Arequipa pierde impulso: el empleo, salud e infraestructura frenan competitividad

Por Jorge Turpo R.

El INCORE 2026 revela que la región enfrenta un deterioro en indicadores clave para el desarrollo. Los principales desafíos ya no pasan por la falta de recursos, sino por la incapacidad para convertirlos en mejores servicios, obras y oportunidades para la población.

LA REGIÓN MANTIENE BRECHAS

Arequipa sigue siendo una de las regiones más competitivas del país, pero ya no avanza con la misma fuerza. El Índice de Competitividad Regional (INCORE) 2026, elaborado por el Instituto Peruano de Economía (IPE), confirma que la región conserva el tercer lugar a nivel nacional por séptimo año consecutivo, detrás de Lima Metropolitana y Callao, y Moquegua.

La estabilidad en el podio, lejos de ser una buena noticia, comienza a ocultar un problema mayor: la pérdida de dinamismo en áreas que determinan el desarrollo económico y la calidad de vida.

Los retrocesos se concentran precisamente en tres pilares estratégicos: mercado laboral, infraestructura y salud.

Son factores que definen la capacidad de una región para atraer inversiones, generar empleo y ofrecer condiciones adecuadas para el crecimiento.

Mientras otras ciudades de América Latina fortalecen estos aspectos, Arequipa empieza a mostrar señales de estancamiento.

El presidente del IPE Arequipa, Manuel Bedregal, hizo una comparación que debería llamar la atención de las autoridades. Aunque Arequipa figura entre las regiones líderes del Perú, cuando se la compara con ciudades latinoamericanas de tamaño similar queda apenas al nivel de Cochabamba, en Bolivia, y muy por debajo de Cali y Bucaramanga, en Colombia, o Guayaquil, en Ecuador, especialmente en infraestructura, educación y salud.

El deterioro del mercado laboral es una de las principales alertas. Después de liderar este indicador en 2025, Arequipa descendió al segundo lugar. La principal explicación está en la reducción del ingreso laboral por hora, que pasó de S/14.8 a S/14.1.

La región conserva fortalezas importantes, como contar con la mayor proporción de trabajadores con educación superior completa del país, equivalente al 33,6% de su fuerza laboral, además de reducir el porcentaje de jóvenes que ni estudian ni trabajan.

Aun así, estos avances no lograron compensar la pérdida de ingresos, un indicador que refleja menor productividad y limita la capacidad de consumo de las familias.

La infraestructura también dejó de ser una ventaja competitiva. Arequipa cayó del segundo al cuarto lugar, su peor ubicación histórica en este componente. El retroceso no responde únicamente a la disponibilidad del servicio de agua potable. Aunque la región registra la mayor continuidad del suministro del país, con un promedio de 23.2 horas diarias, persisten graves ineficiencias.

Sedapar pierde alrededor del 30% del agua que produce y la cobertura de hogares conectados a la red pública disminuyó de 95% a 93.8%.

Estas cifras evidencian que la continuidad del servicio no basta cuando existen pérdidas significativas y una cobertura que comienza a retroceder. Para una región que aspira a consolidarse como polo industrial y logístico del sur, las deficiencias en infraestructura representan un costo para las empresas y un obstáculo para nuevas inversiones.

La situación en salud resulta aún más preocupante. El INCORE ubica a Arequipa en el sexto lugar nacional, su peor posición histórica.

El principal factor fue la caída de la cobertura de vacunación en menores de tres años, que descendió de 72,2% a 60%. A ello se suma el incremento del desabastecimiento de medicamentos esenciales, que pasó de 17,8% a 20,4%. Aunque la anemia infantil disminuyó de 43,9% a 40,4%, la cifra continúa por encima del promedio nacional, lo que revela que los avances siguen siendo insuficientes.

La competitividad no depende únicamente de carreteras o inversiones. Una población con problemas de salud reduce su productividad, incrementa los costos sociales y limita las posibilidades de desarrollo económico. Cada niño que no recibe vacunas o tratamiento adecuado representa una brecha futura para la región.

El informe también muestra una paradoja. Arequipa mantiene posiciones destacadas en educación e instituciones, pero esos logros no consiguen compensar el deterioro de los servicios básicos.

La región continúa entre las mejores en comprensión lectora y matemáticas, aunque el IPE advierte que el incremento del presupuesto educativo no ha estado acompañado por mayores exigencias en resultados ni mecanismos efectivos de rendición de cuentas.

INSEGURIDAD

Otro aspecto que afecta la competitividad es la inseguridad ciudadana. Pese a una ligera reducción de la victimización, Arequipa continúa siendo la región con mayor porcentaje de población urbana que fue víctima de algún delito durante el último año, superando ampliamente el promedio nacional.

El diagnóstico del IPE concluye que el problema no radica en la falta de recursos. Bedregal sostiene que Arequipa dispone de condiciones financieras y naturales suficientes, pero enfrenta serias deficiencias de gestión pública.

Como evidencia de ello, recordó que la región acumula cerca de S/7 mil millones en obras paralizadas, una cifra que refleja las limitaciones del proceso de descentralización y la incapacidad para ejecutar proyectos estratégicos.

La competitividad no se pierde de un día para otro. Se erosiona cuando los salarios dejan de crecer, cuando los hospitales carecen de medicamentos, cuando el agua se desperdicia en las redes de distribución y cuando las grandes obras permanecen detenidas.

Arequipa aún conserva una posición privilegiada en el país, pero el INCORE 2026 deja claro que mantenerse entre las primeras regiones ya no es suficiente.

El verdadero desafío consiste en recuperar el impulso para competir no solo con el resto del Perú, sino también con las ciudades más dinámicas de América Latina.

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