CARLOS RIVERA AGUILAR: Una vida para el piano
Por: Alejandra Lopera Quintanilla

Desde niña he sido asidua concurrente de los recitales y conciertos del Maestro Carlos Rivera Aguilar.  A medida que crecí en edad y conocimiento creció también mi admiración hacia su calidad musical y profesional.  Un pianista expresivo, elegante y virtuoso, con una interpretación personal y única de las obras, y a la vez un personaje cálido, de una sencillez transparente que cautiva al público que tiene la suerte de escucharlo.

Más adelante en la vida coincidimos tocando en las celebraciones de la Virgen del Perpetuo Socorro, génesis de la Orquesta Sinfónica de Arequipa y fiesta entrañable de los antiguos músicos arequipeños y sus herederos.  Tocar a su lado en esta celebración ha sido no sólo un honor sino una experiencia de alegría y amor por la tradición donde además pude conversar con él de forma casual y disfrutar de sus anécdotas y gran simpatía.


Así, el año pasado asistí por primera vez a una de sus clases magistrales en la Escuela de Artes de la UNSA y quedé maravillada de como un gran maestro puede cambiar la vida de un estudiante en una sola mañana: su conocimiento profundo del uso de la técnica como herramienta de expresión musical,  el enorme repertorio solístico, la experiencia como docente, solista y acompañante y la capacidad de comunicarse con los estudiantes con claridad , respeto, sinceridad, pero también optimismo. Este 13 y 19 de junio volvimos a tenerlo en nuestras aulas para dar dos clases a los estudiantes de piano, clases ofrecidas ad honorem por su cariño hacia los jóvenes músicos arequipeños. El maestro escucha atentamente a cada estudiante, no se le escapa un solo detalle, se sienta al piano y explica con claridad conocimientos básicos, dando a cada estudiante la solución precisa para un problema técnico o interpretativo, pero también los consejos vitales que todo músico joven necesita escuchar para replantear su futuro. Un aura de bondad lo rodea y todos los asistentes nos sentimos cómodos y contentos, maravillados de tanto conocimiento, experiencia, talento, pero también paciencia y empatía. Tres horas de pie subiendo y bajando del piano, tocando, cantando y explicando todo lo necesario no lo agotan y podría seguir varias horas más. Después de la clase conversamos en el almuerzo, memorias maravillosas de sus inicios y experiencias en su larga trayectoria. El Maestro Carlos Rivera Aguilar nació en una familia tradicional arequipeña y fue gracias a su abuela paterna Micaela Lazo, quien se ganó la lotería y la familia pudo adquirir un terreno en Tahuaycani y un piano para su hijo Carlos Rivera Lazo. Éste, durante una larga enfermedad en la adolescencia, aprendió a tocar la guitarra, el violín y el piano mientras estuvo en cama. Casado con Rita Aguilar tuvo dos hijos, Thais y Carlos. A la tierna edad de 5 años su madre le enseñó una primera melodía que desataría el enorme talento del niño, quien no cesó de aprender y pudo descifrar las notas antes que las letras del abecedario. Estudió con su padre quien tocaba piano además de viola, y posteriormente en la Academia Maristany. Esta institución fue fundada por el Maestro  Armando Maristany, violonchelista, director y compositor argentino quien tuvo un papel fundamental en el desarrollo de la música en el sur del Perú. El Maestro Rivera guarda el mejor de los recuerdos de su maestro, del ensamble de marimbas que formó junto a su padre Carlos, y hermana Thais y las hijas del Maestro Maristany. Ingenioso constructor de instrumentos, fabricó marimbas y cordoflejes y formó esta agrupación juvenil en que el pequeño Carlos tenía un papel protagónico y fueron de gira por varias ciudades. Quisiera poder imaginar el misterioso  sonido del Conjunto Maristany borrado por el tiempo.

