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	<title>Pamela Cáceres Sumire &#8211; Diario El Pueblo</title>
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	<title>Pamela Cáceres Sumire &#8211; Diario El Pueblo</title>
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		<title>«Elegida por el rayo»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 Aug 2026 05:09:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Pamela Cáceres Sumire]]></category>
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					<description><![CDATA[Por: Pamela Cáceres «Elegida por el rayo» (Achawata, 2024) es el testimonio transcrito en quechua]]></description>
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<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por: Pamela Cáceres</h4>



<p class="wp-block-paragraph">«Elegida por el rayo» (Achawata, 2024) es el testimonio transcrito en quechua y traducido al español que relata las experiencias de Marcelina Núñez, una partera quechua hablante nacida en&nbsp;1924 en el poblado de Chupas, Ayacucho, que ejerció su oficio desde los 19 hasta los 83 años, edad en la que es entrevistada. Comenzaré afirmando que este, presentado por su autora Tania Pariona Icochea en el último JALLA en Arequipa, es un&nbsp;libro clave que debe inscribirse como parte de la literatura básica del género.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se piensa que el nacimiento como la muerte son fenómenos de lo más naturales. Según el dicho popular, «todos morimos igual». Sin embargo, esto es una falsedad, pues tanto nacer como morir son de los acontecimientos más ritualizados e institucionalizados en las distintas culturas. La manera de parir y la forma de nacer nos distinguen como seres humanos, pero también como andinos u occidentales, como ricos o pobres o como modernos o posmodernos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así pues, leer el testimonio de la partera Marcelina Núñez nos permitirá comprender una serie de prácticas, conocimientos y creencias en el Ande respecto a la partería, pero también y creo que esto es lo más importante entenderemos cómo la población quechuahablante y pobre asentada en zonas alejadas de las capitales de provincia del sur y del centro del Perú resolvía su imposibilidad de acceder a la salud pública. Ahora nos parecen muy valiosos y elogiables&nbsp;los saberes populares en Medicina, y por supuesto que lo son, pero no debemos de olvidar que los bastiones de la medicina tradicional —la selva, la sierra sur y la sierra central— fueron también los lugares donde se tuvo menos acceso a la salud pública durante todo el siglo XX, de modo que la medicina tradicional es tan fruto de la riqueza cultural como de la pobreza estructural y la desigualdad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Necesitamos imaginar mejor las circunstancias en las que Marcelina Núñez ejerció como partera. Un número nos ayudará: entre 1940 y 1980 la tasa general de fecundidad en zonas rurales era en promedio 6 hijos por mujer, cifra que probablemente nos parece excesiva e incómoda y que fácilmente nos llevaría a acusar la ignorancia de la población andina. Pero, es necesario entender que cuando Marcelina trabajaba como partera no había acceso a la salud sexual ni a métodos de anticoncepción, y la mujer rural estaba subyugada por las decisiones masculinas. Olvidamos sobre todo que el modo de producción&nbsp;primario exportador y poco tecnificado del Perú en el siglo XX se sostenía gracias a la fuerza humana, por lo cual en zonas agrícolas esos seis hijos por mujer significaban fuerza de trabajo productiva y una ganancia para la siempre inepta oligarquía peruana. Por último, imaginemos también un Ayacucho con escasos centros de salud en provincias e incluso en la capital, y con escasas vías de comunicación. Marcelina relata que debía viajar a caballo para llegar a atender a las parturientas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hago hincapié en estos aspectos porque temo que este valioso libro se lea sólo en clave culturalista o con limitada lectura antropológica, que, como advertía Flores Galindo, convierte a las personas del Ande en buenas piezas de museo. No deberían caber aquí las interpretaciones romántico-poscapitalistas que cosifican y mercantilizan al Ande, y que seguramente igualarían a Marcelina Núñez con las actuales parteras del Valle Sagrado que ofrecen partos acompañados de velas aromáticas a señoras con deseos de exotismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre este peligro ya nos advierte con suma lucidez la autora, Tania Pariona, en la introducción al testimonio cuando, por ejemplo, afirma citando a Jacques Ranciere que la diferencia en el reparto de bienes da lugar a lo político que no nace y no culmina en el consenso feliz sino más bien en el desacuerdo. Y creo que esta afirmación invita al lector a escapar de una lectura exotista que puede alejarnos de una de las finalidades del género testimonial, que es presentar actores sociales y políticos que no le conviene reconocer&nbsp;a la hegemonía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ello, pienso que en este género es importante remarcar las condiciones de producción testimonial: hay alguien que vive los acontecimientos, alguien que los habla, y generalmente alguien que en representación de una academia ordena, selecciona, transcribe y traduce. Tener en cuenta estas presencias y estas interacciones es fundamental en la lectura de los testimonios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Debo confesar que habiendo leído ya algunos libros de este género que narran las vivencias de población andina me acostumbré a velar la presencia de la voz de los académicos para atender más a la historia. Sin embargo, identificar en «Elegida por el rayo» las voces de los entrevistadores haciendo preguntas en quechua ya dentro del testimonio, me pareció inadecuado en mi primera y superficial lectura, pues, me era más placentero acceder al discurso de Marcelina de continuo y sin interrupciones, como si fuera solo una historia, y las voces de los entrevistadores interrumpían esa secuencia. Luego de algunas lecturas&nbsp;entendí que justamente esta presencia es una buena decisión de los autores, ya que también así podemos darnos cuenta que Marcelina no es un personaje, sino una persona y que esta historia es producto de una interacción entre la alteridad de un actor social y la academia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora proseguiré con la segunda razón por la que invito a leer «Elegida por el rayo». El testimonio de esta mujer quechuahablante representa a una comunidad pero al mismo tiempo representa a&nbsp;una singularidad dentro de ese colectivo. Marcelina es una elegida, para ella,&nbsp;esta elección explica la razón de sus habilidades. En la tragedia griega la existencia del héroe se revela en una trascendental anagnórisis en la cual se descubre la identidad extraordinaria del héroe. En «Elegida por el rayo» se presentan varias anagnórisis.&nbsp; Un primer momento es la caída del rayo que según Marcelina le descubre el poder de la partería y el poder de <strong>qayapar,</strong> curar el susto. En otro momento, su madrina a punto de dar a luz le enseña cómo ubicar al niño para ayudarlo a nacer, Marcelina por primera vez hace de partera con fuerza, tranquilidad y con mano certera, mientras el partero que habían llamado para la ocasión yace borracho junto al esposo de la madrina, quien luego del parto y ya con el niño en brazos reconoce en su ahijada los dotes de&nbsp;buena partera. Luego Marcelina tiene sueños religiosos, con el Dios católico y con madrecitas que le encomiendan tratar bien a las pacientes y nunca cobrarles mucho por sus servicios. En otro momento, la buscan unos doctores que quieren indagar cuánto sabe ella de su oficio. En el hospital sus conocimientos son reconocidos. Marcelina afirma que una mujer va a dar a luz a unos mellizos, pero una soberbia profesional letrada y con estudios la desautoriza señalando que Marcelina seguramente se equivoca porque es quechuahablante y analfabeta. Cuando finalmente nacen mellizos, los médicos reconocen a Marcelina y le dan un certificado para ejercer su oficio legalmente. Por último, el Estado otorga una jubilación a Marcelina por su ejercicio como partera.