La zona altoandina de Arequipa se prepara para afrontar la sequía

Por Jorge Turpo R.

Los pastos amarillentos y los reservorios que empiezan a agotarse anticipan meses difíciles para los criadores de alpacas. En Caylloma, un proyecto de siembra y cosecha de agua ofrece cierto alivio, pero no alcanza para todas las familias. La población reclama alimento para su ganado y mayor atención del Estado.

IMPACTO DEL FENÓMENO DEL NIÑO

Las pampas, cerros y quebradas de Caylloma han comenzado a cambiar de color. El amarillo de los pastos secos empieza a imponerse sobre el paisaje. En este distrito altoandino de Arequipa, donde la crianza de alpacas sostiene la economía de numerosas familias, la preocupación tiene nombre: sequía asociada al fenómeno de El Niño.

A 4.300 metros de altura, la tierra parece sedienta, las quebradas pierden su verdor y las alpacas buscan alimento donde todavía queda algo de hierba. El paisaje tiene una belleza áspera, pero también transmite una preocupación que se repite entre los criadores: ¿qué pasará con sus animales si las lluvias vuelven a escasear por El Niño?

Llegar hasta el distrito de Caylloma, provincia del mismo nombre, toma seis horas y media desde Arequipa. Buena parte del recorrido, especialmente entre Chivay y el distrito, transcurre por una carretera deteriorada que parece recordar, kilómetro tras kilómetro, cuánto falta para que el Estado llegue con servicios e infraestructura a estas localidades.

Al final del viaje, el paisaje es hermoso, pero también revela la fragilidad de quienes viven de la tierra.

Melchor Ccallocsa Sisa conoce bien esa fragilidad. Tiene alrededor de 400 alpacas y sabe lo que ocurre cuando las lluvias no llegan y los pastos desaparecen. No necesita que nadie le explique las consecuencias de una sequía porque ya las ha sufrido.

“Se nos mueren nuestros animalitos por falta de alimento”, cuenta.

La frase resume una preocupación compartida por los criadores de la zona. Para ellos, la ausencia de lluvias no es solamente un problema climático. Significa perder animales, reducir sus ingresos y poner en riesgo el trabajo de todo un año.

Adelaida Aguate Sisa también mira con inquietud sus pastizales. Los espacios que deberían alimentar a sus alpacas comienzan a secarse y nadie puede asegurar cómo estarán en los próximos meses.

“Tenemos estas qochas, pero ya se están secando y no sabemos lo que vaya a pasar”, dice.

En Caylloma, la amenaza de una temporada seca más severa encuentra a la población con algunas herramientas nuevas para resistir. A diferencia de episodios anteriores, esta vez existe una infraestructura de siembra y cosecha de agua que podría ayudar a enfrentar la escasez. El problema es que sus beneficios no alcanzan para todas las pampas.

QOCHAS

En las zonas altoandinas, almacenar agua durante la temporada de lluvias puede marcar la diferencia entre conservar los pastos o ver cómo se pierde el alimento del ganado. Con esa idea se desarrolló en Caylloma un proyecto de construcción de embalses, pequeños reservorios y cochas, conocidos también como qochas.

Estas estructuras permiten captar y retener agua de lluvia y escorrentía, es decir, aquella que corre por la superficie del suelo. Además de facilitar su almacenamiento, buscan favorecer la infiltración y la recarga de las reservas subterráneas, reducir la escorrentía y mejorar la disponibilidad de agua durante los meses secos.

El proyecto no resuelve todas las necesidades, pero ya muestra resultados concretos en algunas propiedades.

Melchor es uno de los beneficiarios. Ahora cuenta con un reservorio que le ha permitido mantener el riego de sus pastos durante buena parte del año. Esa agua le ha servido para alimentar a sus animales incluso cuando las lluvias escasean.

“Con esa agua puedo regar mis pastos y así tener alimento para mis animales todo el año. Me ha durado el agua y ya se está agotando”, explica.

Su testimonio revela tanto el valor de la obra como sus límites. El reservorio ha dado un margen de seguridad a su familia, pero la duración de esa reserva dependerá de la intensidad de la sequía y de la disponibilidad de agua en los siguientes meses.

Pobladores muestran su preocupación por la escasez de agua.

AUSENCIA DEL ESTADO

El deterioro de la carretera entre Chivay y Caylloma es una de las respuestas visibles. Un proyecto de construcción de la vía quedó abandonado después de que solo se asfaltara una parte del recorrido. El resto sigue siendo trocha, una condición que dificulta el transporte, encarece los desplazamientos y aleja a la población de los servicios.

Con una carretera adecuada, el viaje podría reducirse de seis horas y media a unas cuatro horas, según la estimación recogida durante la visita. La diferencia no es menor para quienes necesitan trasladar productos, acceder a atención médica o movilizarse para estudiar y trabajar.

En anexos como Jachaña, el aislamiento se siente también en la vida cotidiana. La feria se realiza cada quince días y se convierte en una oportunidad para intercambiar productos y abastecerse de alimentos.

Ahora, con la posibilidad de una sequía más intensa, los criadores reclaman que Agro Rural y la Gerencia Regional de Agricultura actúen oportunamente con la entrega de pacas de alimento para las alpacas, además de campañas de vacunación y suministro de vitaminas para proteger al ganado.

La preocupación en Caylloma no es exagerada. Las reservas de agua comienzan a agotarse y el pronóstico climático añade incertidumbre a una actividad que depende directamente de las lluvias.

En estas pampas de altura, prepararse para El Niño significa mucho más que almacenar agua. Significa evitar que una temporada sin lluvias se convierta en una tragedia económica para cientos de familias. Significa, también, que quienes crían alpacas a más de 4.000 metros no tengan que enfrentar solos una emergencia que ya empieza a sentirse en el color de sus pastos.

Dejanos un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked with *.