NIÑOS QUE YA NO QUIEREN SER NIÑOS (segunda parte)
Por: Juan Manuel Zevallos Rodríguez – Psiquiatra y Magíster en Salud Mental del Niño Adolescente y Familia.

HOY CONOCÍ EN EL MUNDO GENTE MARAVILLOSA

Hoy la gente de todo el mundo quiere felicidad. Los medios que nos están quitando los sueños y las alegrías de la infancia y de la niñez nos están vendiendo la falacia de la felicidad a través de los bienes materiales y estamos tristemente comprando ese sueño fugaz.

La felicidad no está en el puesto de trabajo, ni en la cuenta bancaria, menos en la nueva casa o en el auto del año. La felicidad no está en las tarjetas de crédito, en el estatus social ni el importe de nuestro seguro de vida.

La felicidad está en nosotros mismos. En lo que hacemos cada día, en el valor que le damos a cada uno de nuestros actos. La felicidad está en dar, en vivir el presente, en disfrutar la puesta de sol o la brisa de la mañana en nuestro rostro otoñal.

¿O es que, acaso, nos hemos olvidado dónde realmente vive la felicidad?

“En cierta ocasión se reunieron todos los dioses y decidieron crear al hombre y a la mujer; planearon hacerlo a su imagen y semejanza, entonces uno de ellos dijo: “Esperen, si los vamos a hacer a nuestra imagen y semejanza, van a tener un cuerpo igual al nuestro,

fuerza e inteligencia igual a la nuestra. Debemos pensar en algo que los diferencie de nosotros, de no ser así, estaríamos creando nuevos dioses. Debemos quitarles algo, pero, ¿Qué les quitamos?”

Después de mucho pensar uno de ellos dijo: “Ah ¡Ya sé! Vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser dónde esconderla para que no la encuentren jamás».

Propuso el primero: «Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo»; a lo que inmediatamente respondió otro: «No, recuerda que les dimos fuerza, alguna vez alguien subirá, y la encontrará; y si la encuentra uno, ya todos sabrán dónde está».

Otro dijo: «Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra». Y le dijeron: «No, recuerda que les dimos inteligencia, y un día alguien construirá una nave en la que pueda viajar a otros planetas y la descubrirán, y entonces todos tendrán felicidad y serán iguales a Nosotros”.

El último de ellos, era un dios que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás dioses, analizó en silencio cada una de ellas y entonces rompió el silencio y dijo: «Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren»; todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono: «¿Dónde?”

«La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán».

Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así, el hombre se pasa la vida buscando la felicidad”.

En verdad, mucho tiempo de nuestra vida ha sido invertido en buscar equivocadamente el lugar de la felicidad. Cada uno de nosotros es feliz desde el momento mismo de nuestra concepción, ese es el regalo que Dios nos ha dado a todos. Nacemos felices y sentimos esa felicidad en cada acto. ¿Cuán hermosos y dichosos son los recién nacidos? ¿Cuánta alegría traen a las familias? ¿Y cómo los tratamos? ¿Qué compromiso irracional para borrarles la sonrisa de los labios hemos asumido?

Nuestros hijos han nacido tan llenos de vida, alegría, sueños y esperanzas. Neciamente como padres “les vamos quitando esos bienes. ¡No debes sonreír! ¡Mejora tus formas de comportarte! ¡No juegues!

O como una mamá le decía a su pequeño hijo antes de ir a una fiesta: “Hijito te diviertes mucho, pero pobre de ti si ensucias tu ropa”. Qué inconsecuencia de mensaje. O el niño se divertía y ensuciaba su ropa o cuidaba su ropa y por consiguiente no se divertía.

Los padres tratamos de hacer lo mejor por nuestros hijos, pero cometemos tantos errores que pudiéramos evitar.

Queridos padres, reencontrémonos con nuestros hijos, hagamos que recuerden que son felices por naturaleza, hagámosles saber que “si estuvieron tristes o si sintieron infelicidad” es por qué se olvidaron que tenían la felicidad en su interior. Juguemos con ellos en esos parques que ya lucen abandonados. Sentémonos a jugar monopolio, uno, charada y otro juego de mesa que nos devuelva la alegría de compartir y de disfrutar un momento en familia.

Hagamos que nuestros hijos vivan el presente ya que si solo recuerdan su pasado se enfermarán por melancolía y si solo piensan en el futuro se enfermarán por añoranza. Si solo piensan en lo mal que los trató la vida maltratarán a las personas de su entorno y así misma y si ven la luz del amanecer con esperanza cada día, la luz de su corazón iluminará cada uno de sus actos y les concederá el regalo de vivir minuto a minuto con un halo de felicidad.

La felicidad es el mayor don que puede albergar cada ser humano en su interior. La felicidad es el espíritu de aquel que da, es la sombra de la alegría y la complacencia de aquel que sabe que siempre hizo lo mejor por los demás.

Un niño feliz contempla una flor extasiado y descubre en ella el milagro de la vida, un niño feliz contemplando extasiado el nacimiento del sol en el poniente y blanca luz que ilumina sus ojos en el amanecer.

DATO

Cada padre es el constructor de la alegría y la felicidad de sus hijos y en sus manos está la tarea más delicada de todas: tener la fe y la paciencia para que las flores de felicidad surjan en el jardín mental de los niños.

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