AREQUIPA UNIDA FRENTE A LA TRAGEDIA
Por: Carlos Meneses
Que la tragedia nos encuentre organizados y que la reconstrucción nos devuelva la esperanza. Arequipa se ha puesto de pie muchas veces; hoy lo volverá a hacer, si caminamos juntos. Es hora de levantarnos.
Arequipa atraviesa uno de los momentos más difíciles de los últimos años. Las intensas lluvias, el desborde de torrenteras y los huaicos han golpeado con fuerza a nuestra ciudad y a sus distritos, dejando 7 fallecidos, familias damnificadas, viviendas destruidas, carreteras interrumpidas y pérdidas que duelen en lo más profundo. En medio del dolor y la incertidumbre, surge una tarea impostergable: volver a levantarnos, juntos, como siempre lo hemos hecho.
Arequipa ha demostrado en su historia que la adversidad no la derrota, la une. Lo hizo tras los sismos, las crisis económicas y las emergencias pasadas. Hoy, nuevamente, necesitamos que ese espíritu solidario y combativo renazca con más fuerza. No hay espacio para la indiferencia ni para el cálculo político. Esta es la hora del trabajo conjunto, de la acción coordinada y de la responsabilidad compartida.
El sector público debe liderar con decisión y transparencia la atención de la emergencia, priorizando la ayuda inmediata a los damnificados y el restablecimiento de los servicios básicos. Pero también es momento de que el sector privado se sume activamente, como ya lo ha hecho en tantas ocasiones, brindando recursos, logística y apoyo técnico. Las empresas, las universidades, las organizaciones civiles y los colegios profesionales pueden marcar la diferencia si se articulan en torno a un mismo objetivo: reconstruir Arequipa con eficiencia y humanidad.
Cada acción cuenta. Desde quien dona una frazada hasta quien ofrece maquinaria para limpiar una vía, todos forman parte de la cadena de esperanza que la región necesita. La solidaridad debe traducirse en hechos concretos y sostenidos, no solo en gestos momentáneos. También es fundamental pensar más allá de la emergencia: revisar los planes urbanos, mejorar el drenaje pluvial, fortalecer la gestión del riesgo y evitar que tragedias como esta se repitan.
Arequipa no puede esperar. Los hogares afectados, las comunidades aisladas y las familias que lo han perdido todo necesitan sentir que no están solas. Es el momento de dejar de lado diferencias y demostrar que cuando nuestra tierra sufre, sabemos responder con unidad y trabajo.
