Las picanterías mantienen vivo el corazón cultural de Arequipa

A catorce años de la creación de la Sociedad Picantera, estos espacios reafirman su papel como patrimonio vivo

La picantería tradicional se mantiene en Arequipa como un histórico núcleo de cohesión social, donde convergen dinámicas comunitarias, saber popular e identidad urbana. A catorce años de su conformación, la Sociedad Picantera de Arequipa (SPA) continúa documentando y promoviendo el rol de estos espacios en la construcción de la memoria colectiva de la región.

El proceso de articulación institucional de esta manifestación ( declarada Patrimonio Cultural de la Nación en 2014) tuvo su punto de partida el 20 de agosto de 2012 en la picantería La Lucila, en el distrito de Sachaca. La iniciativa fue impulsada por un colectivo de picanteras, investigadores y promotores culturales, entre los que figuró el poeta y estudioso de la cocina regional Alonso Ruiz Rosas, con el objetivo de constituir una plataforma de salvaguardia frente a las transformaciones urbanas y los cambios en los hábitos de consumo.

Desde la sociología urbana, las picanterías han funcionado históricamente como espacios democráticos de encuentro, donde la preparación de insumos locales y bebidas ancestrales articula redes intergeneracionales. En este contexto, el coordinador de la SPA, Miguel Barreda, señala que la labor de la institución durante este periodo ha buscado reforzar la vigencia de estos recintos como unidades de emprendimiento, y sobretodo como espacios vivos de transmisión cultural.

Un reflejo de esta dinámica de integración social se manifiesta en la Fiesta de la Chicha, encuentro público que la organización realiza desde 2013 en el centro histórico de la ciudad. En su más reciente edición en la Plaza de Armas, coincidiendo con las festividades por el aniversario de Arequipa, se recrearon de forma pedagógica las distintas fases de elaboración de la chicha de guiñapo ,desde la cocción hasta el colado, a cargo de picanteras como Saida Villanueva, visibilizando el valor técnico y ritual detrás de la bebida.

A catorce años de aquel primer acuerdo en Sachaca, el reto de la conservación picantera trasciende la oferta culinaria, buscando garantizar que el espacio del fogón, la sociabilidad cotidiana y el patrimonio inmaterial continúen articulando la vida comunitaria en la Ciudad Blanca.

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