LA SOPA MAL REVUELTA: ¿POR QUÉ LAS ENCUESTAS EN AREQUIPA TERMINARON SIENDO MÁS UNA ANÉCDOTA QUE UN PRONÓSTICO?
Por: Ricardo Llerena D.

La estadística es como un cuchillo. En manos de un buen cocinero y con el filo a punto, corta limpio. Sin filo, o en manos de quien no sabe usarlo, no corta: destroza. Y en estas elecciones, Arequipa vio bastante destrozo.

Los números reales ya están sobre la mesa. Con el 99,165 % de actas contabilizadas, la ONPE ubica a Alfredo Zegarra (Fuerza Arequipeña) primero en el Gobierno Regional con 25,2 % de los votos válidos, seguido de Jenry Huisa (Ahora Nación) con 14,5 % y Elmer Cáceres (Alianza para el Progreso) con 12,7 %. Ninguno llegó al 30 %, así que habrá segunda vuelta. En la provincia, con el 99,254 % contabilizado, el conteo por organizaciones es: Fuerza Arequipeña 19,3 %, Ahora Nación 15,7 %, Arequipa Avancemos 11,1 %, Renovación Popular 9,6 % y Primero la Gente 7,7 %.

Ahora comparemos con lo que se nos dijo. El informe de una reconocida consultora de Arequipa, a setiembre, ponía a Benigno Cornejo primero para el Gobierno Regional con 28,1 %, a Zegarra segundo con 19,9 % y a Cáceres tercero con 8,6 %. Huisa aparecía con 3 %.

Cornejo no solo no ganó: quedó fuera del podio, por debajo del 12,7 % del tercero. Huisa, el “3 %”, terminó segundo con casi cinco veces esa cifra. En la provincia pasó lo mismo, si bien es cierto algunas “encuestadoras y/o consultoras” daban a Manuel Vera 26,7 % y a Yamel Romero un segundo lugar con 9,7 %, Alfredo Benavente, de Ahora Nación, aparecía con apenas 4 %. Y qué pasó en la foto final, Ahora Nación quedó segunda con 15,7 %, y Romero ni entró a los cinco primeros.

¿Dónde está el error? ¿Las estadísticas nos mienten? ¿Las encuestas funcionan en otras latitudes, pero Arequipa es una tierra aprueba de ellas?

Antes de culpar a nadie, conviene entender qué puede y qué no puede una encuesta. Arequipa tiene 1 234 587 electores habilitados, y muchos se preguntan cómo 300 o 400 personas pueden representar a más de un millón. La respuesta es que sí pueden, con una condición, tener y aplicar una metodología de forma correcta, que sean muestreo sea al azar, como cuando pruebas una cucharada de sopa bien revuelta para saber si está salada. No hace falta tomarse la olla entera.

Y es aquí donde nos ingresa la duda. ¿Con qué seriedad se toman estos trabajos en general en Arequipa? ¿Qué tanto podemos confiar en ellos? Las fichas técnicas de diferentes encuestas revisadas para este artículo, nos dan muestras de más 1 000 personas, de mas de 600 o inclusive valores por debajo de ellas, con muestras de menos de 300 personas, sin explicar bien la metodología usada, porque cualquier persona que se dedica al tema conoce los costos de las mismas y que hay diferencia significativa entre encuestar a 300 como a 1 000 personas. Lo bueno que, como toda herramienta, las matemáticas nos dan un margen de equivocación, o margen de error, como se dice técnicamente.

Con esa lógica, IPSOS entrevistó a 405 personas con un margen de error de ±4,9 %, y otras consultoras con 302 entrevistados nos da un margen de error de ±5,65 %. Las fórmulas están bien. El problema es lo que esas fórmulas no cubren.

El margen de error mide una sola cosa: cuánto puede equivocarse la muestra por puro azar. No mide si la sopa estaba bien revuelta, ni si tomaste la cucharada de un solo costado de la olla, ni si el sabor cambió mientras tanto. Y ahí es donde el informe de las consultoras y encuestadoras de Arequipa, que al menos tienen la decencia de publicar su ficha técnica, empieza a hacer agua. Dice representar a “la región Arequipa”, pero su muestra salió de cuatro de las ocho provincias, y casi el 82 % de los entrevistados vive en la provincia de Arequipa. Excluye a mayores de 64 años, aunque en el Perú se vota hasta los 70. Se declara probabilístico, pero en la última etapa entrevistó por cuotas de sexo, edad y nivel socioeconómico, lo que ya no es azar puro. Y cerró el trabajo de campo el 8 de setiembre, casi cuatro semanas antes de la elección, en una campaña con 15 candidatos al gobierno regional y 17 a la alcaldía provincial.