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es decir, la naturaleza, la sociedad, la religión, la ciencia, el Estado, la economía forman parte de diversas anagnórisis representando lo que el sociólogo Aníbal Quijano llama la lógica de la simultaneidad, distintiva de la racionalidad moderna latinoamericana, donde el progreso no es línea histórica sino no más bien una estructura hecha de capas que se superponen armónicamente.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un pasaje, Marcelina narra su llegada a Lima tratando de proteger a su hijo del asedio del terrorismo. En esta gran metrópoli trabaja curando el susto y pasando el huevo. Durante uno de sus sueños aparecen las madrecitas que prescriben cómo debe ejercer el oficio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Marcelina le cuenta el sueño a una de sus vecinas que parece tener más tiempo viviendo en la capital. La vecina asustada le responde que no existen esas madrecitas y que seguramente&nbsp;esos sueños son cosa de Satán, pero Marcelina sin inmutarse argumenta que eso es imposible, que quien cree en Dios no puede soñar con Satán. Así pues, para ella todas estas revelaciones son perfectamente lógicas, no se contradicen, ni se ordenan jerárquicamente, no se reemplazan, ni son consecutivas, ni progresivas, simplemente coexisten en congruencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algo más que nos permite observar Quijano en «Elegida por el rayo» es que Marcelina sostiene a su familia con su oficio, que a fin de cuentas es un negocio con un interés privado. Y sin embargo, está autorizado por el sistema de salud pública, es decir,&nbsp;trabaja en el ámbito privado pero con el aval de lo estatal mostrando una articulación pública no estatal ni institucionalizada y más bien cotidiana. Hay que remarcar que el servicio de Marcelina es un negocio cuyas ganancias le permiten sostener a sus hijos, Marcelina es una viuda. Hay&nbsp;intercambio económico, interés privado; pero al mismo tiempo se presenta el compromiso social, el interés público que se ve claramente en el cumplimiento de la encomienda de las madrecitas de no cobrar en exceso, como hacen las otras pseudo parteras. Quijano llama a esto una novedosa forma de conjunción del privado-social que recibe influencia de la reciprocidad andina sin abandonar el interés por la ganancia, combinación que puede ser una fuerza capaz de modular la lógica capitalista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quisiera extenderme haciendo algunas comparaciones entre el saber andino de Marcelina y los procedimientos en la salud pública occidentalizada y su violencia obstétrica o comentarles cómo participa la masculinidad en este relato o como se maneja el humor y el lenguaje, pero creo que eso es algo que los lectores mismos deben descubrir en este magnífico libro: «Elegida por el Rayo: testimonio de la partera Marcelina Núñez».</p>
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		<title>Malos usos de las buenas costumbres</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Jul 2026 05:09:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Pamela Cáceres Sumire]]></category>
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					<description><![CDATA[Por: Pamela Cáceres Hace algún tiempo comencé a explorar algunos artículos periodísticos y textos publicitarios]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por: Pamela Cáceres</h4>



<p class="wp-block-paragraph">Hace algún tiempo comencé a explorar algunos artículos periodísticos y textos publicitarios cuyo tema es la identidad. Entre otras cosas encontré que en ellos los famosos personajes limeños de pura cepa o los “verdaderos” arequipeños (los llamados “arequipeños – arequipeños”) tienen en común dos características: sus buenas costumbres y su estado de extinción. Siempre son caballeros de buenos modales, respetuosos, elegantes y cultos, y además o ya desaparecieron o están por hacerlo o son un reducido grupo que justamente resalta por la escasez de sus integrantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me parece que este culto por las “buenas costumbres” aristocráticas en realidad es una invocación a la distinción ante el peligro de la invasión. La nostálgica defensa del Manual de Carreño no es una plegaria por la democratización de las normas de convivencia social. El culto a los buenos modales no quiere que los pobres o los aimaraes o caillominos aprendan a comer con doce cubiertos; lo que en el fondo quiere es caracterizar a los “buenos” y a los “malos” y fundamentar, aparentemente más allá de criterios raciales, la distinción y hegemonía de un grupo identitario que se ve amenazado por la presencia de otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En realidad, los buenos modales distinguen. No es cierto que fueran creados precisamente para facilitar la convivencia, ese es un mito moderno. Su primacía en el Renacimiento coincidió con la aparición de la idea del individuo y de sus costumbres personales; antes, en la Alta Edad Media, donde ciertamente no había caballeros, todo era bastante colectivo, los platos, las camas y hasta los baños. Fue en el Renacimiento cuando su práctica distinguía a quienes “verdaderamente eran humanos”. No por casualidad llamaban “policía” al conjunto de normas sociales cuyo cumplimiento diferenciaba a quienes vivían en la “polis” de los habitantes del campo. Equivalía a lo que hoy llamamos “urbanidad”: normas para vivir en la urbe.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los conquistadores, si bien en su mayoría no fueron nobles practicantes de la más fina “policía” sabían muy bien de sus poderes y beneficios, por ello en las crónicas españolas observamos la risa y el horror ante la falta de policía de los naturales. Los conquistadores quedaban boquiabiertos y asqueados con el manejo de las excrecencias, la estructura de las ciudades y las costumbres gastronómicas de los naturales. Los rasgos de diferenciación entre aborígenes y occidentales señalados más frecuentemente fueron la religión, la raza y la policía; de allí probablemente perdure un trauma histórico que a algunos los lleve a prestar excesiva atención a los buenos modales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otra época en que se exaltó el uso de las buenas costumbres, los modales y la caballerosidad fueron las primeras décadas del XX. Flores Galindo en “Apogeo y crisis de la República aristocrática” narra extrañas anécdotas sobre la oligarquía y su concepción señorial de la sociedad que incluía el prestigio de los apellidos y las familias, un comportamiento correcto, que aparte de la moralidad, imponía el respeto de los iguales y la obediencia de los subalternos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La oligarquía durante el gobierno de Leguía estaba obsesionada por adoptar modales, costumbres y modas de Europa, en especial francesas, su práctica era muy importante para diferenciarse y defenderse como clase en ciudades que crecían por la llegada de migrantes y en un país donde la voz de las revueltas campesinas comenzaba a oírse. El respeto a la caballerosidad llegaba a extremos irracionales: el historiador narra que el padre de Raúl Porras murió en un duelo con un extraño que se había sentado en la banca de un parque público a la misma hora en la que solía ocuparla él junto a la señora Porras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Flores Galindo y Pablo Macera afirman que este culto al comportamiento señorial se expandió al resto de grupos sociales y étnicos, de modo que ser caballero de modales franceses era un ideal compartido por hacendados, señores y empleados. Probablemente, este es el prototipo de finura que causa nuestras nostalgias y que incluso ahora hace que las clases medias y hasta las bajas nos preocupemos en distinguir a los “verdaderos ricos” de los nuevos ricos progresistas con una mentalidad que siempre polariza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una mentalidad que atribuye huachafería, mala educación y suciedad a los pobres y a los migrantes que a pesar del esfuerzo siempre se verán delatados por sus costumbres. Los buenos modales se encargan de distinguir la falsa o verdadera “calidad”, por ejemplo, de esos “advenedizos de origen provinciano” que han comprado casas en la Molina o en Yanahuara y recorren las playas de Asia o de Mejía montados en cuatrimotos cuya vistosidad contrasta con la nueva mesura y hasta modestia de los llamados “verdaderos ricos” cuya elegancia y discreción, paradójicamente, debe notarse para delatar la ruidosa y vistosa falsedad de los recién llegados.</p>
