Temperaturas oceánicas mantienen abierta probabilidad de Fenómeno El Niño débil
Diversas agencias meteorológicas internacionales, entre ellas la Organización Meteorológica Mundial, el Centro Europeo de Monitoreo Copérnico y la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica, confirmaron que las condiciones oceánicas actuales mantienen la posibilidad de que se presente un Fenómeno El Niño de magnitud débil durante el primer trimestre de 2026.
DURANTE PRIMER TRIMESTRE DEL 2026
De acuerdo con el Programa Copérnico de Monitoreo Global para el Ambiente y la Seguridad de la Unión Europea, durante enero de este año se observaron temperaturas por encima del promedio en el norte del Océano Pacífico, mientras que en las zonas central y ecuatorial del mismo océano los valores se mantuvieron ligeramente por debajo del promedio histórico (1991-2020). Este contraste, señalaron los especialistas, podría favorecer la aparición de un episodio de El Niño débil, dependiendo de la evolución de las condiciones atmosféricas en las próximas semanas.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM), agencia especializada de la ONU, informó que desde noviembre de 2025 los indicadores oceánicos y atmosféricos vinculados a El Niño se encontraban en el límite del umbral que define su aparición. “La probabilidad de que se supere dicho umbral durante febrero de 2026 es del 55 %”, señaló el más reciente comunicado del organismo.
Por su parte, la NOAA, del Gobierno de Estados Unidos, publicó un reporte en diciembre pasado en el que estimó un 55 % de probabilidad de que durante los primeros tres meses de 2026 se presente un evento de El Niño de intensidad débil. La entidad norteamericana precisó que el fenómeno podría incidir de manera desigual en distintas regiones del planeta, con impactos más notorios en Sudamérica y el sudeste asiático.
En el caso del Perú, la Comisión Multisectorial Encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño mantiene también abierta la posibilidad de que el fenómeno se manifieste en marzo de 2026, aunque con una magnitud leve. Según el último informe del organismo, las condiciones oceánicas frente a la costa norte peruana aún no alcanzan los valores críticos para confirmar el evento, pero se realiza un monitoreo permanente de la temperatura superficial del mar y de las anomalías atmosféricas.
ELEVACIÓN DE TEMPERATURA
La OMM precisó además que 2025 fue uno de los tres años más cálidos registrados desde 1958, lo que refuerza la tendencia del calentamiento global. Los océanos, que absorben aproximadamente el 90 % del exceso de calor del planeta, mostraron temperaturas “anormalmente elevadas” durante todo el año, especialmente en el Pacífico y el Atlántico.
La NOAA reportó, a su vez, que enero de 2026 fue el noveno más cálido en América del Sur en los últimos años, y el quinto más cálido a nivel global de los últimos 176 años de registro. Este incremento de temperaturas, sostienen los expertos, genera condiciones propicias para la formación de fenómenos climáticos extremos, como El Niño o su contraparte, La Niña.
De igual manera, el Programa Copérnico informó que en enero de 2026 la temperatura global del aire alcanzó un promedio de 12.95 °C, es decir 1.47 °C por encima de los niveles preindustriales (1850-1900). Esta cifra refuerza las alertas sobre el avance del cambio climático y la urgencia de adoptar medidas de mitigación y adaptación.
Los especialistas advierten que, aunque se prevé un evento de El Niño débil, sus efectos podrían sentirse en el régimen de lluvias, las temperaturas costeras y la disponibilidad de recursos hídricos, por lo que recomiendan mantener la vigilancia constante y fortalecer los planes de prevención en los países del Pacífico sur, incluido el Perú.
El Gobierno peruano, a través del ENFEN y el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú, continúa evaluando los escenarios posibles y sus impactos en la agricultura, la pesca y la infraestructura costera. Mientras tanto, la comunidad científica internacional insiste en que el seguimiento conjunto y la cooperación técnica son claves para anticipar y mitigar los efectos de un fenómeno climático que, aunque leve, puede alterar significativamente los ecosistemas y las actividades humanas.
