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	<title>LIBROS &#8211; Diario El Pueblo</title>
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	<title>LIBROS &#8211; Diario El Pueblo</title>
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		<title>“Soy leyenda”, la novela y la película</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 Mar 2026 05:09:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
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					<description><![CDATA[Por: Pamela Cáceres Un virus vampírico ataca a la especie humana, al inicio parecía una]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por: Pamela Cáceres</h4>



<p>Un virus vampírico ataca a la especie humana, al inicio parecía una gripe común pero luego se manifestaron extraños síntomas: los enfermos temen a los espejos, a las cruces, a los ajos, después de muertos aún siguen viviendo; la luz solar los calcina, por ello solo salen en las noches en busca de sangre humana. La enfermedad se hizo pandémica y el fin llegó. La comunidad vampírica se dividió en dos, los infectados, convertidos en otra especie, aún racional; y los muertos que han despertado a una vida histérica regida por un solo deseo: alimentarse.</p>



<p>Esta no es la trama de una película terrorífica, sino de una novela, la madre del género apocalíptico publicada en 1954 por el norteamericano Richard Matheson, que falleció en 2013 en su residencia de California víctima de un extraño mal.</p>



<p>Pero continuemos con la historia. Robert Neville es el único ser humano que ha sobrevivido, es un hombre desafortunado, según él mismo. Antes del desastre era un obrero que todas las mañanas después del beso de su esposa y su pequeña hija partía junto a su vecino Ben Cortman rumbo a la fábrica. Era el sueño americano cumplido.&nbsp; Ahora, lleva en la conciencia no haber protegido de la hoguera pública el cuerpo infectado de su hija y haber tenido que deshacerse con una estaca de su esposa muerta que quería atacarlo.</p>



<p>El pobre Robert está muy compungido, pero no puede suicidarse. La soledad lo ha convertido en un erudito, lee libros de virología y medicina, se ha llevado a casa un microscopio, en el que analiza la sangre de los infectados y de los vampiros, ha bautizado al virus con el nombre de <em>Vampiriis</em>. A veces piensa que puede descubrir la cura, a veces en medio de su desesperación escucha Beethoven o Mozart, termina algunos vasos de whisky y embriagado abre las ventanas y reta al viejo Ben Cortman, que también es un vampiro estólido y desquiciado, a venir por él.</p>



<p>“Soy leyenda” fue llevada varias veces al cine, la última en 2007. La cinta dirigida por Francis Lawrence y actuada en el protagónico por Will Smith, ni siquiera alcanzó a ser una mala adaptación del texto literario, simplemente es otra historia, una historia muy norteamericana y por ello muy manida, de salvación y de esperanza, en la que un científico renombrado que es parte de la milicia americana y además es casi un fisicoculturista, consigue la cura a través de su conocimiento científico. Éxito de taquilla.</p>



<p>La novela es otra cosa, en la novela el verdadero Neville nunca encuentra la verdad científica, sino más bien la filosófica; su único descubrimiento es la certidumbre de que, en el estado actual, frente a la nueva organización de los seres infectados con <em>Vampiriis</em>, él es el anormal pues “la normalidad es un concepto mayoritario. Norma de muchos, no de uno solo” y por ser un anormal está condenado a la muerte: “Neville observó a los nuevos habitantes de la tierra. No era uno de ellos. Semejante a los vampiros, era un anatema y un terror oscuro que debían eliminar y destruir. Y de pronto nació la nueva idea, divirtiéndolo, a pesar del dolor”.</p>



<p>La nueva organización del mundo que Matheson propone en su novela de ciencia ficción puede revelar algunas similitudes con la actualidad. La enfermedad ha dado origen a vampiros de dos tipos, los estólidos que solo quieren alimentarse, y los individuos infectados que han formado una especie de comunidad que buscará controlar a los vampiros estólidos y exterminar al último rezago de humanidad: Neville, convertido en un solitario autodidacta que busca curarlos y que les recuerda su propia enfermedad.</p>



<p>El desafortunado Neville, que se ha visto obligado a dejar su condición de obrero para convertirse en el único sabio en la faz de la Tierra, quizá hubiera sido el personaje predilecto de Schopenhauer, quien afirmaba que el saber se obtiene alejándose de la sociedad “a costa de la infelicidad que implica despojarse de los sentidos”. Para este filósofo el instinto social de los hombres, que interfiere tanto con la posibilidad de pensar, “no se basa en el amor a la sociedad sino en el miedo a la soledad”.</p>



<p>Y seguramente para Friedrich Nietzsche Neville sería el candidato ideal a “Super Hombre” que termina ejecutado por una masa de enfermos; de la misma forma llamaba Nietzsche al vulgo en su obra “Así habló Zarathustra”: “Abundaron siempre los enfermos: odian con furia a quien ama de veras el conocer, y a la más juvenil de todas las virtudes, la honradez”. Sin embargo, quizá Nietzsche le hubiese dado al buen Neville un valioso consejo para que salve la vida: “Sí, amigo mío, para tus prójimos eres la conciencia malvada, pues no son dignos de ti. Por ello te odian, y desean chuparte la sangre (…) Amigo mío huye a tu soledad, allí donde sopla un viento áspero, recio. Tu destino no es el de espanta moscas”.</p>



<p></p>
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		<title>Homisciente</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 28 Jan 2026 05:09:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
		<category><![CDATA[LOCAL]]></category>
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					<description><![CDATA[Por: César Belan Hace casi dos décadas publiqué una plaqueta satírica (folletín poético de unas]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por: César Belan</h4>



