Las mujeres siguen siendo expuestas a violencia obstétrica
Maltrato, medicalización innecesaria y falta de respeto a las gestantes
Por: Daniela Nickole Santander
Traer a luz a un hijo no debería ser una experiencia de dolor, miedo o humillación. Sin embargo, para muchas mujeres en el Perú y el mundo, el embarazo, el parto y el puerperio siguen siendo etapas marcadas por prácticas médicas que vulneran su dignidad, autonomía y derechos básicos. Lo que debería ser un momento de alegría se transforma, en muchos casos, en una experiencia traumática cuando se desatiende el respeto por el cuerpo, las decisiones y las necesidades emocionales de las gestantes.
Esta realidad conocida como violencia obstétrica es una forma de maltrato que afecta física y psicológicamente a las mujeres en un periodo especialmente vulnerable de sus vidas y ha sido definida como comportamiento que afecta el cuerpo y los procesos reproductivos, incluido el trato deshumanizado, la medicalización injustificada y la patologización de procesos que son naturales.

Para la obstetra Yda Luz Velásquez Villanueva, decana regional del Colegio de Obstetras de Arequipa, la violencia obstétrica está estrechamente vinculada con la medicalización excesiva y la falta de respeto a las decisiones de la mujer sobre su propio cuerpo. “La violencia obstétrica tiene que ver con el maltrato y la medicalización… el parto debe ser lo más humano posible, lo menos doloroso para la madre”, explica Velásquez, destacando que la norma técnica permite que la mujer elija su posición de parto y tenga acompañamiento, una práctica que a menudo no se cumple.
La especialista señala que esa falta de respeto a la autonomía de las mujeres y la imposición de procedimientos innecesarios representa un claro ejemplo de violencia obstétrica, en el que el personal de salud decide por encima de la gestante sin considerar sus preferencias ni su bienestar emocional. Las cesáreas innecesarias, por ejemplo, no solo exceden las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) —que sitúa la tasa ideal en alrededor del 15 %— sino que en muchos hospitales públicos y privados del Perú superan el 50 %, lo que también puede asociarse a prácticas médicas no justificadas

La violencia obstétrica no se limita a intervenciones médicas inapropiadas; también incluye el trato deshumanizado y la desinformación. La Defensoría del Pueblo y otros informes especializados señalan que este tipo de violencia puede manifestarse en la omisión del consentimiento informado, la negación de atención adecuada, los procedimientos sin explicación, impedir el acompañamiento durante el parto o no respetar prácticas culturales y de interculturalidad, especialmente en mujeres indígenas o de zonas rurales.
Constantina Olivares, ginecoobstetra y presidenta de la Sociedad de Ginecología y Obstetricia de Arequipa, enfatiza que el impacto de estas prácticas va más allá de lo físico. “También es parte de una violencia obstétrica cuando hay desacuerdos con los médicos y especialistas en la sala de partos, la mamá está escuchando todo eso y psicológicamente muchas mujeres después del parto incluso han perdido la razón y encima se van a estar peleando quién atiende sin respetar la norma en bienestar de mi bebito”, refiere, subrayando el daño emocional que produce un ambiente de tensión e imposición durante uno de los momentos más importantes de la vida de una mujer.

Además de los impactos inmediatos, la violencia obstétrica viola derechos humanos fundamentales como el derecho a la salud, a la dignidad, a la autonomía y a la información. La Defensoría del Pueblo ha advertido que la ausencia de políticas públicas específicas y presupuesto dedicado a erradicar la violencia obstétrica demuestra que este problema sigue siendo una agenda pendiente para el Estado peruano. La falta de atención estructural a este tipo de violencia contribuye no solo a prácticas médicas agresivas, sino también a la normalización de conductas que vulneran los derechos de las mujeres durante una etapa especialmente vulnerable.
Erradicar la violencia obstétrica no es solo una tarea del personal de salud, sino una responsabilidad del Estado y de la sociedad en su conjunto. Garantizar partos humanizados implica respetar las normas vigentes, escuchar a las mujeres, asegurar insumos adecuados y priorizar el bienestar físico y emocional de la madre y el recién nacido. Traer a un hijo al mundo no debería dejar cicatrices invisibles ni recuerdos de miedo; por el contrario, debe ser una experiencia acompañada, digna y segura
