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	<title>Fátima Carrasco &#8211; Diario El Pueblo</title>
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	<title>Fátima Carrasco &#8211; Diario El Pueblo</title>
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		<title>Libros que nunca leeremos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 Aug 2026 05:08:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Fátima Carrasco]]></category>
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					<description><![CDATA[Por: Fátima Carrasco Un caso de ilustres e inéditos por partida doble es el de]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por: Fátima Carrasco</h4>



<p class="wp-block-paragraph">Un caso de ilustres e inéditos por partida doble es el de Herman Melville y Nathaliel Hawthorne, compadres espirituales y socios fallidos en la empresa de escribir una novela que acabaría siendo inexistente. Ambos pretendían novelar la vida de Agatha Robertson. En un despliegue de originalidad, la titularon “Agatha”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia de Agatha se la contó a Melville un veterano abogado en Nantucket, donde ambos se conocieron, en julio de 1852.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las penalidades de Agatha Robertson (“pero debe darle otro nombre”, sugería Melville a su insigne asociado literario) comenzaron tras casarse con un náufrago al que había salvado la vida en Massachussets. Su esposo inició un viaje marítimo del que regresó diecisiete años después, sin mandar cartas, encomiendas, giros bancarios ni saludos, sin dar explicaciones de su digamos deserción hogareña. Agatha, que trabajaba como enfermera para sufragar la educación de su hija Rebecca, accedió a que el pater familiaes las visitase. Su ¿consorte? les propuso trasladarse a Missouri. Tras otra desaparición y una reaparición con giro bancario incluido, confesó que había vuelto a casarse con una viuda con una hija. Agatha, “para no hacer infeliz a nadie” nunca denunció su bigamia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El autor de “Moby Dick” declinó desarrollar su propia Agatha, hija de un farero reacio a dejarla casarse con un marinero: “pensándolo dos veces, se me ha ocurrido que esta trama se basa en una línea narrativa con la que usted está particularmente familiarizado. Para decirlo sin rodeos, creo que en esta materia usted tendría mejor mano que yo&#8230; Y si pensase que puedo hacerlo tan bien como usted, tenga por seguro que no le cedería esa materia”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hawthorne empezó a escribir “Agatha”, pero desistió al poco tiempo. En octubre de 1852, Melville le sugirió posibles líneas argumentales (empatía hacia el bígamo, justificándolo por la proverbial laxitud de los marineros respecto a sus obligaciones familiares, etc.) y un mes después Hawthorne le cedió el privilegio: le animó a escribirla en solitario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Melville anunció: “empezaré en cuanto llegue a casa; y en lo que a mí respecta, me esforzaré por hacer justicia a una historia tan interesante”. Fue la última alusión a Agatha.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La amistad entre ambos autores declinó en 1856. Un año después, Melville publicó “The Confidence Man”, un agudo ensayo sobre las falsas apariencias. Fue su despedida del oficio literario: “Acabo de optar por ser aniquilado”, escribió. Murió treinta años después. Entre sus documentos apareció el manuscrito inacabado de “Billy Budd, marinero”. De “Agatha”, nada se halló.</p>



<p class="wp-block-paragraph">W.S. Burroughs, autor de el delirante y por otro lado indescriptible “El Almuerzo Desnudo”, —“una novela sin límites que volverá loco a todo el mundo”, en palabras de su colega Allen Ginsberg— recicló material diverso para conformar esta obra, que definía como “un instante congelado en que todo el mundo ve lo que hay en la punta de cada tenedor” (¿?). En efecto, “El Almuerzo desnudo” está formado por apuntes de “Marica, Cartas de Ayahuasca” (enviadas desde México) y “Yonqui”, desechados por el propio autor. Aseguran los expertos en la obra burroughsiana que teniendo en cuenta que el autor era un neotrashumante en toda regla, sin hábitos fijos de escritura, resulta milagrosa la existencia de algo así como un manuscrito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según Girodias, el texto había sido parcialmente roído por las ratas y definía a su autor, a quien vio en París, como “un fantasma humano de color gris, con una gabardina fantasmagórica y un fantasmal sombrero descolorido, estampa que en conjunto se asemejaba a su mohoso manuscrito”. “La cualidad fragmentaria es inherente a mi obra”— confesó Burroughs a Ginsberg. Brion Gysin, colaborador del autor, aseguraba que en la mudanza desde Londres organizó 20 archivadores, 17 de los cuales tenían el mismo rótulo: “Miscelánea”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Paul Bowles describía a Burroughs, a quien vio en Tánger, como un maníaco, escribiendo a máquina o a mano- cuando vendió el artefacto para comprar drogas- lanzando las páginas escritas al suelo, donde se acumulaban junto a toda clase de detritus, volando, además, algunas de ellas, por la ventana. Se cree que el texto original tenía unas mil páginas. Según Gysin, los niños argelinos acabaron vendiendo a dólar la página por las calles, tras rebuscar en los restos de una de las innumerables y apresuradas mudanzas del autor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Burroughs y Gysin desarrollaron la técnica del <em>corta pega</em>, que consistía en doblar, romper y pegar las resmas en distintas disposiciones para crear nuevas palabras. Burroughs creía en el lado oculto, esotérico de los vocablos, buscando su verdadero significado. Los recortes sobrevivientes, transformados y reciclados, acabaron formando “El ticket que explotó” y “La página Blanda”. Puede decirse que era incondicional de los libros inexistentes, motu proprio.</p>
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		<title>«El amo del corral»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Jul 2026 05:08:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Fátima Carrasco]]></category>
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					<description><![CDATA[Por: Fátima Carrasco Ascensión En mayo de 2005, en Lancaster, Pennsylvania, se suicidó el escritor]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por: Fátima Carrasco</h4>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>Ascensión</strong></h4>



