Arequipa requiere un sistema interconectado de drenaje pluvial
Por Jorge Turpo R,
Especialista en drenajes advierte que invertir en un sistema pluvial interconectado resulta más rentable que seguir gastando cada año en reasfaltar pistas y reparar daños por lluvias.
EMERGENCIA POR LLUVIAS
La actual temporada de lluvias ha vuelto a desnudar una carencia estructural de Arequipa: la ciudad no cuenta con un sistema de drenaje pluvial interconectado entre distritos que permita mitigar los daños provocados por precipitaciones cada vez más intensas.
Las inundaciones de viviendas, el colapso de calles y avenidas y los millonarios gastos en reasfaltado se repiten año tras año como una crónica anunciada.
El ingeniero Paulo Gamarra Tuco, especialista en diseño de drenajes, explica que el problema tiene raíces técnicas y normativas.
“Recién desde el 2020 existe un reglamento nacional para el diseño de drenajes pluviales en ciudades. Antes de eso, cada municipio hacía lo que podía o lo que quería”, señala.
El resultado fue un mosaico de obras inconexas: drenajes con diámetros insuficientes, conexiones improvisadas que desembocan en acequias o incluso en el sistema de alcantarillado sanitario.
Según el especialista, las obras cuyos expedientes técnicos fueron aprobados después del 2020 recién empiezan a cumplir los nuevos criterios reglamentados.
Uno de los principios clave es que todo drenaje pluvial debe descargar en un afluente natural —una torrentera o un río— y no en acequias ni en redes de desagüe.
Un ejemplo emblemático de las deficiencias previas es la variante de Uchumayo, el drenaje de su primera etapa termina en una acequia de la zona, lo que evidencia la ausencia de planificación integral.
Gamarra identifica dos causas principales del caos que vive la ciudad en época de lluvias: el ingreso y desborde de las torrenteras, agravado por la reducción de sus cauces, y un sistema de drenaje pluvial deficiente que destruye vías y anega viviendas.
“La norma del 2020 ya establece que se deben diseñar drenajes en el marco de un plan metropolitano de desarrollo, no solo distrital sino provincial e interdistrital”, enfatiza.
Algunos distritos, como Cayma y Hunter, avanzaron en diagnósticos y propuestas, pero estos esfuerzos no trascendieron hacia proyectos concretos.
“El estudio debe concluir en definir por qué calles y avenidas deben instalarse drenajes pluviales”, precisa el ingeniero.
La ausencia de esa planificación integral explica por qué arterias claves se convierten en riachuelos cada temporada.
Un caso reciente es la avenida Aviación en Cerro Colorado, que durante las lluvias volvió a cargar entre 30 y 40 centímetros de agua, impidiendo el tránsito vehicular y peatonal, deteriorando el asfalto e inundando viviendas.
“Si esta avenida tuviera un sistema de drenaje pluvial adecuado, nada de eso ocurriría”, afirma Gamarra.
A diferencia de ciudades europeas como París, donde existen sistemas de alcantarillado mixto capaces de transportar simultáneamente aguas residuales y pluviales, en el Perú, y particularmente en Arequipa, los sistemas son separados.
Esto implica que debe existir una red exclusiva de drenaje pluvial y otra de desagüe sanitario. Sin embargo, ante la inexistencia de drenajes en la mayor parte de distritos, el agua de lluvia termina ingresando a las redes de alcantarillado, generando colapsos y problemas operativos para Sedapar.
El especialista plantea que la solución pasa por que las autoridades municipales impulsen un plan metropolitano de drenaje pluvial y destinen presupuesto para la elaboración de expedientes técnicos de calidad.
“Todo parte de buenos expedientes técnicos que el Ministerio de Vivienda apruebe y luego financie. El ministerio tiene fondos para este tipo de proyectos; es cuestión de que los alcaldes se animen a desarrollarlos y contraten especialistas que cumplan la norma vigente”, sostiene.
Existen precedentes alentadores. En el distrito de Miraflores, con apoyo del Ministerio de Vivienda, se implementó hace algunos años un sistema de drenaje en la parte media que ha funcionado eficientemente durante las últimas temporadas de lluvia.
Algo similar ocurre en la avenida 1, cerca del zoológico en Paucarpata, donde un drenaje pluvial ha permitido controlar el impacto de las precipitaciones y proteger las pistas recientemente asfaltadas.
Pese a estos ejemplos, algunos alcaldes argumentan que no priorizan drenajes porque en Arequipa solo llueve con intensidad un mes al año. Para Gamarra, ese razonamiento es equivocado.
“En ese mes todo el distrito puede terminar inundado y con las pistas dañadas. Si se hace un análisis costo-beneficio, la inversión en drenaje resulta mucho más rentable para la ciudad”, afirma.
El reto, entonces, no es menor. Implica pasar de soluciones aisladas a un sistema interconectado que articule torrenteras, ríos y colectores pluviales en toda la metrópoli.
De lo contrario, Arequipa seguirá repitiendo el mismo ciclo: inundaciones, pistas destruidas, obras de reasfaltado y cuantiosos gastos públicos que no atacan el problema de fondo.
La temporada de lluvias vuelve a recordarlo con crudeza. Sin un sistema integral de drenaje pluvial, la ciudad continuará a merced del agua y de su propia falta de planificación.
El desafío para los próximos años es claro: diseñar e implementar una red interconectada que proteja viviendas, preserve las vías y reduzca el impacto de las lluvias. De lo contrario, cada verano será apenas la repetición del anterior.
