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	<title>Úrsula Angulo &#8211; Diario El Pueblo</title>
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	<description>Verdad Justicia y Libertad</description>
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	<title>Úrsula Angulo &#8211; Diario El Pueblo</title>
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		<title>Pásame tu cuenta y te deposito un halago</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jun 2026 05:14:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[FAMILIA]]></category>
		<category><![CDATA[Úrsula Angulo]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Úrsula Angulo SIN AMBAGES El vestido bonito y el cabello recién peinado. Es el]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Úrsula Angulo</h4>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>SIN AMBAGES</strong></h3>



<p>El vestido bonito y el cabello recién peinado. Es el momento ideal, antes de que empiece la fiesta, para unas cuantas tomas. Apúrate, toma la foto antes de que el calor empiece a deshacer el maquillaje. Mano a la cintura; con lentes de sol; sin lentes; mirando hacia allá para que parezca que ni cuenta me di y me estaban tomando una foto; seria; sonriente; la música aún no empieza, pero una como si estuviera bailando… Listo, unos cuantos (o varios) filtros y a las redes sociales cuanto antes. <em>Like, like, like</em> y empiezan los comentarios: «Bella como siempre, amiga», «¡Guapa, guapa, guapa!», «Amiga bella, ¡qué regia estás!» —aunque con menos comas y más signos de admiración—.</p>



<p>En otros tiempos, hubiera sido necesario un libro contable, pero ahora los halagos se quedan debajo de las fotos en las redes y eso sirve como registro para contar el número de comentarios y sus propietarios. Son un «pásame tu número de cuenta que ahora mismo te deposito un cumplido; para eso estamos, faltaba más». Y esa transacción es simplemente una inversión a corto plazo porque tu comentario tendrá un retorno y quizá con intereses bastante rentables; así que la frase halagadora que haces hoy en poco tiempo puede convertirse en la frase halagadora que te hacen a ti.</p>



<p>Así parecieran funcionar las redes sociales de los mortales sin fama hollywoodense. Es como un convenio tácito con cláusulas de hoy por ti, mañana por mí. Ahora, lo interesante sería saber cuál es el objetivo de este contrato, porque ya a estas alturas son evidentes los favores que deben devolverse en las redes del ciberespacio, pero ¿qué es lo que se busca? Por supuesto, muchos comentarios deben de ser sinceros y nacen del afecto, la admiración y el aprecio, claro que sí; pero una cantidad muy significativa de estos mensajes perdurables, más que elogios, bien podría ser una forma de adulación, como decía, a manera de inversión. Parecieran ser una clase de moneda, sí, eso, una moneda social que tiene mucho valor. Y aunque no se sabe el tipo de cambio, no hay duda de que sale a cuenta usarla en las negociaciones de las redes de ese universo sideral.</p>



<p>Nada es gratis y halago con halago se paga. Y ya no importa cuál es real y cuál es adulador, porque ambos aportan en esa otra dimensión que también habitamos.</p>



<p></p>
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		<title>El universo, los agujeros negros y el esmog en Arequipa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 May 2026 05:11:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[MEDIO AMBIENTE]]></category>
		<category><![CDATA[Úrsula Angulo]]></category>
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					<description><![CDATA[SIN AMBAGES Una tarde, en un café, encontré a unos turistas en la mesa de]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h3 class="wp-block-heading"><strong>SIN AMBAGES</strong></h3>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-full"><img decoding="async" src="https://diarioelpueblo.com.pe/wp-content/uploads/2026/05/Ursula-Angulo.jpg" alt="" class="wp-image-130152"/><figcaption class="wp-element-caption">Por Úrsula Angulo</figcaption></figure></div>


<p>Una tarde, en un café, encontré a unos turistas en la mesa de al lado. De pronto, estábamos conversando y, entre varias cosas, me decían que les gustaba mucho Arequipa. Y yo, muy orgullosa, asentía con una sonrisa, como mostrando que comprendía perfectamente el porqué. Sin embargo, después de mostrarme algunas fotos y de mencionar la comida y el sillar, uno de ellos, con un poquito de sarcasmo, me preguntó por qué a Arequipa se la conocía como la Ciudad Blanca. Antes de que yo pudiera empezar a explicarle, continuó y me dijo que comprendía que le sigan llamando así, pero solo por tradición, y agregó «porque a Arequipa ya no le queda mucho de ciudad blanca».</p>