<p class="wp-block-paragraph">En mayo de 2005, en Lancaster, Pennsylvania, se suicidó el escritor Tristan Egolf. Hijo de un corresponsal del “National Review” y de una pintora, ambos norteamericanos, Tristán nació en Madrid de casualidad, en 1971.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vivió en Washington con su madre y en un pueblo de Indiana con su padre. Dejó la universidad, formó un grupo musical punk y viajó a París con su primera novela (rechazada por buen número de editoriales norteamericanas). Allí, devenido en músico callejero, conoció a la hija del escritor Patrick Modiano, quien logró que Gallimard editase su <em>opus magna</em> en 1998. Las posteriores ediciones británicas y norteamericanas de “El Amo del Corral” confirmaron su éxito: Egolf fue comparado con su admirado John Kennedy Toole, con William Faulkner, John Steinbeck y demás notorios letraheridos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">John Kaltenbrummer, el niño huérfano amo del corral, promueve una huelga de basureros en una América profunda con siniestras granjas avícolas en vez de prados soleados, e inmigrantes ilegales en vez de rubicundos granjeros con overall. Un obra vital y aguda, donde el detritus moral y físico campea por sus respetos.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>Y Caída</strong></h4>



<p class="wp-block-paragraph">Según la crítica, su segunda novela, “La Chica y el Violín” no estaba a la altura. Tantas y tan negativas críticas incidieron en la depresión del último año de vida del brillante Tristan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Deprimido e hiperactivo, regresó a su país y fue detenido por participar con Smoketown Six —activistas antibélicos— en una protesta anti Bush con desnudo incluído; a su muerte, pendiente de juicio. Un disco con su banda “Doomed to Obscurity”, una ópera rock con el sonado Iggy Pop, el guion cinematográfico de “El Amo del Corral”, Kornwolf (su tercera novela) un hombre lobo entre los amish, editada en 2006, y la crianza de su hija ocupaban su tiempo hasta que se disparó en la sien, a los 33 años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“La chica y el violín” (Mondadori, 2004), narra las peripecias de Charlie Evans, un violinista mestizo hastiado de humillaciones y entresijos del gremio, devenido en cazador de ratas de cloaca. Una chica millonaria rescata al singular ceniciento. La crítica denostó el estereotipo, homenaje a la chica Modiano. De bien nacido es ser agradecido, y Egolf lo era. Su infravalorada novela, escrita por un auténtico marginal aún no arruinado por la marginalidad circundante, con cierto inestimable candor juvenil, a veces desopilante, casi siempre aguda e hilarante, merece ser leída. Charlie (alter egolfiano) sentencia: “El momento menos turbulento del día seguía siendo, por alguna razón, un delito social”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ante Greetz, su estólido y repulsivo compadre y otros zafados de vida alternativa, el buen Charlie, como nos, se pregunta: “¿de dónde&nbsp;había salido ese lugar, esa gente?”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que el violinista mestizo cazarratas declare: “por desgracia, allí se acabaron las esperanzas” acabaría siendo una declaración de intenciones del honesto y talentoso Tristan.</p>
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		<title>Ihara Saikaku</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Jul 2026 05:10:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Fátima Carrasco]]></category>
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					<description><![CDATA[Por: Fátima Carrasco Ihara Saikaku fue uno de los más admirados novelistas japoneses, mostró su]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por: Fátima Carrasco</h4>



<p class="wp-block-paragraph">Ihara Saikaku fue uno de los más admirados novelistas japoneses, mostró su modernidad en el siglo XVII con títulos como “El Evangelio de un Millonario Versión Revisada” o “El último Almacén de Japón”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero antes de incursionar en la prosa fue poeta dedicado a los haikus. A diferencia de Matsunaga Teikoku, considerado el maestro de los haukus, quien era partidario de corregir las 17 sílabas, el irreverente Saikaku, en cambio, prefería improvisar y se lucía en las maratones poéticas (llamadas <em>yakazu</em>). En 1671 dejó boquiabierta a la respetable concurrencia al improvisar nada menos que 1600 haikus en un día y una noche. Superó semejante hazaña lírica nueve años después, componiendo 4000 haikus en 24 horas. Y en 1684 volvió a superar sus records (y de hecho, todos los records alusivos) al componer 23500 haikus en el tiempo de vida de una libélula (unas diecisiete series de diecisiete sílabas por minuto). Se entiende entonces que Saikaku fuese popularmente conocido como “El Poeta de los 20000”. Pese a su reputación de prolífico versificador, Saikaku nunca tuvo pretensiones de que su obra pasara a la posteridad. Como talentoso y genuino defensor de lo efímero, era considerado como un alienígena. Saikaku pasó a ser sinónimo de extravagante. De los 20000 haikus, solo se sabe que existieron, pero no fue posible leerlos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La última etapa vital de Emile Zola tiene relación con su obra, fatalmente inconclusa. Considerado como un “alcantarillero literario” por sus detractores, Zola llevaba a la práctica, con denuedo, su lema “Nulla dies sine linea”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En defensa de Alfred Dreyfus escribió su conocido artículo “Yo Acuso”, publicado el 13 de enero de 1898, en respuesta a la petición de ayuda que le hicieron el Presidente del Senado y el hermano de Dreyfus. Como consecuencia, Zola fue despedido del diario <em>Le Figaro</em> y ridiculizado en caricaturas y artículos de prensa. Ya entonces había declarado: “¿De modo que existe una cosa llamada joven antisemitismo&#8230; cerebros y almas jóvenes ya trastornados por este idiota veneno? Qué triste y qué ominoso para el venidero siglo XX”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En su exilio en Sussex asistía a partidos de cricket, leía la prensa inglesa-diccionario mediante- y según Ernest Vizetelly, fan suyo, “tiene intención de escribir un libro sobre ello (el caso Dreyfus) a su debido tiempo y ha tomado muchos apuntes sobre el tema; entretanto, en el ínterin de los capítulos de “Fecundidad”, su nueva novela y el comienzo de un nuevo cuarteto, “Cuatro Evangelios”, el señor Zola ha estado preparando un relato de sus aventuras, experiencias y observaciones en el exilio. Todo ello se ilustrará con fotografías y bosquejos”. Este libro de Zola, avezado fotógrafo, nunca se materializó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunos elementos del caso Dreyfus aparecen en “Verdad”, el tercer volumen de “Los Cuatro Evangelistas”. En 1899 regresó a Francia, aquejada por entonces de furor antisemita, donde escribió “Justicia”, el último volumen del cuarteto, en el que imagina una alianza de todas las naciones, los Estados Unidos de Europa. “Me he pasado cuarenta años diseccionando&#8230; Ya es hora de que dejéis soñar un poco en mi ancianidad”. Según Maurice Le Blond, amigo suyo, el argumento de “Justicia” iba a ser el sionismo. Zola murió antes de acabarla. El 29 de setiembre de 1902, a las tres de la madrugada, mareado, con náuseas y dolor de cabeza, abrió la ventana, se desmayó y murió asfixiado. Según el juez de instrucción, murió de forma accidental, intoxicado por monóxido de carbono, pese a que en la reconstrucción del suceso varios cuyes sobrevivieron en la misma habitación y circunstancias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1953, un anciano suscriptor del diario <em>Liberation</em>, el señor Hauin, respondió a un artículo sobre la muerte de Zola asegurando que un amigo suyo, deshollinador y detractor de Dreyfus y de Zola, le había confesado: “Mis hombres y yo tapamos la chimenea mientras arreglábamos la de al lado. Había mucho ajetreo y aprovechamos para localizar la chimenea de Zola y obstruirla. La destaponamos al día siguiente muy temprano. Nadie se dio cuenta”.</p>
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		<title>El Hamlet de su tiempo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 May 2026 05:08:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Fátima Carrasco]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Fátima Carrasco Vsévolod Garshin fue el mejor escritor joven de su generación, según Tolstoi.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Fátima Carrasco</h4>



