ENTREVISTA A MARIO ROMMEL ARCE SOBRE CONCISA INVESTIGACIÓN DE LA CULTURA E INTELECTUALIDAD
— Redacción Diario El Pueblo —
Por: Lino Mamani – Escritor y periodista

Arequipa: La República de las letras

El abogado, investigador y docente de la Universidad Católica de Santa María, Mario Rommel Arce Espinoza (Arequipa, 1971), acaba de publicar La República de las Letras en Arequipa. El Diálogo entre los intelectuales entre los siglos XIX y XXI (UCSM, 2023), un libro revelador sobre cómo se formó la intelectualidad en Arequipa, que dio origen a la producción cultural, la difusión del libro y cómo desde las conversaciones en el hogar, las tertulias e incluso en las picanterías, fueron perfilándose las ideas en el siglo XVI, consolidándose a partir de 1821, con la llegada de la imprenta, ese periodo que con influencia francesa, se acuñó como una República de las Letras. Arce desmitifica ciertas creencias e incluso contraría al tribuno Francisco Mostajo, quien sostenía que no había una producción literaria importante.

Habla de una República de las Letras en Arequipa, bajo ese título, ¿qué procesos conllevaron, precisamente, para que se desarrolle una república de las letras en Arequipa?

La República de las Letras es una metáfora que significa comunidad letrada, comunidad de intelectuales y evidentemente, es una experiencia que se vivió en Europa en el siglo XVI. Entonces yo me preguntaba: ¿si esa experiencia que se vivió en Europa, también se vivió en América, particularmente en nuestra ciudad? Puesto que, de manera muy aislada, escuché alguna vez decir muy retóricamente, “La república de las letras”. ¿Pero cuál es el sustento? ¿Qué es la república de las letras? ¿Dónde tendría su origen en el caso de Arequipa? Entonces planteó una hipótesis. Que si bien es cierto ya había una tradición literaria incipiente, desde la llegada y fundación de los españoles, con la mención de Miguel de Cervantes a cuatro poetas locales, sin embargo, para que se conformara una República de las Letras hacían falta otros elementos, como sería la imprenta, la existencia de clubes literarios, sociedades literarias, los centros de enseñanza superior, bibliotecas, librerías, un conjunto de factores que permitieron la creación de esta república, en lo que conocemos hoy como el ecosistema del libro o la circulación del libro, que también es otra denominación para referirse a lo que está relacionado al libro, los autores, las librerías, las editoriales. Todos esos elementos se comienzan a manifestar en el siglo XIX y básicamente a partir de 1821, se percibe claramente cómo la sociedad arequipeña, en particular se politiza, los volantes, la imprenta facilita mucho la circulación de las ideas, se crea una Academia Lauretana, que es muy importante para la República de las Letras. La República de las Letras es esa comunidad letrada que tiene como propósito hacer el intercambio de ideas, de objetos, intercambio de lecturas, y eso se vivió plenamente en el siglo XIX y por supuesto en el siglo XX.

Se pensaba que la mayor influencia cultural o de las ideas, se impartía desde la educación religiosa. Sin embargo, en el libro plantea que no necesariamente se determinó de ese modo, sino que hubo mayor influencia, mayor promoción de las ideas a través de las tertulias y ello ocurrió con personajes como Mariano Melgar, José María Corbacho. ¿Cómo logra hallar esa conexión, y tal vez desmitificación, porque en otras realidades era más la influencia religiosa que las ideas plurales?

