La Mamita de Chapi sigue siendo «la consentida» de jóvenes arequipeños

Juventud encuentra en la Virgen un espacio de encuentro y contención emocional.

Por: Daniela Nickole Santander

Hoy en día hay nuevas corrientes religiosas, otros santos, grupos y formas distintas de vivir la espiritualidad, pero hay una devoción que no pierde fuerza en Arequipa: la Virgen de Chapi. La “Mamita” sigue siendo la consentida de miles de fieles, especialmente de los jóvenes, quienes encuentran en ella un espacio cercano de guía y refugio. Más allá de las tendencias, su presencia se mantiene firme en el corazón de una generación que continúa fortaleciendo esta tradición.

En la parroquia Nuestra Señora de Chapi de Miraflores, el aumento de la afluencia juvenil es una realidad tangible y confirma que la Virgen de Chapi sigue siendo la consentida de los jóvenes arequipeños. El párroco Julio Herrera destaca que, si bien siempre ha habido jóvenes, este año la cifra ha crecido notablemente, siendo más de 200 los involucrados. Este incremento ha permitido dinamizar la comunidad. «Están viniendo muchos, muchos jóvenes ahora. A raíz de ello estamos organizando danzas, cantos, etc», agrega. Esta tendencia es compartida en otros sectores; el padre Abel Esteves, de la parroquia Santísima Cruz de Acequia Alta, coincide en que la participación de los jóvenes en las actividades vinculadas al santuario se ha mantenido con una fuerza creciente.

Para las nuevas generaciones, la parroquia ya no es un lugar de rigidez, sino un espacio de equilibrio emocional. Sharon Torres Lipa, de 19 años, estudiante de psicología e ingeniería ambiental y perteneciente a la parroquia Nuestra Señora de Chapi, explica que se acercó buscando información para su confirmación y terminó encontrando calma en la Virgen y una familia en el coro (en el que 30 jóvenes son parte).

Torres asegura que su conexión con la Virgen de Chapi es cercana y constante. “Es más fácil hablarle, la siento como una guía”, comenta al recordar que fue la “Mamita” quien la motivó a volver a la iglesia y encontrar un espacio donde sentirse acompañada. Desde su experiencia en el coro, también percibe cómo esta devoción logra unir a jóvenes distintos. “Nosotros cantamos para Dios y la Virgen, somos un grupo mariano y cuando canto y veo su imagen, hay algo que me tranquiliza”, señala. Para ella, ese momento tiene un significado especial: “Es como si me dijera: ‘Aquí está tu madre, no temas’”, expresa la joven.

También explica cómo ser parte de una comunidad religiosa le ha ayudado a reflexionar y conectar con más aspectos de su vida. «Estar aquí es demostrarme que no se trata de ser ‘santurrona’, sino de encontrar un lugar donde puedo bajar el ritmo, reflexionar y conectar con algo más grande que el estrés de la universidad. Es como mi respiro», declara Torres Lipa. Para ella, la música ha sido la clave para romper prejuicios y ha encontrado en los jóvenes de la parroquia una gran confraternidad. «Me encanta cuando elegimos canciones un poco más movidas, con ritmo, y la gente de la misa empieza a sonreír, los ensayos son donde nos reímos, nos equivocamos y nadie se enoja. Es como una segunda familia, pero sin tantos dramas».

Jóvenes se acercan a la Virgen de Chapi para encontrar paz y calma.

En cuanto a este aumento de público juvenil, según Sharon, los jóvenes se sienten atraídos cuando las iglesias dejan de lado la rigidez tradicional y apuestan por espacios más abiertos, utilizando música actual y dinámicas que conectan con su realidad. Este cambio de enfoque permite que las nuevas generaciones no se sientan intimidadas, sino animadas a integrarse en grupos donde su identidad y gustos son respetados y valorados.

La continuidad de esta fe descansa en liderazgos como el de Camila Vizcardo, coordinadora del Grupo Juvenil de la parroquia, el más antiguo de la institución. Camila atribuye este éxito a la creación de espacios propios.

«En Chapi Chico, la fe se vive desde nuestra propia identidad y lenguaje, creando un verdadero sentido de pertenencia y el apoyo incondicional de nuestro párroco. La música es el puente que une y conecta; facilita que el mensaje llegue al corazón de forma más profunda y natural», enfatiza.

Ante el reto de liderar a personas de edad contemporánea, Camila destaca la importancia de la empatía: «Entender que todos compartimos el sacrificio de equilibrar estudios y trabajo para cumplir con el servicio. Los jóvenes aportan la alegría y la luz necesarias para que la vida sea más vibrante». Asimismo, destaca que lo que llama a los jóvenes a participar activamente es su devoción a la Virgen de Chapi.

Esa cercanía con la Mamita también se refleja en quienes la acompañan desde roles más íntimos. Daniela Fernández, joven que colabora desde hace años en el maquillaje y mantenimiento de la imagen, describe su vínculo como algo que ha estado presente toda su vida. “Es como si tuviera una amiga. Desde que nací, la Virgen de Chapi siempre ha estado presente”, comenta. Con el paso del tiempo, su cercanía se fortaleció aún más al asumir el cuidado directo de la imagen. “Desde que me dijeron para maquillarla y arreglarla, siento que me hice un poquito más cercana a ella”, señala. Daniela asegura que esta experiencia ha reforzado su fe, expresando que es muy milagrosa y benevolente, y destaca la confianza que ha construido al punto de sentir que puede hablarle con naturalidad en su día a día.

En 200 se incrementó el número de jóvenes que rinden fidelidad a la Virgen de Chapi.

La devoción a la Virgen de Chapi sigue siendo un punto de encuentro para las nuevas generaciones. Su figura no solo ha resistido terremotos, sino también el paso del tiempo y los cambios generacionales. En una época en la que pareciera que la fe se diluye, los jóvenes arequipeños continúan demostrando que la “Mamita” sigue más vigente que nunca, acompañándolos, guiándolos y manteniéndose como un símbolo vivo de identidad y esperanza en la ciudad.

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