<p class="wp-block-paragraph">Vsévolod Garshin fue el mejor escritor joven de su generación, según Tolstoi. Su breve e intensa obra, formada por una veintena de relatos, fascinó a Iván Turgénev, quien consideró a Garshin su sucesor, destacando su temperamento artístico, su fino y acertado entendimiento de los rasgos característicos de la vida, tanto particulares como universales, sentido de la verdad y la mesura, simplicidad y belleza en las formas y, como resultado de todo ello, una gran originalidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Garshin nació en 1855 en Járkov, Ucrania, en la finca de su abuela. Ocho años después su madre abandonó a la familia. Garshin ingresó en la Escuela de Minas de San Petersburgo a los diecinueve años, por orden de su severo progenitor. Dos años antes, el hermano mayor del escritor en ciernes se había suicidado, inaugurando así una especie de luctuosa tradición familiar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Garshin se enroló como voluntario en la guerra ruso-turca a los veintidós años, en el regimiento 138 de infantería Boljov. Tras ser herido, regresó a San Petersburgo. Sus traumáticas experiencias bélicas inspiraron “Cuatro días”, relato con el que logró la fama y reconocimiento repentinos. Cuatro días son los que pasa Ivanov, un soldado herido junto al cadáver de un soldado enemigo, entre privaciones, incertidumbre y reflexiones sobre la condición humana y sus errores de percepción.</p>



<blockquote class="wp-block-quote has-text-align-center is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Los conflictos bélico-morales y la humillante vida cuartelaria figuran en “El cobarde” y “El asistente y el oficial”.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En 1879, un año antes del primero de sus colapsos mentales, por el que estaría internado dos años, escribió uno de sus más notables relatos: “Dos pintores”. El joven aunque lúcido Garshin se inspiró en su amigo y paisano, el pintor Iliá Yefímovich Repin para crear a Riabipin, un pintor sensible y rebelde dedicado a reflejar las tribulaciones y el ánima de la patria (Repin pintó, entre otros, su famoso “Los sirgadores del Volga” y un retrato de Garshin que puede verse en el Metropolitan Musem de Nueva York). El antagonista y colega de Riabipin es Dedov, el paisajista pretencioso, oportunista y —¡cómo no!— exitoso, quien no puede asimilar, simplemente, la honestidad y ausencia de ambición de Riabipin, quien, por su parte, reflexiona: “Me parecen raras éstas personas que no son capaces de encontrar una satisfacción completa en el arte”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El figurón contrapuesto al sujeto con valores y ética es el tema, también, de “El encuentro”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En “La noche”, Alexéi, suicida frustrado, ve en una estrella la solución a su destino: “Recordó que la pena y el sufrimiento que tuvo ocasión de ver en la vida, la auténtica pena cotidiana ante la que toda su hermosura no significaba nada”.</p>



