Entretener a los niños con pantallas llena los consultorios psiquiátricos por problemas de atención

Especialistas advierten sobre el impacto del scrolling pasivo en el desarrollo cerebral

Por: Daniela Nickole Santander

El recorrido en una combi a hora punta o la espera en una consulta médica suelen compartir la misma escena cotidiana, un niño pequeño empieza a inquietarse, la tensión del espacio aumenta y, en segundos, el adulto a su cargo le entrega un teléfono inteligente. La pantalla se enciende con un desfile ininterrumpido de vídeos cortos, música estridente y colores deslumbrantes. El llanto cesa al instante, pero este recurso recurrente se ha convertido en la causa de un fenómeno creciente, la llegada cada vez más frecuente de niños a las consultas de salud mental por severos problemas de atención, conducta y sueño.

Esta práctica expone a los menores al scrolling continuo, un hábito en el que el cerebro recibe hiperestímulos sin momentos de descanso. «Particularmente el scrolling lo que produce es que haya menos momentos en los que hay una menor cantidad de estímulo para el cerebro de ese niño. Esto quiere decir que continuamente estoy recibiendo estímulos placenteros o que generen emociones intensas que no llegan a un momento en el que bajen para descansar», explica el especialista en psiquiatría infantil, doctor Edson Pacheco, sobre cómo esta dinámica engancha a los más pequeños.

A la falta de pausas atencionales se suma la inmadurez propia de la infancia para poner límites al consumo digital. «Los menores de edad van a tener muchas más dificultades en poder darse cuenta qué tan dañino puede ser eso para ellos, porque su cerebro todavía no está adaptado para diferenciarlo; van a dejarse llevar más por lo que estén sintiendo en ese momento y por tanto va a ser más difícil que lo dejen de enganchar», advierte el Pacheco Zuel, con experiencia en el Complejo Hospitalario Moisés Heresi y Hospital Goyeneche, sobre la vulnerabilidad que los expone a contenidos impredecibles.

Por esta razón, la presencia de niños con estas dificultades en los consultorios es una realidad en aumento. «Ocurre cada vez con más frecuencia, los padres suelen acudir alarmados por alteraciones en la autoestima, irritabilidad o problemas para conciliar el sueño», detalla el psiquiatra.

Estas observaciones clínicas coinciden con los hallazgos de una reciente revisión sistemática desarrollada por Adela Elena Lucaci (Universidad Europea del Atlántico), que identifica la tendencia al aburrimiento como un desencadenante clave en el uso problemático de vídeos cortos. El estudio demuestra que el scrolling pasivo funciona como una vía de evasión asociada al miedo a perderse algo y a la desregulación emocional, derivando en menor autocontrol y déficits de atención.

Algunos padres entregan teléfonos celulares a sus hijos para mantenerlos distraídos; sin embargo, esta práctica no es recomendable.

Las consecuencias en la vida diaria de los niños se manifiestan en una marcada intolerancia a las actividades fuera de las pantallas. «El mundo real, que no es de estímulos, van a empezar a sentirlo muchísimo más aburrido, mucho más intolerable. Van a ir tolerando menos la frustración y la espera de la gratificación; psicológicamente hablando, van a empezar a sentir mayores niveles de ansiedad, estrés, tristeza o enojo», señala el experto.

Entre los impactos más complejos se encuentra la aparición de conductas que imitan a otros trastornos neurológicos. La falta de concentración en el colegio y el bajo rendimiento académico suelen alertar a los profesores. En la consulta es común observar «síntomas que podrían simular trastornos como el TDAH, pero sin llegar a ser TDAH; simplemente son síntomas causados por el excesivo uso del scrolling o de las pantallas en general», aclara el especialista sobre estos falsos diagnósticos.

Frente a esta situación, recurrir al celular no responde a una mala intención de las familias, a las exigencias del ritmo de vida actual y a la falta de información. «Muchos padres no lo hacen por descuido, sino por temor al malestar que los niños vayan a sentir al quitarles la pantalla. Permitirles ser chicos, tener energía, ser curiosos, moverse y socializar es una gran inversión a largo plazo, aunque requiera más energía de los adultos», remarca el psiquiatra.

Para contrarrestar estos efectos, los expertos enfatizan la importancia de no temer a las reacciones emocionales de los hijos al retirarles la tecnología. «No tengan miedo a decir que no, ni a la reacción de estrés o pataleta que pueda tener el niño al quitarle el celular. Si se logra sobrellevar esa reacción inicial con paciencia, los menores vuelven a acostumbrarse a estar sin el dispositivo», concluye el doctor Pacheco.

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