Sin duda la iglesia juega un papel muy importante y es un factor clave en todo este periodo que es el factor religioso definitivamente, el factor religioso es importantísimo hasta hoy, pero mucho más en el siglo XIX, y antes por supuesto. Se sostenía tradicionalmente que el seminario San Jerónimo había sido el semillero de las ideas revolucionarias. Eso se sostuvo a lo largo del tiempo, con Guillermo Zegarra Meneses, Francisco Mostajo, Guillermo Galdós Rodríguez, y otros más. Pero entendí, que el Seminario San Jerónimo no es un espacio secular, más bien es religioso y si bien es cierto, quienes enseñaron en ese lugar no eran sacerdotes, sino había gente laica como Corbacho y el propio Mariano Melgar; esas ideas surgieron en las sociedades literarias, en el caso de Arequipa, la Tertulia Literaria, que es la única, por lo menos hasta ahora, de la que tenemos noticia. Es probable que hayan existido de forma paralela otras tertulias literarias en Arequipa, como en Lima o en otras ciudades de Latinoamérica. Sin duda, en esa tertulia –sostengo en mi obra Avatares de un libro subversivo en Arequipa- se incubaron las ideas de libertad, porque entre ellos circularon los denominados libros prohibidos, hubo apropiación de lectura, y hubo autocensura, porque ninguno de sus miembros reconoció abiertamente que había leído uno de estos libros prohibidos, como el de Mably, Derechos y deberes del ciudadano, que circuló en Arequipa en una reimpreso limeña de 1813. Tomando en consideración lo dicho por el gran historiador inglés John Elliott, acerca de que es un deber del historiador poner fin o acabar con las narrativas tradicionales, acabar con los mitos, refiriéndose a otros contextos. Entonces, hay una narrativa que con el paso de las generaciones se fue asentando y se convirtió en lo que también se podría denominar “se da por sentado”, decía Roger Chartier en una conversación con Pierre Bourdieu, es decir, se dan por ciertas y son afirmaciones inconmovibles, así lo repetimos. En palabras de estos tres, es necesario que el investigador o estudioso procure replantear, acabar en cierta forma con esa narrativa histórica que se ha asentado por el tiempo. En este caso, tradicionalmente se atribuía al Seminario de San Jerónimo todo eso, yo no pretendo acabar con esa narrativa al cien por ciento, porque hasta el propio Antonio Pereira y Ruiz, en sus Noticias de Arequipa (1816), habla de la importancia del Seminario, hasta el punto de que el obispo lo clausuró temporalmente en 1815. Sin embargo, propongo alternativamente una nueva narrativa, orientada a valorar los espacios laicos, como serían las sociedades literarias, en este caso la tertulia literaria de Arequipa. Ahí es el inicio. Fueron los espacios laicos, ya en el siglo XIX como los clubes de lectura, clubes literarios, donde había esta libertad para conversar sobre política, literatura, porque también tenían incursiones políticas. Algunas de estas sociedades, como la que dirigió Mariano Ambrosio Cateriano y Cayetano Sánchez, tenían una tertulia en 1865, que tomó parte de la revolución de febrero de ese año, ellos elaboraron “La Guillotina”, un periódico que circuló en la ciudad, cuyos editoriales se repartieron en las calles. Estas y otras ideas se incubaron en un espacio laico. Por eso, le atribuyo importancia a las sociedades literarias.

A raíz de la necesidad de impulsar una civilización, es que se solicita la creación del Colegio de la Independencia Americana y la Universidad de San Agustín, ¿qué tan fundamentales fue la creación de estas instituciones, y en paralelo la conformación de la Academia Lauretana para la formación intelectual?

Muy importante, porque la creación de estos centros de enseñanza superior permitió el nacimiento de una clase media profesional en Arequipa y por otro lado, la aparición del intelectual público, que es una categoría a la cual se refiere Carlos Forment. Estos centros de enseñanza van a formar esta clase media profesional arequipeña, abogados y médicos sobre todo, y estos profesionales participaron activamente en estas sociedades literarias, porque ahí encuentran un espacio para dialogar entre ellos, hallan un espacio para transmitir sus hallazgos. Entonces, la tertulia en sí misma era muy importante para el crecimiento intelectual de quienes integraban estas sociedades. Los centros de enseñanza superior serán decisivos para la creación de los intelectuales públicos. Se habla de que Arequipa tenía muchos abogados, pero la clase media profesional, propiamente dicha, aparece con la creación de los centros de enseñanza superior.

Y también fueron los cimientos para la creación de sociedades literarias como el Club Literario de Arequipa.

