en mí, la ambición por “hacerme un nombre y una posición” con mi pluma (en lo que no tengo ninguna confianza, por otra parte, y no espero ni siquiera alcanzar) está en segundo plano. Escribo porque me gusta el proceso literario”.</p>



<p>Con la única excepción de su madre, a quien llamaba “el espíritu blanco”, no tenía buen concepto del género femenino, al que calificaba de despreciable. En “Vagabundo”, el personaje femenino, Vera Gouriewa, es, sin embargo, un compendio de cualidades físicas, morales e intelectuales. Es la partenaire del protagonista, Dimitri Orschanow, alter ego de Isabelle y de Agustín, un estudiante inmerso en el desasosiego y en la Siennaya, el barrio lumpen ruso, “la viva imagen de degradación y decadencia de todo un pueblo”.</p>



<p>Allí discurren sus cuitas, antes de abandonarlo todo: “Para evitar explicaciones dolorosas, nunca hablaba del futuro”. La novela es una variante de anteriores obras: “A la deriva”, “El anarquista”, “Legionario”.</p>



<p>Gran parte de su obra, crítica con el colonialismo, discurre en el norte de África, con personajes masculinos y femeninos inevitablemente atormentados, con la diferencia de que ellas, además, son outsiders por su condición de prostitutas. Un buen ejemplo es “País de arena”, libro en el que figura El médico militar “La primera sensación de Jacques, desgarradora hasta la angustia, fue la de estar encarcelado en toda aquella arena”.</p>



<p>Su último cuento, “El paraíso de las aguas”, escrito en junio de 1904, poco antes de morir, resultó premonitorio: el protagonista es un vagabundo en sus últimos momentos: antes de pasar a la tierra del silencio, tiene alucinaciones en las que siente que flota en una acequia: “estar solo es ser libre, y la libertad es la única felicidad accesible al vagabundo”.</p>



<p>También premonitoria resulta esta reflexión de la autora: “Sólo hay una cosa que pueda ayudarme a pasar los pocos años de vida terrestre que me han sido destinados: el trabajo literario, ésa vida ficticia que tiene el encanto y la enorme ventaja de dejar el campo casi enteramente libre a nuestra voluntad, que nos permite exteriorizarnos sin sufrir los contactos dolorosos del exterior”.</p>



<p>En 1980 se publicó su obra completa. En 1992 se filmó el biopic sobre su vida.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://diarioelpueblo.com.pe/2025/10/22/vidas-extranas/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">190218</post-id>	</item>
		<item>
		<title>Buenos libros, pocos lectores</title>
		<link>https://diarioelpueblo.com.pe/2025/10/08/buenos-libros-pocos-lectores/</link>
					<comments>https://diarioelpueblo.com.pe/2025/10/08/buenos-libros-pocos-lectores/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Oct 2025 05:09:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fátima Carrasco]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://diarioelpueblo.com.pe/?p=66405</guid>

					<description><![CDATA[Por Fátima Carrasco El paso del tiempo juega a veces a favor o en contra]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Fátima Carrasco</h4>



<p>El paso del tiempo juega a veces a favor o en contra de ciertos autores. Algunos se redescubren. Otros acaban sepultados en el olvido, literal y redundantemente: un entierro es suficiente.</p>



<p>Es el caso de J.G. Farrell, nacido en Liverpool en 1935, autor de una premiada y mal denominada “Trilogía del imperio”, que en realidad son tres novelas independientes. La más valorada fue “Disturbios”, sobre los conflictos irlandeses de 1919. El protagonista es el comandante Archer, quien, tras el final de la I Guerra Mundial, acude a Irlanda en busca de su prometida, hija del sui generis Eduard Spencer, propietario del hotel Majestic, un enorme edificio en el que reina el caos, además de una extensa colonia felina, y en el que los ancianos huéspedes parecen haber asimilado la deriva que sobre ellos se cierne. Un par de gemelas que fungen de lolitas, un anciano mayordomo enloquecido, una plantilla difusa de cocineras-mucamas y la distante prometida del comandante (quien, durante su estancia se permite la siguiente reflexión: “es difícil sentirse intimidado por personas de las que se conoce, por ejemplo, la condición y el número de las piezas dentales de sus mandíbulas superior e inferior”) completan esta extensa, a veces graciosa y otras solo real maravillosa novela.</p>



