Arequipa recuerda a Miguel Grau a 147 años del Combate de Angamos
AUTORIDADES ASISTIERON A CEREMONIA
Arequipa conmemoró el 147.° aniversario del Combate Naval de Angamos y el 205.° aniversario de la Marina de Guerra del Perú con un homenaje al almirante Miguel Grau Seminario, en el que se resaltaron tanto su legado de fe y humanidad durante la Guerra del Pacífico como los desafíos actuales de la institución naval. La ceremonia, realizada en el óvalo del puente Grau, también puso énfasis en la modernización de la industria naval peruana y la necesidad de fortalecer las capacidades para proteger los intereses marítimos del país.
Durante la proclama, el contraalmirante Felipe Yuria Sánchez, comandante de la Tercera Zona Naval, subrayó que la Marina de Guerra del Perú afronta desafíos vinculados con la seguridad, la protección de los recursos pesqueros y la conservación del medio marino, además de su participación en operaciones multinacionales de paz. En esa línea, necesita modernizar sus capacidades para responder a las nuevas amenazas y proteger los intereses marítimos del país. «En un mundo donde los mares son escenario de disputas económicas, tecnológicas y ambientales, la defensa de los intereses marítimos del Perú exige contar con una Marina equipada, preparada e innovadora», expresó.
El fortalecimiento del Servicio Industrial de la Marina (SIMA Perú) también fue planteado como una prioridad para consolidar la industria naval nacional y ampliar las capacidades tecnológicas del país. Mientras que la construcción y el mantenimiento de embarcaciones representan una oportunidad para impulsar el empleo y dinamizar la economía, además de contribuir a la defensa nacional. «Cada buque construido en el Perú es una afirmación de desarrollo tecnológico y un símbolo de la capacidad de los peruanos para forjar su propio destino», destacó el contraalmirante.
Mientras que en la acción litúrgica, el capellán Pierre Martínez Valencia recordó que Grau acudió al Convento de los Descalzos, en el Rímac, antes de partir hacia el combate, donde se confesó y recibió la Eucaristía. Señaló que la Marina de Guerra develó allí, el 6 de octubre de 1990, una placa que recuerda aquella última visita del almirante antes de zarpar. El sacerdote que lo atendió fue fray Pedro Gual y Pujadas, religioso franciscano y teólogo que había sido delegado por el arzobispo Goyeneche para asistir al Concilio Vaticano I.
El capellán también citó el testimonio atribuido al amigo de Grau, Luis Alaiza y Paz Soldán, quien recogió las palabras que el almirante habría pronunciado después de recibir los sacramentos: “Me voy para no volver. Esta mañana he comulgado en Los Descalzos y estoy preparado para entregar mi alma a Dios”. Bajo su punto de vista, aquel episodio muestra que Grau no solo se preparó para enfrentar el combate, sino también para comparecer ante Dios. “La gracia no destruye la naturaleza, la eleva y la perfecciona”, afirmó.
Desde esa perspectiva, Martínez Valencia vinculó la fe del almirante con una conducta que, a su juicio, explica la dimensión ética de su legado. Recordó que Grau enfrentó con firmeza a sus adversarios, pero después de los combates se preocupó por rescatar a los náufragos enemigos, devolvió a la viuda de Arturo Prat los objetos personales de su esposo y rechazó el pillaje, la venganza y el maltrato de prisioneros. “¿De dónde procede esa fuerza capaz de vencer al enemigo sin dejarse vencer por el odio? De Dios”, planteó.

La ceremonia también comprendió la colocación de ofrendas florales ante el monumento de Grau, una oda al almirante y el discurso de orden a cargo de la socióloga Pamela Cabala Banda de Vega, quien resaltó la dimensión universal de Grau y recordó que su figura ha sido reconocida incluso fuera del Perú. Señaló que diversos estudios registran su valoración en países como Argentina, México, Venezuela, Brasil, Estados Unidos y Chile, y sostuvo que uno de los puntos de coincidencia entre historiadores peruanos y chilenos es precisamente el reconocimiento a la figura del comandante del Huáscar.
El homenaje concluyó con un desfile de efectivos de la Marina de Guerra, Ejército, Fuerza Aérea y Policía Nacional, en una ceremonia que reivindicó a Grau no solo como héroe militar, sino también como referente de conducta y servicio.
