Traslado de vehículos siniestrados agrava crisis urbana
Por Carlos Meneses
Arequipa no necesita soluciones que desplacen conflictos, sino políticas integrales que los resuelvan. La gestión urbana no puede basarse en parches ni en decisiones coyunturales. Requiere planificación, inversión y, sobre todo, una visión que entienda que el espacio público no es un recurso infinito ni prescindible. Ignorar esto es condenar a la ciudad a repetir el mismo problema, solo en diferentes calles.
La reciente intervención en el centro de Arequipa deja una lección incómoda: retirar un problema de la vista no equivale a solucionarlo. La decisión de despejar la primera cuadra de la calle Palacio Viejo, presentada como un avance en ordenamiento urbano, terminó trasladando el caos a otro punto igual o más sensible: el entorno del parque Duhamel, en plena calle Dean Valdivia. Hoy, al menos veinte vehículos siniestrados ocupan espacios públicos en una de las zonas más transitadas y simbólicas del Cercado.
El origen de esta situación revela una política reactiva más que planificada. En febrero de 2025, la Municipalidad Provincial de Arequipa optó por habilitar espacios en la zona azul del parque Duhamel para albergar unidades policiales y vehículos retenidos. La medida buscaba liberar áreas críticas frente a comisarías, pero no contempló un aspecto fundamental: el impacto urbano, económico y patrimonial de trasladar chatarra vehicular a un entorno histórico y comercial.
El resultado es evidente. Comerciantes del sector han denunciado la afectación a sus negocios, la reducción de estacionamientos y el deterioro de la imagen urbana. No se trata de una queja menor ni de intereses aislados. El Centro Histórico de Arequipa, reconocido como Patrimonio Mundial desde el 2000, exige estándares de conservación que hoy se ven comprometidos por la presencia prolongada de vehículos abandonados y dañados.
Más preocupante aún es la respuesta institucional. Lejos de corregir la distorsión, la municipalidad ha defendido la medida bajo el argumento de que se trata de una zona habilitada para estacionamiento. Este enfoque legalista ignora el problema de fondo: el uso inadecuado del espacio público en una ciudad que ya enfrenta graves niveles de congestión. Con un parque automotor que supera las 479 mil unidades y crece aceleradamente, cada espacio mal gestionado agrava la crisis urbana.
El verdadero problema no está en Dean Valdivia ni estuvo antes en Palacio Viejo. Está en la falta de infraestructura y coordinación para manejar vehículos retenidos por la Policía. Mientras no existan depósitos adecuados, la ciudad seguirá siendo utilizada como almacén improvisado, sacrificando orden, estética y funcionalidad.