<p>Hace casi dos décadas publiqué una plaqueta satírica (folletín poético de unas cuantas páginas) en la que se podía leer un verso: “Oh! Dios, Tú, que los sabes todo / ¡debes andar en busca de un buen psicoanalista!” Con ellos creo haber profetizado la publicación de “Homisciente” (2022) de Esteban Couto. Con este título, Esteban quiere dar inicio a un viaje literario –cual otro Dante– a través del infierno que vive cualquier hombre que, en pos de la Belleza Inmortal, no busca eludir la Verdad que con toda su fiereza emerge ante quien la escrute. Así pues, el poeta-observador, en un ejercicio de total conciencia, debe enfrentar la realidad del contemporáneo mundo enfermo, que aparece cual tumor purulento fruto de la radiación o la lluvia ácida.&nbsp; Y es que la poética de Esteban es un cantar de la devastación post-industrial, del declive de la esperanza, del ocaso de lo trascendental, de una sociedad que etiqueta como enajenado al que se aferra a lo eterno en medio de una realidad caduca, mezquina, hedionda. Una voz que se opone lo no-humano, y le ofrece, redentor, el “pan nuestro” de Vallejo; el humilde óbolo de la poesía: <em>“soy ese pan rancio ___insípido / que nadie desearía comer […] eso__un pan demasiado tóxico / que acaso algún mendigo hambriento / desearía masticar”</em> (p. 28).</p>



<p>Con “Homisciente”, Esteban sigue la senda de quienes, como Pound o Elliot, cantaron a la tierra baldía de la modernidad, haciendo notar con dolorosa belleza lo absurdamente grotescas que resultan las ideologías que encumbraron al ser humano como un pequeño nuevo dios; aquellas que le prometen “el progreso” y la “iluminación”, y que solo lo devuelven como un animal enajenado, enfermo de su omnisciencia; consumiéndose en el tugurio que él mismo ha labrado a golpes de utopía, como un ingenuo suicida, un ángel soberbio, borracho y complacido en su limitada condición. Al final qué queda, lo que Goya fielmente ilustró: “El sueño de la razón produce monstruos”.&nbsp;</p>



<p>Couto, <em>malgré lui¸</em> no es un revolucionario, sino todo lo contrario. Su poesía no es una de la contingencia, del pasotismo inane, de la recreación mediocre con palabras. Es una poesía comprometida con el Ser y la paradoja existencial. Se trata de una poética metafísica inscrita en los confines dolorosamente humanos de Chimbote, del Perú. Es genuinamente tributaria –no mera copia– de Vallejo y Arguedas. Esto se advierte en la propia edición del texto. En una feliz coincidencia, Couto publica su poemario en “Editorial Horizonte”, vieja casa de impresión que otrora popularizara los clásicos de Arguedas, inclusive su novela póstuma e inconclusa: “El zorro de Arriba y el zorro de Abajo” (1971). Como el maestro andahuaylino, Couto describe brutal, a la vez que inocentemente, el paisaje desolador de aquel puerto ahogado entre vapores de harina de pescado y decorado por montículos de chatarra que dan forma al monótono desierto: “<em>…en esta ciudad de cantos rodados / y cabellos hirsutos regados en las aceras / como alas de difuntas cucarachas / todo es innecesario y líquido / como las cuadriculadas matemáticas / la retórica / las estadísticas”</em> (p. 17).</p>



<p>Con “Homisciente”, Couto realiza una burla macabra de una de las máximas aspiraciones de la modernidad, “edad de la Razón”. En nuestros tiempos, en nombre de ese ideal –racionalismo– se inmolaron millones víctimas y se erigieron lúgubres fortalezas del poder (cárceles y manicomios) para atajar a cualquier disidencia. Claro, todo en nombre de la “humanidad” y “filantropía” universales concebidas desde las más siniestras logias. Luego, los “ciudadanos libres y bien pensantes” serían los que repitieran cual máquinas o animales las consignas del poder “racional” y sus nuevas inquisiciones: los nacientes medios opinión pública. Los demás eran catalogados como fanáticos, supersticiosos, atrasados y, finalmente, locos. Pero la verdadera lucidez radicaba en ellos: “<em>La locura es un trance designado para los elegidos. Un ser común y corriente confunde la iluminación con la esquizofrenia; la oscuridad absoluta con las sombras rojas</em>” (p. 34).</p>



<p>No obstante, como en Vallejo, la poesía de Couto no se regodea en la miseria de este tecnificado mundo. Lo describe con la dosis estrictamente necesaria de dolor, sin traicionar la verdad que le exige el oficio de poeta/profeta. Couto destila humor con sordina y hasta se burla de su propio “pesimismo”. En la parte final del poemario se evidencia más claramente ello, sugiriendo –o tal vez, solo deseando– una salida o liberación: “<em>Solo hay un Viejo Chacal que titiritea las órbitas de los asteroides. Él sabe cómo rotar el astro rey a su favor, urdir la venida del inca rey (a su favor). Y ser como un río que no cesa de avanzar y dejar los relaves de la monarquía en el paso de la corriente nueva</em>” (p. 37).</p>



<p>Finalmente, Couto se repliega/parapeta/consuela en la labor del poeta. Como otro Natán o Jeremías perseguido y machacado por los falsos oráculos del Señor, le deja a Él el devenir que la voz poética proclama con lacerante fidelidad y hasta con pavor. También confía en su paso fugaz y en su pronta liberación por la Belleza Total que se ofrece en la otra orilla de la vida, como la tierra prometida: “<em>Abandono al mundo/ su inútil morada / abandono las piaras y el cúmulo de heces / Digo adiós a la miseria del no-constructo / y me protejo con sombrío manto / ante la vecindad de la acidez terrestre / Más luz no / por favor / imploro frente al éxodo / los templos están repletos de hostias plásticas / y falsos profetas. No más luz / ¿para qué?</em>” (p. 72).&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Para terminar, sólo puedo señalar que conmueve leer un trabajo de este tipo en la ciudad. Es saludable encontrar en Arequipa algo de escritura contemplativa en medio de tanta “escritura creativa”, “poética activista” y otras formas masificadas de la literatura-mercancía de hoy en día. Así pues, el trabajo de Couto resulta genuinamente valioso en un ambiente atiborrado de propuestas “decorativas”, algunas ingeniosas, pero poco dadas atreverse a hacer poesía en última instancia: aquel oficio que ensaya, torpemente, pronunciar la palabra de la Eternidad. Saludo y animo su lectura.</p>
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		<title>El escritor y el mercado editorial</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 Nov 2025 05:09:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[ESPECIALES]]></category>
		<category><![CDATA[Frank Cuno]]></category>
		<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
		<category><![CDATA[PORTADA]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Frank Cuno Ramos y Carlos Moncada Vega Desde que ganó el Premio Nacional de]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Frank Cuno Ramos y Carlos Moncada Vega</h4>