<blockquote class="wp-block-quote has-text-align-center is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“La flor roja”, dedicado a Turguénev, es otro perturbador relato sobre la enajenación mental, en la que Garshin, por desventura, era experto.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Un personaje complejo, lleno de matices es Nadezhda, la ilustrada demi-mondaine presa de dudas y decepciones existencialistas, protagonista de “Un suceso”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con una trayectoria literaria consolidada, parecería que el “barín” (apelativo usado para dirigirse a la gente de su status con respeto) llegaba a una etapa de estabilidad y madurez. En 1883 se casó y como su personaje Riabipin, obtuvo un empleo discreto en todos los sentidos en la Compañía Rusa de Ferrocarriles. Era uno de los escritores más leídos y apreciados, pero la literatura no resultó terapéutica para el Hamlet de nuestro tiempo, como le denominaba el vate y crítico P.F. Yabukóvich.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1887 escribió el último de sus relatos: “La señal”. Semión, excombatiente de la guerra de 1878, lleva una vida miserable hasta que, tras un encuentro fortuito con otro exmilitar, logra ser peón ferroviario. Así traba conocimiento con su vecino y colega Vasili, víctima de la injusticia: “No es la vida la que nos devora el talento, la suerte, sino la gente”. Tragedia, heroísmo y sacrificio tolstoiano en su despedida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese mismo año sufrió otro episodio depresivo. En 1888, a los treinta y tres años, emuló a sus dos extintos hermanos y se suicidó saltando por la escalera del quinto piso de su vivienda, en San Petersburgo. Murió tras seis días de agonía en el Hospital de la Cruz Roja. La triste noticia causó una gran impresión entre sus coetáneos y entre los jóvenes intelectuales, entre quienes era popular y apreciado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue enterrado en el cementerio Volkov, cerca de Turguénev y donde Leonid Andreiev, su más fiel continuador, le acompañaría años después.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En boca de uno de sus personajes dijo: “pienso que en todas partes sé ver el mal existente y por lo tanto huyo de ese mal”.</p>
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		<title>Si esto es un hombre</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 06 May 2026 05:09:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Fátima Carrasco]]></category>
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					<description><![CDATA[Por: Fátima Carrasco Primo Levi creó una de las grandes obras literarias del siglo pasado,]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por: Fátima Carrasco</h4>



<p class="wp-block-paragraph">Primo Levi creó una de las grandes obras literarias del siglo pasado, basada en sus durísimas experiencias cuando fue el preso 174517 —“mi nombre de cuando no tenía nombre”— en Auschwitz. El rasgo principal de “Si esto es un hombre” es que Levi escribió sobre el horror como si el horror no existiera, creando una estética sobria sobre las atrocidades vividas, logrando la unidad de actitud ética y estilo literario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Químico de vocación y profesión, el suave, escéptico y acicalado Levi no temió nunca que las generaciones futuras no compartieran su sufrimiento, sino que no reconocieran la verdad. Nacido en Turín, de origen judío, fue uno de los partisanos detenidos en el valle de Aosta en febrero de 1944 y encerrado en un vagón de mercancías con 600 personas más. 525 de ellas, no aptas para trabajar acabaron en la cámara de gas a su llegada al campo de concentración. Un año después, el comandante soviético que liberó el campo le encargó un informe al respecto, que Levi escribió con Leonardo Debenedetti, médico turinés deportado a Auschwitz en el mismo convoy, también otro de los escasos sobrevivientes. Juntos coincidieron en Katowice, tras ser liberados y regresaron a Turín después de otra serie de interminables padecimientos, que Levi narra en “La Tregua”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así nació Informe sobre Auschwitz, el germen de “Si esto es un hombre”. “Yo volví del Lager con una carga narrativa incluso patológica” -escribió Levi, que asumió la obligación moral de dar testimonio en nombre de los silenciados con precisión, firmeza y esencialidad en la forma, a tal punto que rechazó la primera traducción castellana de su obra, por ser poco correcta, lo que retrasó su difusión. “Corresponde al escritor hacerse entender por parte de quien desea comprenderlo: es su oficio, escribir es un servicio público… me causaría incomodidad o dolor que el lector no comprendiera línea por línea lo que he escrito. O, mejor, lo que he escrito… puesto que todos nosotros, los vivos, no estamos solos, no debemos escribir como si lo estuviésemos. Tenemos una responsabilidad, mientras vivamos: debemos responder por cuanto escribimos, palabra por palabra, y hacer que cada palabra dé en el blanco…hablarle al prójimo en una lengua que no puede entender…es…un antiguo artificio represivo…Es una forma sutil de imponer el propio rango”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con excepción de Italo Calvino, su gran amigo, no frecuentó ni fue bien recibido en los círculos literarios, de modo que estuvo en el limbo durante décadas… El abstruso Georges Perec, cuyos padres murieron en un campo nazi, escribió al respecto: “la experiencia de un deportado es incapaz por sí sola de engendrar una obra de arte”. Su malestar con la identidad literaria se evidencia al publicar un volumen de relatos en 1966 con el seudónimo de Damiano Malabaila. En él figuran Plomo y Mercurio, luego incluidos en “El Sistema Periódico”, microhistorias o la historia de un oficio y sus fracturas, triunfos y miserias -Leevi dixit-. “En todo el mundo los seis años de destrucción y guerra habían provocado una regresión en muchas costumbres cívicas, así como atenuado muchos reflejos, entre ellos y en primer lugar, el reflejo de la decencia”. Dedica “Vanadio” a narrar su rencuentro, en 1967, con el químico Muller, uno de sus carceleros. O “Hierro”, a un amigo partisano asesinado por un mercenario adolescente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Levi, que había sobrellevado su cruda experiencia con “el interés antropológico de vivir de una manera completamente distinta y el interés, que nunca flaqueó, por el ánimo humano”, fue una figura pública conocida y popular en su país, ejerciendo como testigo -no como víctima-desde 1984 hasta 1987. El 11 de abril de ése año fue hallado muerto. Para la mayoría, fue un suicidio más o menos anunciado en “Los hundidos y los salvados” o en tantas de sus entrevistas: “Me siento más cerca de los muertos que de los vivos y avergonzado de ser hombre, por ser los hombres quienes habían edificado un lugar como Auschwitz”. Otros, como la bióloga Rita Levi-Montalcini o William Styron, opinaron que fue un accidente. Styron, aquejado de depresión como Levi, atribuyó su muerte a un error en la medicación.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Un llanero solitario</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Apr 2026 05:08:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Fátima Carrasco]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Fátima Carrasco Romain Gary (alias de Roman Kacew, nacido en Rusia en 1914) publicó]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Fátima Carrasco</h4>



