EL FUROR Y LA PALABRA

Tuvimos ocasión de conversar con el ensayista poeta narrador arequipeño Heiner Valdivia sobre su último libro, “El furor y la palabra”, de ensayos sobre poetas peruanos del siglo XX. Aquí un extracto de lo dicho.

WD. Tu último libro de ensayos lleva por título “El furor y la palabra”. ¿Cómo se asocian esos dos términos? ¿Son antónimos, complementarios, se superponen?

HV. Es un oxímoron. Quería hacer un libro en el que la poesía se vuelque como ensayo. La pasión desmedida del poeta que se extienda hacia la narrativa, hacia el ensayo. La palabra, que es lo más genérico de la literatura, está en la poesía y en el ensayo; yo quería compartirla como un homenaje a la vez a cada uno de estos poetas de mi libro, poetas del siglo XX, desde Vallejo hasta María Elena Cornejo.

WD. Lo declaras así en el prólogo. Pero advierto además un espíritu antiacadémico al abordar el ensayo sobre la literatura y el cine. ¿A qué se debe?

HV. No es una intención antiacadémica en verdad, es una propuesta no canónica. Yo quería tomar poetas que, si bien tienen producción limeña, muchos son provincianos: Vallejo, Oquendo de Amat, Aníbal Portocarrero, poetas que hicieron una voz del país. Y hacerlo como un libro que evite la cita bibliográfica, el estilo APA, el estilo académico que suele ver a la poesía o al objeto poético como un gabinete muerto. Quería hacerlo como el ensayo mismo, o la novela, géneros hermanos que proponen pensamientos, reflexiones. Quería un libro que no incida en la cita; tanto así que la biografía que uso es la biografía de los libros, no de los poetas. Quería que las cosas fluyan, que el lector fluya como quien lee poesía y a la vez hacer una reflexión sobre esa poesía.

WD. ¿Has estudiado Literatura?

HV. Claro, en la UNSA.

WD. Sin embargo, diría que el grueso de tu formación parece autodidacta. Sospecho que más que una lectura guiada, académica, sistemática, la tuya es de lector voraz de filosofía, historia, antropología. Eso probablemente marca esta especie de poesía que has desarrollado para hablar de otras poéticas. Te he dicho antes que cuando leo tus libros de ensayo me parece estar leyendo poemas. Ya conoces esa frase de los filósofos analíticos: “No se puede hablar sobre metáforas con metáforas”, que buscaban el leguaje claro, preciso, limpio de metafísica. Lo tuyo va en el otro sentido, creo. Se dirige a un público especial. Te pregunto entonces: ¿cuál es tu lector ideal?

HV. El libro está dirigido a gente que le interesa la poesía, que le interesan los estudios más híbridos, entre poética y teoría. Creo que el libro habla a aquella gente que quiere empezar a conocer la poesía peruana. Creo que es un libro que puede animar esa pasión, ese dictum sobre la poesía misma.

El libro tiene también mucho de las poéticas simbolistas, de Cassirer, de Bachelard, de esas visiones decantadas. Y del Estructuralismo, el Formalismo. Pero yo quería también como lector, —porque también soy un lector de este libro— entender qué es lo que sentía el poeta. Más en las temáticas. Porque creo que la temática es el gran rescate del libro. La temática lunar de Paco Bendezú; la temática del cuerpo, de María Emilia Cornejo; etc. Entonces estas intenciones simbólicas, conceptuales, filosóficas son a las que he querido entrar desde corrientes quizá alternas al pensamiento teórico de hoy.

WD. Tu libro estudia poetas como Vallejo, Portal, Oquendo de Amat, Moriano, Florián, Eielson, Bendezú, Gonzalo Rosé, Aníbal Portocarrero, Hinostroza, Ojeda, Chirinos y Cornejo. Te invito a concentrarnos en Aníbal Portocarrero, el poeta arequipeño. En el capítulo que le dedicas con un lenguaje barroco un poco difícil (cita). Aquí hablas de un poema que le dedica a su hermana. Tu estrategia es interesante, en cada párrafo hablas de un aspecto del poema y al final haces la cita, contra el estilo común, que primero da el poema y después la explicación. Bueno, tú consideras que en ese poema hay un vínculo de hermandad, un vínculo fraternal. ¿Puedes ahondar en esa interpretación? Porque tengo una idea diferente.

HV. Si no recuerdo mal ese poema se llama “La alabanza de la noche”. No solo habla de la familia sino del descubrimiento de la noche. Hay muchas figuraciones que usaba Portocarrero, como la del hombre lobo, el bosque lo hádico, la fábula, que Aníbal hace subjetivo, un maravillarse de la noche, de lo lunar, lo oscuro. Cuando leí ese poema entendí que más que de la hermandad social hablaba de la hermandad intrafamiliar. Ahí usé mucho las teorías hermenéuticas de Gadamer, de cómo uno relaciona el tiempo, la cosmovisión, lo cósmico, lo uránico con la poesía.

WD. Lo digo porque en mi lectura de ese poema advierto más bien un tono erótico, una pasión soterrada, escondida…

HV. La situación de la ninfa, ¿no?

WD. Porque además su hermana era una belleza.

Lo importante es cómo se puede hacer diferentes lecturas. Lo cual me lleva a creer que no pretendes decirnos la verdad sobre el poema. El tuyo no es un análisis categórico. Ahora, me llama la atención que el único arequipeño que figura en tu libro es Portocarrero. ¿Qué otros poetas arequipeños crees que deben ser atendidos por los estudios literarios?

HV. Estoy trabajando un texto similar a este, pero solo de poesía arequipeña. Sobre Melgar, el simplismo de Hidalgo, etc. Es un libro mucho más académico que “El furor y la palabra”; para que ahí si le entren con palo. Hemos olvidado muchas poéticas como la de Ruiz Rosas, de Jorge Guillén. Estoy buscando en la poética de Atahualpa Rodríguez, la vanguardia arequipeña. Pero solo quisiera tratar autores que ya han fallecido; el problema de los poetas vivos es que a veces te mandan carta notarial. Edgar Guzmán, también lo estoy trabajando.

WD. Edgar Guzmán me parece un poeta muy bueno y muy poco leído entre nosotros. En Lima es más apreciado. ¿Y cuándo sale este libro?

HV. Está en la mitad. Quizá esté acabado en un par de años.

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