Arequipa y el alto costo del abandono vial

Por: Carlos Meneses

Arequipa no puede seguir pagando las consecuencias de la improvisación y el abandono. La infraestructura vial es columna vertebral de la economía y del bienestar ciudadano. Ignorar su deterioro no solo genera pérdidas económicas, sino que erosiona la confianza pública. Es momento de pasar del discurso a la acción: reparar, mantener y planificar con visión de ciudad.

Circular por las calles de Arequipa se ha convertido en un verdadero calvario. Las lluvias de las últimas semanas no solo han puesto a prueba la capacidad del sistema de drenaje urbano, sino también la eficiencia y previsión de las autoridades locales. La escena se repite a diario: pistas convertidas en trampas de agua, baches ocultos bajo charcos y vehículos averiados por el mal estado de las vías. Lo que debería ser un desplazamiento rutinario se ha transformado en un “vía crucis” para miles de conductores y peatones.

El deterioro vial no es nuevo, pero la temporada de lluvias lo ha expuesto en toda su magnitud. La falta de mantenimiento preventivo, las obras inconclusas y el escaso control sobre la calidad del asfaltado han llevado a que distritos como Paucarpata, Sabandía, Characato, Socabaya, Alto Selva Alegre o Cerro Colorado presenten pistas prácticamente intransitables. Cada bache es un recordatorio del descuido institucional y del uso ineficiente de los recursos públicos.

El impacto económico de esta situación es grave. Los transportistas deben asumir constantes reparaciones mecánicas, lo que implica pérdidas diarias por unidades inmovilizadas. Los conductores particulares tampoco están exentos: daños en suspensión, llantas reventadas, fallas eléctricas o golpes en el chasis son parte del costo silencioso de una infraestructura colapsada. Además, los tiempos de viaje se duplican, afectando la productividad y la movilidad urbana.

A ello se suma un riesgo creciente para la seguridad ciudadana. Los baches, los aniegos y las aguas servidas que discurren sin control elevan la probabilidad de accidentes y enfermedades. Los peatones, especialmente adultos mayores y niños, deben esquivar charcos y huecos que invaden las veredas. La ciudad, en lugar de avanzar hacia la modernidad, retrocede en condiciones básicas de habitabilidad.

Las municipalidades distritales y la provincial deben asumir su responsabilidad con una visión integral. Los parches aislados o las reparaciones de emergencia no solucionan el problema de fondo. Se requiere un plan técnico y sostenido de mantenimiento vial, acompañado de una fiscalización efectiva a las empresas contratistas y una adecuada gestión del drenaje pluvial.

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