Fue uno de los más representativos. Hay consenso sobre el particular. Este es un tema que en el caso de Arequipa, no se estudió salvo el doctor Artemio Peraltilla Díaz, a quien cito en el libro, hizo unos esbozos de esto. Para el caso de Lima, Alberto Varillas Montenegro hizo un estudio a partir de lo que denomina la generación de 1870. En el caso de Arequipa, el Club Literario estaba integrado por profesionales y que tenían diferentes intereses académicos. Eso es destacable, porque aparece el famoso polímata, que de repente no están entre los 500 polímatas que denomina Peter Burke, pero en nuestra realidad los profesionales que egresaron del Colegio de la Independencia, La Merced, del Colegio Seminario, la Academia Lauretana, predominaba el humanismo y no la especialización que corresponde al siglo XVIII. Según Burke, hay un cambio entre el humanismo, que era el conocimiento amplio e intelectual y la especialización aparece en el siglo XVIII en Europa, y esto trae también el nacionalismo. En el caso nuestro, todavía es tardío el cambio en Europa, estas personas con intereses académicos amplios, son abogados, matemáticos, astrónomos, poetas, escritores, tienen una capacidad para desenvolverse en diferentes temáticas y producen sobre el particular.

La imprenta fue un hito importante para el desarrollo de la “República de las Letras”, sobre todo para la difusión bibliográfica en la ciudad, ¿Aparte de este impulso, qué otras manifestaciones generó la llegada de la imprenta?

Cuento la historia de la imprenta en el libro, citando al doctor Héctor Ballón Lozada, quien con documentación, aclara que efectivamente la imprenta la introdujo José María Corbacho, por iniciativa de Mariano de Rivero y Besoaín. Ponen esa imprenta y luego el Ayuntamiento (municipio) lo cedió a Jacinto Ibáñez. Es verdad que en Arequipa había cultura impresa, en la medida en que llegaban libros importados. Pedro Guibovich brinda el dato de que el treinta por ciento de producción de libros venía de México y Lima, y el setenta por ciento de las imprentas europeas, sobre todo de España. Por otro lado, de acuerdo con el contexto de la época, no había condiciones para opinar con libertad, salvo que estuviera en sintonía con el discurso imperante, pero no había libertad de expresión, tampoco de imprenta, entonces había restricciones para el uso de la palabra privada y pública. Comienza a cambiar, en un contexto continental con los procesos de independencia, los establecimientos de los nuevos sistemas políticos, y ello evidentemente coincide con la llegada de la imprenta, y se imprimen los primeros periódicos como “La Primavera de Arequipa”, “El Republicano”, comienzan a aparecer periódicos de larga duración como “La Bolsa”, y proliferan los volantes. Hay un dato anterior con la llamada “Rebelión de los pasquines” en 1780, que es la lectura de plaza, pero a partir de 1821, con la imprenta propiamente dicha se comienzan a imprimir piezas teatrales, volantes, ya no solo con la imprenta de Ibáñez sino de otros que comienzan a aparecer como la imprenta del Estado, administrada por Mariano Nicolás Madueño. Los periódicos no solamente eran noticiosos y políticos, sino también eran científicos y literarios. Se daba cabida a los escritores e intelectuales públicos, que escribían poesía y artículos de opinión en estos periódicos.

En el periodo de la Guerra Civil entre 1834 y 1844, se generó el cierre del Seminario San Gerónimo, ¿La guerra provocó que se repliegue el desarrollo de las ideas o tuvo continuidad?

No, no creo. Me hablas del decenio, al contrario hay una proliferación de documentos, periódicos que pude revisar, volantes y acusaciones. La politización de la polis arequipeña, la ciudad empieza a vivir mucho más donde el ciudadano comienza a tener un papel protagónico donde los dirigentes cobran una notable importancia, la sociedad se politiza. Carlos Forment decía que en las tertulias y hogares limeños, las opiniones estaban divididas o apoyaban a uno u otro candidato. En Arequipa no hubo excepciones, se servían de la imprenta para difundir sus planteamientos. Las revoluciones se legitimaban por las actas que se firmaban en el Perú, y se difundía en los periódicos. Desde el punto de vista literario, los libros como las revistas como La Aurora, el Álbum, en fin todas las publicaciones que aparecen en nuestro medio.

