Balance inflacionario al cierre de 2025: el caso de Arequipa
Videnza Instituto – Analista Senior de economía y energía

Al cierre de 2025, la inflación volvió a instalarse en el centro de la discusión económica. Según cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística e Informática – INEI, el Perú culminó el año con una inflación anual de 1.3%, la más baja en casi una década y entre las menores de la región. En ese contexto, Arequipa mostró un desempeño relativamente favorable: cerró con una tasa cercana al 1.12%, por debajo del promedio nacional y de Lima Metropolitana (1.51%). En diciembre, además, registró -0,02% mensual, una señal de estabilidad sobre el final del año.
Aun así, dentro de la macrorregión sur, Arequipa terminó siendo la segunda ciudad con mayor inflación, superada únicamente por Cusco (1.2%), mientras que ciudades como Puno, Tacna y Moquegua se ubicaron por debajo del 1%. Aunque las diferencias parecen mínimas, cada decimal tiene un impacto real en la economía cotidiana. En una región donde los ingresos no siempre avanzan al mismo ritmo que el costo de vida, una inflación contenida representa un alivio concreto para las familias.
El comportamiento de los precios en 2025 respondió a factores de alcance nacional. La apreciación del sol redujo el costo de los bienes importados, los precios de combustibles y energía disminuyeron respecto a años previos, y algunos alimentos recuperaron niveles más estables tras periodos de volatilidad. A ello se sumó una política monetaria prudente que mantuvo las expectativas bien ancladas, bajo la conducción del Banco Central de Reserva del Perú.
En ese marco, ciertos rubros jugaron un papel clave en la contención de la inflación. A nivel nacional, la división “Alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles” registró una caída de 2,02% en 2025. Se observó un abaratamiento significativo del consumo residencial de electricidad (-7.8%) y combustibles para el hogar (gas natural por red: -10.1% y gas propano doméstico: -6.5%), dinámica que alivió los costos energéticos en casa.
Asimismo, la comunicación disminuyó a -1.79% por menores precios en telefonía. A su vez, el transporte tampoco presionó como en años anteriores: cerró con un aumento moderado, apoyado en combustibles más baratos (-7.8% a nivel nacional), pese a picos estacionales.
Sin embargo, no todo fue alivio. La educación (4.1%) y servicios como restaurantes y hoteles (2.7%) mostraron incrementos, rubros que impactan con fuerza en canastas urbanas: comer fuera de casa y estudiar la primaria o secundaria resultaron más caros.
De cara a 2026, el punto de partida es favorable. Las proyecciones apuntan a que la inflación nacional se mantendría alrededor del 2%, dentro del rango menta considerado por el Banco Central. De concretarse este escenario, Arequipa probablemente seguiría una trayectoria similar, siempre que no se presenten shocks externos relevantes, como alzas abruptas en combustibles o eventos climáticos extremos. Así, con la inflación bajo control, el debate debería enfocarse en ingresos y productividad. El reto para la región será aprovechar este contexto para fortalecer el crecimiento económico local y la generación de empleo.