<p>El turista se refería al esmog que emiten muchos vehículos que transitan por la ciudad. Y no podía sino darle la razón. Recorren las mismas calles, una y otra vez, llenando paredes, aire y pulmones de monóxido de carbono. Es un problema que Arequipa tiene desde hace muchos años, pero pareciera que ahora el problema es de todos excepto de los dueños de esos vehículos, es decir, antes contaminaban, pero ahora contaminan con confianza; tienen la certeza de que nadie, nadie en absoluto, va a hacer absolutamente nada.</p>



<p>Me pregunto cómo pasan la revisión técnica. Ni idea. Esa es como una de las preguntas que los filósofos discuten sin encontrar respuesta. Es como preguntar dónde termina el universo o qué hay dentro de un agujero negro. Es lo mismo. ¿Cómo estos vehículos pasan la revisión técnica? La humanidad aún no lo sabe.</p>



<p>Pero, claro, por el lado de los dueños de esos cochecitos contaminadores —que se me ocurre que ya son atractivos turísticos para los turistas europeos—, si nadie les dice nada, no va a ser la conciencia ciudadana (que no tienen) la que les llame la atención. Entonces, tenemos que ver qué encontramos por el otro lado: ¿por qué ningún alcalde hace nada al respecto? Esa suena también a pregunta sin respuesta, como la del universo o la de los agujeros negros.</p>



<p>En mi programa de radio, le conté al público acerca del comentario tan cierto y tan triste que me hizo ese turista: que a Arequipa ya no le queda mucho de ciudad blanca. Cuando salí de la cabina, buscando algo que necesitaba, llegué a unas galerías; allí encontré rápidamente lo que iba a comprar y, mientras pagaba y recibía el vuelto, el señor que me atendió y yo empezamos a conversar y, aunque ya no se me viene a la mente el tema que nos ocupaba, recuerdo que llegamos al esmog que ha invadido la ciudad. Y lo que el señor me dijo parecía dar respuesta al problema de la contaminación y otros más: «Los alcaldes no tienen sentido común y eso es precisamente lo que hace falta». Su observación me pareció muy acertada. No se necesita mucho para saber que el esmog es extremadamente dañino, es solo sentido común.</p>



<p>Ahora mismo, mucho no se puede hacer. Pero en muy pocos meses, tendremos que elegir al próximo alcalde de Arequipa, una tarea bastante compleja. Ya sabemos que las palabras bonitas, las promesas encantadoras y la foto mirando al cielo no significan nada en absoluto, porque todas se las lleva el viento. Entonces, busquemos el sentido común, alguno de los candidatos debe tener, aunque sea un trocito pequeñito; con eso ya estaríamos avanzando bastante. De todas maneras, solo por si acaso, en las elecciones para alcalde, llevemos nuestro propio lapicero pasado por ruda, por si acaso nada más.&nbsp; &nbsp;</p>
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		<title>Pero si soy un encanto</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 May 2026 05:17:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[FAMILIA]]></category>
		<category><![CDATA[Úrsula Angulo]]></category>
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					<description><![CDATA[SIN AMBAGES El vecino, o su amigo, que llega a las dos de la mañana]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h3 class="wp-block-heading"><strong>SIN AMBAGES</strong></h3>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-full is-resized"><img decoding="async" src="https://diarioelpueblo.com.pe/wp-content/uploads/2026/05/Ursula-Angulo.jpg" alt="" class="wp-image-130152" style="width:154px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption">Por Úrsula Angulo</figcaption></figure></div>


<p>El vecino, o su amigo, que llega a las dos de la mañana a la casa de al lado con la música a un volumen tan alto como se lo permiten los parlantes de su auto. Despierta a todos y él lo sabe, pero, claro, no le importa. Es más, puede pensar que el despertarlos es incluso algo conveniente, porque los vecinos molestos se acercarán a la ventana y seguro que lo verán en el auto que acaba de comprar —y que a nadie le importa— y pensará que esa mirada está atravesada por la envidia por su auto —pero no, en realidad, a nadie le importa—. La música no le gusta a nadie —y el auto tampoco, aunque aquí lo importante es lo primero—, pero, como a él le encanta, cree que todos son unos aburridos y que en lugar de haber estado durmiendo, les hubiera gustado ser parte de la escena con la música a demasiado volumen. Y no.</p>



