Hospitales de EsSalud en Arequipa en la peor crisis de las últimas décadas

SIN SOLUCIÓN  A LA  VISTA

Por Jorge Turpo R.

El desabastecimiento de medicamentos e insumos ha paralizado cirugías y puesto en riesgo la vida de miles de pacientes. Más de 3 mil pacientes están en lista de espera de una intervención. Falta de fármacos vitales evidencian un colapso por mala gestión.

La crisis que atraviesa EsSalud en Arequipa ya no es un problema administrativo ni una estadística fría, es una emergencia que golpea directamente a los pacientes, pone en riesgo vidas y expone el colapso de un sistema que debería garantizar atención oportuna y digna. Lo que ocurre en la región es, además, un reflejo amplificado de una crisis nacional que afecta a millones de asegurados en todo el país.

En los hospitales de la Red Asistencial Arequipa, el escenario es crítico. El

desabastecimiento de medicamentos e insumos médicos ha obligado a suspender intervenciones quirúrgicas programadas en establecimientos clave como el Hospital Nacional Carlos Alberto Seguín Escobedo y el Hospital III de Yanahuara.

Los propios médicos han deslindado responsabilidades. No pueden operar sin anestésicos, sin material quirúrgico básico y sin condiciones mínimas de seguridad. Hacerlo, advierten, sería exponer innecesariamente a los pacientes a riesgos fatales.

Las cifras oficiales confirman la magnitud del problema. Un informe de la Contraloría General de la República reveló que solo en el hospital Seguín Escobedo existen más de 3 200 pacientes en lista de espera para una intervención quirúrgica, con tiempos promedio de espera que alcanzan los 570 días, es decir, cerca de dos años.

Se trata únicamente de quienes lograron ingresar al sistema. Miles más permanecen atrapados en etapas previas: esperando una evaluación, un diagnóstico o la llamada prueba de aptitud para recién acceder a un quirófano.

Las especialidades más afectadas reflejan la gravedad del retraso: oftalmología supera los mil pacientes en espera; traumatología bordea los 800; urología alcanza los 220; y neurocirugía registra cerca de 250 casos pendientes.

A esta lista se suma el grupo más vulnerable: los pacientes oncológicos. Cerca de 200 personas con algún tipo de cáncer esperan una intervención quirúrgica, una cifra que sigue creciendo.

El informe de la Contraloría fue emitido en octubre del año pasado y, pese a las promesas de “desembalse” de cirugías, el objetivo no solo no se cumplió, sino que hoy la situación es peor debido a la suspensión de operaciones por falta de insumos.

La crisis estalló públicamente esta semana con la protesta de familiares y pacientes con hemofilia frente a la sede de la Red Asistencial de EsSalud en Arequipa.

Desde octubre del año pasado, denuncian, no reciben el factor IX, un medicamento vital para su supervivencia.

Ronald Márquez, representante de estos pacientes, fue directo: “Esto ya no es solo un abuso, es inhumano”.

En personas con hemofilia, la falta de este fármaco puede significar la muerte ante cualquier sangrado interno o externo.

El problema no se limita a Arequipa. A nivel nacional, los asegurados de EsSalud viven lo que muchos describen como una auténtica “película de terror”.

No hay medicamentos esenciales para cirugías de emergencia, tratamientos oncológicos, pacientes con VIH, personas trasplantadas ni enfermos crónicos.

La carencia no se debe a falta de presupuesto, sino —según reconocen los propios trabajadores— a una profunda incapacidad de gestión en los procesos de compra y abastecimiento.

Todos los días protestan por mala atención y falta de medicinas.

DESABASTECIMIENTO

Desde el hospital Seguín Escobedo se difundió una extensa lista de insumos inexistentes: circuitos de anestesia, tubos endotraqueales, catéteres endovenosos, suturas, sistemas de drenaje, sets de aspiración, mandiles estériles, lentes de protección para cirujanos, grapadores quirúrgicos.

En traumatología y ortopedia faltan alambres, clavos de Kirschner, placas de reconstrucción, brocas y dispositivos de alta complejidad. Sin estos materiales, las cirugías simplemente no pueden realizarse.

La situación farmacológica es aún más alarmante. Una representante de químicos farmacéuticos de EsSalud advierte que hay al menos 50 medicamentos esenciales agotados, muchos de ellos vitales en áreas de trauma shock.

No hay lanatósido, dopamina, interferón alfa, aminofilina ni fluticasona. Faltan antirretrovirales como lamivudina, zidovudina, abacavir y tenofovir. No hay medicamentos oncológicos como ciclofosfamida, metotrexato, gemcitabina ni anastrozol. Tampoco antibióticos básicos como la ceftriaxona.

Las consecuencias son directas y mortales. “Si a un paciente infartado no se le administra el medicamento que necesita, muere”, advierte la profesional.

Lo mismo ocurre con pacientes con VIH que interrumpen su tratamiento o con enfermos de cáncer a quienes se les suspende la quimioterapia.

El origen del caos, según los trabajadores, está en la Central de Abastecimiento de Bienes Estratégicos (Ceabe), donde existe una severa ineficiencia en la gestión de compras.

Se contrata personal sin experiencia, se delegan adquisiciones a las redes y hospitales, encareciendo los precios y fragmentando el sistema.

Un medicamento que comprado de manera centralizada costaría un sol, termina costando ocho o diez soles cuando se adquiere de forma descentralizada. “Ese es el negocio”, denuncian.

En Arequipa, la crisis se agrava por una gestión local cuestionada. El presidente ejecutivo de EsSalud, Segundo Acho Mego, no ha logrado resolver el desabastecimiento ni la falta de personal.

En la región, la gerenta de la red asistencial, Guadalupe Mamani, tampoco ha mostrado capacidad de respuesta. A ello se suma un clima de temor. Médicos y dirigentes evitan denunciar públicamente por miedo a represalias y procesos administrativos, una práctica que se ha vuelto recurrente para silenciar críticas.

Lo que está en juego no es solo la eficiencia de una institución, sino la vida de millones de asegurados. En EsSalud, hoy, la enfermedad no es el único enemigo, también lo es la desorganización, la negligencia y la indiferencia de quienes tienen la responsabilidad de garantizar el derecho a la salud.

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