<p>La menos valorada en su tiempo y luego felizmente redescubierta es “El sitio de Krishnapur”, editada en 1973. Reúne dispares características: suspense, ironía, romanticismo, tan disímiles como la galería de personajes made in Farrell: hay un recaudador progresista, además de Fleury, un gordinflón vate encandilado -¡cómo no!- por la estólida beldad local, Louise. Otro personaje relevante es el magistrado, agnóstico, feroz crítico de los versos perpetrados por las damas de la zoociedad local, a cuyas veladas acude para discursear sobre su gran obsesión: la frenología; además de Lucy, una joven deshonrada, suicida frustrada, en busca del sentido de la vida. La acción transcurre a mediados del siglo XIX, en la sitiada colonia británica, asolada por toda clase de males (incluida la ausencia de té, que obliga a nuestros personajes a tomar agua caliente, emulando el ritual): plagas de insectos, manadas de chacales, epidemias de escorbuto, erisipela y cólera (que origina una extensa discusión entre los dos enemistados médicos locales: ¿inyectar carbonato o fosfato de sodio o no?).</p>



<p>Los personajes, con flema inglesa, eluden perder los papeles, inmersos en semejante marea de adversidades.</p>



<p>Farrell se documentó a fondo para narrar esta personal recreación de la rebelión de los cipayos, recopilando sucesos, memorias, cartas y diarios.</p>



<p>La cultura es ficción. Es un cosmético pintado sobre la vida por los ricos, para ocultar su fealdad, declara el recaudador, quien “había llegado a creer que un pueblo, una nación, no se crean por sí mismos, según sus mejores ideas, sino que son modelados por otras fuerzas, respecto de las cuales tienen muy pocos conocimientos”.</p>



<p>En 1978 se editó “La defensa de Singapur”.</p>



<p>De Farrell se sabe que durante su primer año de estudiante en Oxford enfermó de poliomielitis, que le dejó secuelas en un brazo. Con aire a Marcel Duchamp, tuvo gran éxito entre el sector femenino, pese a ser esquivo, reservado y enigmático. Por desgracia, era aficionado a pescar. En la primavera de 1979 se compró una casa de campo, donde se instaló. Cuatro meses después, en pleno verano, mientras pescaba en plena tormenta, una ola lo arrastró y se ahogó, a los 44 años. Ese fue el ocaso, hasta que en 2008, en la votación al mejor premio Booker de todos los tiempos, “El sitio de Krishnapur” fue elegida entre las cinco mejores novelas.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://diarioelpueblo.com.pe/2025/10/08/buenos-libros-pocos-lectores/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">187967</post-id>	</item>
		<item>
		<title>El maestro de Kafka</title>
		<link>https://diarioelpueblo.com.pe/2025/06/18/el-maestro-de-kafka/</link>
					<comments>https://diarioelpueblo.com.pe/2025/06/18/el-maestro-de-kafka/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 Jun 2025 05:11:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Fátima Carrasco]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://diarioelpueblo.com.pe/?p=35025</guid>

					<description><![CDATA[Por Fátima Carrasco A veces los discípulos aventajan a los maestros, aunque es difícil pensar]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Fátima Carrasco</h4>



<p>A veces los discípulos aventajan a los maestros, aunque es difícil pensar en Jorge Luis Borges como discípulo de nadie —excepto de sí mismo-. Él afirmaba haberse inspirado en Marcel Schwob a la hora de escribir algunas de sus obras capitales.</p>



<p>A estas alturas del match, el gentil lector se hace la pregunta de rigor (¿de rigor mortis?): ¿Y quién fue Marcel Schwob? Vayamos por partes (como diría Jack el destripador). Marcel Schwob tenía altas posibilidades de desarrollar una trayectoria literaria. Hay quien llega a la literatura por azarosas vías. Otros, como Schwob, por consecuencia natural. Era altamente improbable que no hubiese sido un distinguido letraherido.</p>