<p>Es solo un ejemplo de cuando, por un momento, algunas personas disfrutan de ser el centro de atención, o creen serlo. De una u otra manera, sienten una gran satisfacción y piensan —en sus cabecitas ingenuas— que han ganado la admiración de quienes los rodean. Hasta ahí, esto da para tema de conversación o para caso de estudio y, por último, para «rajar» con un café. Claro, la intención no es dar un diagnóstico, pero sabemos de qué características estamos hablando. Entonces, esas actitudes pueden ser del jefe pesado o las del colega insoportable, y con ambos solo tenemos que lidiar durante la semana. Antipáticos, claro, pero bueno… unos cuantos halagos si fueran necesarios, un «tienes razón» y un «¡qué maravillosa idea has tenido!» y se puede terminar la semana sin sobresaltos. Sin embargo, el problema aparece cuando estas personas llegan al poder.</p>



<p>Sus decisiones, sus declaraciones, el trato a los periodistas, por ejemplo, podrían ser no solo de quien piensa que nadie sabe más y que nadie haría nada mejor, sino de quien cree que nadie es más importante. Además, da la impresión de que olvida que es un funcionario sirviendo a la ciudadanía y termina sintiendo que, aunque sin título de propiedad, es propietario de todo —y todos— y puede disponer a discreción, causando daños a muchos, a todo un país o —ya lo hemos visto— al planeta entero.</p>



<p>Por supuesto, antes de asumir el cargo, estas características no necesariamente son perceptibles y, si lo son, podrían verse como parte de una personalidad curiosa o de quien «dice las cosas como son». De una u otra manera, no será hasta que llegue al poder cuando aparezcan en grandes cantidades; sin embargo, resulta un poco difícil reconocer a quien va a derrochar narcisismo una vez que pase la ceremonia de juramentación. Entonces, lo que nos queda es observar cuidadosamente, considerar las propuestas y analizar sin idolatría cegadora, porque ya tenemos suficientes ejemplos de quienes creen ser encantadores y no, no lo son.</p>
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		<title>Pasatiempo en tendencia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Apr 2026 05:17:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[FAMILIA]]></category>
		<category><![CDATA[Úrsula Angulo]]></category>
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					<description><![CDATA[SIN AMBAGES Una vez más estoy corriendo por las calles del centro histórico de la]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>SIN AMBAGES</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://diarioelpueblo.com.pe/wp-content/uploads/2025/04/Ursula-Angulo-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-13876" style="width:112px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption">Por Úrsula<br>Angulo</figcaption></figure></div>


<p>Una vez más estoy corriendo por las calles del centro histórico de la ciudad y —como ha sucedido antes— me cruzo con una escena que puedo utilizar a manera de introducción en uno de mis artículos, este artículo precisamente. Y esta es la escena: una señora se estaciona al lado de la vereda. Muy bien estacionado el auto en paralelo, por cierto; es más, tan bien estacionado que diría que la distancia entre la llanta delantera y la vereda es exactamente la misma que la distancia entre la llanta trasera y la vereda. Además, el auto le hace sombra a esa línea amarilla que, pintada en el borde de la acera, indica que ahí no se puede estacionar. No solo eso, sino que la simpática señora saca del auto el cobertor y empieza a tapar su vehículo para que el sol no le dañe la pintura. Entonces, ella no solo se ha estacionado en una zona rígida, sino que piensa dejar su carro ahí por muchas horas.</p>



<p>Luego, ese mismo día, tengo que tomar un taxi para llegar a una reunión de trabajo. El taxista, amable y de conversación agradable, me comenta que el tráfico en la ciudad está terrible y lo compara con la forma de conducir en Europa, donde vivió cerca de cinco años. Recuerdo especialmente que me dijo esto: «Allá, la gente sabe manejar, no toca la bocina por gusto, no mete el carro como aquí». Inmediatamente después de esta observación, el señor taxista toca insistentemente la bocina porque la luz del semáforo ya cambió a verde hace medio segundo y esa camioneta que está delante de él no ha empezado a moverse aún —toda una mitad de segundo, ¡qué barbaridad!—.</p>



