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	<title>Goyo Torres &#8211; Diario El Pueblo</title>
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	<title>Goyo Torres &#8211; Diario El Pueblo</title>
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		<title>El loncco ficticio</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 28 Aug 2024 05:08:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[ESPECIALES]]></category>
		<category><![CDATA[Goyo Torres]]></category>
		<category><![CDATA[PORTADA]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Goyo Torres (Última parte y conclusión del ensayo sobre la evolución de lo loncco]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Goyo Torres</h4>



<p>(Última parte y conclusión del ensayo sobre la evolución de lo loncco arequipeño)</p>



<p>El cuarto momento de la expresión loncca parte, aproximadamente, de los primeros años del siglo XX y se prolonga hasta nuestros días. Desde el momento inicial y transcurrido el tiempo <em>el mestizo loncco prácticamente ha desaparecido como sujeto real</em>. No olvidemos que aparece producto de circunstancias dominadas por la mentalidad oral. Es obvio inferir que conforme se ha impuesto la imprenta y la cultura de la letra se ha diseminado en todas las capas de la población (con mayor énfasis en la segunda mitad del siglo XX), la mentalidad oral ha dado paso a un sujeto con distinto grado de conciencia escrituraria. El paradigma de la letra desplaza al paradigma oral. Aunque esto no significa que no se produzcan ciertos desplazamientos de la frontera que divide lo escrito de lo oral.</p>



<p>De otro lado, en la ciudad, a fines del siglo XIX y comienzos del XX, se produjeron una serie de cambios motivados por la influencia del positivismo, la revolución industrial y las prédicas reivindicativas del trabajador. Se vive con pasión el inicio del nuevo siglo. Como consecuencia algunas instituciones, como la Universidad San Agustín y otras de índole educativa, abren sus puertas a jóvenes de la clase media emergente. Este hecho va a cambiar la marcha cultural de Arequipa.</p>



<p>Para la tercera década del siglo, estos nuevos intelectuales dominarán la escena local. Nombres como Francisco Mostajo, Guillermo Mercado, Manuel Gallegos Sanz, Renato Morales, José María Cuadros, César A. Rodríguez, etc. aparecen junto a Eduardo López de Romaña, Francisco Gómez de la Torre, Juan Manuel Polar Vargas, José A. Mendoza del Solar, Alberto Hidalgo, Percy Gibson, etc. El primer grupo de los nombrados asumirá un proyecto nuevo para la ciudad, proyecto que tiene que ver con la modernidad y el mestizaje.</p>



<p>Hasta entonces el arte (aquella aceptada como tal por la oficialidad y el poder hegemónico) que produce la ciudad era de criollos y para criollos. Los cholos no entraban como destinatarios (incluso el destinatario de los yaravíes de Melgar es blanco). “Las élites cultivan la poesía y el arte de vanguardia, mientras las mayorías son analfabetos”. (García Canclini)</p>



<p>Recién con la generación de Mostajo se rompe esta regla y se piensa en un destinatario cholo, mestizo. Son los integrantes de esta generación quienes proponen la categoría de Literatura Loncca para referirse a esa manifestación que, a lo largo de este trabajo, vengo denominando expresión loncca. Pero además, para designar a lo que ellos mismos escribirán en adelante. Es decir, construyen un nuevo objeto (Literatura Loncca) y a su vez un nuevo sujeto literario a quien destinarlo.</p>



<p>Efectivamente, en las primeras décadas del siglo XX aparecerán publicados (en periódicos, revistas y libros) los primeros trabajos metadiscursivos en este campo. En ellos se explica lo que es “lo loncco” y “lo ccala” (dicotomía clásica en textos lonccos contemporáneos). Se elaboran glosarios de la fabla de la tierra y sus costumbres típicas (Cuadros 1939). De este tiempo data la publicación de cancioneros populares: “La Lira del Misti” (1902), “Cancionero Arequipeño” (1905), “Cancionero Mistiano” (1917) que recogen canciones, yaravíes (melgarianos y populares), zarzuelas, habaneras, serenatas, valses, polcas, mazurcas, etc.</p>