<p>Nació en 1867 en Francia. Su padre fue un preclaro utopista y su madre descendía de los Cruzados. El debut literario del infante Marcel fue precoz, como era previsible: a los once años publicó su primer artículo en el diario de su progenitor, “Phare de la Loire”. Nuestro joven autor en ciernes avanzaba imparable en el árido mundo de las letras y a los catorce años se instaló en París, con su tío. No puede decirse que fuese un pariente cualquiera, para variar: era nada menos que bibliotecario de la Biblioteca Mazarine, una de las mejores de toda Francia. Pero el tío bibliotecario era, además, autor bien documentado —por deformación profesional— de novelas históricas. De modo que Marcel, en tan privilegiado entorno, estudió filosofía y sánscrito. Puede pensarse que para entonces sería un pedante y snob jovenzuelo, pero sería un craso error suponer tal cosa. Marcel era fan enardecido de Robert Louis Stevenson, tras leer “La Isla del Tesoro” y sería, con el tiempo, un orgulloso amigo epistolar del autor escocés. Marcel fue, además, gran admirador de Francois Villon, el vate medieval acusado de robo y homicidio. Prueba de los eclécticos gustos de Marcel, por si quedasen dudas, es que escribió un documentado estudio sobre la jerga francesa.</p>



<p>En sólo cinco años, entre los veintitrés y los veintiocho escribió la mayor parte de su obra, entre otros títulos “Corazón doble”, dedicado, cómo no, a Robert Louis Stevenson. Una de sus obras de mayor significado fue “El libro de Monelle”, un extenso relato poético inspirado en Louise, su partenaire, una chica pobre muerta de tuberculosis, pese a los cuidados de Marcel. Su muerte, a fines de 1893, le marcó de por vida. Tampoco él tenía buena salud: para tratar los síntomas de una enfermedad estomacal consumía opio y éter, con previsibles consecuencias. Como dirían los clásicos locales, peor fue el remedio que la enfermedad.</p>



<p>Otras obras suyas son “La cruzada de los niños” o su más conocida “Vidas Imaginarias”, escrita en 1895 y que maravilló a Borges.</p>



<blockquote class="wp-block-quote has-text-align-center is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“Vidas Imaginarias” es una inusual sucesión de apuntes biográficos sui generis de personajes fuera de lo común, como Pocahontas o sujetos como Walter Kennedy, pirata iletrado, o Crístido, incendiario. Con sugerente prosa, Marcel regaló a la posteridad impagables reflexiones como la atribuida a Crates, cínico, discípulo de Diógenes: “Los reproches de Diógenes le daban tanta risa, como sus pretensiones de reformar las costumbres”.</p>
</blockquote>



<p>La premisa fundamental de sus “Vidas Imaginarias” la resumió el propio Marcel así: “No hay ciencia del tegumento de una hojuela, de los filamentos de una célula, de la curvatura de una vena, de la manía de sus hábitos, de los cambios bruscos de un carácter”.</p>



<p>Una muestra de su estilo es la frase de la vida de Petronio: “Nació esos días en que saltimbanquis vestidos de verde hacían pasar lechoncitos amaestrados a través de aros de fuego”.</p>



<p>Marcel desarrolló además una extensa labor como traductor de “Hamlet”, “Macbeth”, “Moll Flanders”, de Defoe, las obras de su admirado Stevenson, de Poe, Whitman, Twain y de Oscar Wilde, su amigo y compadre espiritual. Como promotor cultural, hizo publicar “Ubú rey”, del otro distinguido alien Alfred Jarry, quien se lo dedicó: “A aquel que sabe”.</p>



<p>En 1901, tras agravarse su enfermedad, fue operado. Antes, había llevado a cabo, en compañía de su secretario chino, un viaje por los Mares del Sur siguiendo el rastro de Stevenson, ya muerto.</p>



<p>Marcel murió en febrero de 1905. En ésa época dictaba clases sobre el vate Villon en la Ecole des Hautes Etudes de París, movido por su leitmotiv existencial: “Las ideas de los grandes hombres son el patrimonio común de la humanidad: lo único que ellos realmente poseyeron fueron sus extravagancias”.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://diarioelpueblo.com.pe/2025/06/18/el-maestro-de-kafka/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">171492</post-id>	</item>
		<item>
		<title>Rhys o el fulgor insular</title>
		<link>https://diarioelpueblo.com.pe/2025/04/02/rhys-o-el-fulgor-insular/</link>
					<comments>https://diarioelpueblo.com.pe/2025/04/02/rhys-o-el-fulgor-insular/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 02 Apr 2025 05:08:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[COLUMNISTAS]]></category>
		<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Fátima Carrasco]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://diarioelpueblo.com.pe/?p=13464</guid>

