LA PLENITUD QUE NOS OFRECE JESÚS
Por: Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa

En la Misa de este domingo (Mt 5,17-37) continuamos escuchando el llamado “sermón de la montaña” que, según el relato del evangelista Mateo, Jesús predicó en los inicios de su vida pública. Lo comenzamos a escuchar hace dos domingos, con las bienaventuranzas que, como dijo ese día el Papa León XIV, «son luces que el Señor enciende en la penumbra de la historia, revelando el proyecto de salvación que el Padre realiza por medio del Hijo, con el poder del Espíritu Santo» (Angelus, 1.II.2026). En ese contexto, en el evangelio de este domingo Jesús continúa su “sermón” diciéndonos: «No crean que he venido a abolir la Ley y los Profetas; no he venido a abolir sino a llevar a plenitud». Para comprender estas palabras de Jesús, debemos tener en cuenta que en ese momento hablaba a judíos, para quienes “la Ley” está contenida en el Pentateuco, es decir los cinco primeros libros de la Biblia cristiana, y tiene su centro en la alianza que Dios selló con Moisés en el Sinaí al entregarle las “tablas de la Ley” que nosotros conocemos como los Diez Mandamientos.

Jesús, pues, no ha venido a abolir la Ley ni lo que Dios dijo y dispuso a través de sus Profetas, cuya predicación también encontramos en nuestra Biblia. No ha venido a abolirlo sino a llevarlo a plenitud. Por eso, continúa su predicación diciendo: «si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos». Y a continuación lo ilustra haciendo referencia a algunos de los Diez Mandamientos. El corto espacio del que disponemos no nos permite detenernos en todo lo que siguió diciendo Jesús, pero a modo de ejemplo citamos estas palabras: «Han oído que se dijo a los antiguos “no matarás” y el que mate será reo de juicio. Pero yo les digo: “todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado”». Vemos, entonces, en que consiste ese “llevar a plenitud” que ha anunciado Jesús: en el ejemplo que hemos citado, si antes era reo de juicio quien mataba a otro, ahora lo es incluso quien se encoleriza contra su hermano. Algo similar dirá Jesús respecto a los otros mandamientos.

Ahora bien, ¿significa eso que la “plenitud” consiste en el endurecimiento de la Ley? De ninguna manera. Como lo explicó el Papa Benedicto XVI: «La novedad de Jesús consiste, esencialmente, en el hecho de que Él mismo “llena” los mandamientos con el amor de Dios, con la fuerza del Espíritu Santo que habita en Él. Y en que nosotros, a través de la fe en Cristo, podemos abrirnos a la acción del mismo Espíritu Santo, que nos hace capaces de vivir el amor divino» (Angelus, 13.II.2011). Dicho en otras palabras, el “llevar a plenitud” al que se refiere Jesús significa, por un lado, que la verdadera justicia es el amor divino y que nosotros podemos amar de esa manera en la medida en que, fiándonos de Jesús, creamos que Dios nos ama gratuitamente, nos abramos al Espíritu Santo y nos dejemos transformar por Él. En palabras de San Agustín, la novedad y la plenitud del mandamiento de Jesús, que se resume en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como Él nos ha amado, consiste en que «despojándonos del hombre viejo, nos ha revestido del hombre nuevo» (Tratados sobre el Evangelio de San Juan, 65,1: BAC 165).

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