Pasajeros de «loncheras» afirman que no les afecta pagar S/ 2 para viajar «cómodos»

Para muchos no representan una necesidad real.

Redacción Diario El Pueblo

Más de un pasajero de las “loncheras” de Mariano Melgar ha reconocido públicamente que suben a estos vehículos porque “prefieren” viajar sentados, aunque tengan que pagar S/ 2, lo que desmiente el argumento del “mal necesario” y a su vez la carencia en la que se cree que viven las partes altas del distrito, ya que sí cuentan con custers, pero varios de sus habitantes pueden no elegirlas y pagar el doble del pasaje a la informalidad.

En nuestras redes sociales, un grupo de los nuevos melgarianos expresó:

-“Sí, pues. Prefiero ir sentada”, dijo Silveria Huamaní.

-“Uno también quiere ir cómodo”, expresó Jhony Returnz S.

-”Con mi plata, yo puedo andar en cualquier carro. Prefiero irme sentadito en colectivo que viajar como sardina en carros viejos del SIT”, dijo Froilan Estrada.

-”Prefiero ir sentada y cómoda, a ir como animal taconeado en combi”, mencionó Katherine Andreli Flores.

-”Prefiero llegar rápido y cómodo”, dijo David Clisman Quispe.

-”Es mejor ir sentado que ir parado y apretado como sardinas, por dignidad obvio”, mencionó Isidoro Pari.

-”Prefiero pagar S/ 1 más a ir colgado hay niveles”, mencionó Capiroto Cm.

A través de estos comentarios, se confirma que las loncheras no son una necesidad real para quienes viven en las partes altas de Mariano Melgar. Es más, las personas citadas afirman que tienen la solvencia económica para pagar al servicio informal y muy aparte de exponer propiamente su vida, de esa manera no van de pie, lo cual a más de uno le parece degradante.

INCONGRUENCIA

Además, es bien sabido que Frentes de Defensa han realizado protestas exigiendo servicios básicos, entre ellos transporte; exigencia que se les ha cumplido por parte de la Municipalidad Provincial de Arequipa. El consorcio Etrabus del Sistema Integrado de Transporte es el encargado de brindar el servicio a Jerusalén, Cenepa y Atalaya. Sin embargo, un grupo numeroso de personas sigue subiéndose a las “loncheras”. Entonces, naturalmente surge la pregunta: ¿Por qué pido una y otra vez algo que al final no voy a utilizar?

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