					<description><![CDATA[Por Fátima Carrasco Ellen Gwendolen Rees nació en Rousseau, isla de Dominica, en 1884. Fue]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Fátima Carrasco</h4>



<p>Ellen Gwendolen Rees nació en Rousseau, isla de Dominica, en 1884. Fue la cuarta y penúltima hija de un médico galés y de una escocesa nieta de un traficante de esclavos.</p>



<p>Su afición a la lectura terminó, junto con su infancia, en 1907, cuando fue enviada a Inglaterra a estudiar, acompañada de su tía. El contraste absoluto entre Dominica e Inglaterra se refleja en su obra, autobiográfica y monográfica, que publicaría ya como Jean Rhys.</p>



<p>Con el permiso paterno y por sugerencia de la madre de una compañera suya del internado católico, estudió Arte Dramático y a los 16 años ya era corista en una compañía teatral, etapa que calificaría como »vida abominable y completamente anodina». Tras dos años de gira dejó los escenarios, al conocer a un hombre de negocios, aunque ni entonces, ni nunca, halló estabilidad en ninguna de sus acepciones. De nuevo sola y tras lo que se llamaba de forma eufemística »una intervención ilegal», Rhys, que sumaba ya el alcoholismo a su desarraigo, escribió sus impresiones en tres cuadernos y medio que guardó sin releer durante años.</p>



<p>Durante la guerra de 1914 fue voluntaria en una cantina que servía comidas a soldados voluntarios. Tres años después, en una de las innumerables pensiones en las que vivió, conoció al periodista, cantautor y espía antifascista Jean Lenglet, belga-francés-holandés (cuya azarosa vida merecería capítulo aparte). Tras casarse, vivieron en París, donde tuvieron dos hijos —el primero moriría semanas después de nacer—. Lenglet, miembro de la Comisión Interaliada que se reunió en Viena en 1920, fue encarcelado durante un año por estafa con cuadros falsos. Tratando de vender artículos escritos por él, Rhys acudió a la señora Adams, esposa del corresponsal de The Times en París, quien le preguntó si ella escribía. Rhys le envió sus tres cuadernos y medio, que Adams retocó, convertidos en “Viaje a la medianoche” y remitió a Ford Maddox Ford, quien fue su padrino literario en su debut de 1927 y con quien mantuvo una ambivalente relación, narrada en “Cuarteto”, publicada en 1929. Rhys, en un acto de justicia, tradujo y buscó editor después para la novela “Sous le Verrous”, que su ya exesposo Lenglet escribió sobre el mismo affaire, con el seudónimo de Edward de Néve.</p>



<p>En “Cuarteto”, Marya, alter ego de la autora, mientras hace cola en la cárcel para visitar a su esposo recuerda: »tuve una repentina y devastadora conciencia de la locura esencial del hecho de existir». Sus cinco obras, publicadas entre 1927 y 1939, mejor valoradas por crítica que por público, tratan siempre sobre la soledad, la inadaptación de mujeres — ella misma, siempre— vulnerables y autocríticas, preocupadas por la ropa y el peinado y con angustia vital extrema, a partes iguales. »Yo no pertenezco a ninguna parte, en realidad y no tengo dinero para comprar el derecho a pertenecer. Y tampoco lo querría» —declara una de sus alter ego en “Los tigres son más hermosos”, una selección de sus mejores relatos.</p>



<p>Con franqueza absoluta escribió sobre sus debilidades y sobre las dos islas en las que vivió: una, que recordaba llena de luz, colores y olores antillanos y la otra, gélida y llena de normas —incluso para ducharse en las pensiones— que detestaba y donde acabaría volviendo, olvidada, apartada de la vida literaria, a la que tampoco llegó a pertenecer nunca.</p>



