El aprecio hacia un artista se demuestra desde el respeto en nuestra butaca
Por: Daniela Nickole Santander
Concurrentes evidencian una total falta de etiqueta ante músicos y actores en los teatros.
El telón del teatro se levanta tras semanas de rigurosos ensayos y preparación técnica. Sin embargo, en la penumbra de la sala, el timbre repentino de un teléfono celular o el murmullo de una conversación en las primeras filas quiebran en un segundo la delicada atmósfera musical que la orquesta ha tardado semanas de trabajo en construir.
Para Giovanni Suárez Mendoza, director de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Católica de Santa María (UCSM), asistir a un concierto es una experiencia que exige compromiso mutuo. «Asistir a un concierto o a una obra de teatro no es solo escuchar el acto cultural que nos comparten los artistas. Es importante el respeto, el silencio y la atención; son la mejor manera de agradecer el esfuerzo de tanto trabajo para poner en escena la obra», sostiene el maestro.
Esta falta de rigor en el comportamiento del espectador suele estar estrechamente vinculada al costo del boleto. En diversos espacios culturales, el acceso libre invita a un público heterogéneo, pero genera una menor valoración del espectáculo, transformando la experiencia formal de un concierto en un tránsito casual de personas que entran y salen sin comprender el protocolo del recinto.
Sobre esta dinámica, el director Suárez Mendoza reflexiona sobre el impacto psicológico que tiene el valor comercial de la función. «Cuando una entrada es pagada, el público valora más la experiencia. Un concierto gratuito suele atraer a personas que van a pasar el rato, mientras que una entrada pagada convoca a quienes realmente desean asistir y poner atención a todo aquello que va a entrar a sus oídos», afirma.
Desde la perspectiva de los músicos en el escenario, estos detalles no son simples distracciones pasajeras, representan interrupciones directas a su labor artística. Angela María Herencia Pumar, integrante de la fila de violines segundos de la Orquesta Sinfónica de Arequipa, explica el impacto cotidiano de estas faltas de etiqueta. «Las llamadas de celulares que recibe el público, los comentarios que hacen entre ellos o cuando las personas están caminando por los pasillos nos desconcentran de la lectura musical y de la interpretación que debemos brindar» menciona.
El respeto por el arte se manifiesta también en la presentación personal y en el cuidado del entorno. El ingreso con alimentos, el uso de flashes fotográficos o la presencia de bultos grandes en las vías de evacuación interrumpen la acústica y la seguridad dentro de la sala. Vestir de forma adecuada para la ocasión demuestra también la consideración que el espectador le otorga al trabajo que observará en escena, puesto que los artistas también reflejan ese cuidado personal.

Frente a la recurrencia de estas interrupciones, la violinista Herencia Pumar plantea la necesidad de aplicar medidas pedagógicas más directas durante la presentación. A pesar de que al inicio del evento se anuncian las indicaciones básicas de convivencia, la instrumentista considera necesario un llamado de atención más firme. «A pesar de que al empezar el concierto se dan las indicaciones necesarias al público, lo impactante sería que el director de la orquesta pare y reitere las indicaciones que se deben guardar en un concierto», señala.
Apreciar una función requiere un esfuerzo consciente por parte del asistente. Revisar el programa publicado previamente en las redes sociales de la agrupación, escuchar el repertorio en casa antes de la presentación y comprender la estructura de las piezas permite identificar la cantidad de movimientos para evitar aplausos a destiempo. Tomarse la molestia de conocer la obra con anticipación transforma la simple curiosidad en una vivencia profunda e informada.
El ingrediente esencial para que la obra cobre vida no es únicamente la destreza de los intérpretes, la atmósfera de escucha resulta decisiva. Como señala el maestro Suárez Mendoza: «El mejor amigo de la música es el silencio. Con un correcto y absoluto silencio vamos a tener una música bien estructurada, que va a llegar bien a nuestros oídos y a nuestro entendimiento».
Cada concierto sinfónico y puesta en escena de una obra teatral representa una suma de esfuerzos que busca conectar con la audiencia a través del sonido en vivo. Guardar postura, apagar los dispositivos electrónicos y mantener la atención en el escenario son gestos sencillos que permiten devolver a los artistas el valor y la dedicación que entregan en cada nota.