<p>Francisco Mostajo publica una serie de trabajos sobre el tema, como el artículo “Los kalas o Ccalas” en el año 1918 en “El Heraldo”. Con las décadas este tipo de publicaciones se irá incrementando: “Cayma” (1933) de Manuel Gallegos Sanz; “Chiniccolcca” (1937) y “Cuentos Lonccos” (1942) de Salomón Olivares del Huerto; “Tres Relatos de mi Tierra” (1950) de Juan Manuel Cuadros; “Cantares Cholos” (1968) de Manuel Gallegos Sanz; “Poemas Lonccos” (1976) de Artemio Ramírez Bejarano; “Estampas Arequipeñas” (1982) de Juan Germán Prado Quispe; “Versos Lonccos” (1996) de Félix García Salas, etc.</p>



<p>En la década de los 70, 80 y 90 esta variante de la literatura arequipeña ingresará a los medios electrónicos de comunicación (radio y televisión) en formato de programas periodísticos (“La pedrada de Andrés” en canal 8) o tipo magazine (“Poemario Loncco” en que don Isidro Zárate Santillana intercalaba música arequipeña con la lectura de poemas y narraciones lonccas).</p>



<h3 class="wp-block-heading">AREQUIPA CHOLA</h3>



<p>Lo que en el cuarto momento se conoce como literatura loncca, en realidad, es una imitación de aquella expresión que utilizaron los lonccos mestizos en los tres momentos anteriores. Recordemos que la expresión loncca es producto de una conciencia oral. En el cuarto momento, las condiciones que permitieron su presencia han desaparecido junto con el loncco. Hoy el hombre que vive en el campo es un sujeto que sabe leer y escribir.</p>



<p>En consecuencia, la literatura loncca del cuarto momento es un producto de letrados (dominan la tecnología de la sociedad escrituraria) y donde el lenguaje tiene como finalidad la función poética. Por eso sus textos son escritos y no orales. Sus autores, en la mayoría de los casos –sino en todos- han seguido estudios escolares, universitarios o de otra índole.</p>



<p>Entonces estamos hablando aquí de ficción de la oralidad. Es decir, de sujetos letrados que utilizan la estrategia de la oralidad para simular un tipo de literatura oral, tal como lo hicieron autores latinoamericanos caso Rulfo, Joao Gimaraes Rosa y Augusto Roa Bastos (Pacheco). Sin embargo, la diferencia entre este grupo de escritores latinoamericanos y los autores de la llamada literatura loncca estriba en lo siguiente: los primeros, no se definen como auténticos representantes de las trastierras que ficcionalizan; en cambio, los escritores lonccos sí lo hacen. Afirman ser los auténticos y verdaderos arequipeños: “Es por eso, que como legítimo loncco, por ser hijo y nieto de lonccos, he querido poner un grano de arena en el folklore de mi pueblo, dando a conocer el arte del cual nadie quiere hablar, sólo los verdaderos arequipeños que se sienten muy orgullos de tener su yaraví y su poesía loncca” (García).</p>



<p>¿Qué pretenden estos textos? En resumen, contienen el mismo discurso de inicios del siglo XX. Proponen una Arequipa chola, aunque con otros matices. No en vano se define al loncco como el “auténtico arequipeño que domina el campo, es agricultor y chacarero” y se opone al ccala que “es la persona que vive en la ciudad” (García).</p>



<p>En estos textos lonccos contemporáneos se descubre que Arequipa aparece como zona de agricultores; no zona industrial ni comercial. Según estos textos, lo auténticamente arequipeño viene del campo y no de la ciudad.</p>
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		<title>El Primer Mestizaje en la Literatura Loncca</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rocio Velazco]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 14 Aug 2024 05:09:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[CULTURA]]></category>
		<category><![CDATA[ESPECIALES DE AREQUIPA]]></category>
		<category><![CDATA[Goyo Torres]]></category>
		<category><![CDATA[LOCAL]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Goyo Torres (Con motivo del rebrote conservador de la Poesía Loncca en los colegios]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading has-text-align-right">Por Goyo Torres</h4>