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		<title>Memoria del bien perdido</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 17 Jun 2026 05:07:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[ESPECIALES]]></category>
		<category><![CDATA[LOCAL]]></category>
		<category><![CDATA[Pamela Cáceres Sumire]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Pamela Cáceres En 1609, hace más de cuatrocientos años, un sexagenario cusqueño asentado en]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Pamela Cáceres</h4>



<p class="wp-block-paragraph">En 1609, hace más de cuatrocientos años, un sexagenario cusqueño asentado en Córdoba vio publicados sus “Comentarios Reales de los Incas”, un voluminoso texto que intentaba reconstruir la memoria de un imperio extinto. Inca Garcilaso de la Vega, el mestizo, el bastardo cusqueño, fue el primero y quizá el fundador de una tradición escritural cusqueña signada por la memoria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La memoria de lo perdido es una suerte de anatema que ha sobrevivido, transformada y adecuada, por más de cuatro siglos en las letras cusqueñas. Su uso inicia en los “Comentarios Reales”, texto cuya escritura necesitó de los dolidos recuerdos de los parientes incas del joven Gómez Suarez de Figueroa, quien durante su estancia en Cusco escuchaba las historias de sus tíos Paullo y Titu, hijos legítimos de Huaynacapac, que escaparon a la matanza que Atahuallpa había ordenado para deshacerse de la nobleza cusqueña. <em>De las grandezas y prosperidades pasadas venían a las cosas presentes, lloraban sus Reyes muertos, enajenado su Imperio y acabada su república, etc. Estas y otras semejantes pláticas tenían los Incas y Pallas en sus visitas, y con la memoria del bien perdido siempre acababan su conversación en lágrimas y llanto, diciendo: «Trocósenos el reinar en vasallaje».</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Garcilaso tuvo otras fuentes de memoria, sus condiscípulos cusqueños, que sabiendo que un paisano suyo escribiría en España la historia de su imperio, recopilaron información y se la enviaron hasta la Península: <em>Los condiscípulos, tomando de veras lo que les pedí, cada cual de ellos dio cuenta de mi intención a su madre y parientes, los cuales, sabiendo que un indio, hijo de su tierra, quería escribir los sucesos de ella, sacaron de sus archivos las relaciones que tenían de sus historias y me las enviaron, y así tuve la noticia de los hechos y conquistas de cada Inca, que es la misma que los historiadores españoles tuvieron, sino que está será más larga, como lo advertiremos en muchas partes de ella.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Inca Garcilaso alimentado de recuerdos suyos y ajenos los contrasta con lo publicado por cronistas como el padre Valera, Francisco López de Gómara o Pedro Cieza de León, y si lo escrito coincide con la memoria lo confirma en los Comentarios y si no, se da la libertad de contradecir versiones escritas. Se ubica así en una posición privilegiada, la del mestizo que, como dice él, ha mamado en la leche la lengua general del Cusco y recibido la memoria de las propias manos de los Incas: “Y certifico que las hallé después de haberlo yo escrito, para que se crea que en ninguna cosa de estas sigo a los españoles: sino que, cuando los hallo, huelgo de alegarlos en confirmación de lo que oí a los míos de su antigua tradición”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, es la memoria la que el Inca privilegia, la memoria es su fuente primaria y en ocasiones haciendo uso de la destreza en la escritura, el Inca conversa con ella y le regaña por ser tan frágil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los Comentarios inauguran en la literatura cusqueña una especie de memoria histórica que sirve de fundamento para fabular y poetizar. Es “la pasión por la escritura” que según el historiador Serge Gruzinki está vinculada con frecuencia a la voluntad de sobrevivencia, de salvar la memoria del linaje y de la comunidad, a la intención de conservar las identidades y los bienes”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por supuesto, el uso de la escritura para conservar la memoria, no solamente obedece a la intensión de guardar una identidad en peligro de perderse, el uso de la escritura simboliza también una voluntad de pertenencia a la cultura occidental. Garcilaso tiene la intención de que sus lectores sepan del fenecido Imperio de los Incas, pero al mismo tiempo espera ser reconocido por su maestría en el manejo del código literario. Los Comentarios, no son una simple relación de eventos históricos, en ellos, El Inca hace uso de técnicas literarias. Por ejemplo, cuando se está relatando que los chancas se encuentran a punto de invadir la ciudad del Cusco y que el Inca Yahuar Huaca temeroso decide huir y abandona la capital incaica, el narrador, justo en ese momento, detiene el hilo narrativo y concluye el libro cuarto y en los siguientes diecisiete capítulos del libro quinto pasa a describir los usos y costumbres de los incas, dejándonos a los lectores en una exasperante curiosidad por saber el desenlace de la invasión de los chancas, que motiva a continuar la lectura con avidez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La utilización de diversos recursos narrativos confirma que el autor guardaba no solamente aspiraciones históricas sino literarias. Es paradójico que años después, su valor como historiador haya sido seriamente cuestionada, mientras que su valor literario sigue creciendo, así ya lo expresa el mismo José de la Riva Agüero en una conferencia por los cuatrocientos años del nacimiento del Inca Garcilaso de la Vega: <em>Tampoco era él un frío y mediocre amontonador de datos; también descubría y realzaba las líneas capitales y dominantes de una cultura y de una época; también, bajo las apariencias materiales, reconocía el íntimo espíritu, y sabía expresarlo; también en su ánimo hablaban los profundos instintos adivinadores del misterio de las razas y las estirpes. ¿Cómo no había de reputársele displicentemente un soñador, un iluso, un caprichoso poeta en prosa?</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los Comentarios Reales constituyen una especie de crisol donde convergen la memoria oral del bien perdido y el manejo de un código literario, la intensión de conservar una identidad y la intensión de asumir una nueva, la escritura <em>asume una función ambigua y subrepticia: aseguraba el salvamiento de las “antigüedades” a costa de una mutación imperceptible que fue también una colonización de la expresión. </em>Y escritores cusqueños de todos los tiempos quienes incluyendo visiones e ideología específicas de sus contextos seguirán transformándola.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El historiador Alberto Flores Galindo propone la existencia de diversas memorias históricas: la académica que pertenece a ámbitos universitarios, la informal de intelectuales provincianos y la memoria histórica oral. Es en el segundo tipo, donde se incluyen quienes producen textos literarios <em>la práctica histórica informal, ejecutada por autodidactas de provincia que han sentido la obligación de componer una monografía sobre su pueblo o su localidad</em> y quienes por supuesto guardan características socioeconómicas que les permiten acceder a la utilización de un código literario escrito, para intentar guardar una memoria pero también para expresar contradicciones propias de su tiempo.</p>
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		<title>REGRESO DE LA CHUSMA Y RELATO DE HORRORES QUE SUCEDEN A LOS GENTILES</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 May 2026 05:07:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Pamela Cáceres Sumire]]></category>
		<category><![CDATA[PORTADA]]></category>
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					<description><![CDATA[Por: Pamela Cáceres He dejado esta suma narración por más de un año, siendo yo]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por: <strong>Pamela Cáceres</strong></h4>



