Estado ausente: El verdadero freno a la Mype ante la crisis de transporte

Rendón
Arequipa amaneció entre colas en los grifos y la incertidumbre de un paro de transportistas. Para el ciudadano es un dolor de cabeza; para el emprendedor Mype —desde la panadería del barrio hasta la pequeña bodega— es un golpe directo a su capacidad de producir y sostener su negocio.
Nuestra economía no se mueve en grandes barcos, sino en pequeñas furgonetas que recorren la ciudad todos los días y que hoy están detenidas.
El gran problema de la pequeña empresa es su vulnerabilidad logística. A diferencia de las grandes compañías, las Mypes no cuentan con amplios almacenes ni con grandes reservas de insumos. Por una cuestión de flujo de caja y de espacio, operan bajo una lógica simple: lo que llega hoy se convierte en producción mañana.
Cuando el precio del GLP sube o el combustible escasea, el problema no es solo el aumento del costo del transporte. Lo que ocurre es más profundo: se detiene el proceso productivo. Hornos que no pueden encenderse, calderos que no funcionan, proveedores que no llegan y pedidos que no se pueden cumplir.
Mientras una gran corporación puede resistir semanas de desabastecimiento, una Mype arequipeña ve cómo su capital de trabajo se evapora entre fletes duplicados, sobrecostos y horas perdidas buscando gas o combustible para seguir operando.
Esta crisis energética ha dejado al descubierto una verdad incómoda: nuestra competitividad es extremadamente frágil cuando fallan las carreteras o el suministro energético. No tenemos colchón financiero ni logístico para resistir largos periodos de ineficiencia estatal.
Por eso urge que las políticas públicas dejen de mirar a la Mype solo como un contribuyente más y empiecen a entenderla como lo que realmente es: un engranaje clave dentro de la cadena productiva regional que necesita seguridad logística y energética para funcionar.
Como emprendedores también nos corresponde hacer una autocrítica y pensar en soluciones. La asociatividad —compras conjuntas, almacenamiento compartido o redes de abastecimiento— puede convertirse en una herramienta real para reducir nuestra vulnerabilidad frente a estas crisis.
Porque cuando el gas no llega y las vías se paralizan, lo que se detiene no es solo un camión. Se rompe la cadena productiva completa: se frena la producción, se encarecen los insumos, caen las ventas y con ello también se afectan los tributos y los ingresos que sostienen la economía local.
La Mype —que es el verdadero motor económico de Arequipa— termina absorbiendo un costo que no generó.
Y aunque hoy Arequipa vive una expresión particularmente dura de esta crisis, no es un caso aislado. Otras regiones del país enfrentan situaciones similares, muchas de ellas agravadas por el impacto del clima y los desastres naturales que ya vienen afectando rutas, abastecimiento y actividad económica.
Si no garantizamos estabilidad logística y seguridad energética, el problema deja de ser solo empresarial. Se convierte en un riesgo para la resiliencia económica del país entero.