<p>»Las personas mueren siempre dos veces: una de verdad y otra cuando los demás se enteran» escribió en su valorada novela “El ancho mar de los zargazos”, publicada en 1988. Rhys se atrevió a escribir la precuela de Jane Eyre, nada menos, cambiando para siempre la perspectiva de la obra de la Bronte. Sólo Rhys era capaz de escribir la historia de Berta-Antoinette Cosway, la desventurada esposa loca, el personaje misterioso de “Jane Eyre”. Dividida en tres partes, narra la Ley de Emancipación de 1830, describe los ritos animistas —la obeah, o vudú, que recordaba de su niñez— y crea una desdichada y moderna figura femenina, que es al mismo tiempo reflejo de sí misma, para variar. La escribió a lo largo de veinte años, siempre en medio de adversidad: su enfermedad cardíaca, la de su tercer esposo —que también sería encarcelado por estafa— y sin la esperanza ni perspectiva de vivir para verla publicada. Rhys repasa sus referencias antillanas infantiles en su obra maestra: las monjas católicas, a quienes siempre apreció, las empleadas negras, la exuberante y decadente naturaleza que devora la finca en la que Rhys veraneada, rebautizada como Coulibri, quizás por la pena absoluta que sintió la autora adolescente recién llegada a Inglaterra en un zoológico, al ver en una jaula sucia a colibríes descoloridos, apagados y desesperados —creando una atmósfera de inexorable, fatal declive.</p>



<p>En 1978 fue nombrada Dama Comandante de la Orden del Imperio Británico por su aportación a la literatura y poco después murió.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://diarioelpueblo.com.pe/2025/04/02/rhys-o-el-fulgor-insular/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">159935</post-id>	</item>
		<item>
		<title>El autor de «El cobarde»</title>
		<link>https://diarioelpueblo.com.pe/2025/03/05/el-autor-de-el-cobarde/</link>
					<comments>https://diarioelpueblo.com.pe/2025/03/05/el-autor-de-el-cobarde/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 Mar 2025 05:09:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Fátima Carrasco]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://diarioelpueblo.com.pe/?p=5664</guid>

					<description><![CDATA[Por Fátima Carrasco Vsévolod Garshin fue el mejor escritor joven de su generación, según Tolstoi.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading">Por Fátima Carrasco</h4>



<p>Vsévolod Garshin fue el mejor escritor joven de su generación, según Tolstoi. Su breve e intensa obra, formada por una veintena de relatos, fascinó a Iván Turgénev, quien consideró a Garshin su sucesor, destacando su temperamento artístico, su fino y acertado entendimiento de los rasgos característicos de la vida, tanto particulares como universales, sentido de la verdad y la mesura, simplicidad y belleza en las formas y, como resultado de todo ello, una gran originalidad.</p>



<p>Garshin nació en 1855 en Járkov, Ucrania, en la finca de su abuela, Ocho años después su madre abandonó a la familia. Garshin ingresó en la Escuela de Minas de San Petersburgo a los 19 años, por orden de su severo progenitor. Dos años antes, el hermano mayor del escritor en ciernes se había suicidado, inaugurando así una especie de luctuosa tradición familiar. Garshin se enroló como voluntario en la guerra ruso-turca a los veintidós años, en el regimiento 138 de infantería Boljov.</p>



<p>Tras ser herido, regresó a San Petersburgo. Sus traumáticas experiencias bélicas inspiraron Cuatro días, relato con el que logró la fama y reconocimiento repentinos. Cuatro días son los que pasa Ivanov, un soldado herido junto al cadáver de un soldado enemigo, entre privaciones, incertidumbre y reflexiones sobre la condición humana y sus errores de percepción.</p>



<p>Los conflictos bélico-morales y la humillante vida cuartelaria figuran en “El cobarde” y “El asistente y el oficial”.</p>



<p>En 1879, un año antes del primero de sus colapsos mentales, por el que estaría internado dos años, escribió uno de sus más notables relatos: “Dos pintores”. El joven aunque lúcido Garshin se inspiró en su amigo y paisano, el pintor Iliá Yefímovich Repin para crear a Riabipin, un pintor sensible y rebelde dedicado a reflejar las tribulaciones y el ánima de la patria (Repin pintó, entre otros, su famoso “Los sirgadores del Volga” y un retrato de Garshin que puede verse en el Metropolitan Musem de Nueva York). El antagonista y colega de Riabipin es Dedov, el paisajista pretencioso, oportunista y —cómo no!— exitoso, quien no puede asimilar, simplemente, la honestidad y ausencia de ambición de Riabipin, quien, por su parte, reflexiona: “Me parecen raras éstas personas que no son capaces de encontrar una satisfacción completa en el arte”.</p>