<p>(Con motivo del rebrote conservador de la Poesía Loncca en los colegios de la región, ofrecemos aquí la primera de tres partes de un ensayo del profesor Goyo Torres, de la Escuela de Literatura de la UNSA, publicado en la Revista Apóstrofe n° 4)</p>



<p>Todo arequipeño conoce la jocosa anécdota que los profesores de historia suelen relatar entre orgullos y nostálgicos. Se cuenta que en los días del Mariscal Ramón Castilla, dos de sus subordinados discutían si Arequipa era costa o era sierra. Como ninguno daba su brazo a torcer, acudieron al Mariscal para que dirimiera el asunto.</p>



<p>—¿Arequipa es costa o es sierra? –habrían preguntado.</p>



<p>El viejo caudillo, ducho en lides políticas y todavía con el recuerdo en brasas de los sucesos de 1858, habría respondido:</p>



<p>-Arequipa, ni costa ni sierra. Arequipa cuesta.</p>



<p>Esta anécdota viene a la memoria porque tiene que ver con cómo los arequipeños hemos elaborado y manejado nuestra(s) identidad(es) a lo largo de la historia. En este contexto es inevitable formularse una serie de preguntas: ¿cuándo se elaboran los grandes mitos sobre la ciudad? ¿Desde cuándo creemos que somos <em>El León del Sur</em>, la cuna de la jurisprudencia, la República Independiente, la Roma del Perú, etc.? ¿Quiénes construyeron estos mitos? ¿Qué perseguían con esto? etc. En un breve espacio no se puede dar todas las respuestas. Son material amplio para un trabajo que vengo desarrollando desde hace un tiempo (…)</p>



<p>“<em>Literatura Loncca”</em>.</p>



<p>Es esta variante en la literatura de Arequipa la que aquí me sirve como objeto de trabajo y a partir de ella, intento explicarme algo sobre nosotros. Sostengo que esta literatura es una categoría elaborada durante las primeras décadas del siglo XX, por intelectuales de la clase media. La propuesta tuvo el propósito de construir la identidad mestiza de Arequipa.</p>



<p>Considero que aquello que hoy se conoce como “<em>Literatura Loncca”</em>, con lógicas variantes de forma y contenido, es una manifestación que viene desde los comienzos del mestizaje como proceso de hibridación; poco después de la llegada de los conquistadores y de la fundación de las ciudades de Camaná y Arequipa. En el horizonte de su existencia, la “<em>expresión loncca”</em> presenta no uno sino cuatro momentos. Estos cuatro momentos no tienen que ver con la perspectiva de desarrollo lineal o gradual de dicha expresión. Tampoco con la concepción acumulativa positivista de que el momento siguiente contendrá una manifestación más evolucionada que el pasado.</p>



<p>La idea es que la <em>expresión loncca</em> se muestra en cada momento de modo diferente, con rasgos particulares producto de las circunstancias sociales de su momento. Pero sin que esto signifique que sea peor o mejor. Los cuatro momentos a que hago referencia, y denominados así de modo arbitrario, son: momento inicial, momento de la apropiación, momento regionalista y momento de la ficcionalización.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Momento Inicial</strong></h3>



<p>Este momento de la <em>expresion loncca</em> empieza con la primera generación de mestizos, producto de la unión de nativos lugareños y conquistadores españoles. Como es de conocimiento, la fundación española de Arequipa ocurre en 1540. Desde ese momento la nueva ciudad se convierte en centro de irradiación de la cultura europea. Instalado el dominio español, se produce el transplante de un variado tipo de instituciones que hicieran más eficaz este dominio. Aparecen las encomiendas, las reducciones, la mita, el yanaconaje, los obrajes, etc. (Carpio 1976: 57). Y para que estas instituciones funcionen llegan una serie de personajes de variopinto origen: encomenderos, corregidores, mercaderes, artesanos, soldados, curas, etc. Este caudal de habitantes europeos va a sumarse a los indios que habitaban esta villa.</p>



<p>Sin embargo, la convivencia de ambos grupos étnicos no es pacífica. La violencia se manifiesta por ambos lados. La peor parte la llevan los nativos que, finalmente, acabaron como mitayos, yanaconas o simples esclavos de los conquistadores. Pero es en esta liminal y precaria relación que tiene lugar el mestizaje. «El amestizamiento de los indios chacareros a que nos referimos se dio como un proceso lento, prácticamente desde la fundación de la ciudad hasta 1700» (Carpio 1976:51). Para la segunda mitad del siglo XVII se puede hablar ya de dos generaciones de mestizos cuando menos.</p>



