UN VIAJE AL ENCUENTRO DE LA VERDAD
“Yo no he aceptado nada, eres tú quien quiere creer ello para tener paz y para no sentirte culpable. Nadie actúa por maldad, te lo repetiré una vez, ni el peor criminal de la historia. Al juzgarlo, matas sin querer la oportunidad que muchos de los extraviados aún pueden tener para ser distintos. Lo que pasa es que te disgusta lo que hacen algunas personas y quisieras que no hagan eso que te disgusta. Deberías de asumir una posición distinta. Siempre habrá algo que te disguste, pero no debes de disgustarte con la persona que ha llevado a cabo ese acto. Separa el acto del ser humano y verás cómo las cosas cambian.
Todo aquel que actúa con negligencia hacia otros y los daña, se daña así mismo y lo sabes, tú ya has vivido esa situación. Cada vez que te disgustabas con alguna mujer que jugaba con tus sentimientos acababas odiándola, pero lo que realmente hacías era odiarte a ti mismo y rechazar tus incapacidades o tus propias gracias físicas, te menospreciabas más y el acto de humillación externo que se dio una vez era repetido en tu mente como una sesión inquisitoria que no tenía fin. Todo bien que hagas a otro será finalmente un bien personal. Por eso Jesús dijo: un mandamiento nuevo les doy, que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Con esa simple acción podemos vivir nuestra vida con esperanza”.
A veces es bueno llorar, pero muchas veces suele ser nocivo para la salud. Si lloramos por desfogar una pena entonces limpiaremos nuestra alma de ese sentimiento nocivo que se ha albergado en el interior y que ahora va a salir; pero si lloramos sencillamente porque me siento mal y hay que llorar sin hacer conciencia de lo que hacemos, simplemente seguiremos llorando y nos sentiremos mal por ser unos seres depresivos y llorones.
La sociedad recompensa al que actúa con honestidad y sanciona “justamente” a aquel que daña a la comunidad. Exaltamos lo bueno y condenamos lo malo. Todo parece estar bien hasta ahí, pero realmente dicha actitud generara la paz social que tanto anhelamos.
Probablemente no. Pero no hay otra manera de hacer las cosas dicen muchos. Los agresores de las normas deben de desaparecer y aquellos que respetamos las normas de convivencia social debiéramos ser aquellos que sobrevivan a tan espartana decisión.
Vivimos marginando y siendo gregarios en base a los principios que creemos justos, pero en realidad ¿qué es la justicia?
Debiéramos asumir una actitud distinta. La historia a lo largo de su desarrollo nos ha enseñado que la violencia atrae más violencia y las actitudes de segregación por color de piel, género e ideas lo único que han hecho es generar mayor incomprensión y frustración social.
El mundo tiene una conciencia supra social que dice “el bienestar del grupo debe anteponerse siempre al bienestar individual”. Yo vengo y digo: “el bienestar de uno, es el bienestar de todos y si aquel que andaba perdido ha sido encontrado el bienestar social realmente existe”.
En verdad debemos enjuiciar las acciones y no a las personas que están detrás de ellas. Debemos valorar lo que está escrito en este libro y hasta ignorar a aquel que lo ha escrito. Las personas pasan y las obras quedan.
Yo soy un fiel creyente de la comprensión humana y del valor intrínseco que cada uno de nosotros tenemos. Me alegra conocer a tantos seres distintos entre sí, compartir diálogos oportunos y sonreír junto a las sonrisas que expresan. A la vez sé que, aunque no hay gente mala en el mundo hay actos que pueden llegar a dañarme y por ende debo de aprender a protegerme. No gano protestando por una agresión gana más evitando interiorizar la agresión. Gano más pensando que una situación pudo dañarme que pensar que existe por ahí en el mundo una persona que quiere dañarme. Lo primero pasa, lo segundo persevera en la mente como una agresión constante.
Pero en verdad no hay que perdonar, me dice Cenicienta mientras empiezan a brotar las palabras de nuestros labios. “Si he asumido que no hay ningún ser que me pueda agredir ¿a quién debería perdonar si he llegado a asumir que solo hay actos dañinos?”.
En verdad tienes razón, ahora ya no busco explicaciones ni el porqué de algunos actos ya que los actos sin personas son simplemente hechos que realmente no son importantes.
Así es amigo mío, ahora nos hemos liberado de este tormento. Los actos son simples ilusiones que unos creen que son realidad.
Pero en el fondo siempre existirán actos que me agraden o que me desagraden. Existirá gente que los haya elaborado. ¿Cómo debiera de asumir esa dualidad? ¿Crees que podrías ayudarme?
En verdad no hay nada que entender inocente Mendigo de Amor: los actos son sucesiones de formas de pensar basadas en condicionamientos previos, en la esclavitud de la mente que lleva a la gente confunda a hacer aquello que genere gusto por un beneficio (emocional o material) o por miedo traducido en enfado y como una reacción de revancha o de supuesta justicia. No es importante lo hace la gente lo que es verdaderamente es lo que somos cada uno de nosotros, seres humanos germinados a partir de la semilla del amor y de la comprensión.
Entonces según tú y aquel me habla: La paz interior se basa en ¿estar menos condicionados para poder actuar con libertad y amor?
No hay mejor manera de decirlo. Ahora tienes fe en la gente que te rodea. Ahora puedes creer en ti y en aquel que te dio la vida. Hace algún tiempo aprendí algo hermoso de verdad. Vivía en el sótano de la casa de madrastra y la oscuridad era intensa hasta que una luz de la nada apareció y escribió sobre una viga del trecho lo siguiente: “la vida es no juzgar ni sentenciar, es no culparse ni culpar, es comprender y no perdonar y es, no quejarse por lo que no tenemos y siempre dar”. Nunca hablé de esto a nadie por miedo a que me consideren “loca”, pero creo que ya era hora de decirlo, de sacarlo de mi interior y hacerlo también tuyo.
Entiendo tu silencio y te agradezco el regalo que me acabas de dar. Es maravilloso. Esta tarde también es maravillosa, el viento, el sol y esta extraña paz.