<p class="wp-block-paragraph">He dejado esta suma narración por más de un año, siendo yo muy chusma poco guardo el derecho de holgar que bien acogen hoy los perros, los gatos y los señores destos reinos. Hay que saber, pues, que las letras igual que las armas vienen siempre de una holgura, pienso pues que holgando en tiempo puede hacerse letras y holgando en oro puede hacerse guerras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Decía el inca cronista que escribía para aprovechar sus ocios «con honrosa ocupación». Yo, chusma contemporánea ya ni poseo el libre tiempo que antes ganaban quienes cumplían su año trabajando, no ando en sosiego, más veces es la angustia que bien dibuja estas letras. Por eso no he sabido qué pensar, hace un calendario fabulaba como tema pleno en dones la suma narración de las vidas de estas tierras y hoy no lo creo tanto así. Sepa usted lector que en los pasados días acaecieron horrores contra nosotros los gentiles, horrores que han vuelto lo cotidiano en suceder muy fatuo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;En cierta ciudad del norte el techo pesado del gran mercado de unos banqueros se vino encima de familias y de niños. Debo decir, que al saberlo di palabra de jamás regresar a estos mercados que iguales hay en nuestras tierras con los mismos techos, pero al cabo de días volví a hacerlo no sin temer que algo me cayera encima, hasta que tiempos luego, la temeridad volvió al cuerpo y como muchos gentiles olvidé a aquellos que perecieron aplastados. No siendo poco, una empresa de ricos boticarios produjo un suero ponzoñoso que en vez de sanar mató a algunos enfermos quemándoles por dentro. Otra empresa dio de comer a niños estudiantes alimento propio de perros. Aunque han exaltado tanto su privada eficiencia, no queda duda, los varones dueños destos reinos son, a pesar de sus tantísimas ventajas, gentes muy ineptas y de flacas hazañas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">He leído en la Historia que hace más de cien años estos varones dueños de riqueza eran también retrasados en adquirir nuevas ideas, muy contemplativos de sus sangres y sus convenientes tradiciones. Creo yo, andan en menoscabo pues todavía en aquellos tiempos había señores de agudos ingenios, hoy tienen poco que elogiar, ni en empresa ni en artes ni en ciencia; sus inventos copiados están mal hechos, nadie los paga más allá del horizonte; sus riquezas vienen de la barata venta de las piedras de la fértil tierra, del taimado engaño al fisco, de regatear nuestra fuerza de gentiles y de vendernos siempre el gato por la liebre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Toman tan malas decisiones los varones destos reinos que ha caído la señora de Palacio que tanto goce les ha concedido y no ha caído por que les horrorice la mucha sangre de gentiles que esta ha derramado, ha caído por su falta de seso y grosero gobierno. No contentos, han pasado el cargo a un acusado de perjudicar mujeres, pienso ¡qué poca nausea le hemos demostrado a este señor!, quizá hasta ahora, a nosotros los gentiles, nos repugna poco tal vileza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También, en el Señor del Nuevo Orbe se presume la inmundicia de perjudicar niñas. Este mismo Señor ha mandado a unos guardias de cara tapada capturar a los gentiles que anden por la calle habitando su nación para llevarlos a lejanas cárceles, separando madres de niños y hermanos de hermanas. En una protesta contra la pesquisa de gentiles los guardias han pegado un disparo en la cabeza a una mujer que ha perecido, así como se muere en las protestas destas tierras. Pareciendo poco, en las navidades el Señor del Nuevo Orbe ha teledirigido misiles, hacia una nación muy cercana que lleva mucho que sufrir de tener tanto petróleo. El Señor del Nuevo Orbe se ha llevado secuestrado hasta su país al presidente de tal nación, al parecer un corrupto de dudosa democracia que mucha ira ha desatado por aquí. Algunos, contemplando más la rabia que les causa el secuestrado, imposibilitados para imaginar soluciones dignas, han celebrado como buena tal captura. Yo no entiendo cómo puede celebrarse al Señor del Nuevo Orbe que anda persiguiendo a nuestras gentes, debe ser alegría de ratones viendo a gato engullir presa de otra especie.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay muchos más de estos horrores, pienso que, al añadirlos, el lector sospecharía que se trata de tremendismos propios de una chusma, por eso los omito, reuniendo pocos, hago real lo terrible. Pido así perdón de continuar mi suma narración de las vidas de estos tiempos sin parecer que omito estos pesares por ganar mala paz o, siendo peor, por ganar el favor de los señores.&nbsp;</p>
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		<title>El Renacimiento árabe y la conquista</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 02 Jul 2025 05:08:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Pamela Cáceres Sumire]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Pamela Cáceres “El Renacimiento Español y el siglo XIII” es el título de un]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Pamela Cáceres</h4>



<blockquote class="wp-block-quote has-text-align-center is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“El Renacimiento Español y el siglo XIII” es el título de un extraño texto escrito por dos investigadores españoles: Fuertes y Gimeno; y aunque su edición data de 1954 este pequeño y poco conocido libro enfrenta la imaginaria historia patria de España, y por tanto nos compete y ayuda a comprendernos mejor.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Una de sus tesis principales afirma que la cuna del Renacimiento no fue Florencia en Italia como se sostiene comúnmente, y que además este no ocurrió tardíamente en el siglo XV. Para Fuertes y Gimeno su origen fue anterior, la España árabe y hebrea de los siglos XII y XIII, y se produjo gracias a la política cultural del emirato, durante los nueve siglos que los árabes ocuparon la península y la enriquecieron artística, ideológica y lingüísticamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La razón de tal adelanto sería que los moros de España mantenían una fluida comunicación con los sabios árabes de El Cairo, Bagdad, Bujará y Samarcanda, quienes en el año 642 conquistaron Egipto y tomaron Alejandría, la cuna de conservación del pensamiento griego clásico, en cuya biblioteca se encontraban los escritos de Aristóteles y Teofrasto. Este hecho trajo un gran interés de los musulmanes por el estudio de los griegos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Córdoba, la capital del emirato, se instaló el Califato de Occidente, o Califato Omeya de Córdoba, que se convirtió en un vigoroso centro cultural de un millón de habitantes. Los califas Abderramán III (891-961) y Al-Haken (915–976) fundaron allí una universidad, una escuela de medicina, una escuela de traductores de griego y hebreo, sesenta bibliotecas públicas, y construyeron la famosa Biblioteca Privada del Califato de Córdoba que llegó a poseer más de 40 000 títulos gracias a que Al-Haken envió a sus súbditos a comprar y copiar cuanto libro encontraban.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según Fuertes y Gimeno los árabes adinerados también colaboraban mediante el mecenazgo. El caudillo Almanzor (938–1002) destinó gran parte de su fortuna a la difusión de letras y ciencias; entre sus obras más importantes está la fundación de una escuela de humanidades a la que concurrieron exclusivamente sabios y doctos de toda Europa que se sostenían gracias a su fortuna.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Producto de esta política cultural, Averroes, que nació en Córdoba en 1126, fue el primero en toda Europa Occidental que investigó y estudió a los griegos y latinos olvidados durante el Medioevo. Averroes escribió una perífrasis sobre la Poética de Aristóteles, a quien Occidente desconocía totalmente. Gracias a sus “Comentarios” Alberto Magno y Santo Tomas (1225–1274) se enteraron de la obra de Aristóteles. Tres siglos después, el renacentista Giordano Bruno (1548–1600) los estudió con especial atención. Y es posible que el título de esa obra pionera fuera una de las influencias para que nuestro paisano Inca Garcilaso de la Vega bautizara sus propios Comentarios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A diferencia de los españoles cristianos los árabes sí tuvieron la inteligencia de investigar y enriquecerse con la cultura hebrea. Los califas de Córdoba recibían a los sabios y artistas judíos. Eran tan buenas sus atenciones que muchos poetas semitas se quedaron a vivir allí y hasta dejaron de escribir en su lengua para escribir en árabe. En el siglo X se creó un centro de estudios talmúdicos al cual llegaron jóvenes judíos interesados en el desarrollo intelectual del Califato. Ellos, que luego fueron ferozmente perseguidos por los reyes católicos, enriquecieron la literatura española. León Hebreo, el autor de los “Diálogos de amor”, es probablemente el máximo representante. Incluso los españolísimos Lope de Vega y Calderón de la Barca habrían readaptado argumentos de la literatura hebrea y árabe del siglo XIII.