Economía peruana pierde fuerza y el Fenómeno El Niño golpea al agro y pesca
SEGÚN INFORME DEL IPE
El PBI creció 2.6% en el segundo trimestre, su menor ritmo en nueve trimestres. La caída de las actividades primarias provocó la pérdida de 163 mil empleos, mientras el país aún arrastra un déficit de 300 mil puestos de trabajo juveniles frente al 2019, según análisis del Instituto Peruano de Economía.
La economía peruana comenzó a sentir con mayor claridad el impacto del Fenómeno El Niño. Durante el segundo trimestre de 2026, el producto bruto interno (PBI) creció apenas 2.6%, una cifra que marca una desaceleración respecto al 3.6% registrado en los primeros tres meses del año y que representa el menor ritmo de expansión de los últimos nueve trimestres, sostienen especialistas del IPE.
El dato revela una economía que mantiene capacidad de crecimiento en sectores vinculados al consumo, la construcción y los servicios, pero que enfrenta un creciente deterioro en las actividades primarias, precisamente aquellas más expuestas a las condiciones climáticas. De acuerdo con el Instituto Peruano de Economía (IPE), las actividades primarias retrocedieron 4.9% entre abril y junio, mientras las no primarias avanzaron 4.7%.
El contraste permite identificar uno de los principales riesgos para la economía peruana en los próximos meses: mientras la demanda interna mantiene cierto dinamismo, el clima empieza a convertirse en un factor que limita la producción, el empleo y las expectativas de crecimiento.
La economía también perdió impulso en junio. En ese mes, el PBI aumentó 1.8%, por debajo del 2.2% registrado en mayo. Con el resultado del segundo trimestre, la actividad económica acumuló una expansión de 3.1% durante el primer semestre.
El retroceso de las actividades primarias fue explicado principalmente por el comportamiento negativo de la agricultura y la pesca. Según el IPE, la producción primaria sufrió su primera caída trimestral desde 2022, después de varios periodos de recuperación.
La agricultura disminuyó 2%, afectada por condiciones climáticas desfavorables que perjudicaron las cosechas de productos como aceituna, cebolla y trigo, entre otros. Las precipitaciones registradas tanto en la costa como en la sierra alteraron los ciclos productivos y afectaron los rendimientos de diferentes cultivos.
La situación fue aún más severa en el sector pesquero. La actividad cayó 49.2% durante el trimestre, debido principalmente a la suspensión de la primera temporada de pesca de anchoveta en la zona Norte-Centro. Las condiciones cálidas del mar impidieron el desarrollo normal de esta actividad, con efectos directos sobre la producción y las exportaciones vinculadas al sector.
El impacto conjunto de la agricultura y la pesca restó 0.4 puntos porcentuales al crecimiento del PBI durante el segundo trimestre.
La cifra adquiere mayor relevancia porque el escenario climático no sería pasajero. El Comité Multisectorial encargado del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) ha advertido que las condiciones podrían corresponder a un episodio de magnitud fuerte o extraordinaria durante los próximos meses, con efectos que se prolongarían hasta marzo de 2027.
Esto coloca nuevamente a la economía peruana frente a una situación conocida: la vulnerabilidad de sus actividades productivas ante fenómenos climáticos extremos.
LA CONSTRUCCIÓN ES EL SOSTÉN
La caída de las actividades primarias fue parcialmente compensada por el desempeño de los sectores no primarios, que crecieron 4.7% en el segundo trimestre, incluso por encima del 4.4% registrado en los primeros tres meses del año.
Uno de los principales motores fue la construcción, que avanzó 8.9%. El sector mantiene un ritmo superior al promedio registrado durante 2025, cuando creció 6.7%.
El resultado responde tanto al incremento de las obras privadas como a una mayor ejecución de proyectos públicos a nivel subnacional. El mayor consumo de cemento constituye uno de los indicadores que refleja la recuperación de la actividad constructora.
El comercio también mostró un desempeño favorable, con un crecimiento de 7.3%. Entre los factores que explicaron este resultado destacó la mayor venta de vehículos, favorecida por condiciones más accesibles de financiamiento.
Los servicios, por su parte, crecieron 3.3%, impulsados por el consumo. Dentro de este grupo destacó el desempeño de los restaurantes, que registraron un mayor movimiento en sus diferentes categorías.
Estos resultados muestran que, pese al golpe sobre el agro y la pesca, la economía mantiene un componente interno relativamente dinámico. El problema es que ese dinamismo no está siendo suficiente para compensar completamente la debilidad de los sectores primarios.
SON 163 MIL EMPLEOS MENOS EN ACTIVIDADES PRIMARIAS
El impacto del menor crecimiento también se trasladó al mercado laboral. En el segundo trimestre, el empleo total aumentó 1.8%, equivalente a 316 mil trabajadores adicionales a nivel nacional, según la Encuesta Permanente de Empleo Nacional (EPEN).
Sin embargo, el comportamiento fue desigual.
Mientras los servicios incorporaron 319 mil trabajadores, el empleo en las actividades primarias cayó 3.9%. Esto representa la pérdida de 163 mil puestos de trabajo, en línea con el retroceso de la producción agropecuaria y pesquera.
