Sarampión se acerca a Arequipa luego que se confirmaron dos casos en Puno
Por Jorge Turpo R.
Médicos advierten falta de preparación hospitalaria y riesgo inminente de propagación. La baja cobertura de vacunación y el alto flujo de personas agravan la amenaza.
ALERTA SANITARIA DEL MINSA
Arequipa vuelve a mirar de reojo a una enfermedad que parecía lejana. Dos casos confirmados de sarampión en Juliaca y Puno han encendido las alertas sanitarias en el sur del país, no solo por su cercanía geográfica, sino por el intenso flujo de personas que conecta diariamente estas ciudades con la capital arequipeña. La amenaza no es hipotética. Es, según advierten médicos y autoridades, una posibilidad concreta que podría materializarse en cualquier momento.
El médico pediatra, Johnny Paz Valderrama, recuerda que antes de la pandemia de la COVID-19 la región ya figuraba en el mapa de riesgo. En ese entonces, la presencia de casos en Cusco y Puno hacía prever que Arequipa sería la siguiente. El confinamiento detuvo la movilidad y, con ella, la propagación del virus. Pero los años han pasado, la vida retomó su ritmo y el tránsito entre regiones volvió a ser el de antes. Con ello, también han regresado las enfermedades que se desplazan con las personas.
La confirmación reciente de nuevos casos en Juliaca y Puno por parte del Ministerio de Salud refuerza ese escenario.
Para Paz Valderrama, no se trata de alarmismo, sino de anticipación. La experiencia indica que el sarampión no tarda en expandirse cuando encuentra condiciones favorables, sobre todo en contextos donde la cobertura de vacunación no alcanza niveles óptimos.
Desde el hospital Honorio Delgado, el personal médico ha comenzado a expresar su preocupación. Advierten que el sistema de atención aún no está preparado para enfrentar un eventual caso. Pacientes con síntomas sospechosos continúan siendo atendidos en áreas comunes, sin espacios de aislamiento adecuados.
Este detalle, que podría parecer menor, es en realidad un factor crítico en la contención de enfermedades altamente contagiosas.
El sarampión no es una enfermedad cualquiera. Se transmite con facilidad a través del aire y puede afectar gravemente, especialmente a los niños menores de un año, quienes todavía no reciben la vacuna. Sus complicaciones incluyen neumonía, encefalitis y, en casos severos, la muerte.
La prevención, por tanto, no es opcional. Es la única barrera efectiva frente a un virus que aprovecha cualquier descuido.
A nivel nacional, el Ministerio de Salud ha emitido una alerta epidemiológica ante el riesgo de importación y circulación del virus. El contexto continental no ayuda.
En países como México, Estados Unidos y Canadá se registran brotes prolongados, con decenas de muertes en niños no vacunados entre 2025 y 2026. La región de las Américas ha sido catalogada con un riesgo “muy alto”, una clasificación que obliga a reforzar medidas de vigilancia y respuesta inmediata.
En Perú, la situación presenta señales de vulnerabilidad. Durante 2025, la cobertura de vacunación alcanzó el 90.4% en la primera dosis y apenas el 82% en la segunda, cifras por debajo del 95% necesario para garantizar la inmunidad colectiva. Esta brecha ha dejado a miles de niños expuestos. Se estima que más de 290 mil menores de entre uno y cuatro años forman parte de la población susceptible.
El reciente hallazgo de un caso en Lima, en un hombre de 53 años, confirma que el virus no distingue edades ni territorios. Su presencia en la capital es un recordatorio de que el sarampión puede reaparecer en cualquier punto del país si no se actúa a tiempo. La vigilancia epidemiológica, en ese sentido, debe ser constante y descentralizada.
Las autoridades sanitarias han dispuesto acciones concretas. Entre ellas, el cierre de brechas de vacunación y la ejecución de bloqueos vacunales en un plazo máximo de 72 horas ante casos sospechosos.
Estas intervenciones implican inmunizar a la población en un radio amplio alrededor del paciente, con el objetivo de cortar la cadena de transmisión antes de que se expanda.
La combinación de viajes, aglomeraciones y coberturas incompletas crea un escenario propicio para la reaparición del sarampión.
El llamado de los especialistas es claro. No se debe esperar a que aparezca el primer caso para actuar. La implementación de áreas de aislamiento en hospitales, la capacitación del personal de salud y la identificación temprana de síntomas son medidas urgentes.
También lo es la responsabilidad ciudadana. Vacunar a los niños, acudir a un centro de salud ante signos sospechosos y evitar la automedicación pueden marcar la diferencia.
Arequipa, que durante años logró mantenerse al margen, enfrenta nuevamente el riesgo. El sarampión no avisa. Llega con el movimiento de las personas y se instala donde encuentra descuidos. La pregunta ya no es si llegará, sino cuándo. La respuesta dependerá de cuán preparados estemos para enfrentarlo.