<p>Desde que ganó el Premio Nacional de Literatura Juvenil e Infantil el escritor moqueguano Gerónimo (Yero) Chuquicaña, egresado de la Escuela de Literatura de la UNSA, ha ido ascendiendo en su carrera y hoy es uno de los representativos de la nueva generación nacional. Lo hemos entrevistado acerca de los delicados vínculos que hay entre el artista, su obra y el mercado.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>¿Qué es para ti la ficción?</strong></h4>



<p>Desde el punto de vista más sencillo, la ficción es invención, crear a partir de la realidad. Y tiene mucho que ver con la imaginación. La ficción está en todas partes, en el cine, en los cómics, en el teatro, incluso en las noticias, se crean ficciones por el tiempo, para determinados fines.</p>



<p>En la literatura tiene que ver mucho la forma en la que se construye a través de las palabras, qué palabras usar para construir esta mentira que es bella. Para mí la ficción en la literatura es mentir, mentir de una forma elegante.</p>



<p>Y en cuanto a la segunda pregunta, me considero un autor de ficción porque, si bien alguna de las cosas que he escrito parte directamente de mi experiencia como persona, siempre la he llevado hacia un terreno distinto. O sea, a completar un espacio vacío con más mentiras, con la exageración, con la imaginación, la invención. Y por eso yo sí me considero un escritor de ficción. No de autoficción o no ficción.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>Hay personas que podrían ver tu obra como autobiográfica. ¿Es correcto que la lean así?</strong></h4>



<p>A cada autor en particular, me parece que se intenta perfilarlo; mostrarlo de cierta forma para que un público determinado pueda acceder a su obra.</p>



<p>Una cosa es escribir y mantener el material oculto o archivado, y otra cosa es publicarlo. Y luego, no solo publicarlo, también afrontar a los lectores, a las presentaciones, los conversatorios, incluso a este tipo de preguntas.</p>



<p>Cuando un autor decide exponer su obra, las editoriales necesitan venderla. Y tus libros son lanzados como pequeños éxitos. ¿Quién crea el libro? Muchas veces lo que es el libro en realidad no corresponde con lo que están vendiendo.</p>



<p>En ese aspecto no me considero un autor de nicho, alguien que escribe para muy poca gente. Desde el primer libro que he publicado quería tocar temas comunes con un lenguaje sencillo, accesible, para tener la mayor cantidad posible de lectores, para que nadie tuviera un problema al momento de leer. Y, al contrario, que se pudiera identificar con cualquiera de estas lecturas. Sin embargo, en cualquier cuento, en cualquier tema que toco en una de estas historias siempre intento mostrar o demostrar algo más, algo extra, de forma sutil.</p>



<p>Sí, los libros que he escrito quieren entrar fácilmente al mercado, a los lectores, pero al mismo tiempo intentan ofrecer una perspectiva distinta. Si nos quedáramos con el mensaje explícito de la lectura, ya sería suficiente para algunos. Pero me gusta que puedan, tal vez, elaborar sus propias opiniones, incluso teorías, analizarlo, e incluso hacer estudios. Por ahí, sobre alguna de mis historias se han hecho artículos, hasta tesis.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>Entonces, ¿el lector da la complejidad? Pero hay un tipo de manipulación editorial. ¿Qué crees respecto a esta manipulación?</strong></h4>



<p>Las editoriales son empresas formales. Hay las que simplemente van a publicar tanto libro como se pueda, a diestra y siniestra, porque es su forma de vida. ¿Hay editoriales manipuladoras? Hay. Pero también hay otras que a pesar de que son pequeñas intentan sobrevivir. Intentan entregar cierta vitalidad en sus productos, en sus obras, en sus libros. Y eso hay que rescatar.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>Pero allí, lamentablemente, el público puede tardar.</strong></h4>



<p>Meterse a esto de la literatura, ser publicado, es un negocio, sí, pero también es un trabajo, una chamba que requiere, por ejemplo, que un escritor, digamos, de provincia, joven, que no tiene conexiones, que no tiene nombre, que no lo conoce nadie, necesariamente debe ir a uno que otro lugar a presentarse, tal vez viajar a otras ferias, ir hasta colegios para que lo puedan tomar un poco en serio, para que lo puedan conocer.</p>



<p>Ojalá fuera simplemente escribir un libro, y se acabó. Pero si quieres progresar en este mundo editorial, fíjate como parte de una marca. Eres tal autor, tienes tales libros, haces tales cosas, incluso debes adecuarte a las exigencias de marketing actual, hacer videos, reels, publicaciones constantes.</p>



<p>Tal vez eso desvirtúa un poco el trabajo del escritor que es simplemente llevar sus ideas al papel. Pero como te decía, o tomas el paquete completo o simplemente públicas y dejas que el tiempo haga su trabajo, condicionado a que tal vez nunca pase nada, que quede simplemente enterrado en los folletos del tiempo, y pase desapercibido.</p>



<p>Entonces, publicar está bien. Hay editoriales honestas y hay editoriales que te embaucan, hay editoriales que solo quieren publicar para generar más beneficios para ellos.</p>



<p>Pero me parece que cualquiera sea la editorial, tienes que poner mucho trabajo propio, o sea: hay que venderte prácticamente, vender una figura del escritor, lanzarse y representarse, tal vez estar constantemente en exposición. Eso para algunos es venderse y traicionarse.</p>



