Torrenteras de Arequipa: Expansión urbana y una ciudad que olvidó sus límites naturales
Por: Daniela Nickole Santander.
Autoridades, empresas inmobiliarias y malos ciudadanos enfrentan cuestionamientos.
Las intensas lluvias y el reciente desborde de torrenteras en Arequipa no solo han dejado daños materiales y zozobra en distintos distritos, sino que han reabierto una conversación que especialistas vienen planteando desde hace años, la reducción de los cauces naturales, la expansión urbana sin planificación y la falta de prevención integral frente a eventos climáticos extremos.
El doctor en Ciencias Ecológicas, magíster en Ciencias Forestales e ingeniero agrónomo Daniel Montesinos advierte que lo ocurrido era algo inevitable. Según explica, desde 2024 había alertado a entidades públicas y privadas sobre modelos climáticos que proyectaban lluvias por encima de los valores normales y no hubo respuesta. “Los números no mienten”, sostiene, al referirse a análisis estadísticos que anticipaban un incremento significativo del caudal en torrenteras como la de Chullo, cuyo flujo habría pasado de 15 a casi 30 metros cúbicos por segundo durante los episodios recientes.
Pero más allá del volumen de lluvia, el problema radica en la capacidad reducida de los cauces. La acumulación de escombros, arena y limo, sumada al estrechamiento por construcciones formales e informales, ha disminuido el desfogue natural del agua. Montesinos subraya que muchas edificaciones se han levantado ignorando la geología y topografía propias de la ciudad, en quebradas y bordes de torrentera que históricamente han funcionado como rutas naturales de huaicos y deslizamientos.
La historia reciente ofrece antecedentes claros. Durante el fenómeno de El Niño de 1997, varias zonas industriales y urbanas quedaron inundadas. Incluso en 1972 se registraron aluviones importantes. Sin embargo, décadas atrás la ciudad contaba con más áreas agrícolas y espacios abiertos que actuaban como zonas de amortiguamiento. Distritos como Yanahuara y Cayma tenían mayor presencia de chacras y terrenos permeables que absorbían parte del agua y reducían la velocidad del escurrimiento. Hoy, muchas de esas áreas han sido reemplazadas por cemento.
En ese sentido, el geólogo ambiental Hernando Núñez del Prado Simons advierte que el problema no es reciente ni aislado. “Ya existe, un problema de estrangulamiento de los cauces por la expansión urbana y deficiente planificación”, sostiene. Explica que la acumulación de rocas y desechos viene bloqueando el curso natural del agua y que es indispensable un trabajo planificado de movimiento de escombros y recuperación de los depósitos. Para el especialista, las áreas originales deben restituirse y complementarse con zonas de amortiguamiento como cinturones verdes con suelos permeables y árboles nativos.
En el caso de Arequipa, precisa que la vulnerabilidad hídrica ha aumentado por la ocupación de llanuras de inundación, la impermeabilización del suelo sin sistemas adecuados de drenaje pluvial y una infraestructura de saneamiento que ha resultado insuficiente frente a eventos extremos.

«No existe un Plan de Riesgos de la MPA, lo que hay es un documento, no actualizado, de enfoque teórico, donde no se aborda la prevención del riesgo”, agrega Núñez del Prado respecto a la gestión pública. Además, advierte que algunas autorizaciones urbanas podrían estar dándose bajo un “manto de corrupción” que debe ser investigado. Frente a este escenario, plantea que la reconstrucción debe orientarse hacia una verdadera integración ambiental, con planificación a mediano plazo y participación multidisciplinaria.
Ante esta preocupante situación, la responsabilidad es compartida. Las autoridades municipales y regionales deben fiscalizar, evitar otorgar permisos en zonas vulnerables y ejecutar labores urgentes de limpieza y encauzamiento. Las empresas privadas deben asumir criterios técnicos rigurosos antes de desarrollar proyectos inmobiliarios. Y la ciudadanía también debe ser parte, no adquirir terrenos en áreas de alto riesgo ni reincidir en ocupaciones ya identificadas como peligrosas.
Montesinos advierte que las lluvias podrían intensificarse en los próximos años, en un contexto donde no se descarta la influencia de un posible fenómeno de El Niño y el impacto del cambio climático. Por ello insiste en la necesidad de ampliar y profundizar cauces, reubicar a poblaciones vulnerables y recuperar una visión integral de gestión territorial.
