NUESTRAS PALABRAS NACEN VACÍAS SI NUESTRO CORAZÓN NO HA DEJADO DE SUFRIR
Por Dr. Juan Manuel Zevallos.
No lo sé con exactitud, no encuentro palabras para explicar la necedad de mis actos. Todo aquello que me dices lo he escuchado en muchas partes, pero he seguido haciendo lo mismo tal vez por miedo a hacer algo que no sé cómo hacer.
Desde que fui pequeño me enseñaron a atesorar todo aquello que caía en mis manos, me inculcaron aquella frase mil veces repetida “esto es mío” y pocas veces me hablaron de desprendimiento.
¡Ellos tienen la culpa, mis padres y educadores son los responsables de mi fracaso actual!
En verdad sé que no es así, ellos echaron la semilla de la propiedad privada en mi mente y yo regué esa semilla con devoción. Debo de hacerme responsable de mis actos y debo de dejar de culpar a los demás por el estado de miseria emocional en el cual me encuentro. Yo creé esta realidad sabiendo que no era lo mejor para mí, pero, terco, vivía bajo la premisa de que algún día todo cambiaría, porqué, no sé, ¿por qué todo debe de cambiar?
Vivía dependiendo de un sentido de vida destructivo, tenía miedo a ser diferente a los demás, pero acabé atrapado por mi voz.
Sé que puedo comenzar por amarme (gracias por darme tantas lecciones de amor personal) y que para ello necesito renunciar a todo aquello que he obtenido, a mis títulos y condecoraciones, a la estabilidad económica y a los bienes comprados; nada de eso es mío. Ahora sé que lo debo de hacer, debo romper esta gruesa cadena que me lleva a pensar “que necesito de alguien para ser feliz”. En verdad no necesito de nadie más si puedo compartir mi felicidad.
Las cosas han cambiado. Disfruto tanto del amanecer como del anochecer. Ya no reclamo a nada ni a nadie. He dejado de tratarme mal. Me veo distinto, aunque sé que físicamente soy el 99% de lo que fui ayer o un poco más. Disfruto de la compañía de todos aquellos que me aprecian y cuando se van los extraño un poco y me siento bien por extrañarlos y a la vez me siento bien por esa nueva realidad que vivo. La soledad basada en la compañía interior es buena, la soledad amparada en la necesidad insatisfecha corroe. Ahora sé que la soledad viene y que luego se va. Que la dulce compañía también viene y va. Me alegra saber que ahora puedo correr, saltar y jugar por el gusto de hacerlo. Demostrar superioridad de algo que sé hacer es una torpeza. Todos los seres humanos somos iguales y diferentes a la vez, iguales en nuestra naturaleza y distintos en aquellas capacidades inherentes a nuestro ser.
Me parece extraño decir estas palabras mientras contemplo aquel mundo que me rodea, mientras doy gracias por no tener nada y por tenerlos a todos.
Hoy he descubierto que aquello que “creo que tengo” es solo un medio para alcanzar algo más sublime. Hoy he abierto mis ojos y he dicho gracias por todos aquellos que ayer me acompañaron y que hoy me siguen acompañando. Sé que muchos mañana partirán y doy gracias porque pude compartir muchas experiencias con ellos y porque de alguna manera ellos también vivirán en mí.
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En realidad, nuestras palabras nacen vacías cuando creemos tener la verdad de nuestro lado, cuando ahuyentamos de nuestra mente la generosidad de los actos y cuando decidimos sufrir, atados a la gruesa cadena de la dependencia afectiva y material.
La violencia será siempre parte nuestra mientras no demostremos comprensión y un especial afecto por aquellas personas que nos rodean.
El deseo de poseer desarrolla una falsa competitividad que se ve reflejada en la vanidad de lo alcanzado y en demostrar un falso sentido de superioridad. No es mejor aquel que tiene más, sino aquel que sabe el real valor de lo que es.
Te veo a los ojos y esquivas mi mirada porque piensas que no eres digno de mí. Yo elevo la mirada hacia el cielo y me creo mejor que tú. Ambos hoy día hemos cometido un grave error.
Te agradezco por todo aquello que me enseñas a diario y reconozco “que aún estoy en pañales” en muchos conceptos del desarrollo personal. Pero hoy de seguro que seré menos violento, agresivo e impulsivo que ayer ya que no buscaré ser propietario de algo. He aprendido que el sentido de la propiedad privada ha ido destruyendo a los hombres desde el comienzo de los tiempos y ahora haré uso de aquello que necesito para hacer realidad mis sueños, pero no me aferraré a cada herramienta que emplee.
He escuchado nuevamente tu voz hablándome al oído. Sé que te has alegrado. Si por un momento pudiéramos comprender todo esto para interiorizarlo en lo profundo del ser de seguro que por unos momentos este mundo en donde vivimos sería mejor.
Hoy veo la cara del destino riéndose junto a mí. Le he dado un real valor a todo aquel sufrimiento que tuve y sé que el silencio y el diálogo son llaves que abren las puertas de la mente conjugada con el amor.
Vivo alejado de todos y vivo a la vez con todos. Valoro cada muestra de afecto como un regalo inmenso y unos minutos de compañía como una muestra inmensa de la grandeza que tenemos. Aún tengo mucho que aprender, pero mientras tanto puedo decir “gracias por esperarme cada noche, gracias por alegrarme cada mañana, gracias por dedicarme esas palabras tan tiernas y gracias por permitirme estar en silencio mientras voy a aprendiendo a hablar”.