<p>Ahora, pienso en la señora que cubre su auto con el cobertor como si lo tuviera estacionado en el patio de su casa y también pienso en el taxista con experiencias de vida en idiomas europeos que toca la bocina como si quienes estamos alrededor fuéramos no personas, sino figuritas de juguete sin tímpanos. Pienso en los dos y tengo la certeza de que ambos tienen muchas críticas que hacer quizá a algún alcalde o a alguna otra autoridad, por lo que hizo, por lo que no hizo y por lo que hizo mal —en especial esto último, que da para una conversación muy bien salpimentada—; sin embargo, ellos están haciendo lo que saben que no se debe hacer. Pareciera que creen que las autoridades deben ser correctas —y sí, por supuesto—, pero ellos no necesariamente. O sea, sí, pero dependiendo de las circunstancias; es decir, claro, eso en teoría, pero no de verdad de verdad; casi casi como que sí, pero de vez en cuando nada más.</p>



<p>Entonces, encuentro en los ciudadanos en general cierto gusto por la crítica a quienes de alguna manera gobiernan. Y diría que, como ahora resulta tan fácil criticar a través de las redes sociales, esto ya se ha convertido en el pasatiempo de muchos. Ahora, si lo han tomado como actividad de entretenimiento, está muy bien, pero hagan lo correcto, como para que critiquen con autoridad, aquella que las autoridades están perdiendo. &nbsp;</p>
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		<title>Están por todos lados</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Apr 2026 05:15:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[POLÍTICA]]></category>
		<category><![CDATA[Úrsula Angulo]]></category>
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					<description><![CDATA[Estoy a poco menos de una cuadra de la radio. Camino sin prisa mientras ordeno]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://diarioelpueblo.com.pe/wp-content/uploads/2025/04/Ursula-Angulo-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-13876" style="width:150px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption">Por Úrsula Angulo</figcaption></figure></div>


<p>Estoy a poco menos de una cuadra de la radio. Camino sin prisa mientras ordeno en mi mente algunas cosas que mencionaré en mi programa. A tan solo algunos pasos de la puerta, veo a un hombre apoyado en las rejas del parque. Pareciera que estuviera elucubrando con la mirada perdida entre los árboles y los arbustos, pero no está elucubrando nada: está orinando sobre las flores del parque, entre la reja y el césped.</p>



<p>Desde la entrada de la radio, le pregunto qué es lo que más o menos cree que está haciendo. Me mira y voltea el rostro, como si se hubiera dado cuenta de que a él no le estaban hablando, y continúa con su cometido. Y, a través de palabras que no pierden la cordura pero que tienen bien puestos los puntos sobre las íes, insisto con mi pregunta y, como no me interesa su respuesta, hago de su conocimiento que su actuar es de lo más burdo. Como este ser viviente no había terminado su vulgar tarea, no tuvo más remedio que escucharme. Por supuesto, mis palabras le importaron muy poco o, más bien, nada. &nbsp;</p>



<p>Entro a la radio y, mientras me preparo para empezar mi programa, doy vueltas en mi cabeza a lo que acababa de ocurrir. De pronto, pienso: «¡Eso es!». En un par de segundos, tenía todo claro. Es por personas como esta que otras hacen lo que hacen. Me explico:</p>



<p>Tantos candidatos en los que súbitamente nacieron las ganas inconmensurables de trabajar y sacar adelante a nuestro Perú. Lo que, por supuesto, no resulta extraño; no porque creamos en su infinito amor a la patria, sino porque no causa sorpresa: sabemos cuál podría ser el fin último, sacar algún provecho personal —o, mejor, varios—. Y estos candidatos tan solícitos y acuciosos saben que vale la pena el bailecito y el disparate ante las cámaras porque pueden alcanzar algún cargo político, y del otro lado estarán esos señores que orinan en los parques a la luz del hermoso sol de otoño.</p>



<p>Es decir, cuando muchos —no todos, pero sí muchos— deciden postular a algún cargo político con la intención de llevar a casa algo más que el sueldo, no están pensando en las personas íntegras y con clase —que por supuesto existen en este país—, sino que están pensando en los que orinan en cualquier poste, en los que tiran basura a la calle, en los que malogran, molestan, ensucian, hacen ruido, contaminan y sobornan (sí, la coima). Y en sus cabecitas piensan en la gente que es así, porque ellos les hacen el camino más fácil; algo como en tierra de ciegos, el tuerto es rey.</p>