En el libro, desarrolla los escenarios donde se generaban las ideas, como ya lo mencionó en el caso de las tertulias, las viviendas, las chicherías que eran lo opuesto a los cafés en otras zonas. No era importante el espacio sino la necesidad de gestar las ideas.

Claro, en espacios convencionales y no convencionales. Por eso hablo también de las asociaciones e instituciones culturales, creadas con el auspicio del Estado, como la Academia Lauterana, que dependía del ayuntamiento. Y otras asociaciones como los clubes literarios, que agrupa a un conjunto de personas. Estas instituciones jugaron un papel muy decisivo en la formación de los intelectuales.

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— Redacción Diario El Pueblo —

Como institución cultural se crea la Biblioteca Municipal que fue fundamental para alentar el desarrollo de la República de las Letras, ¿Qué rol cumplió en el acceso al conocimiento?

Las bibliotecas públicas nacen con la finalidad de poner la cultura al alcance de las personas, porque hasta entonces estaba reservada a las bibliotecas conventuales. Pedro Guibovich indica que la Biblioteca Nacional en el siglo XIX seguía siendo elitista por las colecciones que tenía y por las personas que por lo general acudían a las bibliotecas. Por la misma composición del material bibliográfico, satisfacía las necesidades de los intelectuales, pero posiblemente no de otros sectores que tal vez tenía otro tipo de intereses. Es probable que siga siendo elitista, pero las estrategias de las bibliotecas hoy en día están orientadas a llegar a diversos públicos y hacer que la lectura genere un entusiasmo y valoración de la importancia en diferentes sectores sociales. Las bibliotecas se concibieron para acoger a obreros, empleados, todos, pero cómo motivar que acudan a las bibliotecas.

Usted lo conoce bien porque está vinculado a las bibliotecas.

A manera de paréntesis, este libro en parte es un resultado de mi experiencia como bibliotecario durante 14 años. Yo soy abogado de profesión, pertenecía a la comunidad jurídica, pero la literatura es otro mundo, y mi experiencia en bibliotecas me permitió acercarme a la comunidad literaria de Arequipa. Coincidentemente en 2010, es donde comienza a aparecer una nueva generación de poetas, narradores, y también sellos editoriales independientes. Es un fenómeno relativamente nuevo, que brinda oportunidad a los jóvenes escritores. Comienzo entonces a conectar con el periplo y padecimientos del escritor, y si nos remontamos al pasado ocurrió lo mismo con Erasmo. El gran historiador holandés Johan Huizinga, habla de Erasmo y las situaciones que vivió y padeció para realizar su trabajo intelectual y académico. Detrás del autor hay todo un mundo, me sentí identificado con Erasmo, y esto significa que hay muchos aspectos que no han cambiado y que están muy vinculadas al trabajo intelectual.

Alfredo Leubel decía en su Anuario Nacional en 1860, que el Estado no había dado ningún reconocimiento a los escritores.

Interesante ese dato de Leubel, porque se quejaba de que no había una política cultural en el Perú, e incluso lo contraponía a la época virreinal, pero en el periodo decimonónico no hubo ningún reconocimiento. Es casualidad, que el mismo año que se publica el Anuario Nacional, Francisco García Calderón Landa, con solo 26 años, el Congreso de la República le entrega un reconocimiento, y además auspicia su obra con la imprenta del Estado.

Mario Vargas Llosa gana en 2010 el Premio Nobel de Literatura y al año siguiente visita Arequipa, para obsequiar su colección de libros, ¿fue un impulso para la producción literaria en estos tiempos?

Por supuesto. Muchos escritores jóvenes de la época se sentían reconocidos en él. Siendo además arequipeño, estando en la ciudad, sirvió de motivador. Siempre para cualquiera es muy motivador que una persona que comparte contigo un origen común, haya alcanzado los máximos laureles. Eso es un estímulo.

DATO

El libro La República de las Letras en Arequipa. El Diálogo entre los intelectuales del siglo XIX y XXI (UCSM, 2023), se presentará la segunda quincena de marzo.

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