<p>El figurón contrapuesto al sujeto con valores y ética es el tema, también, de “El encuentro”.</p>



<p>En “La noche”, Alexéi, suicida frustrado, ve en una estrella la solución a su destino: “Recordó que la pena y el sufrimiento que tuvo ocasión de ver en la vida, la auténtica pena cotidiana ante la que toda su hermosura no significaba nada”.</p>



<blockquote class="wp-block-quote has-text-align-center is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“La flor roja”, dedicado a Turguénev, es otro perturbador relato sobre la enajenación mental, en la que Garshin, por desventura, era experto.</p>
</blockquote>



<p>Un personaje complejo, lleno de matices es Nadezhda, la ilustrada demi-mondaine presa de dudas y decepciones existencialistas, protagonista de “Un suceso”.</p>



<p>Con una trayectoria literaria consolidada, parecería que el “barín” -apelativo usado para dirigirse a la gente de su status con respeto- llegaba a una etapa de estabilidad y madurez. En 1883 se casó y como su personaje Riabipin, obtuvo un empleo discreto en todos los sentidos en la Compañía Rusa de Ferrocarriles. Era uno de los escritores más leídos y apreciados, pero la literatura no resultó terapéutica para El Hamlet de nuestro tiempo, como le denominaba el vate y crítico P.F. Yabukóvich.</p>



<p>En 1887 escribió el último de sus relatos: “La señal”. Semión, excombatiente de la guerra de 1878, lleva una vida miserable hasta que, tras un encuentro fortuito con otro exmilitar, logra ser peón ferroviario. Así traba conocimiento con su vecino y colega Vasili, víctima de la injusticia: “No es la vida la que nos devora el talento, la suerte, sino la gente”. Tragedia, heroísmo y sacrificio tolstoiano en su despedida. Ese mismo año sufrió otro episodio depresivo.</p>



<p>En 1888, a los 33 años, emuló a sus dos extintos hermanos y se suicidó saltando por la escalera del quinto piso de su vivienda, en San Petersburgo. Murió tras seis días de agonía en el Hospital de la Cruz Roja. La triste noticia causó una gran impresión entre sus coetáneos y entre los jóvenes intelectuales, entre quienes era popular y apreciado. Fue enterrado en el cementerio Volkov, cerca de Turguénev y donde Leonid Andreiev, su más fiel continuador, le acompañaría años después.</p>



<p>En boca de uno de sus personajes dijo: “Pienso que en todas partes sé ver el mal existente y por lo tanto huyo de ése mal”.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://diarioelpueblo.com.pe/2025/03/05/el-autor-de-el-cobarde/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">155317</post-id>	</item>
		<item>
		<title>Fuera del canon</title>
		<link>https://diarioelpueblo.com.pe/2025/02/12/fuera-del-canon/</link>
					<comments>https://diarioelpueblo.com.pe/2025/02/12/fuera-del-canon/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Feb 2025 05:09:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Fátima Carrasco]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://diarioelpueblo.com.pe/?p=95494</guid>

					<description><![CDATA[Por Fátima Carrasco Elizabeth von Arnim fue la notable autora de una veintena de novelas,]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Fátima Carrasco</h4>



<p>Elizabeth von Arnim fue la notable autora de una veintena de novelas, además de su autobiográfica -aunque sólo veladamente- “Todos los perros de mi vida”, un divertido y conmovedor homenaje a los grandes, medianos y pequeños canes que la acompañaron a través del tiempo, como Cornelia, la tierna y olvidada teckel: “Qué desagradable sensación descubrir cuan egoísta, cuan indiferente hacia aquellos que un día fueron amigos podía volverse una mujer ensimismada en la vida familiar”.</p>



<p>Von Arnim se declaraba fan de los perros, por encima de todos sus muchos y muy queridos seres, “porque los perros te adoran hasta el último ladrido”.</p>



<p>Pese a declaraciones como: “Comencé a sospechar que lo que la gente denomina soledad es lo que más adoro”, tuvo una intensa vida ¿zoocial?: cinco hijos, affaires y amistades con letraheridos de su época y dos matrimonios no muy afortunados: uno con el germánico conde von Arnim, de quien enviudó en 1910 y otro con John Francis Russell, hermano mayor de Bertrand Russell, de quien se divorció en 1919.</p>



