ESTAR PREPARADOS ES UNA OBLIGACIÓN
Por Carlos Meneses
La verdadera medida de la prevención no será cuánto dinero se anunció ni cuántos camiones se prometieron, sino la capacidad de garantizar agua a la población cuando más la necesite.
La posibilidad de que Arequipa enfrente hasta 15 días sin agua potable por los efectos del Fenómeno de El Niño debe ser motivo de preocupación, pero también una advertencia sobre la responsabilidad de las instituciones encargadas de garantizar los servicios básicos. SEDAPAR ha incorporado este escenario extremo en su planificación y anuncia recursos, obras y mecanismos para responder ante una eventual interrupción. La pregunta es si esas previsiones serán suficientes cuando la emergencia deje de ser una hipótesis.
La empresa sostiene que se prepara para afrontar las consecuencias de las lluvias intensas. Contempla disponer de entre 82 y 100 camiones cisterna, ejecuta obras por aproximadamente S/ 6 millones y cuenta con S/ 14,6 millones destinados a acciones preventivas y de respuesta. Son medidas necesarias, pero los anuncios y presupuestos, por sí solos, no garantizan que el agua llegue oportunamente a los hogares cuando fallen las fuentes de captación o se dañe la infraestructura.
Hay un dato que merece especial atención: actualmente, SEDAPAR dispone de apenas tres camiones cisterna propios, mientras que su capacidad de respuesta prevista depende de incorporar unidades alquiladas y obtener el apoyo de otras instituciones. Esta diferencia obliga a asegurar desde ahora los acuerdos, la disponibilidad de vehículos y los mecanismos de distribución. En una emergencia, improvisar puede significar que miles de personas permanezcan sin acceso a un recurso indispensable.
También es necesario que las obras de protección de las captaciones y las mejoras en las líneas de conducción concluyan dentro de los plazos establecidos. Diciembre es la fecha prevista para terminar las intervenciones, pero la población necesita conocer su avance real, los riesgos que todavía persisten y las medidas que se adoptarán si los trabajos sufren retrasos. La transparencia debe acompañar cada etapa de la preparación.
El abastecimiento mediante cisternas tampoco puede quedar reducido a una cifra global. Se requiere un plan público que identifique los sectores prioritarios, establezca rutas, determine frecuencias de distribución y garantice atención a hospitales, centros de salud y familias en situación vulnerable. La población debe saber dónde y cómo acceder al agua si el servicio se interrumpe.
La prevención exige, además, mantener las redes de alcantarillado, limpiar colectores y evitar que residuos y materiales obstruyan el sistema durante las precipitaciones. La responsabilidad también alcanza a los ciudadanos, pero no puede trasladarse a ellos la obligación principal de asegurar una infraestructura operativa.
Arequipa no necesita esperar a que las lluvias revelen las debilidades de sus servicios básicos. Necesita instituciones que anticipen los riesgos, ejecuten sus presupuestos y rindan cuentas sobre sus resultados. Estar preparados significa convertir los planes en capacidades comprobables antes de que llegue la emergencia.
