Noveno nivel del desarrollo socioemocional: “La educación basada en el amor es la única educación”
— Redacción Diario El Pueblo —

“Cuentan que luego de algunas tardes sabatinas, en donde Jesús y José compartieron bellas enseñanzas, el tierno carpintero de Nazaret decidió darle a su hijo un regalo de amor. Cuentan que el artesano que cultivaba con esmero el jardín de esa vida y mente en formación como siempre hizo una pregunta que podía tener una sola respuesta.

HOY CONOCI EN EL MUNDO GENTE MARAVILLOSA

Hijo mío, ¿podrías decirme que es mejor: aprender en base a premios o en base a castigos?

Aquella pregunta atravesó como una luz el intelecto del pequeño Jesús y luego de haber realizado el análisis correspondiente respondió:

Amado padre, tú me has enseñado que lo más valioso en el mundo se aprende con amor, con dialogo, dedicación, compromiso y buena voluntad; por ende, no creo que sea una buena idea que alguien aprenda en base a premio o castigo alguno, más aún, me apenaría mucho saber que exista ese tipo de educación en alguna parte del mundo”.

“José respondió aquellas palabras nacidas de la razón enamorada de la vida, así:

Que gran verdad vive en tus palabras mi lucero del atardecer. En verdad la única educación que existe es aquella que se basa en el amor, es aquella que se cimienta día a día al ser creativos y al decidir vivir con bondad en los actos y convicción en la voluntad. Ese primer nivel de la educación basada en el amor es aquel que nos invita a trabajar de la mejor manera nuestras capacidades desarrolladas y por desarrollar. Pero más allá de aquel aprendizaje hay otros niveles hijo mío. Hay un segundo nivel de educación afectiva, un nivel en donde los padres educan a sus hijos bajo el signo de la comprensión y la tolerancia, en ese nivel los hijos aprenden a hacer las cosas porque generan un bienestar a aquellos que los rodean y es un nivel en donde la felicidad se alcanza al hacer felices a otros, en ese nivel los seres humanos no juzgan y creen en la bondad de los actos del prójimo.

Antes de que José pudiera continuar con su magisterio Jesús le interrogó:

Papá, disculpa que te interrumpa, pero ¿el amor y el aprendizaje en el amor no es algo único y universal?

José detuvo el flujo de pensamiento que brotaban en su mente y por un momento dejó que brotaran los versos que llenaron su infancia para luego contestar:

En verdad que el amor es algo no definible, amado hijo, y todo aquello que te presento es aquello que mi limitado conocimiento ha logrado desarrollar. Igual que tú creo que el amor es la base de todo y “el todo”, el amor es aquel que nos lleva a abrazar nuestros más profundos pensamientos con agua de mar y pétalos de rosas; el amor es aquel que nos lleva a confundir el día con la noche y que nos lleva a vivir en la vigilia perpetua de ser únicos, pero para alcanzar esa verdad, creo yo, debemos avanzar poco a poco por los senderos que nos lleven al amor más profundo. Yo creo que el camino del amor es como aquel camino que nos lleva a casa y que primero nos lleva por senderos algo oscuros hasta que nos hace ingresar a un poblado lleno de calles estrechas y en alguna de esas encontramos el hogar deseado. El amor es el camino, el pueblo, las calles estrechas y la casa anhelada, y el amor, aunque los sentimos en todos esos componentes solo se siente a plenitud en la casa familiar y hoy quiero que sepas que el amor que se halla en la ciudad que envuelve a la casa llamada nuestro hogar y se basa en una educación basada en la generosidad y en valorar las consecuencias de cada acto que llevamos a cabo y, que el amor que se halla en la calle delgada que lleva a nuestra casa se basa en la educación socioemocional basada en la bondad que evita toda razón para justificar los actos y que nos lleva a hacer todo porque sentimos que debemos hacerlo y, que el amor que nos hace felices a plenitud es aquel que se basa en aquella educación que nos lleva a amarnos y a amar a todo aquello que nos rodea por igual, sin diferencia alguna, ¿me entiendes?

El niño Jesús miró a aquel padre que lucía un rostro lleno de satisfacción y sin poder dar una respuesta a aquella interrogante solo pudo decir:

Yo creo, amado padre, que aquel que ama de verdad sabe quién es uno y por ende “conoce sin haber visto” lo valioso que es cada ser humano; para el que ama lo más valioso son las alegrías que se comparten y los aprendizajes que nos regalan.

El padre afectuoso y lleno de satisfacción pronunció:

Cada palabra tuya es una palabra que ilumina mi mente, mi adorado niño. Yo debo de recorrer a diario un largo camino para llegar al portal del amor y mira tú siendo tan pequeño me invitas a disfrutar mi camino y a la vez me dices que un día puedo disfrutar el amor sin recorrer camino alguno. Por eso mi padre siempre decía “en el camino de la vida todos somos maestros y aprendices a la vez”. Hoy vine con la convicción de compartirte una de las enseñanzas más grandes de mi mundo y hoy tú vienes a enseñarme algo que mi entendimiento se había negado a entender. Te amo Jesús.

Luego abrazó aquel padre eterno a su hijo y el amor que no entiende de razones ni compromisos fluyó en aquel lugar de la tierra. Tanto padre como hijo estrecharon en ese momento dos corazones emocionales, un corazón lleno de llagas con uno lleno de bondad, uno lleno de nostalgias y otro pletórico de vitalidad.

Aquella tarde Jesús, el futuro maestro de maestros descubrió dos verdades: el amor es un camino y un estado y aquella lección lo llevó a descubrir a lo largo de años estrategias pedagógicas socioemocionales fundamentales en lo que fue su magisterio. Enseñó a los suyos a recorrer con sabiduría el camino, el pueblo, la calle y a disfrutar el hogar del amor y también les enseño a disfrutar el amor que siempre habito en su ser y que ellos ignoraron”.

Por eso hoy podemos sentenciar que: “La educación basada en el amor es la única educación que existe, lo demás es condicionamiento y esclavitud emocional. Solo hay un modo de educar, formar y enseñar y para ello debemos de amar, dialogar y mostrar nuestra más profunda bondad”

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