CUANDO EL TERRITORIO SE CONVIERTE EN PAISAJE
Por. Julio Lopera Quintanilla. (*)
En estos días, viene concitando gran expectativa en nuestra ciudad “Fragmentos de una Geografía en Desarrollo”, una muestra fotográfica de diversos paisajes del territorio nacional que ofrece la conocida artista visual arequipeña Aida Mejía Isenrich, una talentosa fotógrafa que pone delante de nuestros ojos una serie de paisajes en los que la presencia humana y animal está siempre presente, pero, lejos de ser dominante; se diluye dentro del paisaje que se convierte en el personaje principal de su obra fotográfica, señalando un dialogo inconcluso entre dichos componentes de la producción de la artista.
La exposición, busca llevar al observador a una seria reflexión que muestra en toda su desnudes una realidad; el hombre no es dueño del tiempo ni del espacio, solamente tiene una ilusión que hace que piense que tiene el control de los anteriores con una narrativa que muestra que el ser humano y los animales son vulnerables ante la geografía que tiene su propia estructura y la naturaleza que se mueve según sus propias reglas.
En este mes, tuve la oportunidad de coincidir con Aida quien realiza un trabajo en el que se alterna la investigación con la producción visual con énfasis en procesos colaborativos, y en experiencias ligadas a la vida cotidiana tanto en contextos rurales como urbanos.
Aida Mejía Isenrich es fotógrafa documental y antropóloga visual. Cuenta con una gran experiencia en proyectos culturales, educativos y comunitarios en Perú, Francia y Guatemala. Va la conversación.
¿Cómo te iniciaste en el mundo de la fotografía?
Una vez, un amigo con quien iba mucho al cine, me regaló una cámara analógica y me dijo que la fotografía era un paso previo al cine. Siempre fui amante del cine, pero nunca me había sentido del todo cómoda con la idea de hacerlo. Aunque ahora tengo bastante experiencia en el mundo audiovisual, con la fotografía me siento como un pez en el agua.
¿Por qué la fotografía analógica?
Haber comenzado a tomar fotografías analógicas antes de entrar en el mundo digital despertó en mí un interés por lo inesperado, por la sorpresa, la espera y el error. Con la fotografía analógica existe una distancia entre el momento en que tomas una fotografía y aquel en el que finalmente puedes verla. Esa espera forma parte de la experiencia y hace que cada imagen conserve algo de incertidumbre.
También, me interesa que el resultado no siempre corresponda exactamente con lo que uno había imaginado. Los accidentes, las variaciones de la luz, las imperfecciones del material y hasta el envejecimiento de los rollos pueden aportar algo que no habría podido planificar.

¿Cuáles son tus principales influencias?
Saúl Leiter es una de mis principales influencias. Aunque él fotografiaba sobre todo su entorno cotidiano, especialmente su barrio en Nueva York, mientras que yo suelo aprovechar mis viajes para fotografiar, me inspira muchísimo su capacidad para encontrar una obra de arte en aquello que aparentemente no tiene nada de extraordinario.
La fotografía de paisaje ¿es la que más te gusta?
No necesariamente. De hecho, la serie que está expuesta en la galería forma parte de un proyecto más amplio, concebido como un díptico. Por un lado está la serie rural que se presenta aquí y, por otro, Antología de poemas extranjeros, un proyecto más urbano compuesto por fotografías tomadas en distintas ciudades del mundo.
Ambas series tienen en común la idea del viaje y el desplazamiento. Me interesa fotografiar los lugares que atravieso. Busco imágenes que tengan una cierta autonomía, que puedan sugerir algo más allá del lugar concreto en el que fueron tomadas.
En la serie rural, el paisaje adquiere un protagonismo evidente, mientras que en la urbana mi atención se desplaza hacia las calles, los signos, los textos, las luces y las pequeñas escenas de la vida cotidiana.

¿Cómo añades profundidad a tus fotografias?
Creo que la profundidad no depende únicamente de los recursos técnicos, sino, también, de la manera en que uno aprende a mirar. A veces aparece a través de los distintos planos de una escena, de las líneas que conducen la mirada o de las relaciones entre los elementos que se encuentran delante y detrás del motivo principal. Otras veces surge de la luz, de las sombras, de los contrastes o de un encuadre que permite intuir lo que ocurre más allá de lo que vemos.
¿Prefieres siempre las fotografias horizontales?
Intento adaptarme a lo que tengo delante y encontrar el encuadre que mejor responda a aquello que me interesa de cada escena. Es cierto que el formato horizontal suele resultar pertinente para los paisajes, porque permite establecer relaciones entre los distintos elementos y dar una mayor amplitud al espacio.
Pero la elección del formato también depende de la propia imagen: de las líneas, de las proporciones, de la posición de los elementos y de aquello que quiero destacar. A veces un encuadre vertical permite aislar una figura, acentuar la altura o concentrar la atención de una manera que el horizontal no conseguiría.

¿Cuáles son las mayores satisfacciones que te depara la fotografía?
Una de las mayores satisfacciones es la posibilidad de descubrir algo que, de no haber llevado una cámara, probablemente habría pasado inadvertido. Fotografiar me obliga a prestar atención, a detenerme y a observar con más cuidado. A veces es un detalle insignificante, una determinada luz, una composición inesperada o una escena que dura apenas unos segundos. Me gusta esa sensación de encontrar una imagen allí donde no estaba buscándola.
DATO
“Fragmentos de una Geografía para el Desarrollo” es una propuesta que regala al observador una experiencia muy interesante que combina la creación de imágenes con la reflexión crítica sobre territorio, memoria y representaciones colectivas diversas con un lenguaje visual sensible y comprometido. La exposición fotográfica los espera en el Centro Cultural UNSA (Calle Santa Catalina 117, Cercado) de martes a sábado en el horario de 8:00 am a 8:00 pm. ¡Todos son bienvenidos!