<p>Para alguien que realmente está comprometido con la literatura, tal vez entregarse de esa manera a un público que ni siquiera lo necesita puede verse como una traición de sus ideales; pero también deben entender que hacer lo otro es un trabajo que tal vez no va a remunerarte de ninguna forma, nada, pero sí puedes conseguir ese reconocimiento.</p>



<p>Por eso a mí me gusta mucho cuando me preguntan si puedes hacer esto, visitar el colegio, ir acá un rato a hablar. No hay problema, digo. De a poquitos eso suma, es parte de mi campaña de escritor, de intentar que estos libros al momento se vendan, para que terminen en ojos de buenos lectores que van a pasarlo a otro lector tal vez, y así se va difundiendo.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>He visto que hiciste poesía, también cuentos, pero no novela. </strong></h4>



<p>Sí, me sentía muy cómodo en cuento porque es accesible, es corto, puedes hacer muchos intentos y no te vas a arrepentir; fallas, puedes volver a empezar. Pero imagínate que te pones a escribir una novela, tienes veinte o treinta páginas, llegas a la página 50 y dices, ya no puedo más. Lo pasas a leer y te dicen esto es un desperdicio, perdiste 50 páginas.</p>



<p>El cuento, el realismo es la corriente a la que me he pegado. Me gusta retratar las cosas tal cual son; bueno, lo máximo posible.</p>



<p>Pero siento que ya llega un punto en el que seguir haciendo lo mismo puede ser un poco cansado. Quiero escribir una novela que ya no solo abarque un tema o un par de temas, sino que englobe muchas cosas. Y tal vez ya no solo realismo, sino algo más, otros temas, elementos fantásticos que no suelo incluir mucho en mis relatos. Es una de mis metas.</p>



<p>No descarto que en el futuro pueda escribir cosas que en un momento quise, como ciencia ficción, fantasía, incluso más temas que no suelo tocar. Siento que ya es momento de escribir una novela.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong>¿Por qué el título “Falsos cuentos”?</strong></h4>



<p>He estado en contacto con muchas personas de muchas partes, de muchas edades: les cuesta a veces diferenciar qué es una ficción. Incluso con familiares, con mi madre: “¿Por qué has hecho esto, hijito?” Pensando que mis cuentos son una confesión de algo. Entonces, para diferenciar qué es una mentira y qué es verdad, necesariamente he tenido que ponerle “Falsos cuentos” Como una contradicción. Estos son cuentos y son falsos. No es verdad. Es mentira.</p>



<p>Me ha pasado con gente de otros lados, fui a un penal, a hablar de mis libros. Los lectores de esa institución leyeron, les gustó, les encantó, pero dijeron yo conozco a tal persona, yo conozco a tal otra persona. &nbsp;Les he tenido que explicar que eso, a pesar de que tú sientas que es familiar o real para ti, en realidad es una mentira, es una ficción, una exageración que yo construí con mi imaginación.</p>



<p>Hay gente que penetra muy rápido en la ficción, pero también hay gente que tiene problemas para discernir qué es real y qué no es. Algunos lo toman como un documento. Entonces, en mi caso, para mí es importante decirles a algunos que estos relatos son ficción.</p>



<p>Pero, sí, luego ya no he seguido esa fórmula; he escrito libros en los que las cosas son alejadas de la realidad, que ya no es necesario decir esto es libro de ficción. Tengo un libro para niños donde los protagonistas son perros, ¿qué pasó con el zorrito Runrún? ¿Qué es lo gracioso ahí?, que esa historia está inspirada en un hecho real, es agradable ver cómo la ficción y la realidad se están apoyando mutuamente.</p>



<p>Entonces, sí, en un momento para mí era importante hacer una separación pero ahora ya no, porque ya es más fácil convocar al público, la gente que me lee también me entiende, y basta hacer a veces una pequeña aclaración para que todos estén conformes con lo que están leyendo.</p>
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		<title>Leer desde pequeños es un poder que transforma</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daniela Fernández Cruz]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Oct 2025 01:56:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CUENTOS]]></category>
		<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
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					<description><![CDATA[La lectura infantil es aprendizaje, imaginación y unión familiar Por: Daniela Fernández Cruz Con una]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-light-green-cyan-background-color has-background">La lectura infantil es aprendizaje, imaginación y unión familiar</h4>



<p class="has-text-align-right has-vivid-green-cyan-color has-text-color has-link-color wp-elements-9d48abe1593e134ab7fadc0b9106362e">Por: Daniela Fernández Cruz</p>



<p>Con una ponencia que puso en primer plano la voz de los niños lectores, se dio a conocer que pocas veces se escucha a los niños y adolescentes que leen. La Bibliobici, una biblioteca andante donde la lectura se ha convertido en un espacio de encuentro familiar y de descubrimiento personal, busca apoyar a todas aquellas personas que desean aprender y acercarse al mundo de los libros.</p>



<p></p>



<p>Se destacó que la lectura no debe ser vista sólo como una actividad escolar, sino también como una práctica que une a las familias y fortalece los lazos afectivos. “Leer también es un acto de amor, mencionó Raul Romero, director de La Bibliobici, es prestarle atención a otra persona, entregarle tu voz y tu tiempo.” Según su experiencia, compartir libros en casa genera un tiempo de conexión que va más allá del aprendizaje formal.</p>



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<p>Por su parte, Carla Galdós resaltó la relevancia de los libros ilustrados y de la literatura infantil y juvenil, muchas veces subestimada por los adultos. Explicó que los niños son lectores críticos y que los textos con imágenes estimulan su curiosidad, sensibilidad y creatividad. “El hecho de que un libro tenga dibujos no significa que sea menos valioso. Muchas veces se combima texto e ilustración con una intención artística y educativa”, explicó.</p>