<p>No sé qué porcentaje de la población abarca la gente que parece no haber aprendido nada, pero son muchos y están por todos lados.</p>
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		<item>
		<title>¿Qué se hace en medio del caos? Absolutamente nada.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 26 Mar 2026 05:15:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[FAMILIA]]></category>
		<category><![CDATA[Úrsula Angulo]]></category>
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					<description><![CDATA[SIN AMBAGES Es imposible. Todos hacen lo que en ese momento les resulta más conveniente,]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>SIN AMBAGES</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://diarioelpueblo.com.pe/wp-content/uploads/2025/04/Ursula-Angulo-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-13876" style="width:151px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption">Por Úrsula Angulo</figcaption></figure></div>


<p>Es imposible. Todos hacen lo que en ese momento les resulta más conveniente, no lo correcto. Y así, haciendo lo que les conviene, y quejándose de los demás, son felices.</p>



<p>Un peatón camina por la pista detrás de ese auto que está retrocediendo para salir de un estacionamiento en diagonal. Fácilmente, quien conduce esa enorme camioneta no ve al peatón ni por el retrovisor ni por ningún lado. Sí, podría atropellarlo, pero quizá para el señor caminante vale la pena correr el riesgo; y casi lo atropella, pero no. El señor apura un poquito el paso y sonríe por su osadía, su valentía y su buena suerte; el conductor no se enteró de nada.&nbsp;</p>



<p>Estoy manejando por una avenida de tres carriles en cada sentido. Voy por el carril de la izquierda, entre una fila de autos en el lado derecho y un sardinel en el otro. Y este carrito simpático va por mi derecha y, aun cuando hay muchos autos por todas partes, pareciera querer pasar al taxi que está delante y entrar a mi carril, que también está lleno de vehículos. Lo que intenta hacer no es posible, pero algo me dice que el conductor ha visto muchos capítulos de esos dibujos animados en los que un carro podría empezar a caminar de puntitas y de costado para pasar por un espacio muy estrecho. Entonces, tengo que acercarme muchísimo al sardinel para evitar que me choque el chofer del carrito simpático. Las llantas se raspan contra ese sardinel. El carrito simpático está ahora a mi izquierda y nos encontramos nuevamente en un semáforo en rojo. Bajo la ventana y le pregunto, con mucha curiosidad, cómo así tuvo la ocurrencia de hacer una maniobra tan imprudente, y me responde que no se dio cuenta; y, con más curiosidad aún, quisiera preguntarle quién fue tan benevolente, caritativo y piadoso al darle la licencia de conducir. Pero el semáforo cambia a verde y avanzamos.&nbsp;</p>



<p>Una mañana conduzco por una avenida que, según leí alguna vez, es la más congestionada de la ciudad. Tiene semáforos, pero el que está unos metros adelante no funciona y una policía dirige el tránsito. La veo, reparo en las señales confusas que hace con la mano e intento interpretar lo que podría estar indicando: que me detenga, aunque también podría ser que avance. De pronto, ya no hace señales, sino que agita los brazos y, muy molesta, me grita que siga y que me apure; muy irrespetuosa, por cierto. Diría que, si alguna vez le gustó su trabajo, ya no.&nbsp;</p>



<p>Eso es lo que me ha pasado a mí o lo que yo he visto, pero podríamos hacer una antología, en muchos tomos, de historias similares de quienes conducen y caminan por estas calles: desde las que dicen «casi me choca» hasta las que terminan en «y lo atropelló», pasando, por supuesto, por las que tienen finales profundamente trágicos. Conducir y caminar por aquí se han vuelto actividades muy peligrosas que parecen incluso empeorar cada día. Nadie intenta ser prudente, actuar con sentido común y hacer lo correcto. Por todo esto, alguien me dice que mi próximo artículo debiera tratar acerca de la necesidad del curso de Educación Cívica en los colegios, pero pienso que ya es muy tarde. Son necesarias y urgentes medidas preventivas muy severas; todos lo sabemos, pero nadie —nadie— hace absolutamente nada.</p>
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		<title>La culpa no es del tinte de cabello</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Mar 2026 05:16:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[FAMILIA]]></category>
		<category><![CDATA[Úrsula Angulo]]></category>
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					<description><![CDATA[No los busco, pero llegan a mí videos de propuestas de candidatos a diputados y]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://diarioelpueblo.com.pe/wp-content/uploads/2025/04/Ursula-Angulo-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-13876" style="width:98px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption">Por Úrsula Angulo</figcaption></figure></div>


