7-1
HAY GAS EN EL SUR, PERO TODAVÍA SE USA EL FOGÓN
En 49 distritos de Arequipa, más de la
mitad de familias aún cocina con leña
La falta de infraestructura y el estancamiento de las inversiones impiden que los recursos energéticos lleguen a más familias. El IPE advierte que la escasa exploración y las trabas regulatorias limitan el desarrollo del sector hidrocarburos.
Por Jorge Turpo R.
En Arequipa, nueve de cada diez hogares cocinan con gas licuado de petróleo (GLP), pero fuera de la provincia capital, el 28% todavía utiliza leña para preparar sus alimentos. La situación es más preocupante en 49 distritos de la región, donde más de la mitad de los hogares depende de este combustible tradicional.
La paradoja es evidente. En el sur del país existe gas natural, una fuente de energía que permite generar electricidad a menor costo y que podría ampliar las alternativas para miles de familias. Sin embargo, en las zonas de sierra media y alta de Arequipa, numerosos hogares todavía encienden fogones de leña para cocinar.
Para Víctor Fuentes, gerente central de Economía del Instituto Peruano de Economía (IPE), esta realidad refleja los problemas estructurales que enfrenta el sector hidrocarburos en el Perú. El país cuenta con recursos energéticos, pero no ha conseguido desarrollar las inversiones y la infraestructura necesarias para aprovecharlos y ampliar el acceso de la población a una energía de menor costo.
El diagnóstico forma parte del estudio “Agenda pendiente del sector hidrocarburos”, elaborado por el IPE por encargo de la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía (SNMPE).
Fuentes explica que los hidrocarburos tienen un papel central en la economía peruana. En 2024 representaron el 67% del consumo final de energía del país. Solo el diésel concentró el 30% de ese consumo, una muestra de la dependencia nacional de estos combustibles.
El gas natural también cumple una función importante en la generación eléctrica. En 2025 produjo el 35% de la electricidad del país, por detrás de la energía hidroeléctrica. Su utilización permite mantener costos de generación competitivos y aporta confiabilidad al sistema cuando otras fuentes están menos disponibles.
Esos beneficios no llegan de manera uniforme a todo el territorio. Mientras Lima y Callao concentran la mayor demanda de gas natural, las dificultades para extender las redes y la limitada cantidad de consumidores en otras zonas encarecen la distribución.
Según el análisis de Fuentes, la baja densidad poblacional, la falta de grandes consumidores y las limitaciones de infraestructura dificultan llevar el gas natural a más usuarios fuera de Lima.
En Arequipa, esa brecha adquiere una dimensión social. Que nueve de cada diez hogares de la región utilicen GLP no oculta que, en decenas de distritos, la leña sigue siendo la principal alternativa para cocinar. El problema se concentra especialmente en las zonas rurales de mayor altitud, donde el acceso a otras fuentes de energía resulta más limitado.
HIDROCARBUROS
Fuentes advierte que el potencial hidrocarburífero peruano no se aprovecha plenamente debido al estancamiento de las inversiones y la escasa exploración. Desde el desarrollo de Camisea no se ha concretado otro gran proyecto nuevo, mientras que la inversión en exploración cayó 94% en la última década respecto de la anterior.
En los últimos diez años se firmó apenas un contrato de exploración y, desde 2021, solo se perforaron tres pozos exploratorios. La producción de petróleo también retrocedió: en las últimas dos décadas cayó casi a la mitad.
A ello se suma la paralización del Lote 192 desde 2020 debido a problemas sociales y legales, pese a que concentra las mayores reservas probadas de petróleo del país.
Para Fuentes, estos indicadores muestran las dificultades para convertir los recursos disponibles en una oferta energética capaz de responder a las necesidades nacionales.
El país todavía tiene oportunidades. De sus 18 cuencas sedimentarias con potencial hidrocarburífero, cinco no han sido exploradas y Perupetro promueve 32 áreas para la exploración y explotación.
Aprovechar ese potencial requiere superar barreras regulatorias y burocráticas. Según el estudio del IPE, la exploración puede demorar entre diez y veinte años en el Perú, frente a cuatro o cinco años en Colombia y tres o cuatro en Ecuador.
También pesan los conflictos socioambientales, la inestabilidad institucional y las dificultades contractuales y fiscales. Entre 2021 y 2026, los presidentes de Perupetro permanecieron en promedio seis meses en el cargo, mientras que los ministros de Energía y Minas duraron cinco meses.
EL DESAFÍO
Fuentes plantea que el país necesita un marco regulatorio y contractual predecible, agilizar los proyectos de exploración y distribución, y fortalecer las capacidades de las entidades públicas. El objetivo es reactivar las inversiones y ampliar el acceso a energía de menor costo.
En Arequipa, ese desafío no se limita a los grandes proyectos mineros ni a la generación eléctrica. También implica encontrar mecanismos para que las familias de los distritos rurales accedan a combustibles más limpios y asequibles.
RESALTAR
La paradoja es que el sur cuenta con recursos gasíferos y, al mismo tiempo, mantener hogares que cocinan con leña. Mientras esas brechas persistan, el desarrollo energético seguirá siendo desigual. Para miles de familias arequipeñas, la transición hacia una energía más accesible todavía comienza cada día al encender el fogón.