<p></p>



<p>Ambos coincidieron en que fomentar la lectura desde la infancia no solo despierta el gusto por los libros, sino que también desarrolla la empatía, la imaginación y la capacidad de reflexión. Además, recordaron que la lectura compartida puede ser una experiencia colectiva que enriquece a toda la familia. Un cuento antes de dormir puede marcar la diferencia.</p>
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		<title>El español claro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redaccion Diario El Pueblo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Oct 2025 05:10:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
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					<description><![CDATA[Hoy el periodista y escritor nacional Víctor Hurtado estará de visita en el auditorio de]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Hoy el periodista y escritor nacional Víctor Hurtado estará de visita en el auditorio de la Escuela de Psicología de la Universidad Nacional de San Agustín donde brindará una conferencia sobre sus experiencias en los campos de la lengua.</p>



<p>Hurtado es uno de los periodistas latinoamericanos más destacados. Desde hace muchos años radica y trabaja en Costa Rica. Publica periódicamente sus ensayos en diarios y revistas de Centroamérica. Esas páginas acumuladas forman una obra en progreso, que titula simplemente “Otras disquisiciones”. En esta ocasión se presenta la edición peruana de ese libro.&nbsp;</p>



<p>Los comentaristas serán dos egresados agustinos: el poeta camanejo Percy Gerardo Prado y el periodista José Manuel Coaguila, de los más brillantes críticos locales, profundos conocedores de la obra del invitado.</p>



<p>El conversatorio se va a realizar en el auditorio de la Escuela de Ciencias de la Comunicación, Área de Sociales de la Universidad de San Agustín, avenida Venezuela, a las cuatro de la tarde. El ingreso es libre.</p>
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		<title>La novela ganadora del Premio Internacional FILAY se presentó en la FIL Arequipa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Oct 2025 05:10:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
		<category><![CDATA[Orlando Mazeyra Guillén]]></category>
		<category><![CDATA[PORTADA]]></category>
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					<description><![CDATA[Bernardo Cuesta junto a Orlando Mazeyra. Por Orlando Mazeyra Guillén (*) EL MAR QUE NOS]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center"><em>Bernardo Cuesta junto a Orlando Mazeyra.</em></p>



<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right"><strong><em>Por Orlando Mazeyra Guillén (*)</em></strong></h4>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>EL MAR QUE NOS ESPERA</strong></h3>



<p><em>Aunque está inspirada en hechos reales, “El mar que nos espera” es una obra de ficción narrativa. Los acontecimientos descritos en el libro ocurrieron en Arequipa, Ayacucho, Buenos Aires, Camaná, Lima y Mollendo durante los últimos veinticinco años. A petición de los involucrados, salvando una excepción, los nombres han sido cambiados. Por respeto a los muertos y desaparecidos, el resto se ha contado tal como ocurrió.</em></p>



<p><strong><em>***</em></strong></p>



<p>Nunca quise aprender a nadar. Mi mamá siempre me instó a matricularme en academias de natación, sobre todo durante las vacaciones. Jamás le hice caso. Aquel verano del año 2000, cuando bajamos a Las Cuevas, yo seguía siendo tan inepto en materias natatorias como lo sigo siendo hasta hoy. Por eso —y esto se lo he contado a mi propio psiquiatra— a veces llego a la conclusión de que aquel niño degollado que me quiere enseñar a nadar, no es otra persona que mi otro yo. Mi lado B o algo por el estilo. ¿Por eso me hablará desde “<em>adentro”</em>? ¿Es un espía interior?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —¿Pero por qué un degollado y no un manco, por ejemplo? —me preguntó el doctor Enrique, mientras tomaba notas de lo que le contaba.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —No lo sé, doctor —le dije mirando una vez más el enorme cuadro de su consultorio con “<em>El carro de Heno”</em> del Bosco, recuerdo que una tarde se pasó toda la sesión contándome la historia de ese extraordinario tríptico—. Lo sustancial es que lo que quiere el niño de Las Cuevas, es enseñarme a nadar para pagar sus culpas o pecados, qué sé yo. O quizá, en otra vida yo morí degollado… tampoco lo sé. Hay algo oculto que no llego a comprender o me niego a hacerlo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Un momentito ¿Fue o no algo sobrenatural lo que viste en Las Cuevas?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Le juro que lo vi como lo estoy viendo a usted.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —¿Qué viste?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —En resumen: al Mal en el cuerpo incompleto de un niño.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —¿Incompleto?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —A veces está descabezado&#8230;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —¿Crees en Dios?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Doctor, no voy a misa nunca, ni me confieso, eso usted ya lo sabe: no le puedo mentir. Pero desde esa experiencia rezo a menudo, sobre todo después de las pesadillas. ¿De algo me ha servido? Creo que no. A veces pienso que tuvieron mucho de culpa esos malditos hongos…</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Si es que te dieron hongos —acotó el doctor Solari, escéptico—. Ese amigo tuyo, si es que se le puede llamar amigo, nunca les dijo la verdad…</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Tiene razón pero, de todas formas, usted me ha dicho que pueden provocar alucinaciones, paranoia y psicosis…</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Eso es correcto, sin embargo, tú sabes que probaste una dosis baja. Así que, como médico, no estoy en condiciones de pensar que fueron alucinaciones. Además, al día siguiente apareció un niño muerto… ¿Estamos hablando del mismo que viste la noche anterior?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Sí.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Para la siguiente sesión quiero que me respondas, en un papel y a mano, a una sola pregunta.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —¿Cuál, doctor?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —¿Qué te pasó?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —¿En Las Cuevas?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —No. ¿Nunca has oído hablar de lo que es un “<em>trauma histórico”</em>?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Nunca, doctor Solari.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Si miras al pasado, ya no se tratará sólo de ti, sino de tus ancestros: tus padres, tus abuelos, etcétera. Porque lo que yo quiero saber es por qué se origina tu miedo a nadar o, si quieres, al agua. Todos absorbemos eventos de generaciones que nos preceden y luego se los transmitimos a las siguientes. ¿Quisieras tener un hijo que arrastre tus traumas?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —No.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Yo creo que tu miedo se debe a la transmisión transgeneracional.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —¿Es como una especie de herencia?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Sí —asintió él.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Entonces se trata de una herencia de mierda.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Escribe para sanar, hazme caso —me sugirió—. No te olvides de la catarsis narrativa.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Luego se puso de pie y, con parsimonia, buscó entre sus libros. Por fin encontró uno de lomo blanco. Me dijo que el autor, el doctor Perry, era psiquiatra como él y, además, neurocientífico. Luego leyó un fragmento en voz alta, como si estuviera en una de sus clases de Medicina en San Agustín: «El trauma te destruye, y tienes que reconstruir tu mundo interior. Y una parte de esa reconstrucción, del proceso de curación, consiste en volver a las ruinas de tu antigua visión del mundo; examinas las ruinas buscando cualquier cosa que siga ahí, buscando tus piezas rotas. Los sueños, las imágenes intrusivas del trauma y las recreaciones mentales son la lucha de tu mente por dar sentido a tu nueva realidad. Cuando vuelves a revisar las ruinas, pieza a pieza, encuentras un fragmento y te lo llevas a tu nuevo y más seguro lugar en ese paisaje que ya no es el que era. Así, vas construyendo una visión del mundo nuevo. Eso lleva tiempo, y exige volver a las ruinas muchas veces».</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Entonces tengo que volver a Las Cuevas, doctor —concluí.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —No es necesario. Tienes que recrear: <em>re-crear</em> —repitió silabeando.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —¿Cómo?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Te pongo un ejemplo más sencillo. ¿Qué perdiste en el terremoto del 2001?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Mi colegio, doctor, que fue como mi segunda casa —le dije recordando las aulas de sillar del colegio de La Salle—. Lo tuvieron que demoler.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Ya lo demolieron, pero puedes recrearlo en tu mente.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Claro que sí.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Dentro de tu colegio te pasaron cosas buenas pero… también malas.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Como a todos, creo.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Puedes escribir para revisitar lugares que ya no existen o a los que no quieres volver, coges algo de esos lugares y te los llevas a un lugar seguro. Así se gesta el proceso de curación, ¿me entiendes?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Más o menos, doctor.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; —Algunos escriben… otros pintan como el Bosco, por ejemplo: observa su <em>Jardín de las delicias</em>, allí está todo.</p>