<p>No los busco, pero llegan a mí videos de propuestas de candidatos a diputados y senadores. Los vería con agrado, pero los que aparecen en mi camino no son precisamente los que muestran a algún candidato con propuestas interesantes, que parecen buenas ideas y viables; no, no. Llegan a mi celular videos que provocan temor: otro candidato hablando en algún programa. ¿Lo veo o no lo veo?, ¿estará diciendo algo que valga la pena? Entonces, con esperanza y optimismo, entro al video y me arrepiento segundos después.</p>



<p>Una candidata a diputada dice que no es feminista (está bien, por supuesto que no tiene que serlo, yo tampoco lo soy) porque ella —continúa— no es fea y, para ella, la mayoría de las feministas son feas (ay, no, díganme que esto es inteligencia artificial y que en verdad no dijo eso, ¿por favor?). Si tan solo hubiera dejado la oración en la primera mitad, si tan solo hubiera puesto un puntito final en su mente y hubiera hecho una pausa para armar otra oración acerca de cualquier otra cosa, lo que sea. Pero no. Sin que nadie le pregunte, comenta quiénes —según ella— conforman la mayoría de las feministas. Por lo que pude ver, lo dice con una sonrisa, pero no con una sonrisa presuntuosa ni intentando tampoco burlarse de nadie, sino, más bien, una sonrisa quizá de satisfacción, como si estuviera diciendo algo con mucho sentido, algo a manera de frase célebre o nuevo proverbio chino.</p>



<p>Pero analicemos un poquito lo que dijo. Primero, ella afirma que no es fea, y este comentario resulta irrelevante en extremo, especialmente en una entrevista en la que debe enfocarse en sus propuestas en el caso de llegar a ser diputada (hipotéticamente, Dios no lo permita); sin embargo, hace el espacio para mencionarlo… interesante. Segundo, pareciera que para la candidata el requisito primordial para ser feminista es tener un rostro que no coincida con los estándares de belleza, pues en eso se concentra, en lugar de señalar que no es feminista porque no comparte tales y tales ideas con las feministas. Veo los comentarios que hacen en el video y encuentro varios bastante ocurrentes. Incluso alguien menciona que una observación así de desatinada debe ser producto del tinte de cabello; es gracioso, pero, por supuesto, absurdo, porque existen en el mundo personas que usan tinte de cabello y son inteligentes y hablan con propiedad. Entonces, no, la culpa no es del tinte de cabello. Algo me dice que esta candidata hubiera dicho el mismo disparate con su color natural.</p>
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		<title>Un millón de casitas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Mar 2026 05:14:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[PROYECTOS]]></category>
		<category><![CDATA[Úrsula Angulo]]></category>
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					<description><![CDATA[SIN AMBAGES La magia del universo sideral hace que llegue a mí un video en]]></description>
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<p><strong>SIN AMBAGES</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://diarioelpueblo.com.pe/wp-content/uploads/2025/04/Ursula-Angulo-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-13876" style="width:98px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption">Por Úrsula<br>Angulo</figcaption></figure></div>


<p>La magia del universo sideral hace que llegue a mí un video en el que se muestra un trocito de un programa. En él entrevistan a una candidata a diputada que menciona su propuesta para construir un millón de viviendas al año. Suena muy bien, pero imposible a la vez. Después de que el entrevistador le pregunta cómo las construirían, me doy cuenta de que la candidata pareciera no tener la menor idea.</p>



<p>Vamos a ver. Un millón de casas en trescientos sesenta y cinco días: 2 739 casas en un día. Imposible. No sé ni siquiera si ese número sería realista si habláramos de casitas de papel, como origami. Creo que tampoco. Entonces, un millón de casas de verdad en un año suena de maravilla, pero no va a suceder.</p>



<p>Claro, podríamos pensar algo como «pero ¡qué barbaridad!, ¿cree esta candidata que va a engañarnos, que vamos a creer que se pueden construir un millón de casitas en un año? ¡Ahora dicen cualquier cosa y piensan que uno lo va a creer!» Sin embargo, podemos darle el beneficio de la duda. No, no, el millón de casas está descartado, es solo viable en otra dimensión crepuscular; pero quizá esta candidata pensaba sinceramente que sí era posible. Quizá alguien le explicó con calculadora, papel y lápiz cómo sí se podría construir casa tras casa tras casa hasta llegar al millón y en un año. Entonces, los candidatos con micrófono en mano —o sin él— van a prometer mucho trabajo y obras maravillosas y quizá (quizá) tienen sinceramente las mejores intenciones. Y hasta ahí, digamos, no hay problema. Pero —ahora viene lo interesante— está en nosotros hacer un análisis rápido y sencillo.</p>