<p class="wp-block-paragraph">Romain Gary (alias de Roman Kacew, nacido en Rusia en 1914) publicó sus obras con distintos seudónimos: con el de Emile Ajar, en 1975, ganó su segundo premio Goncourt por la novela “La vida ante sí”. Gary es el único autor que ganó tal premio dos veces. La primera, en 1956, fue por su novela “Las raíces del cielo”, un libro “raro, simbólico, denso”, según André Malraux.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gary había emigrado a Francia a los catorce años y fue la antítesis del letraherido atribulado: era ingenioso, sociable, aficionado al póker y cuando ganó su primer Goncourt, vivía en La Paz, donde ocupaba el cargo de encargado de negocios en la embajada francesa. Once años antes había iniciado su labor diplomática en el Ministerio de Asuntos Exteriores, desempeñándose como portavoz francés en la ONU entre 1952 y 1956.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como Graham Greene, el contexto sociopolítico de su época aparece de forma destacada en sus obras, aunque él se sentía identificado con Kipling y Conrad, más bien.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sus obras, éxito de ventas, catalogadas como best sellers, fueron siempre denostadas por críticos e intelectuales. Entre muchas y variadas razones, esta reiterativa infravaloración se debía a que “Las raíces del cielo” se editó apresuradamente, sin corregirla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta novela, precursora por tratar sobre ecología -neologismo poco difundido por aquel entonces- recoge historias cruzadas alrededor del solitario, incomprendido y heroico Morel, sobreviviente de los campos de concentración, gracias a la imagen simbólica de un elefante (su truco personal para ejercitar la imaginación y no perder la cordura durante su cruento cautiverio).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Morel, nihilista y misántropo, inicia una campaña contra el exterminio de los elefantes en el África Ecuatorial Francesa en los años 50, con previsibles resultados: será apoyado, utilizado y/o traicionado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Completamente rodeado, envuelto en el conflicto ya histórico del Chad preindependizado, Morel deambula por el territorio con un pliego de firmas y un viejo maletín repleto de peticiones y manifiestos pro-defensa de la naturaleza de ésta guisa: “El hombre ha llegado a un punto en que necesita realmente de toda la amistad que pueda encontrar y en su soledad necesita a todos los elefantes, a todos los perros, a todas las aves”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gary cuestiona el progreso: “Nadie ha conseguido jamás resolver la contradicción que existe en querer defender un ideal humano en compañía de los hombres”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Morel sin embargo no es el único freak de la novela le acompañan en cierto modo -más bien le observan con deferencia y simpatía, un grupo de outsiders: Babcock, oficial inglés, Forsythe, oficial del ejército norteamericano sancionado por criticar la guerra, Peer Quist, naturalista danés o el padre Tessin, inspirado en dos de sus grandes amigos: Teilhard de Chardin, paleontólogo jesuita y André Malraux.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Completan el cuadro el líder Waitiari, cooperador en la campaña por-elefantes para de paso, propagar el ideal anticolonialista, el malvado Orsini dÁquaviva -personificación de lo que el autor denominaba “la inhumanidad del ser humano”- y personajes como míster Ornardo, una especie de Ophra Winfrey, con cincuenta millones de fans. Además, claro está de un personaje femenino arquetípico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Los hombres necesitan amistad”, declara un personaje de la novela, en cuya trama aparecen toda clase de conflictos: tramas y maquinaciones políticas, tráfico ilegal de armas y especies, etc., de modo que podría haber sido escrita ayer mismo, sin ir más lejos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gary dejó su trabajo diplomático en 1961. Dirigió dos películas y escribió, aparte de sus premiadas novelas, títulos como “La promesa del alba”, editada en 1960 o “La angustia del Rey Salomón”, publicada de forma póstuma en 1983. El exitoso, talentoso y rutilante -por osar un vocablo propio de su época- Gary se suicidó en 1980. De su denostada labor literaria había dicho: “Los verdaderos escritores malditos son aquellos a quienes nunca se cita, en ninguna ocasión”. Y acerca del género antropoide, opinaba que: “Necesitamos todos los perros, todos los gatos, todos los canarios y todos los animalitos que podamos encontrar”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Falla en el sistema</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Feb 2026 05:08:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Fátima Carrasco]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Fátima Carrasco Evguenia Ginzburg, autora de “El vértigo”, fue un caso sui generis en]]></description>
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<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Fátima Carrasco</h4>