<p><strong><em>(*) El jurado calificó a la obra como una “novela atípica y con hallazgos originales a partir de leyendas locales, la especulación y la parodia de géneros, como el policial o el horror, bien ensamblados en una estructura que va contra los códigos habituales”. Para adquirir la novela se puede contactar al autor al nro. 959113380.</em></strong></p>
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		<title>Libros: Fonética, Semántica y Sintaxis quechua</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Oct 2025 05:08:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
		<category><![CDATA[Willard Díaz]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Willard Díaz “Fonética, Semántica y Sintaxis quechua”, Andrés Alencastre, Universidad Nacional de San Antonio]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Willard Díaz</h4>



<p class="has-light-green-cyan-background-color has-background">“Fonética, Semántica y Sintaxis quechua”, Andrés Alencastre, Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco, 2024.</p>



<p>Andrés Alencastre Gutiérrez (Cusco 1909-1984) tiene entre sus méritos haber fundado en Cusco la Academia Peruana de la Lengua Quechua, en 1953; haber escrito algunos de los poemas más celebrados en ese idioma, bajo el seudónimo Kilku Warak´a; y haber presentado una de las primeras tesis universitarias sobre la lingüística del quechua.</p>



<p>El Fondo Editorial de la San Antonio Abad, en un trabajo ejemplar para las universidades peruanas, dentro de su programa de revalorización de la cultura escrita cusqueña ha reeditado la tesis de Alencastre, titulada “Fonética, Semántica y Sintaxis Quechua”, pieza fundamental para el conocimiento de una de las lenguas más importantes de Sudamérica.</p>



<p>El libro lleva la presentación de las autoridades antonianas y un prólogo de la lingüista argentina Leyla Albarracín que resume muy bien la obra. La tesis misma, breve, clara y esencial, llega a las siguientes conclusiones:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c9c2447ef0037b2bd72ea1fb91e313d6">El quechua solo posee tres fonemas vocales.</li>



<li class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-54402d8c0606ae9897524a9bd16ee95a">Los tres fonemas vocales del quechua deben ser graficados con las letras a, i, u, para simplificar la escritura.</li>



<li class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-813b063b238e6b3c16797fa046f9e566">La escritura fonémica que se propone a partir de los estudios hechos por el Dr. Rowe, es la única que adapta con acierto la escritura occidental a la graficación fonémica del quechua y seguramente también a la graficación de los demás idiomas autóctonos de América.</li>



<li class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-317ffac665f3748b3e86c11d7b377304">Los fonemas no pueden ser representados por notas musicales.</li>



<li class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-65a4a2467015cc7838228677ab2b462a">En cambio, los fonemas pueden ser apreciados por el oído y comprobados por el razonamiento de las personas que los captan.</li>



<li class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b2667764542e130c214026d113d71180">Los aparatos mecánicos no pueden superar la apreciación de los sentidos humanos.</li>
</ol>



<p>En las páginas finales de este rescate bibliográfico el profeso Neil Palomino, eficiente director del Fondo Editorial, cuenta la aventura de la adquisición, la pérdida, las pesquisas para recuperarla y el final hallazgo del original para lograr la actual reincorporación del trabajo doctoral de Alencastre a la historia de la lingüística del quechua cusqueño. Gran aporte.</p>



<p></p>
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		<title>CUENTO: UN PASAJE DE BUS</title>
		<link>https://diarioelpueblo.com.pe/2025/09/24/ayelet-cutipa-chipana/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Sep 2025 05:10:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CUENTOS]]></category>
		<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
		<category><![CDATA[LOCAL]]></category>
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					<description><![CDATA[Por: Ayelet Cutipa Chipana El sol de la tarde rebotaba en los parabrisas de los]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por: Ayelet Cutipa Chipana</h4>



