SIN AMBAGES

Ni de aquí ni de allá

Por Úrsula Angulo

Un sábado más en la cabina de la radio, feliz haciendo mi programa. Entre mensajes y llamadas, llegamos a hablar de la belleza: si es subjetiva o no lo es y qué es finalmente; y no sé cómo abordamos este tema, pues no se relaciona en absoluto con lo que normalmente trato en los sesenta minutos de programa. Entonces, entra la llamada de una señora que hacía referencia a la belleza y dice específicamente que las mujeres venezolanas son bonitas, pero por dentro no son buenas —en realidad, lo dijo de otra manera bastante inapropiada, pero eso fue lo que intentaba decir—. Me encantan los mensajes y las llamadas del público, nunca sé qué van a comentar o qué me van a preguntar; sin embargo, esta vez, esta llamada resultó bastante desagradable.

Después de mostrar mi desconcierto, sabía que muy pronto iba a cortar esta conversación que contenía una afirmación tan ilógica, pero antes le pregunté a la señora al teléfono en qué investigación o estudio se basaba para afirmar lo que decía. Por supuesto, no se sustentaba en nada válido y no iba a mencionar bibliografía alguna, era solo su absurda opinión; entonces, se apresuró a explicar que una mujer venezolana se había quedado con su tienda y su esposo, así lo dijo. Luego de que comentó el desafortunado pasaje de su vida y ya sabiendo de dónde venía su descabellada afirmación, le dije que no podía continuar al aire con esa llamada sin sentido.

Comprendo, claro, que la oyente que me llamó se sentía muy dolida, ¡vaya experiencia! Pero es absurdo pensar que, si los seres humanos nacieron en determinado país, son todos malos. Y tan absurdo es pensar que, si nacieron en tal otro país o alguno de sus archipiélagos, entonces sí, sí son buenos. Ni la maldad —ni la bondad— tienen nacionalidad, tampoco idioma.

Lo que hace un ser humano no depende de cuál fue el país que lo vio nacer y crecer ni del alfabeto cirílico o latino que usa al escribir ni de la distancia que existe entre la ubicación de su casa y la línea ecuatorial. Lo que es un ser humano, bueno o malo, depende más bien de su calidad como persona, de la integridad y la clase que pueda tener —si es que las tiene—. Solo interesa saber quién es, no de dónde viene. No, no hay excepciones.

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