<p>Su debut literario en 1898 con “Elizabeth y su Jardín Alemán” fue tan exitoso que ése mismo año la obra se reeditó veintiuna veces. Elizabeth mantuvo su identidad bajo el anonimato para evitar conflictos con su consorte -El Hombre Airado, como le denomina en sus obras-. Como puede deducirse por el clarificador título, se trata de una elegía a la naturaleza en general y la jardinería, en particular, escrita por una entonces joven recién casada feliz en su soledad -por aquel entonces vivía, motu propio, en una aislada finca en Pomerania-: “la obsesión por estar siempre acompañado por tus semejantes es para mí absolutamente incomprensible”.</p>



<p>El rasgo más destacado en todas sus obras fue su intenso, a veces jovial y siempre completo conocimiento del género humano, de la psique femenina y de la masculina.</p>



<p>Bajo una aparente ligereza y superficialidad, sus tramas y personajes revelan todos los matices de las complicadas relaciones y sentimientos entre antropoides de todo género y condición social.</p>



<p>Eso explica la popularidad&nbsp;de ciertas novelas suyas, versionadas para el cine. Incomprensible, en cambio, resulta su olvido durante décadas. A través de sus novelas el lector percibe los cambios de los siglos pasado y antepasado. En “Un abril encantado”, asistimos al viaje real maravilloso que une a cuatro británicas: la lúcida y apocada Mrs. Wilkins –“nuestra clase de bondad hace infeliz. La hemos conseguido y somos infelices”- y la desventurada Mrs. Arbuthnot -“Era asombroso que en casa hubiese sido tan buena, tan terriblemente buena y sólo hubiera conseguido sentirse atormentada”-acompañadas por una joven agraciada y una anciana con mucho de Lenny Malacara. La primavera en una villa italiana ilumina la lluviosa y gris ánima de las británicas protagonistas y de sus respectivos partenaires.</p>



<p>Muy distinta de esta amable y algo ingenua trama es su inquietante “Un Matrimonio Perfecto”, precursora de “Rebeca”. Es la cruda radiografía del lado más oscuro y heavy de las relaciones, siniestra y aterradora en su exactitud al describir el infierno emocional de la joven huérfana Lucy, con personajes como su tía, la señorita Entwhistle, quien, a sus 48 años “lo que ansiaba con un deseo cada vez más intenso, convertido casi en desesperación en aquel invierno interminable, era su butaca junto a la chimenea y la visita esporádica de alguna amiga de mediana edad para tomar el té”.</p>



<p>La secuela de ésta historia de horror cotidiano fue “Vera”.</p>



<p>Sólo en apariencia más amable y superficial puede parecer su “Mr. Skeffington” la crónica del declive de una alegre y algo estólida divorciada, Fanny, quien “&#8230;al menos se alegraba de ser una mujer sin ataduras, libre de sentirse tan melancólica como se le antojara, sin involucrar a un marido o a unos hijos en su mal humor: personas indefensas que no podían escapar y estaban obligadas a sufrir cuando la madre o la esposa tenía un arrebato de pesimismo”.</p>



<p>En vísperas de cumplir medio siglo de regalada existencia y tras superar una grave enfermedad, a Fanny, la archidenominada gran beldad, le asalta el recuerdo de Job, su exconsorte, de nombre bíblico y religión judía. Los múltiples encuentros -o más bien desencuentros- con sus ex pretendientes servirán a Fanny para aterrizar en éste mundo triste y enfermo, con un final sorprendente y brillante. La idea principal de la novela es que pese a todas las ventajas y privilegios existenciales, la vida sale al encuentro incluso de la más frívola persona y que a veces el tiempo no pasa, sino que atropella.</p>



<p>Combinar el desenfado con el hondo conocimiento del ser humano, la mirada femenina aceptando con deportividad los avatares existenciales, fue el mayor logro de la injustamente relegada y alegre Elizabeth, quien vivió Alemania, Suiza, Inglaterra, Francia y finalmente murió en Estados Unidos en 1941. Había nacido en 1866, en Sidney, con el nombre de Mary Anette Beauchamps. Su prima fue&nbsp;Katherine Mansfield, un detalle menor en una obra mayor que su reconocimiento.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://diarioelpueblo.com.pe/2025/02/12/fuera-del-canon/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">151870</post-id>	</item>
	</channel>
</rss>