<p>El sol de la tarde rebotaba en los parabrisas de los micros atestados que rugían por la Avenida Ejército. El humo, los bocinazos y el griterío de los cobradores se mezclaban como en una tormenta urbana estruendosa. Para él, todo no era más que el fondo sonoro habitual de sus días.</p>



<p>Con su cajita de caramelos subía a los micros como de costumbre, recitando de memoria su discurso: un saludo y una canción era lo que ofrecía, mientras recorría el pasillo de caras indiferentes. “¡Caramelitos, un sol!” Algunos le compraban, otros ni lo miraban. Cada moneda era una piedra más del puente que quería cruzar hacia el reencuentro.</p>



<p>Tenía unos once o doce años, la piel curtida por el sol, el cabello oscuro y revuelto y la voz algo gruesa para su edad. Desde que su madre enfermó y fue con unos parientes fuera de la ciudad, él no había vuelto a verla. Le mandaba a decir que iba a ir, que estaba ahorrando, que pronto estaría con ella, pero el dinero siempre se iba entre panes con queso y los modestos almuerzos que a veces conseguía.</p>



<p>En el tercer micro del día, sucedió algo inesperado. Subió a un carro casi vacío, apenas con un puñado de pasajeros. Tras el discurso habitual, al fondo del pasillo, en los últimos asientos que nadie elegía a menos que el micro estuviera repleto, lo vio: una bolsa negra, arrugada y sucia, debajo de un asiento vacío. Fue y la levantó sin mucho interés, esperando encontrar algún alimento y, si tenía suerte, alguna prenda de ropa. Se sentó a un costado. Dentro había un fajo de billetes. Contó con los dedos sucios: cien, doscientos, trescientos&#8230; casi quinientos soles.</p>



<p>Miró rápido alrededor. Nadie parecía haber notado nada. El cobrador discutía con un pasajero, y dos señoras dormían con las cabezas ladeadas. Cuando el vehículo se detuvo en el semáforo, bajó por la puerta trasera sin pensarlo, con el corazón golpeando fuerte. Metió sus cosas en la mochila vieja y caminó hacia el Terminal Terrestre.</p>



<p>No había colas en las ventanillas, no se detuvo a sopesar lo que hacía, sacó un billete de la bolsa y compró un pasaje. Nadie dijo nada sobre su edad. El último bus salía a las seis. Faltaban veinte minutos. Se sentó cerca de los puestos de comida a esperar. Las luces del terminal titilaban. Con las manos metidas dentro de la mochila tomó el dinero de nuevo, temblando. Imaginó la sonrisa de su madre al verlo llegar, imaginó la caricia en el cabello como antes. Imaginó un cuarto tibio, una sopa caliente y el calor del hogar que añoraba.</p>



<p>Sentía sus deseos vibrar en la punta de la lengua, tan cerca de materializarse. Pero la espera se hizo tortuosa, los minutos no pasaban, el malestar se apretaba en la boca del estómago, un ardor del que no podía distinguir el origen y que crecía a medida que cerraba más fuerte la bolsa con los billetes.</p>



<p>A su lado, una señora con un mandil que rozaba el suelo por el peso de sus bolsillos, estaba sentada frente a una de esas pequeñas tiendas dentro del terminal. Revisaba su celular.</p>



<p>—Pobrecito el abuelito —comentó al joven de limpieza que también se quedó mirando la pantalla—. Dice que perdió el dinero de su pensión, que alguien se la ha llevado del micro. Está llorando&#8230;</p>



<p>Él se giró apenas. En la pantalla del celular, un hombre mayor sollozaba frente a la cámara de quien transmitía en vivo. —Todo lo que tenía, lo retiré hoy&#8230; no tengo más. Lo perdí en el micro de la línea amarilla. Por favor, si alguien lo encuentra&#8230;</p>



<p>Sintió cómo el ardor pasó del estómago a todo su cuerpo. Cerró la bolsa con brusquedad. Frente a él, la alta pantalla digital marcaba: “Bus Empresa Moquegua — Salida: 18:00 — Puerta 5”. Faltaban cinco minutos.</p>



<p>Miró hacia la puerta de ingreso. Dos policías caminaban por el pasillo central del terminal conversando con un trabajador de limpieza. El corazón le latía en la garganta, sintió el sabor agrio de su estómago.</p>



<p>Volvió a mirar la bolsa. Podía correr, subir al bus y desaparecer antes de que lo descubrieran. Nadie lo había visto. Nadie lo conocía. Tenía el dinero. Tenía el motivo. Pero también tenía la voz del abuelito aún sonando en la transmisión, repitiendo: “Ese dinero es todo lo que me queda para el mes. Por favor…”</p>



<p>El altavoz anunció con entonación amanerada: “Último llamado para el bus Moquegua, puerta 5”.</p>



<p>Sintió que el mundo se apretaba alrededor. Su mano temblaba sobre los billetes. Los policías doblaron hacia las ventanillas.</p>



<p>Y entonces, cerró la bolsa. Miró de reojo la puerta 5. Luego se puso de pie, caminó hacia la señora del puesto y le dijo con voz baja:</p>



<p>— ¿Me puede vender una botella de agua?</p>



<p>La señora se la dio sin verlo. Cuando anunciaron la salida, él se dirigió a la puerta de embarque y mostró su pasaje. Subió sin mirar atrás.</p>



<p>Desde la ventana del bus vio a los policías hablando con la señora del celular. Cerró la cortina y abrazó la bolsa. El ómnibus arrancó.</p>



<p>Vio cómo el terminal se hacía pequeño, se alejaba como si fuera una pequeña maqueta dentro de un sueño. El motor zumbaba y el bus avanzaba sin pausa, pero él seguía quieto, abrazado a la bolsa como si fuera parte de su cuerpo.</p>



<p>Pensó en el abuelito. En la voz temblorosa que aún parecía flotar en el aire. Pensó en el peso de esos billetes, que no era solo de papel, sino de días trabajados, de medicinas, de arroz y menestras que ahora quizá no llegarían a ninguna mesa. Luego pensó en su madre. En los labios secos con los que lo besaba en la frente, en su tos persistente, en la promesa de volver a verla.</p>