<p class="wp-block-paragraph">Evguenia Ginzburg, autora de “El vértigo”, fue un caso sui generis en la literatura testimonial por su condición de fidelísima guardia roja, según auto denominación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al inicio del Gran terror, en febrero de 1937, fue detenida, como millones de miembros del PC soviético. Muchos, que fomentaron éstas purgas en el movimiento bolchevique, acabaron siendo víctimas. Una versión actualizada de Cronos devorando a sus hijos. Evguenia tenía entonces 32 años, era profesora de Historia y Literatura de la Universidad de Kazán y como miembro destacado de la nueva clase dirigente, había mostrado cierta tibieza ante detenciones de sus colegas inocentes, hasta que fue acusada falsamente por la paranoide maquinaria stalinista de crear un grupo protrotskista con sus compañeros redactores del diario Tartaria Roja.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sus diez años de condena se convirtieron en dieciocho, dos de ellos encerrada en una estrecha celda. Para no enloquecer, recitaba de memoria versos de Pushkin, su poeta favorito, además de componer versos que memorizaba, sin papel y lápiz. Según propias palabras, la literatura le salvó la vida, como a otras reclusas que desfilan por las páginas de “El vértigo”, víctimas de interrogadores adictos a la cocaína y de toda clase de iniquidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Basándose en recuerdos -pues nunca pudo tomar apuntes, pero el día de su detención en la cárcel del Lago Negro de Kazán, se propuso dejar testimonio- comenzó a escribir en 1959, tras una primera y breve excarcelación. Para entonces habían muerto su hijo mayor, su esposo -dirigente del Partido en Tartaria, también represaliado- y su padre, quienes nunca lograron visitarla. Ginzburg permaneció en Siberia, donde formó un precario hogar con su hijo Vania, Tonia, una huérfana a quien adoptó, la gata Agafia y su esposo Anton Walter, homeópata, recluido en el lager siberiano por su condición de alemán.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue detenida por segunda vez acusada de tener documentos reaccionarios: 14 hojas de una adaptación dialogada de “El gato con botas” para una representación de marionetas en el parvulario para huérfanos hijos de presas donde, motu proprio, decidió trabajar. Al cabo de poco tiempo, sería excarcelada: “No hay nada más horrible que la injusticia cuando se convierte en cotidiana, cuando entra en la vida de cada día y se repite con prosaica rutina durante decenas de años”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1962 tenía mecanografiadas 400 páginas de su manuscrito, muchas, escondidas a medida que las escribía en las distintas habitaciones donde vivió, hasta conseguir un estudio en un edificio cooperativo. Para entonces, había quemado el manuscrito, autocensurándose. Lo reescribió con la esperanza de que Novy Mir, revista que había publicado “Iván Denisovitch”, de A. Solzhenytsin, lo editara. Pero el libro y su autora no fueron bien acogidos ni por defensores ni por detractores del sistema. La razón la había reflejado la propia Ginzburg en el capítulo Mea culpa: “los nuevos bárbaros se dividían en activos y pasivos, es decir, en verdugos y víctimas, pero esta división no suponía que las víctimas tuviesen unas cualidades morales superiores: sus almas, como las de los verdugos, estaban corrompidas por la esclavitud”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A fines de 1966 estaba claro que no sería editado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1967, la primera parte se editó en Milán y después en Nueva York, Estocolmo, Múnich, París y Londres, sin mayor conocimiento de la autora. En la URSS circuló como samizdat (edición mecanografiada que eludía la censura, circulando de forma subterránea).</p>



<p class="wp-block-paragraph">«El vértigo» tenía vida propia y clandestina: la autora, que para entonces vivía en Moscú, recibía cartas de lectores de Odessa o Leningrad, y un profesor universitario de ésta ciudad, experto en publicaciones clandestinas, aseguró que “El vértigo” superaba todos los records de copia clandestina de los siglos XIX y XX. Como había escrito Ginzburg: “Yo había comprendido hacía tiempo que, en nuestro mundo, el vínculo habitual que une causas y efectos estaba roto. Como aún no había leído a Kafka ni a Orwell, no lograba imaginar la lógica de aquella falta de lógica”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El cielo de Siberia, la segunda parte, la escribió sin autocensurarse. Es un testimonio único de hechos históricos y de las víctimas de estos, un prolijo análisis de la conducta humana en las peores condiciones. Una sola de sus frases resume toda su época: “cuan sectarias y relativas son todas las ideologías y en cambio, qué absolutos son los tremendos tormentos que los hombres se infligen recíprocamente”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ginzburg murió en 1977, sin ver publicada la obra en su país</p>
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		<title>El efecto nocebo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Jan 2026 05:11:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Fátima Carrasco]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Fátima Carrasco En su breve y atribulada existencia, Akutagawa Ryunosuke escribió ciento treinta relatos,]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Fátima Carrasco</h4>



<p class="wp-block-paragraph">En su breve y atribulada existencia, Akutagawa Ryunosuke escribió ciento treinta relatos, casi todos durante su década más productiva. “La vida es una olimpiada patrocinada por un grupo de locos” opinaba el autor de “Rashomon”. Su nacimiento en Tokyo, en 1892, estuvo marcado por funestos augurios: su madre tenía 33 años y su padre 42, pésima combinación numérica según una absurda creencia. Para conjurar éste hecho, los padres, de origen burgués, escenificaron el abandono del niño, que fue adoptado por un amigo del padre. Así, en calidad de falso huérfano, volvió con sus padres poco después. Pero su madre enfermó de esquizofrenia -moriría diez años después- de modo que la orfandad se materializó en parte y el niño fue adoptado por su tío y por la hermana soltera de éste, con quien el futuro escritor tendría una continua, estrecha y ambivalente relación. Su poco edificante tía le inculcó el temor a heredar la locura materna. Akutagawa fue un niño enfermizo, aquejado de convulsiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estudió en la Universidad Imperial de Tokyo -allíl fue admirador de Oscar Wilde, Theophile Gautier y August Strindberg- y fue profesor de inglés en la Escuela Naval de Yokosuka. Su vocación literaria fue bien aceptada por sus tíos, grandes aficionados a la literatura. A su muy conocido “Rashomon”, escrito en 1915 y basado en un clásico del siglo XI, lo calificaba como “alegre” (?!). Un año después escribió “La nariz”, cuya lectura entusiasmó al ya consagrado Natsume Soseki, quien escribió una carta felicitando al joven, desconocido y esquivo autor. Ryunosuke, que admiraba a Soseki, se sumó a su grupo de amigos y tertulianos, aunque para variar, la fatalidad haría acto de presencia: Soseki moriría poco después, lo que supondría otro traspiés emocional para Ryunosuke, quien en su obra se refería a él como »el maestro».</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1918 se casó con Fumi Tsukamoto y un año después firmó un contrato exclusivo con un diario, el Osaka Mainichi, al tiempo que publicaba cuentos como “Las mandarinas”, su primera narración objetiva y personal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante su largo viaje a China como corresponsal, en 1921, manifestó síntomas de deterioro en su salud mental. Su segunda fase productiva se inicia en el año 1922, en que publica cinco volúmenes de cuentos -por falta de uno- “Cristo en Nankín”, “La historia de San Cristóbal”, “La lujuria”, “El Baile”, “El otoño”. Poco después se convertirían en clásicos, siendo reditados y traducidos más pronto y en más ocasiones que los entonces célebres Ogai Mori o Natsume Soseki. Para Ryunosuke la finalidad suprema del arte era la perfección en la forma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De su tercer período creativo, iniciado en 1923, forman parte “Vida de un idiota”, con extractos de la agenda de Yasukichi, su alter ego, recreando su etapa de profesor de inglés”, de corte autobiográfico, sobre sus trastornos mentales, igual que “Engranajes” o “Kappa”, una historia antimilitarista y antinacionalista. “Registro de defunciones”, también autobiográfico, alude a la muerte de su madre, de su hermana mayor, al poco de nacer y de su madre, quien siempre intentó recuperarlo y a quien el autor veía con simpatía. Por entonces, estaba aquejado de pleuresía, además de esquizofrenia, manía persecutoria, híper sensiblidad ética, timidez y atildamiento patológicos. En 1926 fue ingresado en un hospital. Casado y con una hija, vivía recluido a oscuras. Padecía fotofobia, de modo que sólo salía de noche y consumía opio y morfina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Poco después, se suicidó su cuñado, lo que significaba que según era usual, debía asumir las deudas que dejaba -que no eran pocas- además de hacerse cargo de su hermana Hisa. Él. por su parte, casi como consecuencia lógica, había deliberado largo tiempo sobre la forma más adecuada de abandonar éste valle de lágrimas y pasar a la tierra del silencio de la forma digamos menos incómoda y onerosa posible. Descartó ahorcarse por repugnancia estética, pese a reconocer que era el método idóneo. Por la misma causa desechó la posibilidad de saltar de un edificio o ser atropellado por un tren.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 16 de abril escribió dos testamentos: uno dirigido a su buen amigo, el editor Kikuchi Kan y otro la pintora Oami Ryuchi: “Comprendo que soy el hijo de una mujer demente y en éste momento no puedo evitar sentir repugnancia hacia todo el mundo, especialmente hacia mí mismo”. El 24 de julio de 1927 puso fin a lo que denominaba »angustia confusa» con una sobredosis de veronal. Su suicidio causó un gran impacto social, ya que pese a sí mismo, era un autor popular. Ocho años después su amigo Kan instauró el más famoso premio literario japonés, el Premio Nacional Akutagawa Ryunosuke para escritores menores de 35 años.</p>