<p>Estos mestizos por la regia inmovilidad social de la colonia, tenían como natural lugar de vida el campo. Su ingreso al espacio del blanco era francamente impensable. De este modo los mestizos se dedicaron a la agricultura y a ocupaciones manuales (artesanos, mercachifles, etc.) fuera de la ciudad. Por ello adquirieron una personalidad tosca y poco cultivada. De ahí su nominación de lonccos.</p>



<p>Estos mestizos lonccos, herederos de la fusión cultural europea y nativa, son los iniciadores de una forma particular de expresión que se materializa en canciones, versos, refranes y narraciones. Es de suponer que esta <em>expresión loncca</em>, en su forma inicial, era una manifestación inherente a la vida del hombre loncco, del mestizo que vive en la chacra. Una fórmula natural para exteriorizar sus vivencias, sus emociones cotidianas por el paisaje, la naturaleza, el dolor, la alegría, etc. Y conservar la historia de su pueblo. Una muestra de lo afirmado es esta vieja canción popular anónima:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><em>Por esta pampa pa´abajo</em></li>



<li><em>Hierba santa me has pediu</em></li>



<li><em>Hierba santa te he dar,</em></li>



<li><em>Si tú no me pagáis mal</em></li>



<li>(Cuadros 1939: 168)</li>
</ul>



<p>La característica fundamental de la “<em>expresión loncca”</em>, en este momento inicial como en los otros, es su oralidad. Recordemos que Ong, al hablar del tema, distingue tres tipos de oralidad: <em>La oralidad primaria </em>que correspondería a pueblos que jamás han oído hablar de la escritura, en su cosmovisión no existe tal categoría ontológica; estas comunidades han desaparecido en el mundo entero. <em>La oralidad secundaria</em> que correspondería a comunidades que saben de la existencia de la escritura (aunque ellas no la posean), conocen sus funciones y características; en esta condición está incluido el salvaje que sabe que el sacerdote lee un libro al que llama Biblia hasta el analfabeto de un pueblo rural que acude al abogado para que le redacte una solicitud para la autoridad<strong><em>. </em></strong><em>La oralidad terciaria</em> se aplicaría a la oralidad electrónica de nuestros días (Ong, 1987:20). El mestizo loncco está considerado en la segunda clase.</p>



<p>En efecto, este sujeto posee una conciencia oral secundaria producto del momento histórico y del contexto social que vive. El loncco es pues producto de esta circunstancia y las manifestaciones que crea y recrea poseerán marcas orales. En otros términos, cuando el loncco canta una canción, recita un verso, parafrasea un refrán lo hace en la misma forma que habla cotidianamente. Sin buscar la función poética del lenguaje. Esa categoría está fuera de su mundo. Su expresión tiene como fin primordial comunicar. «El hombre de la cultura oral jamás consulta un texto; para ello le falta la distancia. Tal hombre ha encarnado en sí lo que sabe; en cierta medida, él es sus textos» (Ong 1987: 136). Este rasgo de la utilidad se puede distinguir en el siguiente diálogo popular que incluye en su texto el autor de Folklore Botánico Medicinal:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><em>-¡Ay!</em></li>



<li><em>-Suspiro de huatacay,</em></li>



<li><em>que se guarda cuando no hay.</em></li>



<li><em>-Si estará en su casa</em></li>



<li><em>o estará por «hay»</em></li>



<li>(Cuadros 1939:179)</li>
</ul>



<p>El rasgo de oralidad no era una exclusivo de los lonccos. Otras comunidades análogas en el tiempo y en lo social lo practicaron, con resultados similares en sus expresiones culturales. Es el caso del gaucho argentino y del guaso chileno (Veiravé 1976: 128).</p>



<p>Este momento se prolonga hasta finales del XVIII. Considero que el quiebre se dio con los primeros brotes de las luchas de independencia.</p>
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