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego de diez siglos de ocupación, en 1492, año de la llegada de Colón a nuestro continente, los reinos católicos vencieron a los musulmanes y los expulsaron de la península junto con los judíos aún no conversos. Los avances logrados por la cultura árabe fueron hechos de lado. Ante la inminente Reforma los católicos alistaron las armas para luchar contra cualquiera que osara disentir de su credo. Fue con esta mentalidad que llegaron a nuestras costas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El sociólogo huancaíno Nelson Manrique en “El universo mental de la conquista de América” explica que cuando los peninsulares enfrentaban a los aborígenes americanos usaban los mismos términos despectivos que aplicaban al enemigo árabe. Y de la misma forma que con los árabes, nuestros conquistadores no pudieron apreciar los avances del conocimiento de los andinos y más bien se encargaron de destruirlos, confirmando una vez más su poco talento para valorar el conocimiento de otro.</p>
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		<title>COMENTARIOS NO REALES</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Apr 2025 05:10:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Pamela Cáceres Sumire]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Pamela Cáceres CAPÍTULO VIII: JOVEN DE HOLGADA VIDA FABULA SOBRE LOS BENEFICIOS DEL QUECHUA]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Pamela Cáceres</h4>



<h3 class="wp-block-heading has-text-align-center">CAPÍTULO VIII: JOVEN DE HOLGADA VIDA FABULA SOBRE LOS BENEFICIOS DEL QUECHUA</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Ha dicho el filósofo austriaco que todo cobra sentido solo en las palabras, el resto es sinsentido. Así he sabido yo y he enseñado yo. Por consiguiente, pienso, un idioma en su forma única puede hacerte vivir y sentir de una manera diferente. En mi tierra natal, el Cusco, mucho se dice esto del quechua como si fuese una virtud solo suya. Y como ya he declarado, a veces lo pienso como cierto y otras, descreo, pues, has de saber lector que una cosa es quechua en lengua de señores y otra, en lengua de gentiles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ha dicho este mismo sabio de palabras que los hechos y solo los hechos son el mundo que puede ser pensado. Por eso, para explicarte mis dudas, he de referirme a hechos. Diré, entonces, una travesía que pasé yo en mis juventudes en la Fiesta de la Patrona Carmen en Paucartambo, fiesta de principales que guardan en su grado al quechua cusqueño.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Siendo yo siempre salvaje chusma, hice ingeniosos engaños para viajar y escapar de altos poderes familiares que nos guardaban a las mujeres de vivir la vida a sus anchas, dice por protegernos de concupiscencias o de maldades masculinas. Previendo estos peligros, invité a la travesía a un buen amigo de la Escuela de Letras arequipeña, a quien llamaban de otro nombre «Sata», de Satán. Pensé pues sería de mi buena protección en tan desconocido y religioso ambiente al que nos dirigíamos. Sata, no siendo señor, no siendo <em>wakchapituco</em>, se declaraba muy callejero y era muy jactancioso y de hacerse respetar. Me parece, de él aprendí lo bueno que hace el orgullo de ser chusma a boca llena y sin remilgos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como tengo dicho el rito de la Patrona Carmen es fiesta grande y digna de consideración. Ya colores, ya castillos, ya músicas, ya estallidos, ya silencios, ya batallas, ya sahumerios, ya fuego, ya acrobacias. Es mucho y buen teatro. Un contador de relatos argentino invidente habla de gigantescas representaciones teatrales ejecutadas en pueblos europeos donde no hay espectadores, puesto que todos los vecinos sin faltar uno se tornan en actores. Así sentí yo esta fiesta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Supe también que se pugna bastante duro por el honor de ser encargado de las celebraciones de cada una de las danzas. Y esto no es barato, porque debe mantenerse con casa, comida y bebida durante cuatro días seguidos a los tantos invitados. Supe también que cierta danza femenil solo puede ser ejecutada por mujeres vírgenes, lo que me pareció a mí desagradable esfuerzo de abstención, pero sobre todo de inspección, o quizá de fabulación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre la lengua, oí a jóvenes de holgada vida en una tienducha cercana a la plaza principal corear de por sí canciones quechua para la Patrona Carmen. Alguno de estos señoritos atento a mi sorpresa, me explicó cada palabra de los cantos y me afirmó lo poética y sabia que era de suyo la lengua quechua. Que en quechua el tiempo es circular y que la cosmobiología andina era casi de otra galaxia porque hasta piedras tenían una respetable vida en el «uku pacha», una tierra que guarda las llaves del conocimiento iterdimensional, al que todo quechuahablante y todo andino incluso sin saberlo puede acceder, aunque sea un poquito. En suma, en quechua la vida sabe distinto. No discutí ni hice menoscabo, quizá fui cobarde, no hablé del filósofo austriaco que yo había estudiado ya en la Escuela de Letras, e indagué más por la honestidad de las creencias de aquel joven de holgada vida. Cierto, también, me dio pena deshinchar sus pasiones por el cosmos andino. Cierto, también, yo había escuchado a bricheros decir estas mismas fabulaciones a incautas cabezas rubias en Cusco, pero me extrañó que aquel me las dijera a mí siendo chusma, de manera tan gratuita, pues yo no guardaba disposición de gastar «<em>one dollar</em>» por escuchar modernos misticismos ancestrales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalizada la charla, caminamos con Sata hacia las afueras en busca de un buen y barato caldo de cabeza de cordero que pudiera calentarnos. En mi cabeza dude entonces de la honestidad de aquel fino fervor, ¿qué y cuánto ganaban los principales imaginándose fervorosos por el quechua? o ¿serían capaces de creerse esos cuentos y sentir admiración desinteresada por la imaginada lengua incaica?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me senté frente a una inmensa olla comandada por una mujer de aquellas que llaman mestizas. Cuando pagué el caldo de cordero o de alpaca con un billete, el único que amparaba el resto del viaje, la mujer, que seguramente hizo mal sus cuentas, me entregó un vuelto menor del que correspondía. Al hacerle yo la observación de su equívoco, la mujer me hizo pleito diciéndome que yo era de esos cusqueños pitucos que se creen dueños y que quieren engañar a todos los del pueblo. Luego descargó su cólera terrenal insultándonos en quechua muy bien fluido. Paso seguido, miró al cielo e hizo allá otra vez sus cuentas, esta oportunidad con mayor detenimiento, y tuvo recién certeza de su error. Me entregó el resto del dinero y me despidió. A diferencia con el joven de holgada vida, no dudé ahora de la sinceridad de aquellos insultos quechuas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Regresamos en camión de gentiles, pues ya no quedaba dinero para un mejor trasporte. Antes de embarcarme, otro amigo, sabiendo de mi carencia de credo religioso, me recomendó que por las dudas me postrara ante la Patrona Carmen, sobre todo si había llevado a aquella fiesta a alguien al que yo llamaba Sata, de Satán, o sea <em>supay</em>. De lo contrario dijo aquel camión sufría gran peligro de desbarrancarse, así era siempre la suerte con los herejes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No hice oído. Viajamos, pues, en la caja apretujados entre gentiles de provincias altas habladores de la lengua principal. Aunque incomodos, sentimos poco frío. Nadie me habló de «<em>kai pacha</em>» ni de «<em>hanan pacha</em>». En medio recorrido, comenzaron a picarme muchísimas pulgas, tan gordas de nuestra sangre. Viendo mis molestias un pasajero comentó con gran nostalgia que antes cuando los gentiles viajábamos en camión, el ayudante del chofer mandaba disparos de DDT por debajo de ponchos y polleras para acabar con malditas pulgas. Yo pregunté si el DDT no era aquel veneno que estaba prohibido por ser tan malo para la salud del hombre, y me respondieron que sí.</p>