<blockquote class="wp-block-quote has-text-align-center is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">»La genética, el medio ambiente y la suerte, he ahí lo que gobierna nuestras vidas», había sentenciado Ryunosuke.</p>
</blockquote>
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		<title>Vidas extrañas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redaccion Diario El Pueblo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Oct 2025 05:08:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Fátima Carrasco]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Fátima Carrasco Isabelle Eberhardt nació en Ginebra en 1877, aunque por libre elección su]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Fátima Carrasco</h4>



<p class="wp-block-paragraph">Isabelle Eberhardt nació en Ginebra en 1877, aunque por libre elección su trayectoria vital y literaria discurrió en otras latitudes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue hija de Nathalie E. de Moerder, casada con un general ruso a quien abandonó por el preceptor de sus hijos, un ex sacerdote ortodoxo reconvertido en ácrata. Otra teoría atribuye a Rimbaud, nada menos, la paternidad de Isabelle, quien, en todo caso, compartió con él cierto parecido físico y querencia por el norte de África, los bajos fondos en general y la vida disoluta en particular.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Isabelle estuvo muy unida a su hermano Agustín, quien se fue como legionario a esa zona. Isabelle y su madre se instalaron en 1897 en Bona, donde adoptaron la religión musulmana -aunque a todos los efectos, jamás la practicaron-. Tras la muerte de su madre y de su dilecto hermano, la futura escritora hizo su primera incursión en el Sáhara. Un año después se iría a vivir con Slimene Ehni, un nativo suboficial del cuerpo de espahís. Como todo en Isabelle, no fue una unión convencional: ella siempre ostentó el poder y los pantalones, literalmente, ya que vestida de hombre podía moverse cómodamente en los círculos locales. Tras ser agredida y expulsada, viajó a Marsella, donde se casó en 1901 con Slimene. Así, con nacionalidad francesa, pudo volver a Argelia, donde publicó sus crónicas y relatos con seudónimos diversos: Nadia, Nicolás Podolinski, Mariam o Mahmud Saadi.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En setiembre de 1903 fue enviada como reportera a la zona del conflicto entre su arenoso país de residencia y el vecino. Podría decirse que su salud no era precisamente buena. Tenía paludismo, malaria, sífilis y de remate, como su esposo, tuberculosis. Aunque no fue semejante cuadro clínico el que acabó con ella: en una modesta vivienda donde se reponía, murió el 21 de octubre de 1904 junto a la treintena de víctimas, como ella, del huayco tras el desbordamiento del río Sefra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En tan breve y atrabiliaria existencia tuvo tiempo de escribir una decena de libros: relatos, crónicas, novelas. Pero nada se sabría de ellos si no fuese por sus amigos y benefactores. El manuscrito inconcluso de “Vagabundo” fue rescatado del barro por el general Lyautey, protector y fan suyo. Lo publicó Víctor Barricaud, amigo y editor del semanario local literario y político en el que ella colaboraba. Una ironía, teniendo en cuenta que Isabelle consideraba al futuro salvador de su opus como “Un diletante del pensamiento y sobre todo, de las sensaciones, un nihilista moral”. Barricaud fue no sólo su patrocinador, sino su principal defensor cuando fue expulsada. Se le critica que como editor se extralimitase en corregir y/o aumentar los textos de la difunta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1923 el escritor René Louis Doyon accedió a otros manuscritos salvados del huayco y publicó “Mes journaliers, diarios y Contes et paysages”, censurado por los nazis hasta 1944.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Isabelle, que había debutado en la Nouvelle Revue Moderne, confesaba: “&#8230;en mí, la ambición por “hacerme un nombre y una posición” con mi pluma (en lo que no tengo ninguna confianza, por otra parte, y no espero ni siquiera alcanzar) está en segundo plano. Escribo porque me gusta el proceso literario”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con la única excepción de su madre, a quien llamaba “el espíritu blanco”, no tenía buen concepto del género femenino, al que calificaba de despreciable. En “Vagabundo”, el personaje femenino, Vera Gouriewa, es, sin embargo, un compendio de cualidades físicas, morales e intelectuales. Es la partenaire del protagonista, Dimitri Orschanow, alter ego de Isabelle y de Agustín, un estudiante inmerso en el desasosiego y en la Siennaya, el barrio lumpen ruso, “la viva imagen de degradación y decadencia de todo un pueblo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Allí discurren sus cuitas, antes de abandonarlo todo: “Para evitar explicaciones dolorosas, nunca hablaba del futuro”. La novela es una variante de anteriores obras: “A la deriva”, “El anarquista”, “Legionario”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gran parte de su obra, crítica con el colonialismo, discurre en el norte de África, con personajes masculinos y femeninos inevitablemente atormentados, con la diferencia de que ellas, además, son outsiders por su condición de prostitutas. Un buen ejemplo es “País de arena”, libro en el que figura El médico militar “La primera sensación de Jacques, desgarradora hasta la angustia, fue la de estar encarcelado en toda aquella arena”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su último cuento, “El paraíso de las aguas”, escrito en junio de 1904, poco antes de morir, resultó premonitorio: el protagonista es un vagabundo en sus últimos momentos: antes de pasar a la tierra del silencio, tiene alucinaciones en las que siente que flota en una acequia: “estar solo es ser libre, y la libertad es la única felicidad accesible al vagabundo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También premonitoria resulta esta reflexión de la autora: “Sólo hay una cosa que pueda ayudarme a pasar los pocos años de vida terrestre que me han sido destinados: el trabajo literario, ésa vida ficticia que tiene el encanto y la enorme ventaja de dejar el campo casi enteramente libre a nuestra voluntad, que nos permite exteriorizarnos sin sufrir los contactos dolorosos del exterior”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1980 se publicó su obra completa. En 1992 se filmó el biopic sobre su vida.</p>
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		<title>Buenos libros, pocos lectores</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Oct 2025 05:09:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Fátima Carrasco]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Fátima Carrasco El paso del tiempo juega a veces a favor o en contra]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Fátima Carrasco</h4>



