La responsabilidad detrás de los números
Por Carlos Meneses
Las encuestas electorales siempre han sido una herramienta fundamental para medir el pulso de la ciudadanía en tiempos de elecciones. Sin embargo, en el Perú —como en muchos otros países— su uso y difusión se han visto distorsionados por la proliferación de los llamados “sondeos de opinión”, que carecen de rigor científico y terminan confundiendo al elector más que informándolo.
El reciente pronunciamiento del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) busca poner orden en medio de este panorama. Al recordar las diferencias entre una encuesta electoral y un simple sondeo, el organismo electoral no solo cumple una función pedagógica, sino que también protege la integridad del proceso democrático. Una encuesta electoral —según la Resolución N.º 0107-2025-JNE— se basa en un método científico, con muestra representativa, margen de error y nivel de confianza. En cambio, los sondeos o televotos difundidos en redes sociales, programas de televisión o medios digitales son apenas percepciones momentáneas, sin base estadística ni control técnico.
El problema es que muchos ciudadanos no distinguen entre ambos tipos de medición. En un contexto donde la inmediatez prima sobre la verificación, los “resultados” de un sondeo pueden influir de manera indebida en la opinión pública, generar falsas tendencias y, en algunos casos, manipular el sentido del voto. Por eso, la disposición del JNE de exigir que estos sondeos incluyan la frase “Los resultados de este sondeo son referenciales y no tienen sustento científico” es una medida necesaria y oportuna.
Pero la responsabilidad no recae solo en el ente electoral. Los medios de comunicación tienen la obligación ética de diferenciar claramente los estudios serios de los ejercicios meramente referenciales. En épocas electorales, la difusión irresponsable de cifras sin sustento puede alterar la percepción ciudadana y favorecer narrativas políticas interesadas.
Del mismo modo, los ciudadanos deben desarrollar una actitud más crítica frente a la información que consumen. Antes de compartir una “encuesta” viral, conviene verificar si la empresa está inscrita en el Registro Electoral de Encuestadoras y si la publicación incluye la ficha técnica completa: muestra, margen de error, nivel de confianza y financiamiento.
De cara a las elecciones de 2026, es indispensable que el debate público se sustente en datos verificables y no en impulsos digitales. La democracia se fortalece con información confiable, y esa tarea empieza por distinguir la ciencia del ruido.