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		<title>Comentarios no reales</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 02 Apr 2025 05:09:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[COLUMNISTAS]]></category>
		<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Pamela Cáceres Sumire]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Pamela Cáceres CAPÍTULO VII: SOBRE LA LENGUA GENERAL DE LOS SEÑORES No alcancé a]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Pamela Cáceres</h4>



<h3 class="wp-block-heading has-text-align-center">CAPÍTULO VII: SOBRE LA LENGUA GENERAL DE LOS SEÑORES</h3>



<p class="wp-block-paragraph">No alcancé a mamar en leche la lengua quechua, pero sí la escuché mucho entre mis parientes mayores. En los principios me pareció lengua de lágrimas ya que cuando secreteaban las mujeres adultas, lo hacían siempre en quechua y acababan sollozando. De aquellos sonidos, poco podía o poco quería entender, pero infantilmente me creía que decían relatos horribles por hacer llorar tantas lágrimas a mis parientes mujeres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego, el quechua se convirtió en idioma de carcajada, gracias a mi descubrimiento de la palabra «<em>siki</em>» que dice en español «posaderas». Recuerdo que dediqué buen tiempo preguntando a mis mayores el significado y pronunciación de otras tantas palabras quechua con que podría combinar «<em>siki</em>» para crear nuevos insultos. Aun así, nunca pude buen dominio de esta lengua general, cosa de la que me peso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora, ya sabiendo lo duro que es vivir en nuestros zapatos, pienso en por qué teniendo tanto pariente cusqueño hablador de quechua, yo no me adoctriné en esta lengua, digo pues, que a la gentilidad, por la dureza de la vida, nos falta mucho tiempo para enseñar a nuestros hijos o para aprender de nuestros padres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nunca mis parientes me han prohibido aprenderlo, como explicaban antiguos señores y señoras del Cusco acusando a los indios habladores de quechua de prohibir a sus hijos que aprendan con afán de disimulo. Según ellos los indios dicen «no aprendas», «no hables» esperando que sus niños no se delaten como indios y puedan confundirse en el futuro con señores o señoras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mucho acusan a la gentilidad de disimular ser india y al mismo tiempo acusan y maltratan a la gentilidad por ser india.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunos prescriptores antiguos en la escuela y en la universidad nacional nos pedían confesar si sabíamos quechua. Nos conminaban a levantar la mano y a no mentir diciendo que lo desconocíamos cuando en verdad habíamos mamado en leche palabras quechuas. «No es motivo de vergüenza hablar la lengua de los incas reyes», afirmaban vanamente deseando que por congraciarnos con la realeza incaica nos animaríamos a delatar que sí lo hablábamos. A veces mis condiscípulas o condiscípulos han respondido que sí entienden, pero no hablan, o que hablan un poquito. Aun así, los prescriptores han mirado con malicia en su pensar que esta respuesta también era mentira.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En cambio, algunos señores y señoras hablan quechua cusqueño a boca llena. Cuando uno es señor o señora siente que cualquier palabra dicha por su boca suena bien, y las más veces no es tan cierto. En mis niñeces escuché que siendo patrón se debe aprender quechua para no dejarse tomar por engaños o burlas de indios. Así, en su inocencia desconfían del quechua, pero le creen tanto al inglés.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando estos señores o señoras sabedores de quechua conocen a alguien y lo identifican como humilde o como indio, las primeras palabras que usan para conocerlo son «¿<em>imataq sutiyki</em>?», que es pregunta por el nombre del otro. Pero con esto, al mismo tiempo, afirman que han registrado bien que uno es indio, y te ponen en tu lugar y te avisan que ellos no son blanco fácil de confusiones y artificios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces estos señores y señoras preguntan con sorna «¿<em>intindiquichu manachu</em>?» o hablan «<em>manam intindiquichu</em>» o «<em>manam kanchu</em>» que dice «no hay», o te apodan «<em>Manam, Manam</em>». No he podido hallar libros que expliquen certeramente la utilidad de estas frases. Entiendo que aluden a una negación. En el uso, significan que uno por ser indio está muy terco en su razón y les niega algo. Haz de saber buen lector que los principales se ofenden mucho cuando los gentiles dicen «<em>manam</em>», imaginan que es tozudez o falta de seso y de allí sus burlas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchos señores o señoras han aprendido quechua porque en sus niñeces fueron criados por alguna mujer sabedora de la lengua. Sé que también en las escuelas de pago en Cusco, los niños y niñas llevan estudios de quechua y participan de la santa misa en quechua.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En cambio, en mi escuela nacional, el asunto era más bien el inglés. Una vez un dictador, muy alabado por principales, mandó disminuir horas de Literatura, Geografía y Filosofía para aumentar al curso de inglés en la secundaria nacional. Dicen pues que el inglés sirve para abandonar nuestra patria, ya sea por la excusa del amor o por la razón del trabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mucho se afirma, en ciencia o en fantasía mercantil, que el quechua es una forma de pensar, de vivir y de saber. A veces doy esto como cierto, y otras veces no tanto. Cuando los señores y señoras hablan quechua no siempre sienten o piensan o quieren como indios o como andinos o como gentiles. En Cusco, un antiguo poeta quechua, amador de incas y hacendado hizo tan malos abusos que murió por la cólera de los gentiles. En mis tiempos, una señora sabedora de quechua, con más suerte que talento, desde sus altos poderes ha mandado a morir a muchos gentiles, incluso a sus paisanos apurimeños.</p>
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		<title>COMENTARIOS NO REALES</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 Mar 2025 05:10:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
		<category><![CDATA[Pamela Cáceres Sumire]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Pamela Cáceres CAPÍTULO VI: DE LA GRANDÍSIMA CONFUSIÓN QUE GUARDAN AQUELLOS QUE CUESTIONAN «¡¿SABES]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Pamela Cáceres</h4>



<h3 class="wp-block-heading">CAPÍTULO VI: DE LA GRANDÍSIMA CONFUSIÓN QUE GUARDAN AQUELLOS QUE CUESTIONAN «¡¿SABES QUIÉN SOY YO?!»</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Viene pues momento de terminar mi suma narración. Haga memoria buen lector y regrese a donde yo cronista chusma me hallaba acorralada por la Gestapo de la Belleza. Aunque descuidada en mi seguridad, había previsto qué hacer en caso fuera atrapada, así como lo estaba en ese momento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me había resignado con que finalmente recibiría buen aporreo. He de decir que desde mis niñeces bien he aprendido a perder y hasta he hallado cierto dulzor en la buena derrota. Abominando un poco de ganadores y perfectos, gusto he hallado de tragedias griegas y realismo europeo donde aquellos más dignos, más aventureros, más lúcidos y más agónicos, mueren siempre. Atendiendo a estos mis valores, decidí no huir y agarrar a cualquiera de aquellos creídos ángeles y darle como toda mi alma mandaba, aun a pesar de los aporreos que me cayeran del resto de la cuadrilla. Endurecí pues la musculatura como lo hiciera el futbolista viendo llegar el choque rival.