<p class="wp-block-paragraph">El paso del tiempo juega a veces a favor o en contra de ciertos autores. Algunos se redescubren. Otros acaban sepultados en el olvido, literal y redundantemente: un entierro es suficiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es el caso de J.G. Farrell, nacido en Liverpool en 1935, autor de una premiada y mal denominada “Trilogía del imperio”, que en realidad son tres novelas independientes. La más valorada fue “Disturbios”, sobre los conflictos irlandeses de 1919. El protagonista es el comandante Archer, quien, tras el final de la I Guerra Mundial, acude a Irlanda en busca de su prometida, hija del sui generis Eduard Spencer, propietario del hotel Majestic, un enorme edificio en el que reina el caos, además de una extensa colonia felina, y en el que los ancianos huéspedes parecen haber asimilado la deriva que sobre ellos se cierne. Un par de gemelas que fungen de lolitas, un anciano mayordomo enloquecido, una plantilla difusa de cocineras-mucamas y la distante prometida del comandante (quien, durante su estancia se permite la siguiente reflexión: “es difícil sentirse intimidado por personas de las que se conoce, por ejemplo, la condición y el número de las piezas dentales de sus mandíbulas superior e inferior”) completan esta extensa, a veces graciosa y otras solo real maravillosa novela.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La menos valorada en su tiempo y luego felizmente redescubierta es “El sitio de Krishnapur”, editada en 1973. Reúne dispares características: suspense, ironía, romanticismo, tan disímiles como la galería de personajes made in Farrell: hay un recaudador progresista, además de Fleury, un gordinflón vate encandilado -¡cómo no!- por la estólida beldad local, Louise. Otro personaje relevante es el magistrado, agnóstico, feroz crítico de los versos perpetrados por las damas de la zoociedad local, a cuyas veladas acude para discursear sobre su gran obsesión: la frenología; además de Lucy, una joven deshonrada, suicida frustrada, en busca del sentido de la vida. La acción transcurre a mediados del siglo XIX, en la sitiada colonia británica, asolada por toda clase de males (incluida la ausencia de té, que obliga a nuestros personajes a tomar agua caliente, emulando el ritual): plagas de insectos, manadas de chacales, epidemias de escorbuto, erisipela y cólera (que origina una extensa discusión entre los dos enemistados médicos locales: ¿inyectar carbonato o fosfato de sodio o no?).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los personajes, con flema inglesa, eluden perder los papeles, inmersos en semejante marea de adversidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Farrell se documentó a fondo para narrar esta personal recreación de la rebelión de los cipayos, recopilando sucesos, memorias, cartas y diarios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La cultura es ficción. Es un cosmético pintado sobre la vida por los ricos, para ocultar su fealdad, declara el recaudador, quien “había llegado a creer que un pueblo, una nación, no se crean por sí mismos, según sus mejores ideas, sino que son modelados por otras fuerzas, respecto de las cuales tienen muy pocos conocimientos”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1978 se editó “La defensa de Singapur”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De Farrell se sabe que durante su primer año de estudiante en Oxford enfermó de poliomielitis, que le dejó secuelas en un brazo. Con aire a Marcel Duchamp, tuvo gran éxito entre el sector femenino, pese a ser esquivo, reservado y enigmático. Por desgracia, era aficionado a pescar. En la primavera de 1979 se compró una casa de campo, donde se instaló. Cuatro meses después, en pleno verano, mientras pescaba en plena tormenta, una ola lo arrastró y se ahogó, a los 44 años. Ese fue el ocaso, hasta que en 2008, en la votación al mejor premio Booker de todos los tiempos, “El sitio de Krishnapur” fue elegida entre las cinco mejores novelas.</p>
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