YA NO HAY ESPEJOS EN LA HABITACIÓN

HOY CONOCÍ EN EL MUNDO GENTE MARAVILLOSA

Por: Juan Manuel Zevallos Rodríguez – Psiquiatra y Magister en Salud Mental del Niño Adolescente y Familia..

El mundo le pertenece a un grupo selecto de seres humanos con características físicas precisas. Es imprescindible un buen arreglo de cabello, el uso de cosméticos faciales, vestir ropa de marca, zapatos de cuero trabajado, haber hecho tres horas de ejercicio al día, beber solo agua y si es mujer, mostrar un grado importante de desnutrición.

Estamos viviendo en un mundo de modelos sociales alejados grandemente de las proporciones físicas que nos da la biología. En este mundo ser calvo es un pecado y para salir del paso debes de usar peluquín. Si eres gorda es un escándalo. Si tienes arrugas estas desfasada. Si no luces una barriguita bien plana eres el hazmerreír de tu grupo social.

Las etiquetas de belleza están gobernando nuestras vidas y nos hacen esclavos de la moda. La epidemia de “moda y desarrollo social” está afectando por igual a hombres y mujeres. No hallamos vestimentas que usar. Las niñas están progresivamente desarrollando el “Síndrome de la Barbie” y los niños el “síndrome del Kent”. La industria del consumismo nos quiere convertir a todos en muñecos de exportación. Si no reúnes las medidas solicitadas, mala suerte, quizá un buen sastre te salve en el evento social del mes.

Las niñas y los niños están en este mundo de moda y glamour, aprendiendo a no quererse, a rechazar su contextura física. ¡Odian su cuerpo! ¡Odian su anatomía! Y como el día solo está hecho de veinticuatro horas buscan soluciones fáciles a su problema. Como no tienen dinero para una cirugía, como no tienen los recursos económicos para una liposucción, el camino más sencillo es por consiguiente la inanición. Y si les falta fuerza de voluntad, los vómitos, el uso de purgantes y diuréticos vienen a aliviar el comer compulsivo que muchos de ellos lograron desarrollar.

No es saludable dejarse llevar por los estereotipos de belleza.

Las madres de familia del siglo XXI resaltan en sus hijas el concepto de belleza. “Si no eres linda, esbelta y agraciada todos y todas se burlarán de ti, no alcanzarás el desarrollo social ni las amistades que quieres”. Las niñas escuchan en silencio en casa. Ya saben el secreto del éxito. ¡El físico!

Nuestras hijas empiezan a compararse con las reinas de belleza. Se miran en el espejo, ven lo que sobra, ven lo que falta desarrollar. Hacen su mejor esfuerzo a lo largo de los años por lograrlo. No pueden ni siquiera acercarse a ese modelo de belleza. Se sienten desgraciadas. Odian al mundo, se dan cuenta que no logran nada con ello, se odian a sí mismas y luego empieza nuevamente otro camino de destrucción, “la anorexia y la bulimia nerviosa”.

Los varones siguen un camino menos evidente, pero no por ello menos peligroso. Buscan el desarrollo de una masa muscular significativa, sus dietas en base a proteínas en altas cantidades, el ejercicio físico exagerado y un manejo de tiempo ineficiente van marcando su vida; la vigorexia, otra enfermedad asociada a la conducta alimentaria y que se relaciona a la vez a la contextura física-musculosa va ganando campo en la mentalidad de los adolescentes varones. 

Ninguno de nuestros hijos está libre de esta nueva pandemia de afectación psicológica asociada a un mal alimentar basado en concepto de belleza y éxito social, y por si fuera poco la ortorexia, “la enfermedad de solo comer cosas saludables” invade la vida de los adolescentes alarmados, inseguros, que ven peligro en cada cosa que van comiendo, que analizan en exceso los efectos benéficos y dañinos de cada alimento. “Todo debe ser ecológico” afirman. Conocen de memoria las propiedades nutricionales de cada alimento. Viven con el estrés de los alimentos servidos en reuniones sociales, los cuales “por razones de seguridad biológica” no deben de consumir.

La industria del consumismo ha establecido su propio concepto de belleza.

Y los padres, siempre los padres, hemos estado un paso más adelante que nuestros hijos en el desarrollo de estas enfermedades conductuales tan graves y limitantes. ¿Y qué hemos hecho? ¿Quizá hemos reforzado inconscientemente esas conductas? Claro, lo hemos hecho, nuestros comentarios apresurados y alarmistas han generado un pánico social en el cerebro de nuestros hijos. ¡Para tener éxito debo de comer esto… debo hacer aquello!  

Les hemos enseñado a lo largo de los años a nuestros hijos a no quererse, a no aceptarse; a buscar ser algo que no son. ¿Ahora quién podrá quitarles de la mente los estereotipos de belleza que durante más de una década alimentaron su mente? La tarea es difícil y complicada. ¿Cuántas de ellas morirán víctimas del desamor y la frustración por no ser reinas? ¿Cuántas de nuestras hijas cargarán el peso de las lesiones físicas que se infringieron en esa loca carrera de la belleza física? ¿Cuántos de nuestros hijos vivirán atados al concepto de aceptación social limitando su desarrollo académico o laboral? ¿Quién llenará ese vacío de amor en sus corazones fatigados de tanto buscar? ¿Los padres, la sociedad, los amigos?

Es difícil dar respuesta a una gama de peguntas tan llenas de dolor y de sufrimiento. ¿Por qué no enseñar a nuestros hijos que amen su cuerpo, que lo respeten y lo valoren? ¿Por qué no asumir una actitud crítica ante los cánones de belleza actual? ¿Por qué no hablar en casa de la belleza espiritual que cada uno de nosotros tenemos en nuestro interior? ¿O es queridos padres que cada uno de ustedes aún no ha aprendido a amarse a plenitud?

Nos falta tiempo para muchas cosas importantes, pero nos sobra tiempo para lo que no es importante. La llamada telefónica, la reunión con los amigos, el viaje de placer del fin de semana. Nada de eso se puede postergar. Pero si se puede decir “mañana hijo conversaremos de ello, ya habrá tiempo para hablar de ese tema”. Quizá mañana no habrá mañana. Quizá nuestro hijo no tenga una segunda oportunidad para aprender a quererse, a amarse y valorase.

El fantasma de la autodestrucción ronda los corazones de nuestros hijos y los tienta. Para las jovencitas la frase de Gabriela Mistral: “Todas somos reinas” es una mentira en el siglo actual. No, sólo una será reina. La que se sacrifique más, la que coma menos, la que exija su cuerpo más allá de lo saludable; ella será reina. Las demás no existirán.

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