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Grande fue mi sorpresa cuando mis atacantes comenzaron a parlotear en vez de aporrear. Fue allí donde soltaron por aquí y por allá los cuestionamientos que motivan esta suma narración: «¡¿Sabes tú quién soy yo?!» «¡¿Sabes tú quiénes somos nosotras?!» Estas preguntas oídas al pie de letra me sorprendieron buenamente al venir de nínfulas que parecían de poca reflexión. Pensé confesar que no me hallaba capaz de adivinar sobre el ser de ellas, siendo que yo venía batallando ya algunos años para entender mi propio ser.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, las creídas de <em>Victoria&#8217;s Secret</em> no esperaron mi respuesta. Al instante pasaron más bien a informarme quién era yo y sobre todo cómo era yo, creyendo en su vano pensar que ambas informaciones gozaban del mismo valor. Qué si mi cintura, qué si mis tallas, qué si mi peso, qué si mis piernas, qué si mis caderas, qué si mis cabellos. Mucha y detallada información prestaron, pero no por su gusto o por su afición, sino por aquel martirio que algunas féminas llevan ya desde pequeñas aspirando brutamente a la perfección de carnes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Queriendo yo contener sus minuciosas y extensas descripciones sobre mi tan provechosa constitución opiné pasáramos sin más desperdicio al aporreo generalizado, pero solo me dieron algunos débiles empujoncitos que no me dieron pie para ejercer mis previsiones. Hasta que alertada por el escándalo interrumpió una celadora de la escuela y detuvo el altercado, regresándonos a fuerza al colegio para que se hiciera inscripción de la grave falta que significaba que unas «señoritas» se gritonearan en plena calle Teatro, así pues se nombraba aquella calle de la escuela.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no acaba así la historia. Saliendo me esperaba la progenitora de la Gran <a href="https://www.google.com/search?sca_esv=9f8c9c8b0f4eb12f&amp;sxsrf=AHTn8zrpZN0jSj5L6X28332iS6r23nM_0A:1742141070623&amp;q=F%C3%BChrer&amp;spell=1&amp;sa=X&amp;ved=2ahUKEwig4aad_Y6MAxXMH7kGHSJ1ONIQkeECKAB6BAgPEAE">Führer</a> que recuérdese era la condiscípula que había fundado la logia germana de la cual yo hice burla. Si esta condiscípula no controlada en sus violencias, era de temer, has de saber buen lector que su defecto no era hurtado ni cultivado sino más bien heredado. La progenitora no podía quejarse de aquello que en casa de herrero cuchillo de palo, con su pimpollo eran más bien harina de misma talega, «Papa partida» como dicen en mi pueblo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comenzó pues la mujer preguntándome si yo sabía quién era ella, igual que habían hecho las nínfulas tiempo antes. Entendiendo la pregunta de buena voluntad, supuse que a su edad de señora entrada en carnes me vendría con un relato de vida muy hazañosa y holgada en virtudes. No fue así, en vez de decir quién era ella pasó a decir qué hacía su marido para ganar la vida, que no son igual, pues no es lo mismo aquello que una es y aquello que hace el marido en busca del pan. Sin embargo, gran confusión lleva esta gente en reflexión de tales preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Resulta pues que el marido era el poderoso funcionario juzgador de un pequeño distrito de una pequeña provincia alta de mi tierra natal el Cusco. En esa calidad, amenazó la mujer, que yo por decir infundios sobre su distinguido retoño sería mandada presa, acusada por el juzgador de distrito de «querecía». Teniendo yo entonces ya alguna cultura en jurisprudencia, que luego mal estudiaría algunos añitos en la UNSAAC, corregí su ignorancia diciéndole que no se pronunciaba «querecía» sino «querella» y añadí que siendo yo menor de edad no iría presa de la manera en que me deseaba ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi argumento puso muy furiosa a la «señora» que entonces pasó a decirme quién era yo o más bien quién era toda mi progenie, que nuevamente aclaro, tampoco son lo mismo. Sorprendente cantidad de información conocía la esposa del juzgador de distrito, ya de cuán pocas posesiones gozaba mi linaje, ya de cuán india era nuestra sangre, ya de cuántas peleas conyugales y hasta del número de libaciones que hacía mi pariente progenitor. Luego pasó a hacer burla de unos cursis poemitas que había yo escrito y publicado en esas edades. Esto último, pienso, sí fue gran venablo, pues creo que dejó sin vida a la poetisa cursi en ciernes y alumbró y nutrió a esta cronista chusma, muy gustosa de prosas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Acabo así mi narración no sin antes anotar que como había dicho en capítulo anterior, si alguien arroja la pregunta «¿Sabes quién soy yo?» sepa pues el interpelado tomar con pinza. Aviso es que quien así pregunta guarda más saber sobre usted y mucho menos que sobre sí mismo, carencia que les causa gran suplicio. No se trata pues de introspección, no se trata la cuestión del ser o no ser, sino del parecer, o del hacer, o quizá del cálido yacer.</p>
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		<title>COMENTARIOS NO REALES</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Mar 2025 05:10:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[Pamela Cáceres Sumire]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Pamela Cáceres CAPÍTULO V: CONTEXTO E INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DONDE ME PREGUNTAN «¡¿SABES]]></description>
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<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Pamela Cáceres</h4>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>CAPÍTULO V: CONTEXTO E INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DONDE ME PREGUNTAN «¡¿SABES QUIÉN SOY YO?!»</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Queda referido pues que cuando nos sentimos puestos en duda o faltados en nuestro abolengo por alguien que imaginamos inferior, respondemos preguntando cuánto conoce aquel de nosotros. Así yo fui interpelada por primera vez justo en tiempo de acabar mis niñeces.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sucedió pues que una condiscípula de escuela no siendo buena en letras ni en números, batalló entonces por ser alguien en las sociedades provincianas de mi tierra natal, el Cusco. Difícil era pues su aspiración. En la escuela que nos prescribía no estudiaban las futuras señoras de estos reinos, para que pudieran dar su barato, como se esperanza el aficionado que alberga dichas pretensiones. Más bien éramos en mayoría hijas de la gentilidad. Así pues, esta condiscípula fabuló con marcar diferencias y formó una reducida legión a la que puso nombre usando vocablos mal copiados del idioma alemán para dejarnos claro que se trataba de nínfulas de blanca belleza, buen porte y apellido, amantes del inglés en canciones y caros los modales.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Elegíanse pues las aspirantes a la logia en la salida de mi escuela, en la plaza San Francisco, al frente del glorioso colegio Ciencias y ante la mañosa mirada de sus escoleros ciencianos. Ya una ya otra, juzgaba qué tan poco india era la postulante, si los dientes sanos y bien nutridos, si los ollares bien hinchados, si los carrillos graciosos y bien formados, si las paletas turgentes, si la grupa suficiente y si según ellas el apellido era de principal. Todos estos juicios eran cacareados en rostro propio de la aspirante, quien, muchas veces no alcanzando virtudes requeridas, lloraba a mares. Se lograba entonces que alguna miembro de la logia se condoliera, no debe pensarse pues que se trataba de mujeres crueles, se decía entonces que la aspirante a lo mejor no era tan india como ya le habían acusado, así pues, la mayoría aceptaba y la aspirante pasaba a ser parte del exquisito <em>Reich</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Siendo yo muy chusma y vivida entre chusmas, siempre en mi naturaleza y con ya naciente ingenio, hice pues burla del ritual y su logia. A lo que escuchó cierta correveidile y llevó pronto aviso, esperanzada a su vez en ganar el favor y contento de la gran Führer, quien poco controlada en sus violencias, siempre era de temer. Así pues, algunas condiscípulas y yo fuimos sentenciadas a recibir aporreo generalizado. Sabiéndome yo chusma batalladora de puño bastante fuerte, entendí lo poco que podía hacerse frente a la cólera y la lengua de aquellas creídas beldades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya se había anunciado que el aporreo sucedería en las salidas