China-EE. UU. y la trampa de Tucídides
Por: Johnny Montalvo Falcón
APROXIMACIONES
La denominada “trampa de Tucídides” alude al riesgo de conflicto que surge cuando una potencia emergente amenaza con reemplazar a otra ya establecida. Fue el historiador ateniense Tucídides (460–400 a. C.) quien trató de explicar el origen de la Guerra del Peloponeso entre Esparta y Atenas, señalando que el temor de los espartanos ante el ascenso de Atenas como potencia marítima hizo inevitable el conflicto.
Desde comienzos de este siglo, académicos y analistas occidentales retomaron este concepto para explicar cómo el ascenso de China en el escenario internacional parecía desafiar la supremacía norteamericana consolidada tras el fin de la Guerra Fría. Fue el académico de Harvard, Graham Allison quien resaltó las semejanzas entre la situación contemporánea y lo ocurrido durante la Guerra del Peloponeso, advirtiendo sobre la posibilidad de un conflicto entre China y Estados Unidos en un artículo publicado en Financial Times en 2012. Allison sostuvo que “cuando una gran potencia amenaza con desplazar a otra, la guerra es casi siempre el resultado”.
La evidencia empírica presentada por Allison provino de una investigación realizada por el Centro Belfer para la Ciencia y los Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard, según la cual 12 de los 16 casos estudiados —relacionados con el ascenso de una nueva potencia frente a otra dominante— durante los últimos 500 años terminaron en conflictos armados. Por esta razón, Allison se preguntaba si China y Estados Unidos podrían escapar de la denominada “trampa de Tucídides”, ya que los antecedentes históricos no ofrecían una respuesta alentadora. Esta interrogante ha permanecido presente en el debate académico occidental, donde la tesis de Allison también ha recibido importantes críticas por su carácter determinista y por las diferencias estructurales existentes entre el sistema internacional contemporáneo y los conflictos del pasado.
El tema ha vuelto a ocupar un lugar central en la opinión pública internacional tras la reciente visita de Estado del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a la República Popular China. Diversos medios de comunicación occidentales destacaron las declaraciones pronunciadas por el presidente chino Xi Jinping, quien hizo referencia a la llamada “trampa de Tucídides” durante un discurso en Beijing. Xi señaló que el camino correcto para las relaciones entre ambos países debe ser el de la cooperación y el entendimiento mutuo, y no el de la confrontación.
Aunque los principales asuntos discutidos durante las reuniones en Beijing estuvieron centradas en las relaciones comerciales, los conflictos arancelarios, las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial y la cuestión de Taiwán, ha adquirido especial relevancia la posición china orientada a evitar un conflicto estratégico con Estados Unidos y a impedir que ambas potencias caigan en la denominada “trampa de Tucídides”. Desde la perspectiva de Beijing, únicamente mediante el fortalecimiento de la confianza mutua y la comprensión recíproca será posible generar beneficios para ambas naciones y preservar la estabilidad internacional.
Los presidentes Xi Jinping y Donald Trump coincidieron en señalar que las relaciones entre China y Estados Unidos constituyen las relaciones bilaterales más importantes del mundo. En este contexto, Xi fue explícito al afirmar que ambos países deben ser “socios en lugar de rivales” y que las dos potencias tienen “mucho que perder con la confrontación”.
“Mientras el presidente Trump espera hacer a Estados Unidos grande de nuevo, yo estoy dedicado a guiar al pueblo chino hacia la revitalización nacional”, declaró Xi, enfatizando que ambos países pueden avanzar en sus respectivos procesos de desarrollo y revitalización mediante el fortalecimiento de la cooperación bilateral. Por su parte, el presidente Trump destacó que se habían mantenido conversaciones “positivas y constructivas” y sostuvo que ambas naciones deberían fortalecer su cooperación para “crear un mejor futuro para el mundo”.
El encuentro entre ambos mandatarios en Beijing aleja —al menos temporalmente— los temores sobre una nueva guerra arancelaria que pudiera afectar aún más a la economía internacional, ya debilitada por el conflicto en Irán. En este contexto, China podría desempeñar un papel relevante en la búsqueda de una solución diplomática que contribuya a la estabilidad regional y que, al mismo tiempo, resulte compatible con determinados intereses estratégicos de la administración norteamericana.
En conclusión, la denominada “trampa de Tucídides” parece todavía lejana de materializarse plenamente. El encuentro en Beijing podría representar el reinicio de una etapa de coexistencia pacífica entre las dos principales potencias del sistema internacional, basada en el respeto mutuo, la cooperación y la búsqueda de intereses comunes. De consolidarse esta orientación, sus efectos podrían resultar beneficiosos no solo para China y Estados Unidos, sino también para la estabilidad y el desarrollo de la comunidad internacional en su conjunto.