Con la fundación de la Escuela Regional de Música Luis Dunker Lavalle , Carlos Rivera pasa a estudiar nuevamente con el Maestro Maristany , la Sra. Guillén y luego el compositor Aurelio Díaz Espinoza bajo cuya tutela se gradúa a los 19 años interpretando el Concierto N°1 de Beethoven con orquesta.  Paralelamente en la adolescencia tocó junto a las orquestas de música bailable de Benigno Ballón Farfán adquiriendo la destreza en la improvisación que da la práctica de la música popular.
Viaja posteriormente a Lima donde ingresa al Conservatorio Nacional y estudia con Inés Pauta y donde el compositor arequipeño Roberto Carpio, al  notar su talento, lo anima a postular a la beca Casals para estudiar en  Puerto Rico.  Una vez allí estudia piano con Jesús María Sanromá, música de cámara  con el legendario violoncellista Pablo Casals y violoncello con la  Sra. Martha Casals, joven esposa del genio español. En ese país brilla como estudiante modelo, dedicando a la práctica del piano más de 10 horas diarias. Surge la oportunidad de acompañar a Casals en sus ensayos para el concierto que ofrecería al presidente Kennedy y participar con él en otras actividades musicales.  Después de dos años de intenso aprendizaje se siente listo para cruzar el Atlántico y obtiene una beca para estudiar música española con Alicia de la Rocha, Gaspar Cassado y Federico Mompou en Santiago de Compostela. Los consejos de la gran Alicia de Larrocha   lo acompañarían por el resto de su carrera.


Animado por sus compañeros viaja a Viena donde ingresa a la  Hoschule für Musik und Darstellende Kunst de Viena, hoy Universidad de Música y Artes, en donde tuvo como profesores a los maestros Hans Graf y Bruno Seidlhofer. Al concluir su carrera triunfó como solista interpretando la Burlesca de Strauss para piano y orquesta y el Concierto a la Ciudad Blanca de Rodolfo Holzmann recibiendo el aplauso de la crítica vienesa.
Como pianista opta por especializarse en el acompañamiento de violín y cello por lo cual es contratado tanto por la Orquesta Sinfónica y Filarmónica de Viena para las audiciones de los postulantes. En 1968 ingresa como docente a la Hoschule donde después de más de 30 años se retiró habiendo sido nombrado profesor principal el 2000, el más alto rango de un docente en dicha institución.  Fue también por tres décadas el pianista de la Orquesta Sinfónica de Viena. Ha ofrecido recitales y conciertos como solista y acompañante por todo el mundo y acompañado a grandes solistas  como Mstislav Rostropóvich, Luigi Alva, Heinrich Schiff,  Hiro Kurosaki, Roswitha Randacher, Jannis Georgiadis, Marc Varshavky, André Navarra, Janos Starker, Uto Ughi entre muchos otros.


Ha actuado como solista con la Wiener Kammerorchester, Wiener Symphoniker, Wiener Tonkunstler y Orquesta de la Radio de Viena; Sinfónica Nacional de México, Sinfónica de Xalapa, Sinfónica de Yucatán y de Monterrey; Sinfónica Nacional de Budapest y Tatabaya en Hungría, Sinfónica de Breslau y de Stettin en Polonia, Filarmónica de la Universidad de México y sinfónica Nacional de Perú, Trujillo y Arequipa. Su trabajo como docente lo alterna con cursos de perfeccionamiento con los maestros Wilhelm Kempff y Friedrich Gulda, y realizando giras por diferentes países de Europa, Asia, África y América. Ha realizado varias grabaciones con importantes sellos, con Fredrich Gulda para la Preiser Records, con Marc Varshavsky para la Durafhon Records, con la Wiener Kammerorchester, disco premiado por la Sociedad Mozartiana de Viena para la Heritage Records con «La flauta de oro», con Roswitha Randacher para la Japán Record C.D.Con Jannis Georgiadis para Emi C.D.

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