<p>La ciudad, detrás, se fundía con el atardecer y los cerros comenzaban a teñirse de color ocre. Un viento helado se colaba por la rendija de la ventana. Él no se movía. Sabía que no había hecho lo correcto. Pero también sabía que no podía más con la espera, con el hambre, con las noches sin nadie que le dijera «ya duerme». Sentía que, en ese momento, ser bueno o malo no era la pregunta. La pregunta era otra: ¿hasta cuándo aguantaría sin ella?</p>



<p>El bus subía por las curvas de Uchumayo y cada vez se veía menos ciudad. En su regazo, la bolsa pareció de pronto más liviana, aunque él sabía que no lo era. Cerró los ojos.</p>



<p>No supo allí dentro si lo que hacía estaba bien o mal. Solo que ya estaba hecho.</p>
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		<title>Libros: El mundo que dejamos de habitar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Sep 2025 05:09:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[LIBROS]]></category>
		<category><![CDATA[Willard Díaz]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Willard Díaz “El mundo que dejamos de habitar”, Heiner Valdivia, 2024. El autor arequipeño]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Willard Díaz</h4>



<p><strong><em>“El mundo que dejamos de habitar”, Heiner Valdivia, 2024.</em></strong></p>



<p>El autor arequipeño más prolífico, casi tanto como el profesor Tito Cáceres, a fines del siglo pasado (algo los une además en el trasfondo del estilo), es ahora, sin duda, Heiner Valdivia, el autodidacta de la academia paralela de la crítica de arte local. Ha editado en lo que va del siglo XXI 20 libros, entre creación y ensayo.</p>



<p>A finales de 2024, Valdivia publicó en su propia editorial, Caligari Ediciones, el libro “El mundo que dejamos de habitar. Figuraciones y simbolismos en el cine de Bela Tarr”. Una colección de ensayos dedicados a la revisión de algunas de las películas principales del cineasta húngaro.</p>



<p>Al leer estos ensayos, además de la encendida pasión de Heiner Valdivia por el cine conocida desde hace varias décadas, es notorio el deseo, en su intención pedagógico-académica-poética, de comunicar en un estilo casi surrealista sus ideas y descubrimientos, algunos de ellos convincentes. El mejor trabajo, en nuestra opinión, es el dedicado a “El caballo de Turín”, el último capítulo.</p>



<p>El libro se completa con una sección dedicada a los cortometrajes de Bela Tarr, otra al bestiario del autor, y una última con el reporte de su filmografía completa.</p>
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		<title>Estudiantes de Huánuco, La Libertad y Arequipa ganan concurso de cuentos</title>
		<link>https://diarioelpueblo.com.pe/2025/09/23/estudiantes-de-huanuco-la-libertad-y-arequipa-ganan-concurso-de-cuentos/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 23 Sep 2025 05:18:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[ACTUALIDAD]]></category>
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					<description><![CDATA[Escolares participan de concurso organizado por OSITRAN. De las regiones de Huánuco, La Libertad y]]></description>
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<p class="has-light-green-cyan-background-color has-background">Escolares participan de concurso organizado por OSITRAN.</p>



<p>De las regiones de Huánuco, La Libertad y Arequipa proceden los ganadores del Octavo Concurso de Cuentos del Organismo Supervisor de la Inversión en Infraestructura de Transporte de Uso Público “Ositran, contigo por las rutas del Perú”, iniciativa en la que participaron estudiantes y docentes de las 25 regiones del país, inspirados en sus experiencias y aspiraciones sobre el uso de las infraestructuras de transporte.</p>



<p>En esta edición, el certamen tuvo una destacada acogida a escala nacional y logró convocar a 431 estudiantes y docentes de instituciones públicas y privadas. Las regiones de Huánuco, Lima y San Martín registraron la mayor participación.</p>



<p>Obtuvo el primer lugar Débora Zemira Sara Nación, de la I. E. E. Nuestra Señora de las Mercedes de Huánuco con su cuento “Catalino y la cueva blanca”, que relata cómo un niño aprende a cuidar la naturaleza y ve cumplido el sueño de una carretera para su pueblo.</p>



<p>El segundo lugar fue para José Armando García García, del Colegio de Alto Rendimiento (COAR) de La Libertad, con su narración “Trenpa takiynin”. Asimismo, Anyeli Mireya Peñaloza Charres de la I. E. P. Alexander Fleming de Arequipa logró alcanzar el tercer puesto con su historia “La línea invisible”.</p>



<p>También se destacan dos menciones honrosas, la primera para Kiara Valeria Huaranga Huarancca de la I. E. E. Nuestra Señora de las Mercedes de Huánuco, con su obra “El corazón de las rutas” y la segunda para Nayeli Smith Grandez Cruz del COAR Tumbes, con su cuento “El pasajero de la sala 2”.</p>



<p>En la categoría Docentes, el primer puesto fue para el profesor Luigi Gianmarco Sánchez Japay, de la I. E. P. San Pedro Nolasco del Callao, con su obra “El vuelo del colibrí”, que narra el viaje de una nieta para reencontrarse con su abuela y cómo la nueva carretera hace posible acortar distancias y unir corazones.</p>



<p>El jurado calificador, presidido por el destacado escritor Ricardo González Vigil y la reconocida editora Anahí Barrionuevo, resaltó el crecimiento constante del concurso y, en especial, la calidad y sensibilidad de las historias presentadas.</p>



<p>Los cuentos formarán parte de un libro que será editado, ilustrado, animado y traducido al quechua, aimara, asháninka, awajún, shipibo-konibo y kukama-kukamiria. La premiación se realizará próximamente en una ceremonia pública, en la ciudad de Lima, donde los ganadores recibirán una estatuilla, diploma de honor y realizarán la firma de autógrafos.</p>
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