<p>Dejemos que los candidatos hagan tranquilamente sus propuestas, pero el voto está en nosotros. Sí, parece buena gente; sí, parece que sí trabajaría, pero encontramos entre sus propuestas una que otra idea sin pies ni cabeza, ya la responsabilidad está de nuestro lado. Tomemos nota de lo que dicen —y cómo lo dicen—, prestemos atención a lo que se sabe de ellos: ¿sentencias por corrupción?, ¿alguna sentencia por lo que sea? Los candidatos prometerán mucho, se asegurarán de tener siempre la expresión de miren-mi-rostro-de-qué-responsable-y-honesto-que-soy. Es su campaña y buscarán convencernos a como dé lugar, pero el voto es nuestro, no lo tomemos a la ligera ni sin pensarlo bien. No queremos que llegue al Congreso el que se olvidó de todo, no hace nada —porque no sabe nada—, arregla debajo de la mesa y cobra a fin de mes. Tienes una responsabilidad inmensa: tu voto es solo uno, pero de uno en uno se llega</p>
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		<title>Con el respeto que se merece</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 05 Mar 2026 05:09:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[FAMILIA]]></category>
		<category><![CDATA[Úrsula Angulo]]></category>
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					<description><![CDATA[SIN AMBAGES Una mañana, muy temprano (o muy temprano para mí), corro por el centro]]></description>
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<h3 class="wp-block-heading"><strong>SIN AMBAGES</strong></h3>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://diarioelpueblo.com.pe/wp-content/uploads/2025/04/Ursula-Angulo-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-13876" style="width:162px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption">Por Úrsula Angulo</figcaption></figure></div>


<p>Una mañana, muy temprano (o muy temprano para mí), corro por el centro histórico de Arequipa y veo en algunas calles unos conos naranjas en la pista y muy pegados a la línea amarilla que indica que está prohibido estacionar. Veo a los inspectores de la Municipalidad ubicándolos a cierta distancia uno del otro (uno de los inspectores arrastra dos por la vereda y concluyo con certeza que él no los ha comprado); los cuento y son, en promedio, diez conos por cuadra.</p>



<p>Sigo corriendo y empiezo a preguntarme cuál es el propósito de esos conos. No termino de formular la pregunta en mi mente y ya empiezo a construir una hipótesis. Si una de las funciones de los inspectores es «recordar» a algunos conductores que la línea amarilla significa sería-muy-conveniente-pero-oh-qué-lástima-no-te-puedes-estacionar-aquí, y si eso ya lo hacen, entonces, ¿se necesitan conos para reforzar el recordatorio? ¿O será que los inspectores no logran este propósito? Con la esperanza de estar equivocada, me inclinaba por lo último: los conductores no quieren entender.</p>



<p>Mañana tras mañana, paso por las mismas calles y veo los mismos conitos; no tienen rostros, pero se les ve muy bien plantados con una expresión de seguridad y también orgullo por la función que están cumpliendo: aquí no te estacionas y punto. Sigo corriendo y antes de cruzar en un semáforo en rojo, veo a unos metros a un inspector y decido no quedarme con la curiosidad; lo alcanzo y me detengo, aunque empiezo a saltar sobre el sitio. Saludo al inspector y, cuando ya tengo su atención, le pregunto para qué sirven los conitos. Él, intentando mirarme a los ojos —como quien sigue una pelota de básquet que no deja de dar bote—, me dice que es para que los autos no se estacionen en la zona rígida, es decir, al lado de las líneas amarillas. Le pregunto si ellos ya no les van a indicar que no se pueden estacionar allí y me dice que los choferes «son unos malcriados» y no les hacen caso. Le agradezco por la información y empiezo a correr nuevamente —esperando que el aplicativo en mi teléfono comprenda por qué aparecía yo durante tantos segundos en el mismo punto y no piense que estaba parada descansando e intentando engañarlo—.</p>



