LA CONCIENCIA DEL MENDIGO

Por Dr. Juan Manuel Zevallos.

Hace frío afuera, debes de abrigarte. Me alegra que hayas cambiado. Ya no eres aquel ser destructor que contemple durante años y que era ajeno a mi presencia. Has recuperado la alegría y la inocencia de tu infancia. Ahora no te hace falta nada, ni los besos de aprecio en tu corazón ni las cicatrices de tantas heridas.

Has aprendido a confiar en aquella voz que vive en tu interior, una voz que va más allá de mi entendimiento y se llama “amor por la vida”, aunque muchos otros la llaman “susurro del alma”.

Todo un mundo de esperanza se abre en frente tuyo. Has recuperado la esperanza y ahora tendrás un mañana distinto. Ahora podrás volar y hacer realidad todos tus sueños.

Abrígate un poco más. Colócate esa bufanda de lana. Es bonito sentir este calor en el cuerpo. Pero sabes algo, es más bonito sentir el calor del aprecio, del amor, de la valoración personal; y ya lo has alcanzado.

El camino ahora será distinto en muchas cosas. Deberás mantenerte alerta ante las provocaciones de la gente, ante la incultura de la sociedad y ante la tentación de lo fácil. Todo te costará un esfuerzo importante pero todo logro alimentará tu ser con bienestar. De ahora en adelante lo importante no será alcanzar una meta, lo fundamental será disfrutar el recorrido para alcanzar dicha meta.

Ahora eres un ser “de buen amor”. Nunca te olvides quien eres y cuál es tu misión en esta tierra: darte a plenitud.

Las palabras son mensajeras de la paz, los recuerdos son evocaciones de un tiempo que aún está en construcción en nuestra mente y las añoranzas del futuro son proyectos de algo que un día se hará realidad.

Me alegra tener hoy un hogar donde vivir y me refiero a hogar a esta sensación de seguridad que tú me das. Soy la voz de tu conciencia que se ha desprendido de tu ser por un momento y que te ha enfrentado a sus conceptos de la realidad. Pero hoy quiero decirte que no soy inefable, puedo equivocarme, la razón no puede tener razón siempre y mi actuar se basa en supuestos que quizá mañana sean falsos pero que hoy son verdad. No debes de disgustarte conmigo ya que sería como molestarte contigo. Yo busco tu bienestar, pero no siempre te podré dar aquello que buscas. Yo propongo opción de solución a tus conflictos, pero mi voz no tiene la autoridad que si tiene el amor.

Deseo a plenitud que tus ojos puedan brillar a plenitud y que siempre puedas decidir en base al amor y que mientras tanto, mi voz sea un alivio y un bálsamo para aliviar lo pesado del camino.

Ya sé que me estoy melodramática, pero recuerda, tengo tanto de ti y por consiguiente te tengo mucho que agradecer.

¿Qué distintos sería el mundo si en vez de reclamar agradeciéramos?

No recuerdo plenamente cuando nos volvimos seres humanos insatisfechos y reclamones. No puedo interiorizar ni un solo momento de dicha asociada a dicha actitud. El reclamar nunca soluciono nuestros problemas y más bien nos volvió iracundos y mucho más insatisfechos.

Pero ya es hora de hablar de otras cosas. De ahora en adelante ya no habrá conflictos en tu vida. Tu amor vital ya los ha solucionado o más bien te ha regalado una visión en donde cada “accidente del camino” es una nueva oportunidad para nacer en esperanza y confianza. Creo que ahora comprendes a plenitud aquella historia de vida que dice: “cada ser humano un día fue creado con capacidades desarrolladas y otras en proceso de desarrollo, erróneamente llamo a las primeras virtudes y a las segundas imperfecciones. Vivió confundido durante años lamentando su infortunio al llevar la pesada carga de la imperfección hasta que un día despertó de su ostracismo y descubrió que todo su ser había sido creado para el bien”.

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