Festooning político para la gobernabilidad
Mtr. Alonso Begazo Cáceres
Profesor del Departamento de
Derecho y Ciencia Política de la
Universidad Católica San Pablo.

En tiempos de desconfianza y polarización, ¿puede la vida de un enjambre brindarnos claves para repensar la política? Esta pregunta no es reciente: Aristóteles comparó la organización de la colmena con la ciudad griega, y en la Edad Media, Thomas de Cantimpré vio en las abejas un espejo de orden y jerarquía orientada al bien común. Hoy, ante una crisis de gobernabilidad, mirar la dinámica de un panal puede ser un ejercicio fecundo.

Esto no pretende ser un ejercicio de idealización de la vida animal, sino de redescubrimiento a través de la analogía, formas olvidadas de cooperación y compromiso con el bien común.

En una colmena, cada abeja tiene un rol; pero más allá de la división del trabajo, hay una lógica más profunda: la cooperación como forma de existencia. Un ejemplo fascinante de esto es el festooning. A través de este comportamiento, las abejas obreras se enlazan unas a otras con sus patas formando cadenas vivas o festones, para orientar a la colmena o para construir panales.

Esta actividad no es dirigida por la reina ni por ninguna autoridad jerárquica, sino que emerge de la interacción espontánea y coordinada de la vida apícola. Lo asombroso del festooning no se reduce a su eficiencia, sino que encuentra su valor en la formulación de que la arquitectura de la vida política requiere confianza mutua, sincronía y voluntad compartida.

Esa imagen resulta desafiante ante nuestra languideciente vida política, que ha dejado de ejercerse en función del bien común y ha pasado a ser una forma decadente de espectáculo para algunos o trinchera para otros. El otro ya no es un interlocutor, sino un enemigo.

El disenso, en vez de ser camino hacia la deliberación, se convierte en parálisis o griterío. ¿Cómo sostener decisiones colectivas si no hay disposición para construir juntos? En el panal, las abejas no compiten por imponer su punto de vista: dialogan en danzas, exploran opciones y terminan actuando coordinadamente.

En nuestras sociedades humanas, claro, no basta con el instinto: necesitamos verdadera deliberación racional, instituciones, reconocimiento del disenso. Pero también necesitamos una disposición básica a cooperar, incluso con quienes no piensan como nosotros.

Frente al deterioro de la participación ciudadana y la fragmentación social, la imagen del panal cobra nueva fuerza. Hoy, muchos perciben la política como un juego de intereses ajenos, desconectado de la vida común; pero sin cooperación, la democracia se deshilacha y la gobernabilidad se debilita. En ese sentido, el politólogo Giovanni Sartori nos recuerda que, sin ciudadanos activos, deliberantes y corresponsables, no hay sistema político que aguante.

Un país no puede sostenerse solo desde el poder formal de la autoridad, sino que exige una red viva de colaboración cotidiana, como la que mantienen las abejas en su labor colectiva. Cuando prima el cálculo individual sobre el compromiso compartido, se erosionan los vínculos que permiten sostener decisiones colectivas.

Recuperar la gobernabilidad en el Perú pasa por reconstituir esa disposición a actuar juntos, no por obediencia ciega, sino por conciencia de que la comunidad se construye desde el sentido de corresponsabilidad.

Por supuesto, las abejas no nos ofrecen un modelo propiamente político. No hay voto, derechos ni crítica; pero su comportamiento cooperativo, especialmente visible en el festooning, puede inspirar preguntas esenciales. Con un nuevo proceso electoral cada vez más cercano y una situación de grave desafección política, urge revalorizar la acción colectiva como una tarea ética y no solo estratégica. Las abejas, sin saberlo, nos recuerdan que una comunidad solo prospera cuando cada individuo

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