El dato confirma que los efectos de un fenómeno climático no se limitan a las cifras de producción. Cuando una campaña agrícola se pierde, cuando disminuyen las capturas pesqueras o cuando se interrumpen actividades productivas, el impacto termina trasladándose directamente a los trabajadores y sus familias.
El empleo juvenil constituye, además, uno de los principales puntos débiles del mercado laboral.
Durante el segundo trimestre, el empleo entre las personas de 14 a 24 años disminuyó 3%, lo que significó la pérdida de 73 mil puestos de trabajo. El resultado ocurre después de un ligero crecimiento durante el primer trimestre y revela que la recuperación del empleo juvenil continúa rezagada.
Frente a 2019, todavía faltan recuperar cerca de 300 mil empleos juveniles.
La situación contrasta con lo ocurrido entre los trabajadores de mayor edad. El empleo en el grupo de 25 a 44 años aumentó en 81 mil puestos, mientras que entre las personas de 45 años a más se incrementó en 308 mil.

MEJORA LA CALIDAD, PERO PERSISTE LA INFORMALIDAD
No todo el panorama laboral es negativo. Algunos indicadores muestran una mejora en la calidad del empleo.
La tasa de informalidad laboral se redujo de 70.7% a 69.3% durante el periodo comprendido entre julio de 2025 y junio de 2026. Aunque el nivel continúa siendo elevado, la reducción constituye una señal favorable.
También aumentó la proporción de trabajadores con empleo adecuado, de 54.5% a 57.2%.
A ello se suma un crecimiento de 6.4% en el ingreso promedio de los trabajadores durante el último año, descontando el efecto de la inflación. De acuerdo con el IPE, se trata del mayor crecimiento de los ingresos reales desde 2007, si se excluye el periodo de rebote posterior a la pandemia.
El desafío consiste ahora en lograr que estas mejoras puedan sostenerse.
El instituto considera fundamental promover la inversión privada, debido a su papel como principal generadora de contratación formal, además de implementar políticas orientadas a elevar la productividad laboral.
En ese escenario, las medidas destinadas a impulsar el empleo juvenil y fortalecer a las micro y pequeñas empresas serán determinantes. Sin embargo, el eventual incremento de la remuneración mínima vital de S/1,130 a S/1,300 genera un debate adicional, debido al impacto que podría tener sobre los costos de contratación, especialmente en las Mypes.
NUEVO RIESO EN EL SEGUNDO SEMESTRE
Las perspectivas para los próximos meses estarán condicionadas por dos fuerzas contrapuestas.
Por un lado, los sectores vinculados al consumo y la inversión muestran señales de fortaleza. Por otro, el Fenómeno El Niño amenaza con profundizar el deterioro de las actividades primarias.
Los indicadores adelantados muestran que la demanda interna conserva dinamismo. En julio, la demanda de electricidad creció 7.4%, su mayor ritmo en más de tres años. El consumo de hogares y pequeños negocios aumentó 12.3%, según información del COES.
También existen señales positivas en la inversión. Los despachos de cemento crecieron 9% en julio, de acuerdo con ASOCEM, mientras las importaciones de bienes de capital aumentaron 35%, según cifras de ADEX.
A ello se suma una mejora en las expectativas empresariales sobre la economía, que alcanzaron sus niveles más altos desde fines de 2017.
El problema es que la economía peruana podría estar avanzando con dos velocidades. Una, vinculada a construcción, comercio, servicios, consumo e inversión, que mantiene un ritmo favorable; y otra, asociada a las actividades primarias, que comienza a retroceder por factores climáticos.
CRECIMIENTO PODRÍA SUPEPRAR EL 4%
El IPE estima que un Fenómeno El Niño de magnitud fuerte podría reducir el crecimiento del PBI en 0.7 puntos porcentuales durante 2026 y en 0.8 puntos en 2027.
Con ese escenario, sus proyecciones apuntan a un crecimiento de 3.3% para este año y de 3.4% para el próximo.
Pero existe un dato particularmente revelador: sin el impacto negativo sobre las actividades primarias, el crecimiento de la economía peruana podría haber superado el 4%.
La diferencia evidencia el costo económico de la vulnerabilidad climática del país.
El desafío ya no consiste únicamente en responder cuando las lluvias, el calentamiento del mar o las alteraciones climáticas golpean la producción. La dimensión del riesgo obliga a fortalecer la prevención, la infraestructura, los sistemas de alerta y la capacidad de respuesta de los sectores productivos.
El segundo trimestre deja, así, una advertencia para la economía peruana. El país todavía tiene motores internos capaces de sostener la actividad, pero el clima puede convertirse en el principal freno.
Con un Fenómeno El Niño que podría extenderse hasta los primeros meses de 2027, la capacidad de anticipación del Estado y del sector privado será determinante. El reto será evitar que la desaceleración económica se transforme también en una nueva pérdida de empleos, especialmente entre los jóvenes y trabajadores vinculados a las actividades primarias.
Más que una simple reducción del crecimiento, las cifras del segundo trimestre muestran el costo de una economía todavía vulnerable a los fenómenos climáticos. Y el próximo trimestre permitirá saber si este episodio constituye un bache temporal o el inicio de una etapa de mayor presión sobre la producción y el empleo.
