EL NIÑO NO PUEDE SORPRENDER OTRA VEZ AL PERÚ

Por Carlos Meneses

La advertencia debe servir para anticiparse, no para esperar los daños. El país necesita reservas, logística, coordinación y decisiones oportunas. Prevenir ahora será mucho menos costoso que atender una crisis de alimentos, producción y empleo cuando ya sea demasiado tarde.

La advertencia del presidente del Banco Central de Reserva, Julio Velarde, debe ser tomada con la seriedad que corresponde. El Perú enfrenta el riesgo de un Fenómeno El Niño de gran intensidad y sus consecuencias no se limitarían a lluvias, sequías, inundaciones o daños en infraestructura. El golpe también puede llegar directamente al bolsillo de las familias.

El escenario planteado por el BCR es preocupante: menor actividad productiva, presiones inflacionarias y un incremento de los precios de los alimentos. Arroz y algodón en la costa norte, papa en la sierra y otros productos esenciales podrían sufrir los efectos de alteraciones climáticas severas. Cuando cae la producción, disminuye la oferta y los precios inevitablemente sienten la presión.

Para una población que todavía enfrenta los efectos del encarecimiento de la canasta familiar, una nueva escalada de precios sería especialmente perjudicial. No se trata únicamente de una variable económica. Un alimento más caro significa menos capacidad de compra para los hogares, especialmente para las familias de menores ingresos.

Por eso, la prevención no puede quedarse en los anuncios. El Gobierno nacional, los gobiernos regionales y las municipalidades deben acelerar las acciones destinadas a proteger cultivos, asegurar fuentes de agua, mantener vías de comunicación y garantizar el funcionamiento de los mercados y sistemas de abastecimiento.

El riesgo es mayor porque un fenómeno de esta magnitud no afecta a todos de la misma manera. Mientras algunas zonas pueden enfrentar lluvias extraordinarias, otras podrían sufrir sequías. En ambos casos, la agricultura queda expuesta y con ella miles de productores que dependen de cada campaña para sostener sus ingresos.

El Perú tampoco puede confiarse en que el impacto inflacionario será temporal. Que la inflación pueda moderarse hacia marzo o abril de 2027 no significa que los daños sociales y productivos desaparezcan automáticamente. Una cosecha perdida, un ganado afectado o una infraestructura destruida requieren tiempo y recursos para recuperarse.

Es cierto que existen señales positivas. La inversión privada creció 15,5 % durante el primer semestre y el empleo aumentó 6 % en julio. Pero precisamente por ello resulta indispensable proteger esta recuperación. No tendría sentido avanzar en crecimiento económico mientras una emergencia climática genera pérdidas evitables en sectores estratégicos.

Las próximas semanas serán determinantes para conocer la evolución del fenómeno y dimensionar sus efectos sobre la economía nacional, particularmente en las regiones agrícolas más expuestas.

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