de la escuela. Entonces junto a una condiscípula amparamos nuestras seguridades escondidas dentro del armario del salón, queriendo así, que el tiempo diera fatiga a la impaciencia de nuestras perseguidoras. Esta condiscípula, de inteligencia para números, no era entonces muy amiga, pero así escondidas hicimos conversaciones interesantes, ya de música, ya de pueblos, ya de poderes sociales. He leído pues de una filósofa francesa que en experiencias de vida y muerte hacen los humanos lazos poco perecibles. Cierto debe ser, pues en los presentes y a la distancia seguimos cultivando amistad, ¡oh! Diosa Fortuna, ella está ahora en Alemania trabajando en ciencias, y no ha podido perseguirla hasta allí la Gestapo de la Belleza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchos días quedábamos en ese armario, hasta que pensamos aplacados los rencores. Volvimos entonces a las normalidades, con mucho descuido, eso sí. Vano fue confiar en que nuestras perseguidoras, no siendo tan buenas en letras y números, tuvieran también lentitudes en las memorias, y que, olvidando sus molestias, hubiesen pasado a ocuparse en sus ya clásicas fruslerías. Falsas y vanas nuestras certezas, pues vaya que sí mantenían bien guardada relación de sus sentencias y de sus sentenciadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así pues cuando yo emprendía camino de regreso a mis hogares, aparecieron los doce creídos ángeles de <a href="https://www.victoriassecretbeauty.pe/">Victoria&#8217;s Secret</a> dispuestos a aporrearme, llevando ceños bien fruncidos y pechos bien henchidos. Haga usted imagen respetado lector, póngase en mis lugares, pues aquí dejo mi narración esperando hallarle en próxima jornada donde acabaré la suma narración de cómo se responde a la pregunta «¡¿sabes quién soy yo?!».</p>
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		<title>Comentarios No Reales</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 Mar 2025 05:10:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
		<category><![CDATA[Pamela Cáceres Sumire]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Pamela Cáceres CAPÍTULO III: DE LA PALABRA «WAKCHA PITUKO» Y SUS MUCHAS DEFINICIONES He]]></description>
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<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Pamela Cáceres</h4>



<h3 class="wp-block-heading">CAPÍTULO III: DE LA PALABRA «WAKCHA PITUKO» Y SUS MUCHAS DEFINICIONES</h3>



<p class="wp-block-paragraph">He leído en cierto libro que los peruanos tenemos gusto por llamarnos «clase media». Tanto ricos como pobres nos decimos así, pero siempre, queda claro, por razones distintas. Unos por mostrar ser batalladores, a pesar de sus ventajas y pocos talentos, y nosotros por engañar la miseria y proteger la poca distinción de que gozamos. No es pues pertinente el uso deste vocablo, por sernos engañoso. Saben los mercachifles cómo gracias a las fabulaciones de sentirse «clase media» venden muchos enseres ya a unos, ya a otros. Estos mismos mercachifles nos llaman por «masa», «mercado», «<em>target</em>», «público objetivo» y en sus corazones nos piensan como una vulgar chusma que muerde el anzuelo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">He sabido de otro sustantivo compuesto por la unión del quechua y el español cuya escritura todavía no llego bien a definir: «waqcha pituko» o «wakcha pituco» u otra forma que he hallado en las nuevas virtualidades. Debo decir que nunca escuché en mis niñeces, pero que me da mucha gracia. La segunda palabra «pituco», es bien conocida, pues señala al que presume ser mejor en economías y en sangre que el resto de sus allegados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre la palabra quechua, he leído del ilustre cusqueño, inca de letras, que los vasallos llamaban al gobernante inca como «huacchacúyac» que significaba «amador y bienhechor de pobres». En otro admirable libro de un garcilasista arequipeño se habla del mestizo «guaccho» que en la colonia era el desgraciado que no gozaba de lugar definido en la sociedad, y hace allí cierta relación con el gaucho que a caballo parece vagar por las soledades de las pampas del país argentino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También en Arequipa he escuchado a mi querido pariente político decir «wakcha» a una media que anda por allí perdida sin su pareja y que, por tanto, ya no sirve para nada. He pensado, entonces, que se perecería a «Sanpan ccari», palabra repetida mucho entre mi familia cusqueña para señalar al varón que por su poca utilidad para el hogar se convierte en «hombre solo».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, en los diccionarios leídos he encontrado que el primer significado de «wakcho» es «pobre» pero también se menciona «huérfano».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si hablamos al pie de la letra, el «wakcha pituko» es un «pituco pobre». Pero, en quechua, por las muchas cosas que un mismo vocablo indica, es posible también pensar en un pituco «perdido» o «desorientado». Varón o mujer que creyendo pertenecer a otros círculos sociales vive con la gentilidad, y se duele y sufre y gruñe por pensarse superior y pasar sus días como lo hace, un alma en pena debido a sus erradas fabulaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tuve noticia que en estos últimos años los wakcha pitukos se han vestido con polo blanco y han salido en tropilla acusando a su gentilidad de no dejarles seguir con sus negocios por hacer demasiado alboroto político. Has de saber respetado lector, que el wakcha pituko siempre pone el dinero por delante, le urge ser señor de estos reinos y apoya a los señores. Como un espantapájaros se yergue encima del suelo; siempre clavado en el mismo hueco es burlado por el viento, todo vestido de trapos menores sirve al patrón asustando a quienes vuelan libres. Según él, este es camino fácil para salir de su miserable penar y creyendo así, pocas veces da su pie en bola.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vaga pues un «wakcha pituco» en todas las familias, en todos los barrios, entre los compañeros, ya sea de estudios o ya sea de trabajo, en las ferias, en los mercados, en las cachinas y en toda combi de transporte urbano.</p>



<h3 class="wp-block-heading has-text-align-center">CAPÍTULO IV: DE NUESTRA CARENCIA DE NOMBRE Y DE LOS CUESTIONAMIENTOS «¡¿SABES TÚ CON QUIÉN ESTÁS HABLANDO?!» O «¡¿SABES TÚ QUIÉN SOY YO?!»</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Estas indagaciones de cómo nos llamamos a nosotros mismos son en verdad pensamientos sobre quiénes somos. Carecemos de vocablo para nombrarnos con gusto y pertinencia al mismo tiempo, o sea, con amor propio, pero sin engaños. Y siendo huérfanos de nombre nos contenta mucho imaginarnos distinguidos y diferentes por gozar del barato que algunas veces hacen los señores destos reinos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ante la dificultad de dar con quiénes somos, nos auxilia siempre afirmar aquello que NO somos: no somos indios, o no somos tan indios, y no somos sirvientes, o no somos tan sirvientes, y no somos ignorantes o no somos tan ignorantes, y no somos pobres o no somos tan pobres. Y del otro lado, lo mismo, aunque con dolor de corazón: no somos blancos, o no somos tan blancos, y no somos patrones o no somos tan patrones y no somos letrados o no somos tan letrados y sin intermedios, definitivamente no somos ricos ni tan ricos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dichas negaciones son insuficientes para engañar a esta falta de nombre. Por tanto, cuando sentimos que un inferior ha faltado a nuestro amor propio, le arrojamos cuestionamientos como «¡¿Sabes tú con quién estás hablando?!» o «¡¿Sabes tú quién soy yo?!»</p>



<p class="wp-block-paragraph">No debe pues pensarse que estas son preguntas retóricas para hacerle recordar al inferior la distinción que nos separa y que todos ya conocen con seguridad. En este caso sí es bueno tomar la pregunta al pie de letra, pues como ya se ha dicho en los inicios, no tenemos nombre exacto, y es verdad que no sabemos la respuesta. Con el fin de entender mejor esta carencia me permitiré relatar un pasaje de mis niñeces cuando una señora me interrogó si yo sabía quién era ella, pero he de hacerlo en el siguiente capítulo, pues quedo ya excedida en vocablos.</p>
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