<p>Entonces, era precisamente eso. A los conductores, en un principio, la línea amarilla les tenía sin cuidado; ahora lo que les tiene sin cuidado es lo que los inspectores —la autoridad, en este caso— intentan señalarles. Ese «son unos malcriados» hace que en mi mente aparezca una fila de frases inapropiadas que seguro, mientras conducen, los choferes ya vienen preparando con inmensa creatividad. Es más, se me ocurre que los inspectores, con prudencia y temor, se aseguran de no poner un pie en la pista porque podrían embestirlos.</p>



<p>En cambio, los conitos de color naranja, con esas dos franjas grises a manera de galones en el uniforme, muestran tal seguridad e ímpetu que disuaden al más osado ciudadano. Exactamente. Le tienen más respeto al cono naranja que al inspector de la Municipalidad. Cuando esos conos ya estén viejos y llenos de esmog, cuando ya no puedan insuflar respeto como ahora, ¿quién va a unirse a la brigada?</p>
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		<title>No sé, así dicen</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Feb 2026 05:08:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[FAMILIA]]></category>
		<category><![CDATA[Úrsula Angulo]]></category>
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					<description><![CDATA[SIN AMBAGES Tiempo de lluvias en la ciudad; lluvias intensas y el río ha crecido]]></description>
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<h3 class="wp-block-heading"><strong>SIN AMBAGES</strong></h3>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://diarioelpueblo.com.pe/wp-content/uploads/2025/04/Ursula-Angulo-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-13876" style="width:132px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption">Por Úrsula Angulo</figcaption></figure></div>


<p>Tiempo de lluvias en la ciudad; lluvias intensas y el río ha crecido su cauce. Esto significa para algunos que podría haber inundaciones y sus casas se verían afectadas, y significa para otros un bonito paisaje a la mañana siguiente. Pero las lluvias continúan y, sin intención, crean el clima perfecto para que alguien traiga a su memoria los recuerdos de un corte del servicio de agua hace muchos años y por la misma época. No hay señales de advertencia en noticieros y mucho menos anuncios oficiales de las autoridades, pero la ocasión parece ser irresistible para lanzar una idea que se convierte en rumor y provoca alarma.</p>



<p>Entonces, alguien dice: «El esposo de la prima de un amigo trabaja en el Servicio de Agua Potable y nos ha contado que van a cortar el agua por varios días, quizá semanas [léase esto último con tono catastrofista]». Repasa en su mente sus palabras y se da cuenta de que su aviso, así, no va a causar el pavor necesario; entonces, repite y agrega: «El esposo de la prima de un amigo trabaja en el Servicio de Agua Potable y nos ha contado que van a cortar el agua por varios días o semanas, quizá meses. Es que parece que una represa va a colapsar, pero no quieren avisar porque no hay nada que se pueda hacer». Ahora sí. Y al final, solo agrega un descargo de responsabilidad: «Eso he escuchado, pero no sé, la verdad», como oración con letra tamaño mejor-si-no-lo-lees en el contrato con el proveedor de internet.</p>



<p>Sí, quizá se lo dijeron, o quizá no. En cualquier caso, la información no era oficial, no había aparecido en ningún comunicado real, entonces, era solo un rumor. Y suficiente para cumplir el objetivo de cualquier alarmista: provocar angustia, temor y, si puede sumar un sustantivo más al caos, mucho mejor. Algunas personas parecieran sentir que ni el gato de su casa les presta atención, entonces, aprovechan esas oportunidades en las que por lo menos una persona va a interesarse por lo que tienen que decir; y esa atención, de pronto, les gusta y mucho, y así convierten ese alarmismo en una costumbre. No saben, solo asumen, pero lo dicen con convicción, aunque al final intenten evadir cualquier responsabilidad con una nota aclaratoria. Pero la información ya está circulando en el ciberespacio y nada la detiene.</p>



<p>Claro, el vecino le cuenta a la vecina y la vecina a otros vecinos, y podría ser que la alarma no salga de la urbanización, es decir, sí se propaga pero poco. Incluso en ese caso, ya se ha creado la angustia, el desasosiego y la preocupación innecesariamente. Esa consecuencia no ayuda en nada a nadie, solo le hace creer a alguien que ha dicho algo importante. Mejor, primero la responsabilidad y la madurez antes que la anémica autoestima.</p>
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