Arequipa no puede quedar aislada y desabastecida
Por Carlos Meneses
Arequipa merece autoridades que actúen antes de que falte el combustible y antes de que el precio de los alimentos se dispare. La respuesta no puede llegar cuando los anaqueles estén vacíos.
El cierre de la Panamericana Sur entre Atico y Ocoña vuelve a poner a Arequipa frente a una realidad que las autoridades parecen negarse a reconocer: la región continúa siendo extremadamente vulnerable ante cualquier interrupción de sus principales vías de comunicación. Esta vez, un huaico y las condiciones adversas en la zona han paralizado el tránsito y empiezan a generar consecuencias que van más allá del transporte: mercados y grifos enfrentan dificultades de abastecimiento y crece el temor por la escasez de alimentos y GLP.
No estamos ante un problema menor. La Panamericana es una arteria fundamental para el ingreso de productos hacia Arequipa. Por ella llegan alimentos, combustibles, insumos y mercancías indispensables para la actividad económica regional. Cuando esta carretera queda bloqueada durante varios días, la afectación rápidamente alcanza a los hogares, comerciantes, restaurantes, transportistas y pequeñas empresas.
Lo preocupante es que no es la primera vez que ocurre. Cada temporada de lluvias, huaicos, derrumbes o emergencias vuelve a repetirse el mismo escenario: vehículos varados, pasajeros afectados, productos que no llegan y autoridades que reaccionan cuando el problema ya se encuentra instalado.
Ahora la preocupación alcanza directamente al GLP, combustible utilizado diariamente por miles de familias y negocios. Si el bloqueo se prolonga, el menor ingreso de cisternas puede traducirse en reducción de stocks y presión sobre los precios. Lo mismo puede ocurrir con frutas, verduras y otros productos perecibles que dependen del transporte terrestre para llegar oportunamente a los mercados.
La consecuencia más grave sería que los ciudadanos terminen pagando nuevamente la factura de la improvisación. Cuando disminuye la oferta, los precios aumentan y quienes tienen menores ingresos son los primeros perjudicados.
Por ello, las autoridades regionales y nacionales no pueden limitarse a informar sobre el estado de la carretera. Se necesita una respuesta concreta y coordinada para garantizar corredores de abastecimiento, acelerar la rehabilitación de los tramos afectados y establecer mecanismos de contingencia para evitar que una emergencia vial se transforme en una crisis de alimentos o combustibles.
Arequipa tampoco puede continuar dependiendo casi exclusivamente de una infraestructura vial vulnerable. Una región que aporta significativamente a la economía nacional necesita rutas alternativas y una política permanente de prevención y mantenimiento de sus corredores estratégicos.
El huaico no puede ser utilizado como excusa para justificar la falta de previsión. Los fenómenos naturales son inevitables; la incapacidad para anticiparse a sus consecuencias, no.
La emergencia de Atico y Ocoña debe servir como una nueva llamada de atención. Si cada bloqueo termina con mercados desabastecidos y grifos con dificultades para mantener sus reservas, entonces el problema no está solamente en la carretera: está también en la ausencia de una verdadera estrategia de prevención.