Hay más. Para la pregunta provincial, la base fue de 247 personas, con un margen real cercano a los 6 puntos. Y las “simpatías” por candidatos, que el informe grafica con barras vistosas, salen de apenas 23 entrevistados. Ahí, el 26,1 % de Zegarra son seis personas y el 21,7 % de Cornejo son cinco. Con seis personas no se mide una elección: se arma una anécdota.

Hay otro detalle que debería encender alarmas. La encuestadora “más seria” subestimó a Ahora Nación dos veces, en las dos cédulas, y en el mismo sentido: Huisa con 3 % frente a 14,5 %, Benavente con 4 % frente a 15,7 %. Un error que se repite siempre hacia el mismo lado no es mala suerte. Sugiere que la muestra no estaba captando a un sector entero del electorado. Esa es una hipótesis, pero es la que cualquier analista honesto habría tenido que plantear antes de publicar nada.

Luego están las malas lecturas. El informe muestra que Vera era nombrado espontáneamente por el 68,4 % de los provinciales, y esa cifra se lee fácilmente como fuerza electoral, cuando solo mide recordación. Muestra también que Cáceres tenía una opinión mala o muy mala en el 63 % de los entrevistados, y Cáceres terminó tercero. Que alguien te conozca o te critique no es lo mismo que votar por ti. Tampoco se advirtió con fuerza que un 20 % de la muestra regional estaba indeciso, en blanco o viciado, ni que el candidato mejor posicionado era, en términos de voto firme, uno que alcanzaba el 18,8 % de “totalmente seguro” entre sus propios partidarios.

IPSOS, un poco más seria, tampoco queda libre de reparos. Acertó el orden de los tres primeros en la provincia, pero en la región puso a Huisa cuarto cuando terminó segundo. Y el sondeo de algunas radios y medios digitales en Arequipa, con 749 entrevistas, mostraba que el 50,2 % no sabía o no opinaba, y aun así publicó porcentajes por candidato. Su propio aviso decía que los resultados “no tienen sustento científico”. Esa advertencia chiquita, al pie de página con unos números en negrita, es la mejor definición de lo que pasa cuando un sondeo se disfraza de encuesta: la cifra viaja, la advertencia se queda atrás.

Y aquí viene lo más incómodo. Sería injusto afirmar que alguien quiso engañar a propósito, porque eso nadie puede probarlo. Pero tampoco hace falta probar la intención para medir el efecto. Según el propio informe de la consultora, el 54 % de los entrevistados sigue “poco” o “nada” la política regional, y más de la mitad se informa por Facebook. En ese terreno, un gráfico con barras y un titular que dice “lidera” no informa: sugiere. Un ciudadano que duda entre tres candidatos y ve a uno “arriba” tiende a pensar que ya ganó, o que votar por otro es botar el voto. Sea por descuido o por cálculo, el empujón es el mismo. Y hubo quien lo lanzó en redes con una publicación que hablaba del “posible outsider sorpresa” y cerraba preguntando “¿por quién votarías?”, como si los porcentajes fueran un juego de salón y no una de las pocas cosas que el ciudadano usa para decidir.

Para ser justos, una encuesta es una fotografía, no una profecía. Hasta es posible que Huisa creciera de verdad en las últimas semanas, y ninguna muestra de agosto lo habría visto. Pero justamente por eso un estudio de agosto no puede presentarse en octubre como pronóstico. Y si la foto se tomó con la cámara torcida, el problema no es la foto es el fotografo.

El daño es doble. Se confunde al votante, que decide con una brújula rota, y se desprestigia a la ciencia, porque la próxima vez que alguien hable de “margen de error” mucha gente pensará que es una excusa. La estadística no mintió en Arequipa. Mintió, o descuidó, quien la usó sin filo: sin muestra suficiente, sin todas las provincias, sin todas las edades, sin tiempo cercano a la elección y sin explicar cuánto no se sabía.

Hay solución, y no es complicada. Muestras que abarquen toda la región y todas las edades votantes. Trabajo de campo lo más cerca posible de la fecha. Ficha técnica visible junto al titular, no escondida en un PDF. y lo más importante el valor de la palabra que uno da, sobretodo medios que distingan, con claridad, entre una encuesta y una consulta de redes. Afilar el cuchillo cuesta tiempo y dinero. No hacerlo nos cuesta, elección tras elección, la confianza.

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